No porque se veía venir resulta menos doloroso. Si bien es cierto que El Salvador ha venido transitando una dictadura desde el golpe de Estado del 1 de mayo de 2021, las recientes reformas inconstitucionales que permiten la reelección presidencial indefinida, constituyen la confirmación —para quienes estábamos convencidos y también para los escépticos— de que el plan siempre fue perpetuarse en el poder e instaurar una dictadura propia de cualquier república bananera.
Todos los pasos que Bukele ha dado cumplen a la perfección el manual del autoritario para justificar una dictadura. Lo dijo la ex encargada de negocios de la Embajada de Estados Unidos en su momento y lo dijimos varios columnistas, pero muchos se negaban a reconocer que ya estábamos en una dictadura que pronto se consolidaría. Muchos periodistas, incluso, hablaban de “deriva autoritaria” cuando la realidad misma señalaba que la democracia ya no existía en el país. La democracia no murió este pasado 31 de julio de 2025; la democracia salvadoreña murió, sin ni siquiera tener un proceso de agonía, aquel 1 de mayo de 2021. Todos los pasos dados por Bukele y sus instituciones cooptadas son solo un ladrillo más en la consolidación del sistema dictatorial.
Veamos, pues, cómo Bukele ha cumplido paso a paso el manual del dictador:
- Llegar al poder
- Gobernar basándose en el miedo
- Crear nuevas narrativas
- Enterrar (metafórica o literalmente) a los enemigos (pues dejaron de ser rivales)
- Crear una nueva sociedad
- Perpetuarse en el poder
Todas esas reglas se han cumplido en el caso salvadoreño; recapitulemos:
a) Bukele llegó al poder por la vía democrática.
b) Ha venido gobernando basándose en el miedo: primero fue el miedo a ser enviado a un centro de contención durante la pandemia, y luego el miedo eterno al régimen de excepción, donde una persona inocente puede estar meses o años en prisión sin gozar de derechos constitucionales y puede ser objeto de torturas e incluso de muerte.
c) Ha creado nuevas narrativas al considerar enemigo a todo aquel que critica, pues si lo criticas, se aplica la falacia de estar a favor de las pandillas.
d) Ha creado una nueva sociedad, un nuevo país, libre de pandillas, algo sobre lo que nadie puede estar en contra. Pero, al mismo tiempo, ha logrado vender a la población la idea de que si no se le apoya, las pandillas volverán a reinar, y por eso cualquiera que esté en contra de esta nueva sociedad es considerado “enemigo interno” de la nación.
e) Finalmente, después de instaurar estas nuevas narrativas en la mente de la gente agradecida por la seguridad, ha logrado perpetuarse en el poder. Primero, mediante una reelección inmediata que estaba prohibida por la Constitución, pero que fue posible gracias a las decisiones judiciales de una Sala de lo Constitucional cooptada por magistrados que no son más que marionetas del Presidente.
Y ahora, para terminar de consolidar la dictadura, su Asamblea Legislativa –con diputados igual de genuflexos– vulnera los artículos pétreos de la Constitución y, con ello, la forma de gobierno republicano, al permitir la reelección presidencial indefinida.
Sobre este punto, se puede citar mucha jurisprudencia constitucional y se pueden escuchar los audios de la Asamblea Constituyente para conocer por qué los artículos sobre la forma de gobierno se consideran pétreos; por qué casi todas las constituciones de El Salvador no han permitido la reelección presidencial inmediata; por qué no es recomendable permitirla; y por qué no es democrático ni recomendable entregar el poder a una sola persona, etc. Se pueden citar autores, se puede explicar a la población la interpretación auténtica de la Constitución, se pueden ejercer acciones en las instituciones del Estado… pero ya nada de eso es pertinente cuando la dictadura finalmente se ha consolidado.
Muchos creen que, si la población no vota por ellos, entonces sí habrá alternancia política. Pero es ridículo pensar que existirán elecciones verdaderamente libres cuando tienen secuestradas a todas las instituciones del Estado que pudieran evitar, por ejemplo, un fraude electoral.
Además, está el factor del miedo, pues al tener secuestradas instituciones claves como la Fuerza Armada, la Policía Nacional Civil y la Fiscalía General de la República, difícilmente un funcionario podrá ejercer su labor de forma imparcial e independiente. Es ingenuo pensar que El Salvador volverá a tener elecciones libres. Bukele ha cumplido todos y cada uno de los pasos para la instauración de una tiranía y ha aprendido de dictadores como Ortega, en Nicaragua, o Juan Orlando Hernández, en Honduras, para tropicalizar esas reglas del manual del tirano y, de esa forma, perpetuarse en el poder.
Si ya existía represión y persecución política, con decenas de periodistas independientes y defensores de derechos humanos en el exilio, ahora la represión y la persecución política serán más duras y sin máscara alguna. Los espacios de libre expresión de las ideas irán desapareciendo, la autocensura se profundizará, habrá más cárcel para la disidencia política, y la dictadura se encargará de matar (metafórica o literalmente) a cualquier partido de oposición o a cualquier líder que pueda ser capaz de disputarle unas elecciones al caudillo.
Miles de salvadoreños le dieron a Bukele la facultad, desde el ejercicio de la democracia, de gobernar el país, pero nunca le dieron la facultad de perpetuarse en el poder. Ahora solo queda resistir, porque, como cualquier dictadura, esta no será eterna, y cuando caiga, quizá ya no estaremos nosotros, pero sí estarán otros que, factura en mano, obligarán a todos los que ayudaron a la imposición de este desastre a pagar por toda la destrucción que han infligido.
*Alfonso Fajardo nació en San Salvador, en 1975. Es abogado y poeta. Miembro fundador del Taller Literario TALEGA. Su cuenta de Twitter es: @AlfonsoFajardoC.
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