El FMLN se atrinchera a la espera de Bukele

Los diputados de la exguerrilla no asistieron a la convocatoria hecha por el presidente Bukele para asistir este domingo 9 de febrero. Desde un gimnasio de San Marcos, la dirigencia del FMLN, comandada por Óscar Ortiz, escuchó la toma de la Asamblea, el discurso presidencial, mientras se preparaba para hipotéticos escenarios de persecución oficial. 

Foto FACTUM/Jessica Ávalos


Enemigo. Miedo. Sangre. Dictador. Son las palabras que se escuchan este mediodía en un gimnasio de San Marcos. Es domingo 9 de febrero. Es 2020. Y son las palabras que, 28 años después de que acabara la guerra, resuenan en el complejo deportivo de San Marcos, donde el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) celebra su convención anual.

La insurrección convocada por el presidente Nayib Bukele les cambió la agenda. Los convencionistas ya no saben si concentrarse en lo suyo o en lo que está pasando en los alrededores de la Asamblea Legislativa. Son las doce del mediodía y deben decidir sobre sus alianzas. Pero ni hallan cómo hacerlo: no saben si votar en un papel o a mano alzada. Lo discuten como si se tratara de decidir entre piedra, papel o tijera. Papel, dicen unos. Mano alzada, responden otros. Hasta que después de un rato logran ponerse de acuerdo.

La primera votación es unánime: 607 manos arriba para un pronunciamiento. “La lucha continúa”, corean los asistentes después de votar, mientras los más jóvenes se encargarán de contar uno a uno los cartones.  La siguiente votación es para las coaliciones. Los que están en contra de que el partido busque coaliciones para las elecciones de 2021 levantan su credencial. La mayoría lo hace. “Jefe, jefe, levántela bien, levántela bien”, dice uno de los jóvenes a un convencionista. 570 votos, según el ojo de los que cuentan las manos alzadas, facultan al concejo a no coaligarse con nadie para las próximas elecciones legislativas y municipales.

Están en un gimnasio de basketbal administrado por la alcaldía de San Marcos, una de las pocas gobernadas por el FMLN en San Salvador. Hay una tarima, sillas plásticas y una enorme pancarta con el rostro de Sháfick Hándal que hace las veces de un telón. También hay varios rostros conocidos entre el público: Benito Lara, recién imputado por negociaciones con pandillas; Gerson Martínez, excandidato a dirigente efemelenista; los diputados y alcaldes del partido.  Mientras votan, el secretario general del partido, Óscar Ortiz, se ha resguardado atrás de la tarima. Otros, como la diputada Nidia Díaz, aprovechan para hacer llamadas.

Ortiz regresa al escenario a las 12:19 del mediodía. Anuncia que han terminado la agenda de la XXXVIII convención nacional. Pero hay una petición importante para los asistentes: “Compañeros, se les pide no retirarse y seguir en pie de lucha”, le dice a la multitud. Silvia Cartagena, quien ha dirigido el conteo de las votaciones, se suma a la petición.

“Estamos intensificando la denuncia. Tiene toda  la pinta de un golpe de Estado”, dice Ortiz, quien hasta hace ocho meses era el vicepresidente, el segundo hombre más poderoso del país.

Pese al llamado, algunos efemelenistas abandonan el lugar. Y los que se quedan aprovechan para hacerse selfies o para comprar pupusas. Tres jóvenes hacen cola para tomarse fotografías con la diputada Karina Sosa, pero no todos lo logran. Ella se retira, junto al resto de diputados del FMLN, a una reunión en una galera contigua al gimnasio, ubicada junto a una piscina.

El Secretario General del FMLN, Óscar Ortíz, sale de una puerta a la derecha del Salón de Usos Múltiples en San Marcos, previo a la Asamblea General de su partido. Ortíz junto a los diputados del Grupo Parlamentario se negaron a acatar la convocatoria del presidente Nayib Bukele y no asistieron a la Plenaria Extraordinaria, convocada para este domingo 9 de febrero. 
Foto FACTUM/ Jessica Ávalos

Los diputados juntan bancas de maderas y se sientan en una especie de círculo. Están discutiendo si van o no a la sesión plenaria convocada por el presidente. Pero no tienen dudas.  Están decididos a no salir de aquí.  “No hay convocatoria. Ustedes están convocados el día lunes”, dice el diputado Gustavo Acosta, quien arranca con un análisis jurídico de la situación.

“Policía, ¿Qué querés conmigo? ¿Cuál es la orden?, les tienen que decir ustedes, porque ellos lo que quieren es atemorizarnos. Al policía que llegue hay que parársele. Debemos ir a la ofensiva”, les indica. Los diputados escuchan atentamente la indicación, mientras se aproximan dos jóvenes que les reparten dos tamales y un pan francés como almuerzo.

Unos cinco metros adelante hay cuatro efemelenistas que se lograron colar. No son diputados, pero sí trabajan para el partido en el municipio de San Marcos. “Mejor nosotros estamos comiendo Pollo Campero y no ellos, ya ni para eso les alcanza”, comenta uno de los del grupo.

Más tarde revisa su celular. Lee uno de sus grupos de Whatsapp y dice que el partido está convocando a los veteranos de guerra para que acudan al gimnasio a escudar a los diputados. «Que echen verga los diputados, nosotros ya no, ya nos matamos por ellos”, dice el mismo hombre a sus correligionarios. Y los cuatro ríen.

Desde donde están sentados, se alcanzan a escuchar algunas frases:

—  De aquí nosotros decidimos cómo nos sacan.

— Hay que tomar una decisión: ¿Nos quedamos? Y si nos salimos de aquí, ¿para dónde salimos?

El diputado Manuel Flores se aparta del grupo  de diputados para hacer una llamada. Le acaban de llevar una minuta, pero no la toca porque su conversación telefónica se ha prolongado. Le está pidiendo a su interlocutor que le mande un bolso con su pasaporte, un cargador y su credencial de diputado. Por cualquier cosa. Los cuatro efemelenistas que se colaron están junto a Flores. Permanecen apostados sobre la misma pared. Observan, escuchan. Uno de ellos se percata que un hay un hombre con camisa verde subido en el techo de la casa que colinda con la piscina y llama a alguien para preguntar por él.

“Acercate y lo ubicás porque anda de civil”, dice con el teléfono pegado a la oreja. Mientras él sigue dando indicaciones, sus compañeros hablan del presidente de la República: “Así como es de loco, no le importa la ley, hasta puede llamar a una constituyente”, dice otro de ellos.

La reunión de los diputados termina antes de las 3 de la tarde. Todos regresan al gimnasio, donde los espera un poco de gente. Ortiz vuelve a tomar la palabra: “Se ha confirmado que han andado ilegalmente en las casas… Presidente, a este partido no lo vas a chantajear!”, grita Ortiz. Y la gente de chaleco rojo le aplaude.

El tono del secretario general cambia con el transcurrir de las horas. “Lo único que falta es que corra sangre y eso no puede ser”, agrega Ortiz.

También habla Nidia Díaz, diputada y firmante de los Acuerdos de Paz. Ella explica al público por qué están aquí. Les lee el acuerdo legislativo aprobado el pasado viernes, cuando decidieron rechazar la convocatoria que envió el consejo de ministros.

“Aquí estamos reunidos porque el Gobierno ha dado orden de captura para nosotros”, dice otra diputada que habla por teléfono.  Cuatro diputados han denunciado, hasta esta hora, que policías llegaron a buscarlos a sus lugares de residencia.

Después toma el micrófono la diputada Yanci Ortiz, quien se encarga de dar cifras. Habla de los $795 millones en créditos que la Asamblea Legislativa le ha aprobado al Ejecutivo desde junio a la fecha. “El inquilino de Casa Presidencial es nuestro enemigo”, arranca la integrante de la Comisión de Hacienda, y añade: “Tienen $203 millones más, lo que tienen es una incompetencia crasa”. La gente la aplaude.

La dirigencia ha dejado claro que no se moverán, que la permanencia en este lugar es de carácter indefinido. Dicen que saben que están rodeados por policías, pero que no sienten miedo. Y terminado el discurso, la gente se reagrupa en pequeños círculos adentro del gimnasio. De pronto el salón parece un albergue cuando recién ha pasadado una tormenta tropical.

Correligionarios del FMLN permanecen al interior del Gimnasio Municipal en San Marcos, después de terminar la Convención Nacional del partido. Los diputados del  FMLN permanecieron allí todo el día y  no asistieron a la Plenaria Extraordinaria, convocada para este domingo por el presidente Nayib Bukele. Foto FACTUM/ Jessica Ávalos

Son las 4:12 de la tarde. Es la hora decisiva. Alguien transmite en los parlantes del gimnasio lo que está ocurriendo en la Asamblea Legislativa. El diputado Jorge Shafick Hándal toma el micrófono e interrumpe para hacer una aclaración: al enemigo hay que escucharlo. Y lo escuchan: la gente oye atenta cada palabra que Nayib Bukele pronuncia desde el palacio legislativo que ha invadido.  El discurso los enardece. “Rugió la montaña, pero parió un ratón”, dice Hándal, quien ha asumido el rol de comentarista, al terminar la transmisión.

La reunión termina minutos después del mitin presidencial. Ortiz retoma el micrófono y esta vez, con más garra, le dedica un mensaje a Bukele: «Si crees que con el respaldo del Ejército te vas a imponer, presidente, estás equivocado». Y lo reta: «Te decimos: mañana vamos a estar en el 13-16 (la sede del partido en San Salvador). Mandá a quién querrás y vamos a ver qué pasa”. Con esas palabras abandona el gimnasio, mientras sus compañeros le aplauden.

El acto no termina con aplausos. Termina con una consigna histórica para el partido de izquierda que perdió el Ejecutivo después de 10 años de Gobierno. Todos se ponen de pie, empuñan su mano izquierda y, frente a un reducido público, corean la misma canción que han repetido en la última década: “El pueblo unido, jamás será vencido”.

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