Los herederos silenciosos de El Mozote  

Ninguno había nacido en 1981, cuando el batallón Atlacatl arrasó su caserío. Hablamos con cinco jóvenes de El Mozote. Todos han escuchado las historias, han convivido con el dolor y por eso piden algo común: sus padres y sus abuelos necesitan ayuda psicosocial.

Foto FACTUM/Salvador Meléndez


El dolor permanente de los familiares de las víctimas de la masacre cometida en 1981, acompañado del silencio por la deuda del poco trabajo psicosocial para los adultos de El Mozote, empujó a dos generaciones de jóvenes a ser observadores y herederos silenciosos de uno de los capítulos más vergonzosos del ejército salvadoreño durante la guerra civil.

Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Nancie Esperanza
Guevara Márquez (24)

Estudiante de cuarto año de Licenciatura en Derecho. Becada por la Asociación de Familiares de Víctimas de El Mozote. 

¿Cuáles estigmas, externos o internos, has visto acerca de El Mozote?

Hay una parte muy alta de personas de afuera que ven a bien el caso del Mozote, porque lo toman como una lucha de una organización en base a los Derechos Humanos, pero también hay otro porcentaje de personas que asocian El Mozote con la guerrilla, cuestión que no es del todo cierta. Y lo sabemos cada familiar de víctimas que murieron.

¿Al llegar a inscribirte a la universidad cúal fue la reacción de la gente?

En ese momento yo era la única originaria de El Mozote, y eso genera un impacto de admiración por parte de algunos licenciados o de alguna excepción por parte de otros, depende del punto de vista de cada uno de ellos. A veces te hacen preguntas sobre el caserío: ‘¿cuántos familiares tuyos murieron en la masacre?’ O si mi familia era de la guerrilla.  Ante esas preguntas existen muchas respuestas, como por ejemplo qué culpa tenía un niño de dos años o un tío de ochenta y seis años para que lo mataran. Como parte del caserío, estás listo para esas preguntas.

Siendo niña de El Mozote, ¿cómo te preparás para hablar sobre el dolor?

El dolor si es compartido es un poco menos doloroso. Y (en) algunas familias siempre desde pequeños nos cuentan lo que pasó. Entonces mediante nos van hablando de cómo sucedio la masacre, de quiénes lo hicieron, de cómo ellos llegaron de nuevo aquí, con toda esa platica, ese dolor se transmite. Y aunque no habíamos nacido, pero humanamente siempre sentimos.

Para mi familia los culpables de la masacre fueron ambos bandos, (el ejército y la guerrilla) porque los dos querían reclutar a las personas que habían quedado. Tuve primos, uno soldado y otro guerrillero, ambos fueron recluidos forzosamente, ellos no están en el proceso (de exigir justicia) y tampoco les interesa. Al final los responsables de la matanza fue la Fuerza Armada en la concentración.

¿Cómo manejás las emociones al ver soldados patrullando ahora El Mozote?

Sí se generó un gran impacto en este lugar. Hace muchos años no se veía bien ver patrullas de soldados acá. La gente no soportaba ver soldados en este lugar, hasta que llegó la ayuda psicosocial, gracias a las reparaciones legales, y se ayudó a la gente a que pudieran procesar todo lo del pasado y dejaran entrar a los soldados por lo menos para la seguridad. Pero sí hubo el estigma del repudio a los soldados porque se veían como criminales. Ahora se logró tener un puesto policial con soldados y ya se tolera.

¿Cuáles son las dificultades que un joven de El Mozote tiene para acceder a educación superior?

No todos tenemos las posibilidades de estudiar en la universidad. Hasta la fecha, sí habemos un gran porcentaje de becados: si sos familiar en primer, segundo o tercer grado de una persona que haya fallecido en la masacre, entonces sí podemos tener acceso a la beca otorgada por los programas sociales del gobierno. La juventud de acá no todos son familiares de víctimas de la masacre y por eso no toda la juventud puede ser beneficiada con las becas de educación superior. Para mí no está bien que solo los jóvenes familiares de los fallecidos tengamos beca, porque si queremos ver progresar a El Mozote todos deberíamos de tener esa beca para estudiar una carrera. 

En el programa de becas hay sesenta y tres jóvenes, que la recibieron hasta el final del gobierno del profesor Sánchez Cerén, el año pasado. También hay otros noventa y cinco jóvenes de El Mozote que están pagando sus estudios superiores con su propio esfuerzo, por lo mismo que le digo, por no ser familiares de víctimas de la masacre.

Yo, con esfuerzo propio de mi familia pagamos los tres años y medio de carrera, porque fue hasta el año pasado que recibí la beca del programa social y no se sabe si nos van a reintegrar el dinero que ya pagamos hasta junio del año pasado.

¿Qué cambiarías de El Mozote en este momento?

Que se le diera más prioridad a los jóvenes, porque somos el futuro y sobre todo que se les dé una vida digna a las personas adultas mayores, porque en este momento son las personas que están muy descuidadas y son ellos los que vivieron el proceso (de la masacre). Tenemos ancianos de 98 años que todavía no reciben la atención adecuada.

Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Kelvin Oswaldo
Márquez Claros (24)

Recién egresado de Educación Artística. Docente y presidente de la ADESCO de El Mozote.

Como joven casi graduado, ¿qué oportunidades faltan para progresar más en El Mozote?

Para un joven que nace en El Mozote, oportunidades se nos presentan, solo que esas oportunidades muchas veces se hacen de una forma muy superficial. Hay algunos procesos que no se les da seguimiento para que los jóvenes aprovechen. A veces falta motivación y orientación hasta para buscar en un sitio web de una universidad y ver las carreras que ofrecen, hace falta una guía. La información es escasa y con una mala información de los procesos hace que muchos jóvenes queden estancados.

En cifras podríamos decir que de unos 25 jóvenes que salen de bachillerato, menos de diez estudiantes son los que inician un proceso de educación superior y el resto se queda estancado. Durante el proceso saldrán otros que quedan estancados al no terminar sus procesos de formación, principalmente por la falta de recursos económicos. 

Ahora mismo yo curso mi segunda carrera, que es un Técnico en Ingeniería de la Construcción, preparándome para tener otra opción aparte de la docencia. Los demás muchachos de El Mozote, se ve que están interesados en ser Técnicos en Enfermería, Licenciados en Derecho, Licenciados en Idioma Inglés, y sí, hay una gran gama de futuros profesionales que al terminar sus carreras van a venir a abonar al desarrollo de nuestra comunidad.

La señal de telefonía en el centro de El Mozote es muy inestable, ¿cómo aprovechan los jóvenes el poco acceso de internet para educarse?

Respecto a la tecnología hay grandes deficiencias. Por estar en un lugar alejado de donde hay antenas hay lugares específicos donde la señal de celular no llega. En el Complejo Escolar de El Mozote hay un centro de cómputo, pero igual el servicio de internet es muy inestable y a veces los estudiantes tienen que esperar para hacer sus tareas.

Gracias a Dios aquí no hay problemas de presencia de estructuras criminales, porque si hubiera presencia, si alguien necesitara hacer una tarea usando internet y tiene que salir de su casa y desplazarse a otro lugar donde sí hay internet, eso lo pondría en riesgo. Pero no pasa gracias a Dios.

¿Cómo se divierten acá?

Hay que ingeniárselas. Por ejemplo, a mí me gusta mucho la bicicleta de montaña y hasta pasé tres años ahorrando para poder comprarme una y gracias a Dios lo logré. Ahoya ya puedo hacer bici-montaña en el Cerro de la Cruz, este que está enfrente de nosotros. Por veces nos unimos con otros amigos y vamos a hacer carreras, con la bicicleta que uno tiene, porque tampoco pueden comprarse una bici de montaña.

¿Qué significa El Mozote para alguién que ha nacido aquí?

Para mí El Mozote significa un lugar sagrado. Es más que un centro histórico o turístico, porque es un lugar donde se derramó sangre inocente. La historia de nuestros antecesores siempre se ha transmitido de forma oral por medio de nuestros familiares o los amigos más adultos. Siempre vemos, no una versión distinta de la historia, más bien un caso particular de cada persona, de los sucesos que cada uno pasó y todos estos muy similares porque el contexto era el mismo.

¿Alguna vez has estado en medio de una mala experiencia por ser de El Mozote?

Personalmente no me he topado con alguien que me haya discriminado, pero sí he escuchado de terceras personas haber pasado comentarios muy desagradables con respecto a El Mozote. Comentarios que no se pueden probar y que van en contra de la verdadera historia. Como hacer observaciones negativas de lo que aquí pasó o negar lo que vivieron nuestros antecesores.

¿Qué cambiarías de El Mozote en este momento?

Incluyéndome a mí, me gustaría que la gente de El Mozote cambie su forma de ver las cosas, porque a veces noto que se está perdiendo el respeto del verdadero sentido de lo que pasó en 1981, con respecto a la masacre y es por la misma gente que vive aquí. No se está dando la importancia que merece y por la falta de unidad  de los habitantes a veces no hay un punto común de desarrollo entre nosotros.

A veces por un simple pensamiento inmaduro no somos capaces de respetar la forma distinta de pensar del otro y nos quedamos estancados en cosas bien pequeñas que no permite que sucedan grandes cosas en El Mozote.

Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Walter Gutiérrez (34)

Licenciado en Administración de Empresas y estudiante de maestría en Finanzas. Encargado de Casa de la Cultura de El Mozote.

¿Cuales son las inquietudes de los jóvenes de El Mozote?

La mayoría de jóvenes en El Mozote están estudiando. Si comparamos esta época con años pasados, ahora están saliendo varios jóvenes a punto de ser profesionales. Antes, allá por la década de los noventas, en el caserío había un solo profesional, y ese era Roberto Chica. Y no había más. Después empezamos nosotros -mi generación de unos cinco estudiantes- a graduarnos y a desenvolvernos como líderes para nuestra comunidad.

Las limitantes de ser un caserío alejado, la mala (triste) historia que nos rodea por la masacre, nos ha generado algunas trabas en el camino que vamos sobrepasando con el tiempo y esas mismas limitantes nos han transformado en jóvenes profesionales más fuertes.

¿Cómo visualizan los estigmas por ser de El Mozote?

Vimos un estigma interno que tiene que ver con el proceso legal por la masacre y reparación por parte del Estado para con los familiares de las víctimas. Este proceso lo vimos desde lejos, ya que nos tocó aceptar que sólo los adultos fueran parte del proceso, por ser víctimas y testigos a la vez.  Esto generó ese estigma de que los jóvenes no teníamos que estar allí porque no sabíamos cómo contar la historia, porque no la habíamos vivido. 

Los que nacimos después de los Acuerdos de Paz fuimos aislados por los familiares de las víctimas de la masacre. Fue hasta hace unos pocos años que los adultos comenzaron a delegar en nosotros cierta responsabilidad de la historia de El Mozote. 

Cuando la mayoría de adultos ya no estén vivos en el caserío, ¿cómo van a contar la historia los jóvenes?

Bien se ha dicho que un acontecimiento sin memoria, es muy posible que se vuelva a repetir; es posible que estos jóvenes olviden lo que pasó después de varios años sin hablar de esta historia. Por eso digo que un joven sin memoria es un joven casi ciego. 

Si un líder joven permite olvidar esta historia, va a tener como resultado una comunidad dispersa,  una comunidad no organizada. En El Mozote hay bastantes organizaciones que son positivas; sin embargo, ya se comienza a vivir que cada organización quiere jalar por su lado a su grupito y no vamos caminando unidos hacia un desarrollo como comunidad.

Existe el deseo de querer educarse en el tema, pero las redes sociales y el internet no están permitiendo que nos enfoquemos en escuchar la historia de un adulto, porque estamos agachados viendo un teléfono. Aquí nos adaptamos a la mala señal celular, pero aprovechamos cualquier pedacito donde sí hay para estár conectados.

¿En qué parte hace falta trabajar todavía con los pobladores de El Mozote?

Para mí la parte psicosocial aún es una deuda pendiente con los pobladores de El Mozote. Lo he constatado en las reuniones con los adultos, cuando la gente no quería hablar sobre la masacre. Qllá por el 2005-2007 no querían ser entrevistados porque al final siempre terminaban llorando por lo que les tocó vivir. Eso me dice a mí que falta trabajar en curar el dolor de los adultos. 

Nos pueden venir a arreglar calles y a poner un montón de edificios, pero si no se trabaja en lo psicosocial no vamos a sobrepasar esa barrera de dolor. En las casas existe todavía un 25% de padres que no se sientan a contarle la historia a sus hijos, entonces ese hijo va creciendo pensando que fue mentira, pero eso pasa porque estos adultos todavía no han sanado el dolor y siguen llorando al contar la historia.

Yo hice un juego con los niños de la escuela para comprobar cuánto sabían acerca de la historia de El Mozote. Mi pregunta fue en qué año había ocurrido la masacre y cada uno me dio respuestas equivocadas. Eran niños de séptimo grado y las respuestas fueron que en 1945, otros en el 2005 y hubo uno que me dijo que fue el 11 de diciembre de 1990.

Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Ana Concepción
Ramos Chica (32)

Auxiliar de Enfermería en ECO Familiar de El Mozote. Repobladora de El Mozote desde los cuatro años de edad. 

¿Hay  oportunidades para los jóvenes de la actual generación?

Es una pregunta difícil de contestar por todos, porque no todos tenemos las mismas oportunidades. Pero si medimos como estamos ahora y cómo estuvimos hace diez años, es notorio que hay más oportunidades para los jóvenes de todos los alrededores, no solo de El Mozote. Hay oportunidades de estudiar y de superarse, aunque no todos tienen una beca, también he visto a algún joven desaprovecharla al abandonar los estudios.

Considero que ahora hay mucha esperanza, después de todo lo que ha sucedido acá, ya que ahora se abrió un proceso de reparación de daños para los familiares de las víctimas, tanto para los adultos y también para los jóvenes, los niños. El futuro de esta nueva generación debe ir acompañada de esfuerzo y un objetivo claro.

¿Qué estigmas por ser originaria de El Mozote has pasado? 

Cuando fui a sacar el bachillerato a San Miguel, y dije que era de El Mozote, dijeron “a esta muchacha hay que tenerle miedo porque es de donde son los meros guerrilleros”. Entonces de alguna manera ser de aquí estaba estigmatizado en ese momento por la gente. Ahora cuando tengo que decirlo, la gente ya sabe lo que pasó aquí para la guerra y ahora es un lugar que llama la atención, lastimosamente por lo que sucedió.

¿Por qué regresaron a El Mozote en 1992?

Mis papás decidieron regresar cuando se acabó la guerra porque son originarios del cantón La Guacamaya. Ellos, en los primeros años que empezó a ponerse feo, decidieron irse para los ex bolsones, y fue allá donde nacieron mis hermanos. Yo nací en un cantoncito de San Miguel. Mis papás nunca fueron guerrilleros ni combatientes y por eso decidieron regresar en 1992.

En aquel momento yo no entendía nada de lo que pasaba cuando se comenzaron a celebrar los aniversarios. Para mí era la feria porque la pasaba viendo grupos de música, ventas de café con pan dulce y todo lo que nos gusta a los niños. Quizás cuando tenía unos 16 años comencé a entender lo que pasó en El Mozote, que habían matado niños, mujeres y ancianos. 

Nuestros familiares siempre cubrían lo de la masacre a nosotros los niños y adolescentes, no lo hablaban porque les daba mucho dolor hablarlo. A mi mamá le costó hablar sobre la pérdida de su hermana y fue hasta que empezó el proceso psicosocial que ya comenzó a sanarse poco a poco. Al principio ni siquiera le gustaba ir a los aniversarios porque ella siempre revivía el dolor al volver a recordar lo que pasó.

Siendo una niña, ¿cuando tuvo conciencia de la masacre en El Mozote?

A los cuatro años, siendo honesta, no sabía qué significaba.  Mi papá y mi mamá hablaban de que ella había perdido a su hermana allí, o sea mi tía.  Ibamos a la casa de mi tío Israel Márquez y decíamos que ya hace tiempo que hacía (la masacre). Mi mamá nos decía que nos fijáramos en las exhumaciones, si había alguna pieza de ropa o la placa dental de la tía. Eso pasó cuando iniciaron las exhumaciones aquí. 

Lo que no habíamos entendido, es que si no se hablaba de ese dolor, no se sanaba ese dolor.

Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Emerson Isaí
Argueta Chicas  (18)

Trabajador de la ferretería de El Mozote. Estudiante de Educación Media 

¿Cómo es el trabajo en la única ferretería de El Mozote?

Yo trabajo en la única ferretería que hay aquí y lo hago desde hace dos años. Mi vida aquí es buena, porque trabajo, salgo y disfruto de todo lo que hago. A veces tengo que arreglar llantas de los carros que pasan por aquí y necesitan alguna reparación. En este terreno donde está la ferretería, hace como cuatro años, hicieron las últimas exhumaciones aquí en el centro del caserío, pero no encontraron nada.

Yo aquí también me la paso bien divertido con mi celular viendo las redes sociales, porque cabal en esta banca, donde espero a los clientes, sí llega la señal de internet. Y eso es chivo, porque ni en el parque pega bien la señal como aquí. Si quiere pruebe por el palo de mango que está a la par del monumento y va a ver que allí la señal es bien débil. 

¿Cómo digerís lo que pasó en El Mozote con el tema de la masacre?

Para mí fue una masacre muy grande y muy negativa para la gente de aquel tiempo. No es eso lo que tenía que pasar porque fue algo muy malo. Por eso cuando los veíamos (a los soldados) nos daba furia y a la vez tristeza, porque la Fuerza Armada fue la responsable de la masacre. Poco a poco fuimos aceptando que los soldados de hoy no fueron los que mataron a nuestros familiares.

¿Existe vínculo sanguíneo con las víctimas de la masacre en tu familia?

Mis papás fueron combatientes durante los doce años de la guerra aquí, pero no tenemos muertos en la masacre. Sí mataron a algunos familiares en la guerra, pero por otras cosas. 

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