“Pórtense bien. Es por su bien”

Las crisis representan retos, pero también dificultades. Dependiendo de cómo las manejen los gobiernos y sus autoridades, se puede salir o mal de ellas, pues la población de cualquier país —incluido El Salvador— no tolera medias tintas frente a ellas. Y, ante esta situación, cualquier líder con aire carismático, autoritario y potencialmente dictatorial, como el presidente Nayib Bukele, puede valerse de una crisis como una ventana de oportunidad para vulnerar el Estado de Derecho y los marcos normativos nacionales e internacionales, catalogando a las instituciones democráticas como unos grilletes, así como para defenestrar a sus adversarios (#losmismosdesiempre), de quienes se siente injustamente asediado.

Con estas consideraciones en la mesa, teniendo como marco de referencia una sociedad de riesgo, en la que todo lo que se conocía ya no se puede dar por sentado, Lab-Dat, una firma consultora de análisis de datos en El Salvador, realizó una investigación que buscó identificar cuáles fueron los elementos representativos del discurso presidencial de Nayib Bukele en torno a la Covid-19 durante los primeros tres meses de la emergencia (marzo, abril y mayo de 2020) en la red social Twitter, con la cual se pudiera determinar cuál fue la narrativa que el mandatario construyó alrededor de la pandemia, así como las acciones, mensajes y comunicaciones más representativos que contribuyeron a brindar certeza (o no) en la población salvadoreña dentro y fuera de dicha red social.  Dicho esfuerzo de investigación formó parte del Fondo de Investigación de la Escuela de Comunicación Mónica Herrera (ECMH) 2020, cuyos principales resultados se encuentran compilados en un especial monotemático de la Revista Abierta que versó sobre la pandemia.

De esta forma, la investigación sobre el mandatario en los puntos más álgidos de la Covid-19 en El Salvador evidencia cómo se consolidan y exaltan algunos casos de figuras presidenciales en tiempos de emergencia, producto de una pandemia. Dicha situación permitió que la perpetuidad de modelos políticos, económicos y sociales, a escala mundial, entraran en una bifurcación sumamente pronunciada y polarizada que condujo a las sociedades a estados autoritarios que restringieron las libertades individuales, suprimiendo cualquier tipo de disidencia, como sucedió en el caso de El Salvador o, en el mejor de los casos, se apostara por la posibilidad de Estados de bienestar, como en Nueva Zelanda, donde la democracia apostó todas sus cartas por una redistribución de bienes y servicios, cuyo replanteamiento del modelo económico abogó por el servicio al individuo.

Para el caso salvadoreño, las apariciones públicas y digitales del presidente Nayib Bukele resaltan situaciones con las cuales no se tiene poder alguno para cambiar las cosas, pero sí para influir en las percepciones de su nación. Desde la entrada de su administración, contemplamos una construcción del relato, donde el manejo de vínculos dentro y fuera de redes sociales se vuelve sumamente estratégico, una suerte de relación exclusiva, única e importante entre el mandatario y su pueblo. Esto vino a consolidarse aún más con el combate a la Covid-19, donde el mandatario se convirtió en nuestra roca, incólume en tiempos de tribulación pandémica, pues la población salvadoreña tuvo que hacerle frente a un enemigo público invisible y extraño, cuyos efectos eran perceptibles en todos los niveles de la agenda nacional.

Si bien es cierto, este joven presidente hizo suya la lucha para salvar a su país ante un nuevo virus que amenazaba con acabar con la humanidad, sus políticas públicas gozaron de aplausos y críticas por doquier. La investigación, por ejemplo, reseña el posicionamiento del hashtag #AyudaAlaPuertadeTuCasa, con el cual el Órgano Ejecutivo y sus diferentes instituciones apostaron por demostrar su compromiso hacia el pueblo, a pesar de que hubo casos en que la falta de planificación y organización en la entrega de incentivos económicos se tradujo en descontento generalizado para los posibles beneficiados, como sucedió con el caso de las personas que demandaban respuestas sobre la entrega de 300 dólares afuera del Centro Nacional de Atención y Administración de Subsidios (Cenade) en marzo de 2020.

Pese a eso, la población siguió dando un voto de confianza al mandatario. Los tuits y retuits más populares del mandatario en el período de investigación seleccionado reflejan el calor del sentir de la población en la red social Twitter. De esta forma, vemos cómo va mutando el discurso del mandatario durante los meses investigados, pues se transformó radicalmente de un sentimiento de unidad a un “ver para no creer”, en el caso de la situación del contexto internacional en torno a la Covid-19, específicamente los casos de Estados Unidos y Ecuador.

Figura 1. Tuits con más favoritos y retuits del presidente Nayib Bukele durante el período estudiado.

Fuente: Tuits del presidente Nayib Bukele con base en los datos obtenidos de Twitter. (2020).

Aunado a eso, en lugar de pensar cómo informar a la población apropiadamente desde un enfoque preventivo, científico y educativo dentro y fuera de la red social Twitter, se apostó por una espectacularización de la pandemia al privilegiar la vida sobre la economía, apelar a la mediación religiosa, apostar por la supresión y restricción de derechos constitucionales y, por qué no, revestirse del mito del padre represivo, autoritario e imponente ante un pueblo desobediente.

Sobre esa base, los tuits se convirtieron en un medio de validación con el cual se partió de un principio esencial de la comunicación política: bien o mal, pero que hablen. Y la generación de conversación en las cadenas durante los puntos más álgidos de la pandemia fue una muestra de eso. En la investigación, se evidencian este tipo de situaciones al momento en que cada cadena nacional se convertía en todo un acontecimiento por medio del cual la población salvadoreña acudía al encuentro del mandatario en busca de certezas, pues solo él sabía, opinaba, cuestionaba y sentaba postura sobre momentos coyunturales puntuales de la pandemia.

Desde el surgimiento de una #NacióndeHéroes, donde poco a poco se fueron difuminando los médicos y los policías para darle un halo de protagonismo a la “gloriosa nueva Fuerza Armada”, pedirnos que cerráramos los ojos hasta pedirle al Creador que derramara sabiduría en las mentes y manos de los médicos y científicos para encontrar la vacuna del Covid-19, pasando por la cadena de los logros alcanzados durante esos momentos de tribulación el 17 de mayo de 2020, la investigación detectó una suerte de paternalismo y reinado digital que la población salvadoreña ha tenido a bien aceptar, lo cual se encuentra resumido en su tuit del 13 de abril de 2020, donde nos “invitaba” a acatar las recomendaciones gubernamentales del Decreto 19 o de lo contrario seríamos llevados a los Centros de Cuarentena: “Pórtense bien. Es por su bien”.

Figura 2. Gráfico de relaciones entre el mandatario Bukele y el entorno político en su cuenta de Twitter, del 1 de marzo al 31 de mayo de 2020.

Fuente: Elaboración propia con base en los datos obtenidos de Twitter (2020).

Finalmente, en consonancia con dicha conjura, el tercer hallazgo de la investigación se visibiliza en que el mandatario es el principio y fin de todas las cosas en términos de comunicación política. Paulatinamente, ha logrado difuminar y minimizar toda aquella institución o figura dentro de su andamiaje estatal que ose, en algún punto, opacar su estilo de gobernanza, uno que acoge elementos propios de la Ilustración de Luis XIV, arropándose de una consigna sencilla: «El Estado (tuitero) soy yo». Al volverse el epicentro de la comunicación política sobre el cual orbita toda la institucionalidad y sociedad salvadoreña, el mandatario se vale de tres instancias que reseña Patrick Charaudeau (2009) con las cuales se vuelve pertinente reflexionar sobre cómo se utiliza la palabra en el espacio público dentro y fuera de las redes sociales. Sobre todo, en el discurso populista actual: la producción (el mandatario), la recepción (la población salvadoreña) y, por último, la mediación (Twitter).

Al convertirse en productor, el presidente confecciona tuits para seleccionar determinados aspectos de la realidad y dejar fuera otros con los cuales los medios de comunicación se convierten en cajas de resonancia de lo que divulga el mandatario en redes sociales para la población salvadoreña. De esta forma, los encuadres llegan —no necesariamente por Twitter— a un público heterogéneo, que tomará posturas contradictorias, no necesariamente complementarias ante lo que el presidente prorrumpe en dicha red social: la población beneficiaria de un bien futuro (político, social o económico) del cual está llamada a apropiarse o bien un sector poblacional que vaticina un peligro del que está llamado a protegerse. Cualquiera sea el caso, esta audiencia está llamada a ser, implícitamente (o no), agente de una búsqueda que le resulte beneficiosa en el corto, mediano y largo plazo ante lo que divulga el presidente.

¡Eso sí! Aunque los tuits se conviertan en un marco de validación de políticas públicas, planes y programas estratégicos del mandatario, pues apuesta por construir una relación exclusiva y única con su pueblo, vía Twitter, para consolidar redes, alianzas, compromiso y acciones (Gutiérrez-Rubí, citado en López, 2011), dicha red social no garantiza que todas las personas que se vean afectadas por sus disposiciones estatales tengan conocimiento de primera mano de lo que ahí se divulgue. Así, vemos que, muchas veces, sus trinos no encuentran eco en la inmensidad de una amplia y marcada brecha digital, pues, según la Dirección General de Estadística y Censos de El Salvador (Digestyc, citada en Palacios, 2020), “solo uno de cada diez hogares tiene una computadora”.

De esta forma, la investigación, lejos de mermar la imagen del presidente, evidencia que la pandemia de la Covid-19 se tradujo en réditos políticos que le trajeron gratos beneficios a largo plazo en un determinado sector de la población salvadoreña. A pesar de diferentes circunstancias puntuadas y documentadas donde se evidencia el irrespeto al Estado de Derecho, la institucionalidad y el ejercicio de la cultura de la cancelación a diferentes sectores de la vida nacional, encuestas como las del Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (IUDOP) (2021), reconocen como uno de sus principales logros a dos años de gestión el manejo de la Covid-19. Y aunque no existan cambios sustanciales a escala económica y social durante este período de tiempo, su estilo de gestión y gobernanza en tiempos de tribulación pandémica se tradujo en una percepción gratamente positiva para toda aquella institución o figura clave que tenga una relación cercana con el presidente.

Y, aunque el presidente goce de aceptación popular, guiado por Dios, acompañado por su pueblo y acuerpado por los tres poderes del Estado, se debe señalar la importancia sobre la puesta en marcha de un entorno comunicacional más sano, dentro y fuera de redes sociales, abierto al diálogo constructivo. Así, la colaboración debe estar en agenda de todos los poderes del Estado, pues se vuelve sumamente fundamental en la construcción de una gobernabilidad duradera y respetuosa de los derechos constitucionales en El Salvador. En consonancia, la ciudadanía debe jugar un papel fundamental en su rol vigilante, propositivo, en búsqueda de la transparencia y el respeto común. No se debe dejar de lado que las figuras públicas tienen una retroalimentación continua con las aspiraciones y demandas populares acordes con las nuevas formas de interacción social, razón por la cual su acción y comunicación se construirá, deconstruirá y reconstruirá, en gran medida con base en lo que la población pide (y exige) de sus gobernantes.

Se encuentre la población en Twitter o no.


*Omar Luna es cofundador y gerente de comunicaciones de Lab-Dat, firma consultora especializada en análisis de datos en El Salvador. También se desempeña como docente e investigador para las cátedras de Sociología de la Comunicación y Big Data para la Licenciatura en Comunicaciones Integradas de Marketing y la Licenciatura en Comunicación y Estrategia Digital de la Escuela de Comunicación Mónica Herrera.

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