“Tecno-optimismo”: tecnología visible, educación pendiente
No se cuestiona al uso de tecnología en educación. Se pone en perspectiva que un sistema educativo no se puede transformar así como se está gobernando ahora: con algoritmos y con propaganda.
No se cuestiona al uso de tecnología en educación. Se pone en perspectiva que un sistema educativo no se puede transformar así como se está gobernando ahora: con algoritmos y con propaganda.
Al anuncio de las 70 escuelas supuestamente remodeladas, dentro del famoso plan que prometía la reconstrucción de más de 5 mil escuelas, se suma: ¿Qué se está haciendo el gobierno con los millonarios préstamos para educación?
Nos quieren tontos, para que creamos que el problema de la educación se resuelve con un corte de pelo. Y nos quieren enfermos, para que dependamos de un sistema que ya no busca garantizar derechos, sino alimentar negocios y bolsillos.
Como docentes, debemos asumir que educar críticamente no es solo una cuestión de contenidos, sino de valentía y ética.
No se puede normalizar que se cierren centros de salud y escuelas. No se puede aceptar que el gobierno use el dinero de los salvadoreños para fortalecer su imagen mientras debilita los pilares básicos de cualquier sociedad.
La justificación del ministro de Hacienda, Jerson Posada, es que estos recortes son para “reducir grasa” del Estado. Esta explicación sería creíble si el gobierno tuviera un ápice de coherencia. O si aceptara que los recortes esconden el hecho de que el dinero no está alcanzando.
En 2018, el entonces candidato presidencial Nayib Bukele llegó a la Universidad de El Salvador (UES) y prometió dignificar el presupuesto de esa institución. Casi seis años después, el Gobierno arrastra una deuda $55 millones con la universidad.
Es ofensivo querer vender la idea de que se lucha contra la inequidad cuando lo descartable siempre es el presupuesto social. Lo social, no sólo no está a la base ni es complemento de nada en El Salvador, sino que parece inexistente en este gobierno.
El Salvador ha sufrido una infección de gobernantes que han puesto primero su imagen antes que las necesidades de la sociedad, en escuelas, en hospitales, en agua potable. ¿Qué pesa más? ¿la propaganda o más comida en las escuelas?
No hubo frijoles, leche o harina fortificada en la primera entrega de alimentos que hizo el MINED a los alumnos del Centro Escolar “El Cedro”, en Panchimalco. El atraso en la entrega de los alimentos se debió a varios factores, entre ellos, una deuda millonaria con los proveedores.
El Ministerio de Educación acumuló en febrero pasado una millonaria deuda con los principales proveedores del programa de alimentación de los centros educativos. Entre los proveedores de alimentos aparece NBS, investigada por la Fiscalía por vender a sobreprecio.
Los acontecimientos de este año nos obligan a reflexionar, a tener conciencia de que el mundo posterior a la pandemia debe ser un mundo mejor, y ahora tenemos todos los medios necesarios para conseguirlo.
Conviene tomar conciencia de que una educación a distancia, como lo es la educación en línea, no es una educación presencial, aunque a través de los monitores de los dispositivos tecnológicos maestros y alumnos puedan verse y escucharse entre sí.
La cultura es un bagaje que no decidimos tener o carecer: los procesos de socialización se encargan de que la asumamos y vivamos en ella. Queda a discreción si se saca el mayor provecho de la inmersión o si nos dedicamos a proceder de forma anémica en la individualidad.
No es que los problemas de la docencia no existan, sino más bien que se ignora que ellos y ellas también están insertos en una sociedad rota y violenta, en un sistema perverso que no asigna de forma eficiente los recursos.