«Después del conflicto se instauró un sistema autoritario de silencio»

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Un psicólogo que trabaja con víctimas de la guerra civil salvadoreña señala que el Estado tiene muchas deudas. La principal: una deuda con la memoria de los sobrevivientes, porque  desde la amnistía de 1993 se instauró una cultura de amordazar a los que no han podido contar su verdad.

Foto y video FACTUM/Gerson  Nájera


German Cerros, psicólogo del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), trabaja desde hace algunos años dando atención a víctimas de la guerra civil salvadoreña.  Desde su experiencia de trabajo con comunidades,  señala que después de La guerra se instauró un «amordazamiento de la memoria» porque callaron a las víctimas con la Ley de Amnistía de 1993.

Cerros se aleja de la discusión jurídica alrededor de la reconciliación de la sociedad salvadoreña. Para él, tras 27 años de firmados los Acuerdos de Paz, una ley no asegurará que las personas perdonen y/o se reconcilien con el país. “La  decisión de perdonar y reconciliarse con el Estado, con la sociedad misma, solo puede tomarse por las víctimas”, dice.

El psicólogo explica que quienes vivieron el conflicto armado pasan por dos momentos antes de realmente sanar sus heridas: primero se reconocen como víctimas y hasta después, en un proceso más largo y arduo, se reconocen como sobrevivientes de una experiencia traumática. ¿Sobrevivientes? Sí,  cuando las víctimas toman consciencia de que ellos siguen aquí, mientras que otras personas ya no están. Este es un proceso más largo, cuyas secuelas no son tan visibles como lo son los daños físicos, como lesiones o pérdida de patrimonio.

Cerros también habla de daños a nivel psicosocial, como lo son la desconfianza con la institucionalidad o que un sonido (un disparo o el vuelo de un helicóptero) o una imagen  (una persona uniformada) pueda traer recuerdos dolorosos. ¿Es posible sanar a una sociedad de estos traumas? A su juicio, esto es posible siempre y cuando el Estado propicie el espacio para ello, con una política pública que permita la comunicación entre las víctimas para que ellas puedan contar su verdad. Hace falta, señala, honrar mucho más:  “Además de lo físico, todavía la gente siente la deuda de la memoria”.

 

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