Debate por la propuesta de modificación a la Ley de Cultura

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¿Debe ser obligatorio un porcentaje de obra nacional en las radios que transmiten música a través del dial salvadoreño?

Invitados por Revista Factum, debaten al respecto dos opiniones enfrentadas. Por un lado está Rafael Domínguez, quien posee una larga trayectoria en la dirección de distintas estaciones de radio en El Salvador. Él está en desacuerdo con que se vuelva obligatorio un porcentaje de música nacional en el dial.

Por otro lado está Lomax (antes Débil Estar), rapero del grupo Pescozada y abogado. Él forma parte de un colectivo de artistas que estás impulsando que cambie la Ley de Cultura y que sea impositiva la programación de un 40 % de música salvadoreña en la radiodifusión nacional.

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2 Responses to “Debate por la propuesta de modificación a la Ley de Cultura”

  • La discusión se ha centrado en la pretensión de supuestos derechos adquiridos que ambos interlocutores defienden. .. a ratos inexacta o incongruentemente sostenida con argumentaciones a las que se pretende otrogar más valor del que en realidad poseen. ¿qué es lo que está en juego? intereses encontrados cuya discordia se ha acentuado con las poco afortunadas disposiciones tanto de la Ley de Cultura como de las leyes que regulan las concesiones del espectro radial, disposiciones de la que cada parte hace interpretación acomodada a sus intereses. Dice bien el locutor cuando pronostica que el entuerto se resolverá en la Sala de lo Constitucional… la Ley de Cultura tal como está escrita se verá en la necesidad de visitar estrados en más de una ocasión. Domínguez le lleva ventaja al otro (no se ha dicho su nombre) porque al fin y al cabo ejerce un oficio reconocido y reglado (periodismo) que desde la perspectiva laboral es más viable por contar con nichos reales mientras que su interlocutor que se autoproclama músico y encima artista que parece que no cuenta con ninguna investidura académica que sostenga su pretensión -entendiendo que la música es profesión reglada y que el reclamo se fortalecería si los que reclaman acreditan su formación más allá de l amateurismo pandémico que ha reinado en el oficio y que es responsable de la ausencia de nichos laborales respetables. La ley de Cultura no exige que los que se precien de artistas acrediten su investidura, en eso hay un fallo educativo que no corresponde a la ley sanear y que remite al MINED y a las Universidades y que puede sonar a divergengia de mi parte mencionarlo pero, como se trata de abordar una profesión y su nicho laboral me ha parecido necesario considerarlo. Las diferentes músicas todas son productos estéticos y en tanto sujetas al jucico estético (Kant) por lo que no pueden evaluarse con parámetros objetivos como los aplicables a un objeto material. La música se juzga con el gusto y allí la ley no puede obligarme a escuchar la música que no me gusta y menos a imponerme que la suene en mi propia casa o en mi empresa o negocio . Por otro lado, las concesiones del espectro radial parecen operar desde la mezquindad del concesionario que asume un derecho adquirido absoluto sobre el uso del espacio y el tiempo radial. Puede que aquí haya una antinomia y para eso se necesite de la opinión categórica de la Sala de lo Constitucional. La invocación de derechos generales contenidos en la Constitución no es suficiente para sostener la disposición de la Ley de Cultura sobre el porcentaje de música a incluír en las radios. Hace falta puntualizar de esa generalización, argumentar de lo general a lo particular para justificar por qué debemos tolerar que la producción estética nos sea obligada a aceptar contra nuestro derecho a decir simplemente «no me gusta». Me queda mucho por agregar pero ya he abusado del espacio y de la receptividad de la revista.

  • Claramente para el empresario Radial Domínguez nunca le interesará arriesgar su negocio apostar por los artistas aunque fueren de su propio país he ahí la gran diferencia y hasta política entre artistas nacionales y empresarios ya que sólo ven dinero de por medio, aunque mucha música salvadoreña es de mala calidad pero el apoyo por lo menos de un 20 por ciento a los menos peores sería bueno y aceptable