“No esperemos que en el primer año la misma gente que eligió a Bukele esté dispuesta a aceptar que se equivocó”

Edwin Segura es editor jefe de LPG Datos, la unidad de investigación social del periódico La Prensa Gráfica, de El Salvador. Segura concedió esta entrevista con Revista Factum para profundizar sobre la última encuesta que coordinó y en la que el gobierno del presidente Nayib Bukele cierra su primer año de gestión con una alta aprobación de las personas encuestadas. Y no solo su gestión, el manejo gubernamental de la emergencia por la pandemia de la Covid-19 ha sido bien calificado en el estudio de opinión, pese a los desaciertos que parte de la ciudadanía también le señala.

Foto Archivo FACTUM


Segura ayuda a ilustrar una lectura más adecuada a los resultados de la última encuesta de LPG Datos y habla de los claroscuros que se mantienen en la percepción de los salvadoreños sobre su gobierno; de cómo los principales aciertos pasan por la seguridad pública, mientras la piedra perenne en el zapato es la economía. Habla también sobre cómo el sostenimiento de la imagen gubernamental, que descansa en estrategias publicitarias, ha sido determinante aunque todavía no medible para la mayoría de percepciones positivas sobre el gobierno.


¿Qué nos muestra esta última encuesta de LPG Datos? ¿Refleja una mayoría de población que le confirma al presidente que es un político muy popular, muy simpático, o que una mayoría está percibiendo un buen gobierno, de buenas decisiones, de buena ejecución de planes?

El primer objetivo de la encuesta es evaluar el primer año de gestión del presidente Bukele. Y después, por la coyuntura, tuvimos a bien dedicarnos a la pandemia. El resultado que nosotros obtenemos del primer objetivo, que es ver qué opina la gente sobre cómo está gobernando el presidente, pues, ya vieron los números, son bastante favorables: 92.5 por ciento si no mal recuerdo. ¿Qué nos dice eso? Que la gente aprueba lo que hace. Siempre hay una cuestión ahí de énfasis, es decir, hay quienes lo aprueban mucho, lo aprueban algo, lo desaprueban algo y lo desaprueban mucho. Hay satisfacción con su trabajo y esa satisfacción es bastante fuerte. Ahora, ¿por qué opinan de esa manera? Hay una constante, que es lo que más nos mencionan, y es que nos dicen que él ha trabajado bien en el tema de la seguridad pública. Y entonces luego vemos logros y fracasos. El mayor logro en la percepción de la gente es en la seguridad pública, en la reducción de homicidios. Ahora, ¿cuánta gente nos dijo que el principal problema del país es la seguridad pública? El 0.9 por ciento. Ahora, esto tiene que ver también con que viene la pandemia y te desplaza todos los problemas de siempre. Pero si no está la pandemia, está la economía, el desempleo, la falta de ingresos, la corrupción del Estado. Da la impresión de que el presidente ha logrado vender bien su trabajo en seguridad pública y ha mostrado resultados.

Este gráfico publicado por LPG Datos muestra que el 92.50 % de sus encuestados aprueba el trabajo realizado por Nayib Bukele como presidente de la república. La encuesta fue publicada el pasado domingo 24 de mayo y está disponible en este enlace.

¿Entonces la gente sí tiene una percepción positiva del trabajo del gobierno y no tiene que ver la popularidad o el carisma del presidente?

A ver, el carisma sí influye bastante. Pero, aunque no lo hicimos en esta ocasión, siempre preguntamos la opinión en torno a la persona, al gobernante, y normalmente la aprobación de la persona siempre es menor, como unos doce o trece puntos menos, que la aprobación de la gestión. Pero es suficiente para arrastrar simpatías. De hecho, hay mucha gente que me dice que cómo es posible que haya gente que diga que el país está bien. Lo que sucede es que hay gente que ya simpatiza fuerte con un partido, simpatiza fuerte con el presidente y cree o tiene la sensación de que si dice que el país está mal entonces está en contra del presidente o en contra de su gestión. A lo que quiero llegar es que: ¿el carisma del presidente le ayuda a transformar opiniones favorables a su gestión? Creo que ha logrado vender bien el trabajo de seguridad pública, que ha mostrado resultados.

Llama la atención que la calificación personal sea menor que la calificación a su trabajo. ¿Siempre ha sido así?

Fijate que nunca hemos encontrado que la aprobación de su gestión sea menor que la opinión positiva a su persona. Solo quiero precisar que en esta ocasión no preguntamos sobre la opinión hacia la persona. La encuesta fue telefónica y el cuestionario fue más pequeño, así que, bueno, tuvimos que sacrificar algunas cosas. Pero en las anteriores, sí observamos eso.

Y en el procesamiento de datos, aunque tu fin no sea publicarlo, ¿es posible medir –o en todo caso evidenciar a través de sus respuestas– si los encuestados están bien informados? ¿Qué ves más en esas respuestas? ¿Personas bien informadas? ¿Personas desinformadas? ¿Personas incondicionales? ¿Personas irremediablemente apáticas?

Normalmente, nosotros le preguntamos a la gente cómo se informa. En todas las encuestas siempre preguntamos qué oye, qué lee, qué ve. Fijate que es una cuestión interesante, pero yo me imagino que los noticieros de televisión siguen siendo un buen negocio porque es una de las plataformas que usa más la gente para informarse. Entonces, exposición a noticias hay. Y cada vez hay una creciente exposición a noticias vía web, digitales. A lo que quiero llegar es que, sí, la gente está expuesta a la información. ¿Qué tan bien informada está? Esa es otra historia. Ahora, esto es algo que he aprendido en el tiempo que llevo haciendo estas investigaciones de opinión pública: a mí me llaman mucho la atención las opiniones en materia económica de las amas de casa, que suelen ser duras. Entonces, lo que sucede es que hay casos en que puede que no estén informadas por las noticias, pero van a la tienda y ven que todo está más caro, viajan en bus y pueden ver el clima de seguridad o inseguridad. Saben cómo está su colonia, su entorno más inmediato, la realidad familiar. Todo eso se puede saber sin necesidad de ver los noticieros. Entonces, creo que muchas veces la gente nos responde desde allí.

La valoración de la reducción de los homicidios es crucial. A tu criterio, ¿a la gente le interesa saber por qué han dejado de matar las pandillas? Es decir, ¿es posible que a los ciudadanos solo les interese el hecho de que hay menos homicidios y no les interese la explicación de por qué se ha dejado de matar tanto?

Fijate que una exploración de ese tipo, así como una pregunta directa, no la hemos hecho. Lo podríamos hacer posteriormente: “Mire, ¿por qué cree usted que se han reducido los homicidios? ¿Por efectividad policial o por otras razones?”. De momento, no tenemos información recolectada que me permita responder tu pregunta. No hemos preguntado así, tal cual.

Recuerdo que el expresidente Mauricio Funes fue bien evaluado cuando redujeron los homicidios en su período. Hasta que se descubrió que fue por un pacto entre pandillas y gobierno. ¿Creés que la gente podría cambiar sus juicios de valor en este presente si se verifica que no es por efectividad policial que se han reducido los homicidios?

Mirá, mi percepción es que debería influir. Y cuando digo «debería» no es que estoy diciendo que eso sea lo único correcto, sino que, después de la experiencia de treguas pasadas, no creo que la gente vaya a ser menos tolerante con treguas en el presente, si se estuvieran dando. Fijate que en el caso de Funes, cuando resultó el hallazgo de que había una negociación con los pandilleros para la reducción de los homicidios, eso a la popularidad de su gobierno no le afectó tanto. En este momento, Funes es considerado por la población como el peor expresidente. Eso lo preguntamos. Pero para su caso lo clave fue el problema de la corrupción y la manera tan campeona en que salió volando. Parecería que afecta más un hallazgo de corrupción que un hallazgo de negociación con pandillas, pero creo que cualquiera de las dos cosas claro que afectarían a Bukele y su gobierno ante la opinión pública, pero me inclino más porque le afectarían hallazgos de corrupción, a partir de la experiencia con Funes. Pero hay que ver también, en caso de una negociación con pandillas, cuál es la moneda de cambio, porque si es dinero puro, creo que afectaría más.

En la encuesta de LPG Datos, ¿cuál es la diferencia entre los ítems “aprueba algo” (16.6 por ciento) y “desaprueba algo” (2.5 por ciento)?

Nosotros le damos a la gente una opción dicotómica: aprueba o desaprueba. Entonces, hay varias formas de medir la satisfacción. Vos lo podés hacer de forma dicotómica, pero debés prever que cuando llevás todo al campo de lo blanco y negro, habrá muchos grises que se van a perder. Entonces lo que hacemos es que después de preguntar por una de dos opciones, buscamos los grises, esos énfasis. Porque podés mantener un 70 por ciento de aprobación a lo largo de un período pero puede ser que te bajen los “aprueba mucho” y te suban los “aprueba algo” y siempre te resulte en 70 por ciento. Hay gente que aprueba, pero tiene sus reservas. Hay gente que desaprueba, pero le reconoce alguna que otra virtud.

¿Y mediante la encuesta se logró saber qué es ese “algo” que le aprueba el 16.6 por ciento. Y, también, qué es ese “algo” que le desaprueba el 2.5 por ciento?

Vaya, lo que hacemos luego es preguntar los logros y fracasos. Entonces allí salen a flote esos detalles al hacer los cruces. Lo que sucede en este momento es que uno de los principales fracasos es que los diputados no lo apoyan, que le ven incapacidad para dialogar, aunque eso está muy marcado por la coyuntura de la pandemia. Y hay otros que dicen que es muy prepotente en su estilo personal. Y en cuanto a las reservas son sobre cómo trata las cosas. Hay gente que lo aprueba, pero tiene reservas con ese estilo personal, de cómo se relaciona con otras entidades del Estado. Y la gente que lo desaprueba algo, los logros que le ve son en materia de seguridad pública. Es decir, no todo el que aprueba quiere decir que no ve los fracasos. Sí los mira. Esos son los matices.

Y con respecto a la última encuesta de ustedes, ¿bajó el “aprueba mucho” para el gobierno?

A ver, la más actual dio 75.9 por ciento. La anterior dio 57.5 por ciento en “aprueba mucho”. Y el “aprueba algo” era un 28.4 por ciento. Por eso te decía al principio, la aprobación ahora ha sido con más énfasis.   

Si tuvieras que encajar esos dos ítems que plantean una situación de vaso medio lleno o vaso medio vacío en una sola calificación, ¿cómo la llamarías? ¿Qué representarían esos “algos”?

Lo que pasa es que es bien complicado hacer inferencias más allá de los números. Lo que podemos saber hasta acá es que hay más gente, con respecto a la última vez, que lo aprueba con mucho énfasis. Y eso se refleja en otro ítem que llevamos: la calificación numérica, que es la nota que le ponen. Esa subió también, de 7.9 a 8.7. Y este es el más alto de los últimos cuatro trimestres que hemos estudiado. Pero de allí es complicado hacer inferencias mayores.

En el cuadro de “El país está mal, pero conserva el optimismo” de la encuesta, ¿qué hechos, obras, decisiones o acciones presidenciales entre mayo y noviembre de 2019 produjeron que un 9.8 por ciento que creía que el país iba bien se convirtiera en un 34.1 por ciento? Y, al revés, ¿qué hechos le atribuyen al gobierno quienes cambiaron su percepción de que el país estaba mal y que esa proporción de ciudadanos cayera de 75.3 por ciento a 41.4 por ciento?

En cuanto al estado del país, lo primero es la pandemia. Es decir, el país está mal por la pandemia. Ahora, con lo del rumbo, lo que ha pasado es que desde que el presidente Bukele llega al gobierno cambia completamente la percepción con respecto al gobierno anterior. Pero luego, progresivamente, incluso ahora mismo, la gente a la que no le gusta cómo va el rumbo del país va aumentando. ¿Y con respecto a qué sucede esto? Respecto al costo de la vida y el desempleo. Ya en febrero de 2020 la gente que decía que no hay empleo y que el costo de la vida sigue duro era más. Y creo que el gran tema permanente que erosiona al gobierno, quizás no en la popularidad, pero que es un tema pendiente, es ese. Ojo, que nosotros preguntamos sobre qué opina la gente de cómo se desempeña el presidente en materia económica y luego también le preguntamos cómo está el país. Entonces, la gente nos dice ahorita que en todas las áreas el gobierno lo está haciendo bien, incluso en lo económico, pero que el país, en la parte de costo de la vida y empleo, sigue teniendo problemas. Es como que perciben que él está haciendo esto o aquello, pero no se ven beneficiados. A mí me sorprendería que hubiera cambios drásticos en la percepción del rumbo del país, porque esa percepción está asociada a los problemas económicos.

¿Por qué el encabezado entonces de que “el país va mal, pero se mantiene el optimismo”, cuando los porcentajes de percepción de que el país va bien bajan y los de que va mal suben? ¿Dónde podemos encontrar el optimismo intacto si todo se inclina a lo negativo?

Vaya, cómo justifico ese titular con estos datos. Yo normalmente, cuando veo los números, trato de tener una lectura bastante sobria y escojo qué decir a partir de esos números. Hay tres situaciones. Una es que lo que estamos midiendo esté arriba del 50 por ciento. Si la mitad más uno está a favor o aprueba algo, yo digo: aprueba. Si anda arriba del 65 por ciento, puedo decir: lo aprueba mucho. Ahora, si está debajo de 50 por ciento la aprobación, pero esta sigue siendo mayor que la desaprobación, entonces allí busco otras opciones para matizar la aprobación, como, quizás, que la gente está un poco dividida sobre esta percepción, porque tampoco hace falta que estén mitad y mitad para decir que hay división. Porque si vos tenés un 46 por ciento o 48 por ciento, la contraria va a estar un poquito atrás, ¿me entendés? Ahora, sí está a la inversa, si la desaprobación es mayor, pero no es arriba del 50 por ciento, siempre busco matices. Y si la desaprobación pasa del 50 por ciento, entonces verás titulares de que la gente desaprueba. No siempre voy a ser tan rígido con eso, pero es una guía que tengo y es la que cumplí en esta última ocasión. Hago esta explicación porque me lo preguntaste, pues.

El 84.50 % de los encuestados por LPG Datos aprueba mucho el trabajo que ha realizado Nayib Bukele para contener la pandemia. La encuesta completa puede leerse en el siguiente enlace.

En la encuesta, la gente calificó bien al gobierno durante la pandemia. Como aciertos, mencionan el cierre de fronteras y la cuarentena con antelación, pero parece que no pesaron la violación a los derechos humanos con las detenciones ilegales en los centros de contención, la situación de los varados, la desobediencia a la Sala de lo Constitucional, el dictado de sus propias leyes cuando la Asamblea Legislativa no lo consiente. ¿Esto de que el presidente y el gobierno salen bien calificados, pese a los desaciertos, puede reflejarse también en el tratamiento de la pandemia?

Sí, bueno, el hallazgo en el tratamiento de la pandemia es que la gente lo aprueba. De allí preguntamos por qué y preguntamos sobre los aciertos y son los que ya mencionaste, y los desaciertos no aparecen mencionados todos, pero parte de los que mencionaste aparecen mencionados por la misma gente. Aunque realmente, si no mal recuerdo, el principal desacierto que mencionaron fue la forma que utilizó para repartir el dinero, los 300 dólares. Sí, allí la gente te dice que sí, que la regó.

¿Lo tienen en cuenta, entonces?

Sí, la gente se lo adjudica a él, pues. La gente sí te dice: «allí la regó». Algunos, me imagino yo, quizás no sea tanto por la preocupación por los contagios que pudo haber, sino por el pisto, que no lo recibió o que no lo pudo cobrar, o lo que sea. Ahora, ¿qué es lo que sucede? Al final, vos tenés todos estos elementos y, pues, tenés que decidir por una opción dicotómica. Entonces preguntás si aprueba o desaprueba. Y me pueden venir a decir: “Mirá, ¿pero eso qué tan sano es?”. Bueno, ese es otro tema. Es solo una técnica de evaluación, es estándar en el mundo, está aprobada y es aceptada. Normalmente, no la acepta quien no está de acuerdo con los resultados, pero en general no hay mayor debate sobre la validez de la pregunta. Entonces, lo que dice la gente es que se movió rápido, fue audaz, pero también ha tenido estos errores. Hay que recordar algo también: la mayoría de la gente, cuando hace evaluaciones políticas, las hace como las haría cualquier político: sobreponiendo el resultado a la forma. Hay que recordar también que para esta pandemia hemos tenido visiones del infierno y resulta que no nos fuimos al infierno y estamos en el purgatorio. Entonces por eso nos dicen: aquí no hemos visto que se desbordan los hospitales como en Italia, no hemos visto muertos en las calles como en Ecuador. Estamos mal, sí, pero en comparación con todo el planeta estamos bien.

Entonces, para quienes aprueban su gobierno durante esta pandemia pese a sus desaciertos, ¿puede ser equivalente la tolerancia que le tienen con la tolerancia a los escándalos que se descubrieron desde el inicio de su gobierno? Escándalos como el nepotismo, la continuación de la partida secreta bajo otro nombre, los viajes sin rendir cuentas del viceministro Osiris Luna, la falta de transparencia…

Yo creo que la gente sabe. No solamente sabe, sino que lo cree capaz de excesos de todo tipo. Allí lo que sucede es que al ponerlo en la balanza sacan su saldo. Mi percepción es que la gente, al ponerlo en su balanza, le sale favorable para el presidente. Pero le agregaría algo allí, un condimento, el gran tema de la luna de miel entre los gobernantes y los gobernados. ¿Y cuál es esa luna de miel? Ya descrito de forma menos romántica, es que en los primeros meses de gobierno hasta el primer año, e incluso un poco más, existe entre quienes lo eligieron un sesgo de confirmación. Es un sesgo cognitivo que todos tenemos: tomamos una decisión y luego no estamos dispuestos a aceptar al día siguiente que nos equivocamos. Es decir, comprás un carro y vos lo ves como el carro más chivo que hay, aunque te esté dando problemas, ¿verdad? Entonces, tiene que pasar un buen tiempo para que vos ya digás: “Pinche carro, la regué”. Porque, al final de cuentas, ¡a quién más vas a culpar si no es a vos mismo! Entonces la gente todavía no está muy dispuesta a decir: “Metí las cuatro”. Incluso, creo que la gente cuando dice que era peor el otro candidato o cuando cuestiona si estábamos mejor antes con Arena o con el Frente, lo que está diciendo es: “Vaya, sí, está cometiendo todos estos errores, pero díganme, sí o no, si no es lo mejor entre lo que se podía escoger”.

¿Es como validar una decisión a como dé lugar?

Así es. Eso es, no están dispuestos a aceptar tan fácilmente que se casaron con la persona equivocada. En la luna de miel no ocurre eso. Bueno, sí pasa, pero son menos. Hay personas que se divorcian después de regresar de la luna de miel, pero este no es el caso, ja, ja, ja. Eso pasa a los siete años, y espero que aquí no dure tanto, pero allí están las crisis matrimoniales y todo eso. Después, todos son defectos. Entonces, sí, pasa eso: no esperemos que en el primer año de gestión la misma gente que lo eligió, o incluso la misma gente que se tiene que tragar cinco años con el mismo gobernante, esté dispuesta a aceptar que se equivocó, o que nos gobierna alguien incapaz, porque eso les quita el sueño.

La pregunta que va quedando es: ¿cómo un presidente que ya tiene una gran colección de desaciertos, y en algunos casos muy graves, puede seguir teniendo grandes niveles de aceptación?

Por los resultados en temas clave. En nuestro caso es la seguridad. Y como este problema es de vida o muerte, la gente está dispuesta a aceptar cualquier medio para justificar el fin.

¿Cómo creés que la propaganda le juega a favor? ¿Es determinante para tener este tipo de resultados?

Claro. Sí, mirá, yo le he dicho a mucha gente que opino que este presidente es un buen publicista y que, de hecho, cuatro o cinco de sus principales colaboradores o son publicistas o son mercadólogos. Ese es su fuerte. Él, su tío… bueno, otra gente que está en Casa Presidencial. Ese es su fuerte. Yo siempre he creído que él y sus allegados, sus hermanos, sobreestiman sus propias habilidades. Parece que ellos se creen más habilidosos de lo que realmente son. ¿Qué quiero decir con esto? Creo que su carrera ha sido bastante ayudada por las circunstancias. Es decir: viene un fiscal y acusa de un robo millonario al expresidente de un partido grande y al expresidente del otro partido grande y es como que le limpian un poco la cancha, ¿no? Porque eran temas gruesos, graves. Entonces fue: “¿De verdad vas a volver a confiar en quienes te robaron?”. Pero además si le sumás los pactos con pandillas, que los dos negociaron, entonces, aquí hay dos grandes problemas en este país: el económico y el de seguridad pública. Entonces el mensaje se estructura: “Te han robado y aún así querés seguir con los que te matan. ¿De verdad querés seguir con ellos?”. Entonces, era el momento. Tuvo las mejores circunstancias. Ahora bien, creo que ellos se sobreestiman, pero también creo que sus opositores los subestiman. ¿En qué sentido? En que en realidad sí han producido resultados. No los grandes resultados, pero los han producido. Es decir, sí hubo una mejora en el centro histórico de San Salvador, sí hubo una mejora en la iluminación de la capital. Eso no es un invento. Sí hay una reducción de los homicidios.

Pero en el tema de la propaganda, esos resultados se venden bajo el lema de “por primera vez en la historia” o “el mejor del mundo”. No reconocen los desaciertos y le suben todo el volumen posible a los logros, por minúsculos que sean. ¿Ves que la gente percibe eso?

La línea propagandística del gobierno es exagerar, y por mucho, sus virtudes; y exagerar, y por mucho, los defectos de los opositores. Por ejemplo: es falso que los 30 años pasados hayan sido un desastre en todo. Digo, la gente lo cree porque llegó hasta sexto o séptimo, qué sé yo, y si se ofenden me da igual. Pero la verdad es que hay que ser muy ignorantes sobre nuestra historia para decir que todo estaba mal. Basta con agarrar el calendario y, como la campaña de los 30 años fue en 2019, ver que en 1989 estábamos en guerra. Entonces, ¿de verdad seguimos en guerra y no mejoramos en nada? O ver cómo ha cambiado el tema del analfabetismo o de la pobreza en los últimos 30 años. Se puede discutir si ha sido “por” o “a pesar de” los gobiernos que hemos tenido, pero que estamos mejor, estamos mejor, salvo en el tema de la seguridad, que no es un tema menor. Ahora bien, volviendo, exageran sus logros y exageran los defectos de los demás. Y ese es un buen truco publicitario. Y no tienen ningún rubor en repetir las cosas como “el cinco partido por la mitad”. Es un presidente que utiliza técnicas propagandísticas de lo más elemental, como el superlativo: todos sus productos “son lo mejor de…”, “el más fuerte…”, “el mejor de Latinoamérica”. Eso es de lo más elemental en la publicidad comercial. Eso es lo que hacen y saben hacer. Son expertos en vender productos, y esos productos son ellos mismos, y me refiero a los Bukele.

Lo que me pregunto es si quienes lo aprueban perciben esa exageración en su propaganda.

Realmente no podemos determinar cuánto de las opiniones de las personas son formadas a partir de información constatada, verificada, o a partir de impresiones. ¿Qué sí sabemos? Sabemos, no por los estudios de opinión, sino por los estudios de cómo se forma la opinión, que al final lo que pensás es un reflejo de tu información, de tu formación, pero también de tus experiencias personales. Y allí también hay un conjunto de cosas racionales y de cosas que son bien emocionales. Ahora, en el tema de la propaganda, ¿cuánta gente es movida por la propaganda y cuánta gente está movida por información verificada? Es bien difícil determinarlo. Quizás nos debería preocupar un poco si los medios tradicionales o los medios formales, en el sentido de que actúan respetando los cánones periodísticos, no son la fuente principal de información de la gente. O por qué las personas están más dispuestas a creer cualquier bulo o cualquier cosa que anda pululando allí en las redes sociales. Eso se ve bastante. Estamos explorando ese tema en LPG Datos, pero todavía lo estamos trabajando. Es algo interesante. Ahora, quiero mencionar algo en este tema de la propaganda: aunque es una técnica que se utiliza en todo el mundo, ya sea para fines comerciales o políticos, hay algo bien interesante con respecto a lo que hacen los expertos en marketing político en Latinoamérica. Vos sabés que hay unos autodenominados “gurús” del marketing político. Entonces, cuando tienen un cliente de Latinoamérica, hacen estudios de opinión y todo, pero parten de una máxima: a la gente, en general, se le habla, se le mandan mensajes al cerebro, mensajes al estómago y mensajes al hígado. Al cerebro se le mandan mensajes razonables, al estómago se le habla de sus necesidades y al hígado hay que hablarle de las cosas que le molestan. Hay unos que hablan también del corazón, que hay mandarle mensajes de esperanza. Entonces, el cerebro, el estómago, el hígado y el corazón. Pero en Latinoamérica dicen que se puede prescindir del cerebro y quedarnos solo con el estómago y el hígado, y un poco el corazón. Y eso es lo que vemos en los mensajes: te hablan de tus necesidades, te exacerban el odio y te dan un poco de esperanza, pero casi minimizan los mensajes racionales. Entonces, en Latinoamérica, casi que los mensajes racionales son para los periodistas que los piden, pero no para comunicarse con la gente. Pero medir eso no se puede. La opinión de la gente es una mezcla de todo lo que te dije al principio.

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