«El arte de la región no termina de conectar con la gente porque los artistas diluyen su esencia para agradar a las marcas»

Kontra, uno de los raperos guatemaltecos actuales con mayor proyección, atraviesa un periodo de reingeniería en su carrera. Sabe que el siguiente paso debe ser sólido, que no puede quemar el cartucho sin una hoja de ruta. Por eso su presencia en redes ha menguado. Pese a este silencio, ha publicado un par de sencillos –el último de estos es la canción “Casi” (2019)– y ha realizado algunas presentaciones, una de ellas en El Salvador, donde además habló con Revista Factum.

Fotos FACTUM/Gerson Nájera


Danny Marín tiene 25 años y el mismo nombre de uno de sus hermanos por el lado paterno. “Mi hermano vive en el norte. Mi papá sabía que no lo iba a volver a ver, así que me puso su nombre. Soy una estampita repetida”, comenta. Y así fue. Kontra, como lo conocen dentro y fuera de su país, Guatemala, cuenta que su padre murió cuando él tenía ocho años. A los 13, visitó a su hermano en New Jersey​. Ahí conoció el rap, tanto de Estado Unidos como de Puerto Rico. Dos años después escribió sus primeras rimas. 

Desde pequeño fue seducido por la música. Su hogar no era musical, pero sí religioso, así que cuando iban a la iglesia, pedía estar cerca de la banda. Luego, al regresar a casa, le pegaba a todo lo que podía, simulando la batería. Finalmente, logró que le compraran una y aprendió a tocarla. Después aprendió guitarra. Pero en la adolescencia, los deportes y los estudios pasaron a primer plano y desvanecieron al niño músico que regresaría en la temprana juventud, junto a la cultura hip hop. Sus primeros referentes fueron Vico C y Mexicano 777. Para sus 15 años, ya rapeaba donde lo dejaran. Así se hizo de los primeros amigos que compartían su amor por el rap. “Escribí mi primera canción y luego empecé a hacer rolas. Solo escuchaba rap y salsa, la discografía de Héctor Lavoe específicamente”, rememora. 

La siguiente etapa fue el rap de España, con Violadores del Verso, Nach, Rapsusklei, y también el graffiti; a la par del hip hop puertorriqueño. “Como escuchaba rap puertorriqueño no tenía esa disyuntiva entre el reggaetón y el rap puro. Yo escuchaba a Baby Rasta & Gringo, cuando rapeaban; Tempo y toda esta mara; Arcángel, De la Ghetto […] pero sí tuve mi época de «rap real» y «boom bap puro», pero lo superé, je, je”. También subraya entre sus referentes a los raperos venezolanos, en especial a Canserbero. 

Hizo algunos ciclos de licenciatura en diseño gráfico y mercadeo, mientras trabajaba como mesero en un restaurante de su familia. Pero en 2012 se decidió del todo por su carrera como artista. Abandonó la universidad e ingresó a un call center. También empezó a competir en batallas de rap. La más importante: Red Bull Batalla de los Gallos. Llegó a la final, pese a que su propia escena lo rechazaba. “A mí nunca me quisieron en la cultura (hip hop). Siempre fui el burgués. Yo siempre fui al que lo llegaban a dejar. Y siempre me vieron como con distancia; como que no era legítimo. Me dejaban rapear pero no me tomaban en serio”. En la batalla final, Kontra perdió. El video de esa final continúa colgado en YouTube, con más de 100 mil vistas. El último comentario es de hace un año y dice: “¡2018 y pienso que Kontra debió haber ganado!”. Pero para Kontra esa derrota fue ganancia, porque lo puso en boca de muchos. 

Ese mismo año había iniciado su propio crew, su colectivo: «Última Dosis». Junto a NDR y Rebeca Lane. “Para diciembre de 2012 estábamos tocando unas dos veces por semana, adonde nos invitarán. Divorcios, velorios, ¡lo que fuera! Estábamos ahí sin sonido o como fuera, pero teníamos que picar piedra”.  En 2013, finalmente, termina en la disquera independiente Bajo Presión Records, con quienes publica sus primeros trabajos. “Salí de los eventos de hip hip y de la mentalidad de rap purista y empiezo a abrir a bandas de ska, dj de drum and bass, etc”, cuenta. En los años siguientes también abandonó su trabajo en el call center para dedicarse de lleno a la música.

A la fecha, Kontra cuenta con tres álbumes de estudio oficiales: “Kontratiempos” (2014), “Kontrastes” (2016) y “Kontra Todos” (2018). También con tres EP/Mixtape y un par de discos en colaboración, entre estos, uno con la guatemalteca Rebeca Lane y otro con el salvadoreño Zaki, además de colaboraciones con artistas y bandas de diferentes géneros. Con la siguiente producción, su objetivo es claro: “crear identidad; que sepan cómo suena Guate; dar un golpe social. Es decir, que sea un hecho cultural”. Y adelanta: “suena duro, va a tronar. Hay música para bailar, más que en los [trabajos] anteriores; y vienen unas colaboraciones grandes que estamos terminando de cerrar. Este disco es para salir de mi país. O me voy de Guatemala o voy a aburrir a la gente. Tengo que salir a tocar. Viniendo de esta región tan complicada, donde no funciona la música, donde toda la vida te dicen que de eso no se come, lo hemos logrado; ahora en lugares donde sí, seguramente podemos. Y nadie me puede decir que no, ya comimos mierda con las dos manos. Y si no se puede, tenemos algo a qué volver”. 

En la entrevista que sigue, Kontra habla con Factum acerca de hip hop, de la música de la región, redes sociales, drogas, política, depresiones y familia, entre otras cosas.


En una entrevista para radio que te hice en la promoción de tu primer disco, “Kontratiempos”, durante 2014, me dijiste que querías salirte del estigma del rap –es decir, de lo barrial y lo social–, y que querías invitar a tu público a pasarla bien. Pero en tus trabajos siguientes hubo más presencia de temas políticos. ¿Ha cambiado mucho tu opinión sobre el deber del artista desde aquella etapa?

No lo hice tanto antes –o no lo hago tan seguido–, porque si no tengo la información suficiente, no quiero dar una opinión. La canción con la que cierro “Kontratiempos” es, hasta cierto punto, una canción que tiene que ver con problemas sociales. Se llama “Libertad”. Hablo de mi prima y mi tía que están presas siendo inocentes y toco esos temas. Fue la última que terminamos, un par de semanas antes de presentar; y fue la primera de ese beat que yo empecé a hacer. Me costó mucho terminar esa canción, por el tema que trataba. No me sentía listo, sentía que no sabía. Cuando llego a “Kontrastes”, que es un álbum que va de abajo para arriba. Empezás con “Náufrago” y terminás bien. Y eso es, literalmente, lo que estaba pasando en mi vida. Pero ya trabajando, pasando tiempo en la calle empezás a ver cómo funciona el mundo y cómo está de mal todo. Tuve que hacer “Análisis”. 

¡Claro! Porque por un lado tenías la mirada del artista, pero por otro lado también la del asalariado promedio, la del adulto que tiene que pagar cuentas. 

¡Ajá! Ya estoy empezando a entrar a esa vida como: «ok, esto ya es oficial; ya soy un asalariado». Y fue una canción extraña, porque la pasé escribiendo durante todo el proceso del álbum. Dura como seis minutos y es solo rap. Solo iba relatando cosas. Incluso en esa canción menciono a El Salvador, porque en esa época empezaba a venir bastante. Iba al Tama (lugar icónico para el rap en Cuscatancingo). Todo eso es, para mí, como tres canciones en una. Lo mismo hice con «Engasolinado», en el primer disco, una canción sin coro, tres beats diferentes en uno y aprovecho para hablar de muchas cosas. Pero en “Análisis” ya hay más inconformidad, tomando una postura. En ese disco viene, por ejemplo, “Anestesia”,  que es una canción igual de triste, pero ya es más movida. Y viene “Modo avión”, que ya es chingadera. Pero sí tuve que tener un lado serio. 

¿Ese “lado serio” te lo exigías o era lo que te salía?

Creo que me lo exigía yo mismo por la diversidad de raperos que escucho. Entonces, a la hora de hacer un álbum, no hago diez canciones de lo mismo; sino que hago diez de surtido. Tengo mi canción romántica, tengo mi canción seria, tengo mi canción triste, mi canción enojado, porque todo eso soy yo. Al final, todo eso conforma mi cuerpo de artista. Me lo exigía yo y no me podía permitir seguir avanzando en la música y que siga creciendo la audiencia y la cantidad de gente que me pone atención y no aprovechar la plataforma. No podía solo decir: «¡Viva el guaro!». Claro, cuando estaba haciendo “Kontrastes” sí… Tomé como 25 días seguidos. Parejo. Porque acababa de salir de una relación y estaba triste. De hecho, me estaba metiendo mucha droga, tomando mucho. Y haciendo el disco, salí de eso. 

¿Entonces también fue un cierre de ciclo?

Sí, porque empieza con “Náufrago”, porque me sentía así. Y termina  con “De vuelta”, porque yo lo que decía era: «estaba buscando muchas mierdas y solo tenía que regresar a lo que soy, a lo que hemos sido, para poder encontrar la motivación de nuevo». Y creo que me pasa con cada disco. Ahora me siento así, como que «me siento en paz, no tengo nada que escribir»… Hasta que ¡pum! Entra el chispazo y el disco relata cómo voy saliendo de eso. Fui encontrando nuevas perspectivas para hablar de lo que ya todos hemos hablado. 

En tu génesis, por un lado estabas con algo muy de la cultura hip hop, tu crew Última Dosis; pero por el otro lado estabas con Bajo Presión Records, que en ese momento respondía a una escena más hípster, más indie. ¿Cómo hallás tu identidad en esos dos mundos?

Fue un conflicto, te voy a ser sincero. Porque ambos colectivos con los que estoy trabajando tienen sus intereses propios y, al final del día, soy un elemento que forma parte de ambos. Y sí, tuvimos nuestras pláticas y nuestros roces de «ustedes quieren cambiar a Kontra» y así. Y yo, estando en medio, me toca empezar a tomar mis decisiones, pero al final del día era complicado porque no sabía nada de la industria musical. Lo que me ayudó, más que nada, fue ser prolífico. Sacábamos un EP y un álbum al año. Salía uno tras otro, hasta la fecha. Eso me ayudó a empezar a trabajar con otra gente. Cambié de manager, se fue el productor con el que trabajé toda la vida y todo eso le afecta a mi proyecto. Actualmente, estoy pasando por un proceso muy similar. Pero estoy consciente de que lo que necesito es estar presente y estar sacando música. Ya tengo una audiencia. Y así me fui formando, aprendí de ambos proyectos, tanto de Última Dosis, por lo que trabajamos juntos y la picada de piedra que nos dimos tocando en todos lados; como de Bajo Presión, que me dio perspectivas de cómo entrar a otros círculos; y eso me permitió profesionalizarme.  

«No me podía permitir seguir avanzando en la música, que siga creciendo la audiencia y la cantidad de gente que me pone atención; y no aprovechar la plataforma»

¿Seguís siendo parte de ambos?

Mmmm… Sí y no. Siempre voy a ser de Bajo Presión, pero Bajo Presión solo ya no existe, ya no ejerce. Y Última Dosis se terminó convirtiendo en un grupo de gente que cada quien tiene su proyecto. En esa época empezaron nuestros proyectos a masificarse. O sea, el proyecto de Rebeca (Lane) empezó a reventar; lo mío empezó a caminar por su lado. Llegó ese punto donde dijimos: «Ok, podemos ser del mismo crew, pero cada quien hace lo suyo». 

¿Cuál es tu relación entonces con Última Dosis?

Hasta el momento es más una amistad y cada quien tiene su proyecto que desarrollamos, pero contamos con el crew para lo que sea. Pero ya las carreras de los que formamos Última Dosis cada quien va por su lado. 

El rapero guatemalteco, Danny Marín, conocido en la escena del hip hop como Kontra, en entrevista con Factum. Foto de Gerson Nájera.

Actualmente, ¿quién dirías que es Kontra?

¡A la verga! ¡Me estás preguntando en el momento más difícil! Je, je. Porque saqué mi último álbum en agosto del año pasado… Fue un proceso muy distinto y es el álbum en el que más me involucré musicalmente. Yo hice muchos de los beats. Hice mucho de la producción… 

Es un álbum que parece más personal, ¿no?

“Kontra todos” es bastante más personal porque ya me conozco más. 

Incluso en la canción de cierre (“Cielo”) usás un audio de tu mamá. 

Y es bien curioso: cuando empieza mi primer disco, “Kontratiempos”, es con un audio de mi papá hablando con mi hermano, el que está antes que yo. Y cerré este álbum con un audio de mi mamá. Y te cuento la historia: me renunciaron del call center cuando estaba terminando «Kontrastes», a inicios de 2016, un mes antes de presentarlo; porque me dijeron: «te tenés que limpiar o te despedimos»… Y bueno, no lo hice. El que era mi supervisor –que es mi amigo– me dijo: «mirá, compradre, vos no te limpiaste. Tenés dos opciones. O te despiden y comés mierda, porque es un despido justificado; o renunciás. Y por lo menos te vas bien, porque pase lo que pase, podrías regresar». Y como siempre fui un buen trabajador, renuncié y no hubo problema. Me dieron mi dinero y lo que querrás, pero no estaba en mis planes hacerlo. Y bueno, dos amigos, Gonzo Gonzo y Básico 3, que son dos DJ de Guatemala, me dijeron: «no sabés si podés nadar si no te metés al agua. Y ya tenés la audiencia suficiente para empezar a probar». Y al rato sale “Kontrastes”… Y hasta la fecha, aquí estoy viviendo de la música. Desde que salí del call center solo vivo de la música. Con meses difíciles, épocas yucas, pero no regresamos. El proyecto sigue avanzando, sigue subiendo. Eso provoca que el álbum que hago, sin la presión del call center, me permita enfocarme en otras cosas.

Cualquiera pensaría que ahora que estás viviendo de la música tendrías que publicar un disco solo con canciones con las que la gente se enganche de inmediato. Pero salvo un par de temas y tu hit, quizá “Kontra todos” sea tu álbum menos accesible, por decirlo de alguna manera. 

Es curioso lo que pasó con ese álbum porque tiene dos cosas muy marcadas:

  1. El primer sencillo es “Déjate llevar”. Esa es la canción pop. Ese es mi hit. Es la que tiene 600 mil reproducciones en YouTube; igual en Spotify. Y fue orgánico, en cuestión de meses. ¿Y por qué escogimos esa como primer sencillo? Cuando sacamos “Kontratiempos”, mi primer sencillo fue “Fresco”. La canción que más pega es “De noche y de día” y “Dentro de mí”. Sacamos “Kontrastes” y el primer sencillo fue “Modo avión”, pero la que más pega es “Anestesia”. Entonces vi que a la gente le gustaba lo romántico. Es así de fácil. Y cuando estábamos haciendo este disco me dijeron de una vez que “Déjate llevar” era el primer sencillo, que no pensara en lo que iba a decir la gente, porque es medio reggaetonosa y canto. «¡Dale! Esta es», me dijeron. Y yo no la escogí, la escogieron ellos. Hicimos el video, sale la canción y todo cambia. Subimos los precios del show, todo cambia. Cuando empezó a pasar eso, hasta los números de las redes subieron. La reacción que tuvo la gente con esa canción, nunca lo había provocado antes. Pude haber tenido la canción correcta antes, pero nunca la usé. Y con esta, hasta pusimos la barra bien alta. Pegó. Y los otros dos sencillos del álbum son cosas bien personales. Con buen ritmo y lo que querrás, que son “Desde acá” y “Autosabotaje”, pero no pegaron como la otra, obviamente. Y la otra que está dentro de ese álbum –“Para ti”, que es con Tijuana Love–, que también es bastante bailable cantadito y todo, es como de esos highlights que le agregué al disco, de la parte bonita-romántica.
  2. Todo lo demás, soy yo acoplándome a un nuevo equipo de trabajo; soy yo aprendiendo que yo soy mi mayor rival; soy yo entendiendo que me tengo que ir de Guatemala. Entonces empiezo el disco despidiéndome. Terminé el  “Kontrastes” con “De vuelta”, o sea, regresando a mis raíces; y empiezo el próximo álbum diciendo que me tengo que ir. Es un «hasta pronto«. La gente me está diciendo que me vaya, que qué hago en Guatemala. Así empieza el álbum. Y termina con “Cielo”, mi mamá cerrándolo. Esto salió el año pasado. El audio de mi mamá lo grabó el DJ cuando yo estaba en el call center. Yo no lo había escuchado. El maje lo tenía y pasó como dos o tres años con el audio guardado. Yo tenía esa canción escrita para los primeros beats que hice para ese álbum. Y le hice como cuatro versiones al beat. Tenía la letra escrita, que era otra cosa que nada que ver. Y una vez me di medio ácido en mi casa… me revienta esa onda y le digo: «poneme el beat» y la reescribí y grabé en diez minutos. Y cuando la terminé, les dije: «esta es la canción, este es el outro». «Ah, bueno, yo tengo con qué terminarla, ahí te la mando», me dijo. Y yo la escuché hasta que subimos el disco en Spotify. Yo no sabía nada. 

¿Y qué pensaste cuando la escuchaste?

Lloré, obviamente. 

¿Y sabés que ha provocado eso mismo en mucha gente?

¡Me lo han dicho! Y se siente bien. Mirá, ¿cómo te lo explico? Haber escuchado ese audio, años después, me hizo volver a creer en mí mismo. Porque mi mamá me dice ahí que sabe que puedo, que sabe que llegaré más lejos. Si lo hubiera escuchado y hubiera estado en la misma situación que en ese momento, me deprimo. Porque hubiese dicho: «¿¡Qué hiciste todo este tiempo!?». Pero el ver que sí pasó algo… para mí fue como «Ok, sí».

«La reacción que tuvo la gente con ‘Déjate llevar’ nunca lo había provocado antes. Pude haber tenido la canción correcta antes, pero nunca la usé»

Kontra ha publicado tres álbumes de estudio oficiales: “Kontratiempos” (2014), “Kontrastes” (2016) y “Kontra Todos” (2018). Foto FACTUM/Gerson Nájera.

Hay algo que abordás en este disco y lo mencionás en otros: tu ida y vuelta con las drogas. Sos muy transparente con eso. ¿Cuál es tu postura sobre este tema?

¡Que la legalicen! Ja, ja. A mí se me han cerrado puertas con marcas grandes que quieren trabajar conmigo en Guatemala. Específicamente, trabajar sus marcas en mis redes sociales. Y me han dicho: «queremos trabajar con vos, pero…». Y los peros son dos cosas, básicamente: «Fumás y sos público al respecto; y tenés una postura política muy definida». Y no estoy dispuesto a cambiar ninguna de las dos cosas. Dos cosas totalmente distintas, pero son contestatarias, hasta cierto punto. Y las que se me acercan son marcas de telefonía, de cerveza, etc. No quieren ligarse a nada así. Más si la misma empresa tiene que ver con casos de corrupción. 

¿Por qué no estás dispuesto a cambiar esas posturas?

Porque creo firmemente que una de las razones por las que el arte de nuestra región no termina de conectar con la gente es porque los artistas están dispuestos a diluir mucho su esencia con tal de agradarle a la marca. Y no. Si vos le agradás al público, la marca y el dinero llegan. Yo busco lo genuino; yo muestro lo que soy. Obviamente, hay cosas que he ido modificando porque entiendo que como personas cambiamos, pero no voy a dejar de mostrar mi inconformidad con el gobierno con tal de recibir un cheque, porque ahí ya le estoy fallando a mi nombre como Kontra, porque estoy en contra de eso. Sí, incluso lo menciono en canciones de “Kontrastes”, porque fue una época en que estuve muy metido en drogas… No solo en la mota, sino en drogas varias. Y lo tengo que decir, porque eso es lo que pasaba. Yo escuchaba a los raperos y eso era lo que provocaban en mí. Por ejemplo, cuando yo era cristiano y oía a Canserbero decir:

«Me dicen que agradezca a dios cuando algo me salga bien/Pero si a ver vamos, los malos rezan también/Yo estoy seguro que el que mata por placer/reza también para que sus planes no se le echen a perder».

Y para mí, era bien conflictivo. Vivía en un hogar cristiano y pensaba: «Me gusta lo que dice, pero… ¡Ay, soy muy susceptible!». Y al final, eso que me provocaron fue lo que me hizo quien soy. Y quedarme sin papá a los ocho años fue bien complicado. Es una ausencia muy grande, pero escuchar a un rapero que no tiene por qué filtrarte la información te crea carácter. Y lo dice Nach en una canción:

«Dicen que soy alguien distinto y complejo/que les brindo los consejos que nos les dejó su viejo.

Esa línea para mí es correcta. 

¿Y vos asumís ese rol?

Yo lo asumo. No le voy a resolver la vida a nadie. No voy a cambiar mis letras porque me escuchan niños, porque ese es el trabajo de sus papás. Pero yo sé que si tengo el micrófono en la mano, tengo la oportunidad de decir algo. Ahora, puede que haga canciones de chingadera, de fumar, de lo que querrás, porque también soy así; pero tengo que mantener mi postura. Si no defendés nada, cualquier cosa te va a convencer. 

Me gustaría retomar lo que dijiste sobre los artistas que se diluyen. Muchos de esos artistas lo hacen porque quieren pegar, ¿pero vos entoncés creés que por eso mismo no lo logran?

Así es. En Guatemala lo que pasó es que las cervecerías se convirtieron en las disqueras. Y estas bandas que forman parte de eso –de algunas soy muy amigo– ya estaban consolidadas; ya tenían una carrera hecha. Por eso mismo es que los jalan. Y no voy a criticar la manera en que alguien más hace su plata, siempre y cuando no chingués la vida de nadie más. Pero, actualmente, la gente no consume solo tu música. La gente consume tu estilo de vida a través de las redes, la gente consume quién sos, consume tu esencia, consume qué comida te gusta, cómo te vestís. Todo eso. Antes no. Antes tu artista sacaba un disco. Ahí lo veías. Y de ahí hasta que sacara otra cosa. Ahora ya no. Ahora podés pasar cinco años sin sacar música y que la gente sepa qué estás haciendo todos los días.

La generación que viene debajo de nosotros, que viene consumiendo lo que nosotros hacemos, busca algo real, busca algo genuino. Igual, podés fingir en redes y todo, claro. Pero es muy diferente que ponga el link de mi disco y haga una historia diciendo: «escucha mi nuevo disco, disponible en todas las plataformas, vamos al link»; a que yo les diga: «¿qué putas, muchá? Ya están las nuevas rolas afuera, vayan a escucharlo»… Pero alguien me diría: «¡Ah! Pero dijiste una mala palabra»… Compadre, eso va a hacer que la gente le dé play, porque soy yo diciéndolo. No es una marca; no es un community manager. Y podés tener un community manager, pero no es lo genuino.

Así soy yo con los artistas que sigo. No solo escucho su música; veo sus entrevistas y miro qué hacen ellos, qué hacen para que yo me enganche. Hay artistas que los sigo en las redes y ni siquiera me gusta su música; y viceversa. Hay gente que me gusta su música, pero en las redes son muy estúpidos. Y es válido. Al final del día son ellos mismos. Y en nuestra región no existe, porque no tenemos esa industria tan grande. No sirve que te suban historias diciendo: «aquí estamos ensayando», «aquí estamos grabando», «ya está la nueva rola», porque no te sentís parte del proceso. Sería diferente si los majes dijeran: «bueno, muchá, cuando estamos en el estudio, esta es la carreta de chucos a la que venimos a comer y esta es la tienda donde compramos las chelas».

Es solamente volverte humano, porque no sos Metallica para que la mara se emocione de verte ensayando. ¡A la mara le pela la verga tus ensayos! Je, je. Creo que la perspectiva de muchos artistas –porque todos la hemos tenido en algún momento– es que va a venir alguien a descubrirnos… Y eso ya no existe, quizá nunca existió. La mayoría de artistas grandes que firmaron con sellos discográficos te dicen que no firmés con sellos, porque se van a quedar con todo. Te dicen que lo hagás independiente, que usés tus plataformas.

En 2019, Kontra ha publicado un par de sencillos y recientemente visitó El Salvador para ofrecer un concierto. Foto FACTUM/Gerson Nájera.

«No voy a dejar de mostrar mi inconformidad con el gobierno con tal de recibir un cheque»

¿Entonces sugerís que los músicos creen comunidad?

¡Eso! Que creen comunidad, que creen un movimiento. Que la gente de verdad tenga empatía con lo que estás haciendo, porque se sienten parte de eso y saben que estás valiendo verga por hacerlo; porque entienden lo qué hay detrás. La mara me lo dice. Y a veces tengo miedo porque estoy escribiendo algo que me aplica a mí y estoy hablando de mí, pero todos lo van a aplicar a algo. ¿Cómo lo descubrí? Cuando yo escuchaba rap de Cuba, ellos me hablaban de la situación política de allá y de lo que estaban pasando –en contra de Fidel, directamente– y que por ser raperos revolucionarios los metían presos. Y que si te cachaban escuchando la música de ellos te metían preso. Era una represión horrible. Pero a pesar de que no aplicaba a lo que yo pasaba en Guatemala, me identificaba. Y después escuchaba a un rapero de España quejarse de la corona y también me identificaba. Y no teníamos ni socialismo ni monarquía en Guatemala, pero ambos aplicaban en mi caso. A vos te gusta una canción y la hacés tuya. Y de eso se trata el rap y la música en general, de contar lo tuyo. Ninguno de nosotros ha matado a alguien y cantamos «Mama, just killed a man». Ja, ja. Entonces esto es lo que funciona y a esta escala tan pequeña en la que nosotros estamos, tenemos que crear comunidad, como vos dijiste. 

Y entonces regresemos a la pregunta de la que nos desviamos: ¿quién es Kontra en 2019?

Kontra es una persona consciente de la plataforma que tiene, de la atención que le están poniendo. Y es una persona que tiene mucho miedo, porque está en una situación en que cada decisión que tome tendrá mucho peso. Es un punto en el que ya hice muchas canciones. No son solo los álbumes. Hay mucha música allá afuera. Entonces, siento que ya dije mucho, que soy una persona que se está volviendo a encontrar para tener algo nuevo que decir. Estoy saliendo de una etapa en la cual no creía en mí y no me sentía capaz. Pasé por unos problemas con unas personas que estuve grabando, problemas legales incluso, hasta cuestiones de diferencias creativas, lo cual hizo que sintiera que todo lo que había hecho no valía la pena o pensar si ya es hora de que me dedique a ser abogado o cualquier otra cosa. Sí son cosas que han pasado por mi mente en estos últimos meses. Pero, actualmente, estoy seguro de que soy la persona que va a cambiar cómo se hacen las cosas musicalmente en Guatemala. 

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