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Los tuits del presidente

Los tuits del presidente despidiendo funcionarios, y las respuestas de sus ministros, preocupan. Ellos tienen cosas buenas: mantener informada a la población y corregir actos de abuso de poder, tráfico de influencias y nepotismo. También tienen efectos negativos.

Que uno de los primeros actos de su gobierno sea el ordenar por medio de tuits públicos el despido de varios funcionarios, detallando incluso qué hacer con los salarios disponibles provenientes de esos despidos, deja entrever un estilo autoritario de mando, genera preocupación por su estilo de gobernar, provoca inquietud por cuáles son sus prioridades, llama a cuidado ante la posibilidad de un gobernar que divida y siembre sentimientos de venganza, y preocupa ante la posibilidad de que esa sea su manera de hacer democracia.

“Se le ordena a” es un estilo autoritario, muy vertical, sobre sus colaboradores más cercanos, que preocupa a quienes todavía nos acordamos de los tiempos de los gobiernos militares. Ese estilo es de cuidado pues no razona o justifica acciones, no permite diálogo, ordena. Detallar qué hacer con los ahorros de los despidos y el tipo de acciones a tomar es hacer microgerencia. Ello pone en cuestionamiento la autonomía que puedan tener los ministros, la cual les es muy necesaria para que se desempeñen con éxito. Ese tipo de involucramiento puede amedrentar a sus funcionarios. Su gabinete no debe temer darle crítica constructiva, es más, es su obligación asesorarlo y señalarle, aunque no públicamente, lo bueno y lo malo; sus tuits no ayudan en generarles esa confianza.

El hecho de que sus tuits sean públicos complica más pues comparte públicamente esa sumisión que le pide a sus colaboradores, quizás en algunos casos afectando incluso su dignidad. Las respuestas de otros de ellos hacen peor la cosa. “De inmediato, señor presidente”, “Su orden será cumplida”, “Gracias, mil gracias, cuente conmigo”; esas respuestas solo confirman, de esos funcionarios, sentimientos de sumisión y tendencia de gobernar por, y respondiendo a, órdenes. Hace también temer que esos funcionarios copien ese estilo con sus empleados.

Sus tuits son útiles, pero también crean preocupación por su estilo de gobernar. Los tuits por sí solos no permiten diálogo. No se puede gobernar dando órdenes. Es también importante tener claro que los problemas de la nación no se solucionan con solo una orden.

Varios de los nombramientos que usted ha hecho contradicen las justificaciones que supuestamente están detrás de estos despidos ―el combatir el nepotismo y el favorecer a amigos y círculos cercanos. Parecería que está tirando piedras, teniendo un techo de vidrio.

Un presidente debe estar muy seguro y tener cuidado de no equivocarse cuando hace afirmaciones o toma acciones, como parece ser el caso en alguno de los despidos que hizo. También lo es el caso del puente que usted ordena “se empezará a construir dentro de 72 horas”. De ser así, ello violaría las reglas que obligan a licitación pública para asegurar competitividad y transparencia. Ello debería llevarlo a pedir excusa o gastar esfuerzos en justificaciones, lo cual no es bueno ni para el gobernante ni para los gobernados.

Que en sus primeros días en el mando usted y su equipo dediquen tanta atención y esfuerzos a esos despidos, sin haber aclarado a la ciudadanía en ninguno de sus actos públicos cuáles son sus prioridades de estado, cuáles son los lineamientos que usted le da a cada cartera de gobierno como guías, es motivo de preocupación. La población salvadoreña sí tiene claras sus prioridades, como se reflejan en todas las encuestas desde años atrás: reducir la violencia, generar empleo, mejorar la salud y la educación y frenar la corrupción. Los tuits le permiten tomar acciones en esta última área y sirven para mantener imagen y lograr una buena percepción ciudadana en el corto e incluso en el mediano plazo. Pero sin resultados claros en las áreas prioritarias de la población, esos logros desaparecerán y probablemente se reviertan. Para lograr resultados en el mediano plazo en las áreas prioritarias para la población, usted debe dejar claras las mismas y los ejes de acción, y empezar a trabajar en esas áreas desde ahora.

Un gobernante y sus ministros deben ser muy cuidadosos en los valores que proyectan. El presidente es un líder que sienta ejemplo e influye en los valores de la población que gobierna. El priorizar esos actos que son percibidos por muchos como actos de venganza y comenzar su gobierno ―incluso su discurso de toma de posesión― con palabras negativas hacia los gobiernos salientes, refuerza en muchos esos valores y divide más que une.

Tomamos lo bueno de sus tuits, presidente: castigar el nepotismo, enviar señales de poner alto a la corrupción y mantener informada a la población. Esperamos que al avanzar en su gobierno se corrijan esas tendencias y valores negativos reflejados en sus tuits, así como pronto oír y ver acciones, de usted y su gobierno, en las áreas más relevantes para la ciudadanía.


*Mauricio Silva ha trabajado por más de 40 años en administración pública. Ha sido director y gerente de varias instituciones en El Salvador y experto en el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

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