Un general dice que la masacre de El Mozote fue “una locura” de Domingo Monterrosa

En un hecho histórico, un general de la Fuerza Armada durante la guerra civil reconoce ante un juez que la masacre de El Mozote sí existió y que fue la Fuerza Armada su única responsable. El general Juan Rafael Bustillo, jefe de la Fuerza Aérea, dirá que no fue su culpa y apuntará su dedo hacia un muerto: el teniente coronel Monterrosa fallecido en 1984.

Foto FACTUM/Salvador Meléndez


El general Juan Rafael Bustillo está acorralado. Lleva más de una hora bajo fuego y se ha atrincherado detrás de un escritorio. Para defenderse ya no le quedan armas. Solo tiene un libro grueso de pasta roja con el que golpea el escritorio cada vez que puede. Y también sus gritos de militar retirado que siempre parecen regaños y órdenes para un subalterno.

El general Bustillo viste de civil. Usa una camisa blanca mangas cortas y un pantalón oscuro, formal. Ya no porta el uniforme de la Fuerza Aérea de El Salvador. Ya no cuelgan un par de alas en su pecho. Ahora está sentado en el banquillo de los acusados y debe responder sobre su responsabilidad durante la masacre más grande en la historia reciente de América Latina, la masacre de El Mozote.

Es viernes 24 de enero y la sala de audiencias del juzgado de paz de San Francisco Gotera, en el departamento de Morazán, está a tope. La pequeña sala, usada desde septiembre de 2016 para juzgar la matanza, está llena de decenas de periodistas, defensores de derechos humanos y representantes de las víctimas.

Esta es la primera vez que un general acusado por la masacre de El Mozote acepta ser entrevistado por los acusadores.

Al finalizar esta audiencia, algo histórico habrá ocurrido: Por primera vez un general del Ejército de aquella época señalará a la Fuerza Armada como la única responsable de la matanza de casi mil personas, la mayoría niños, en norte de Morazán, durante diciembre de 1981. Con esta declaración, el general Bustillo traicionará la estrategia de sus excompañeros y de sus superiores: la estrategia de guardar silencio y negar la masacre hasta el final. Además, Bustillo intentará lavarse las manos echándole la culpa a un muerto: al teniente coronel Domingo Monterrosa, jefe del Batallón “Atlacatl”, el escuadrón que perpetró la matanza. “Considero que fue un momento de una locura del coronel Monterrosa de haber cometido esa grosería, porque fue una grosería la que hizo”, dirá Bustillo durante su declaración ante el juez.

Monterrosa murió en octubre de 1984, cuando el helicóptero en el que viajaba explotó sobre Joateca, Morazán. En la Fuerza Armada, Monterrosa es considerado un héroe y su mejor estratega. El Informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas muestra un matiz muy diferente: Monterrosa, un militar protegido y preparado por los Estados Unidos, fue el responsable de liderar las tropas que, en 1981, masacraron a casi mil personas en varios lugares de Morazán. El punto más emblemático fue El Mozote.

El general Bustillo fue el máximo responsable de la Fuerza Aérea durante casi toda la guerra civil salvadoreña, como comandante entre 1979 y 1989. Según los relatos de los sobrevivientes de la masacre de El Mozote y lugares aledaños ocurrida en diciembre de 1981, el temible batallón Atlacatl se trasladó a la zona montañosa de Morazán en camiones y helicópteros, estos últimos brindados por la Fuerza Aérea. Los testigos además aseguran que durante la llamada “Operación Rescate”, que terminó en la matanza, también participaron helicópteros artillados que dispararon desde el aire.

Por eso Bustillo está sentado ahora en el banco de los acusados.

El general en retiro Rafael Bustillo muestra una copia del Informe de la Comisión de la Verdad, elaborado por la Misión de las Naciones Unidas al finalizar la guerra civil salvadoreña. Bustillo llegó a declarar al Juzgado de San Francisco Gotera en Morazán, el 24 de enero de 2020, por el proceso judicial de la masacre de El Mozote. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Al llegar al juzgado, el general Bustillo se veía más poderoso que al final de la audiencia. De hecho, en la entrada, cuando apenas iba a firmar el libro de asistencia, Bustillo encaró a un fotógrafo que le disparaba el obturador de cerca.

–¡Ya tomaste la foto! ¡¿Cuántas más querés?!

Gritó Bustillo, y el fotógrafo siguió haciendo lo suyo.

Luego, el general subió las gradas pisando fuerte, haciendo ruido al caminar y encarando a todo el que se atravesaba en su paso.

Al sentarse en el banquillo de los acusados, Bustillo se mostró seguro. Contestaba a las preguntas del juez antes de que este pudiera terminar de formularlas. Se presentó como un militar con 33 años de experiencia y un hombre en perfectas condiciones de salud.

–Mentalmente no padezco de ningún problema. Tengo una memoria excelente, y recuerdo todas las cosas de toda mi vida – dijo.

Durante la audiencia, el general Bustillo será dos personas en una. O más. Por un lado, se dibujará a sí mismo como un general que nunca supo nada de aquella masacre sino hasta tiempo después, y al mismo tiempo un hombre que odia la guerra.

–Primeramente, quiero que sepan ustedes que yo no he venido aquí a decir que soy inocente. Tomen en cuenta esa palabra. Pero quiero decirles con toda propiedad que no soy culpable de ningún hecho que ocurrió en aquel entonces en El Mozote ni en sus alrededores.

Esas fueron las primeras palabras que Bustillo pronunció. Y luego le siguieron otras más extrañas.

–Lamento a los señores que están aquí que perdieron a sus familiares – dice, refiriéndose a los representantes de las víctimas de El Mozote que están en la sala de audiencias–. Lo lamento. Lo lamento, lo lamento. Porque las guerras no sirven de nada. ¡Malditas guerras! Yo soy un militar que odio que nos matemos entre nosotros mismos. Eso es malo. Solo vean después de la guerra ¿qué es lo que se ha logrado? ¿qué progreso ha tenido nuestro país? Los únicos que se han beneficiado son los que han robado. A mí me mataron a mi hijo que estaba en la Universidad. Policías Nacionales. En el tiempo de 1986.

El general Bustillo es un hombre rudo y enojado, y durante toda la audiencia tendrá actitudes a la ofensiva o a la defensiva. Pero por un momento pasa algo extraño: la voz se le quiebra, y parece querer llorar.

–Yo también padecí haber perdido a mi hijo ¡de 19 años! (la voz se le quiebra un poco). Él no tenía nada que ver con la Fuerza Armada. Porque yo fui el primero que le dije a mis hijos “no quiero que ninguno de ustedes sea militar” porque yo sé que la vida militar es dura.

Por otro lado, se comportará como un militar reacio que grita y manda al carajo a los acusadores cuando le hacen preguntas que le incomodan.

–¡No me diga “señor Bustillo”, ¡soy el general Bustillo!

Uno de los familiares de las víctimas de la masacre de El Mozote escucha la declaración del  general Bustillo en el Juzgado de San Francisco Gotera en Morazán, el 24 de enero de 2020, por el proceso judicial de la masacre de El Mozote. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Pero al final de la audiencia, el general está acorralado. A cada pregunta que los acusadores le lanzan, Bustillo se defiende. Alza la voz, golpea el escritorio con un grueso Informe de la Comisión de la Verdad protegido con dos pastas rojas, y trata de hacer parecer ignorantes a los abogados que le preguntan. Y cuando no, simplemente intenta mandarlos al carajo.

El acusador particular David Morales lo interroga sobre la supuesta locura del coronel Monterrosa.

–Independientemente de la causa por la que se haya ordenado, si esto (la matanza) ocurre, de acuerdo a sus respuestas anteriores, esto debe ser investigado y sancionado. En el caso del comandante de un BIRI ¿quién debe ser el encargado de ordenar una investigación? – pregunta Morales.

–¡Mire, mire, mire! –grita Bustillo, evidentemente alterado– ¡No me lo pregunte a mí, hombre! Porque yo no sé lo que hizo Monterrosa. No sé en qué momento fue que tomó la decisión, no sé si la tomó él, si lo obligaron. ¡No sé nada de él! ¡No me lo pregunte a mí! Porque yo ya le dije: ¡Aquí-no-tengo-nada-que-ver! (golpea el escritorio con el informe de la comisión de la verdad) en esa operación del BIRI. ¡No tengo nada, entonces no me haga preguntas!

–Una última pregunta, señor Bustillo – insiste el acusador –: ¿Usted tiene conocimiento de quién era el superior del comandante Monterrosa en 1981?

–¡Mire, mire! – vuelve a gritar Bustillo – ¡Usted lo que me quiere hacer es que yo le diga “¡Ah!, era el ministro, era el jefe del Estado Mayor” ¡No me pregunte eso! Porque cuando esté aquí el ministro y el jefe del Estado Mayor, ¡A él pregúntele, no me pregunte a mí!

Dos otros oficiales de alto rango están acusados por la masacre: el general José Guillermo García, exministro de Defensa, y el general Rafael Flores Lima, exjefe del Estado Mayor. Este viernes 24 de enero no están en la pequeña sala de San Francisco Gotera.

Al final de la audiencia, el ambiente está tenso.

Wilfredo Medrano, acusador particular, hace las últimas preguntas después de más de una hora de interrogatorio.

–Señor Bustillo, a preguntas del defensor particular…

–¡No me diga “señor Bustillo” – interrumpe, el general – ¡soy el general Bustillo!

–Perdón, ¡imputado! –, responde el abogado.

Uno de los abogados defensores interviene y le dice al juez que el acusador está siendo ofensivo al llamar “imputado” al general. “Tiene que dirigirse con respeto a la persona que está dando su declaración. Le exijo respeto para el imputado. Gracias”, dice el defensor y en la sala de audiencias se escuchan algunas risas.

El general Rafael Bustillo después de declarar en el Juzgado de San Francisco Gotera en Morazán, el 24 de enero de 2020, por el proceso judicial de la masacre de El Mozote. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

El juez le explica al general imputado que él tiene esa calidad en el juicio, así que no tiene por qué sentirse ofendido si lo llaman así.

–Señor Bustillo – continúa el acusador –, podría decirme si en la Fuerza Aérea existen archivos militares.

–¿En la Fuerza Aérea?

–Sí. Si en la Fuerza Aérea existen archivos militares…

–¿Archivos?

–Sí.

–No sé. Yo tengo 30 años de haberme retirado de la Fuerza Aérea. No sé qué ha pasado. Tengo más de 11 años de no acercarme a la Fuerza Aérea. No sé si están destruidos. ¡No me haga esa pregunta! ¡Vaya a la Fuerza Aérea y pregunte ahí!

–Señor Bustillo. Podría decirme si usted tuvo conocimiento de un plan militar en 1981.

–Señor Bustillo…Señor Bustillo, sí. Siga, siga, siga.

–Quisiera saber si en 1981…

–Mire – interrumpe nuevamente el general Bustillo. Esta vez evidentemente más molesto que nunca durante toda la audiencia – ¿Usted pertenece a la Fiscalía o es un querellante?

–Soy un acusador particular.

–Vaya. Señor querellante…

–Podría decirme si…

–¿ Y le están pagando por esto? – insiste el general Bustillo.

El juez, obligado a interrumpir le pide al general que se limite a contestar o a no contestar la pregunta si lo cree conveniente.

–Pero ya le expliqué, señor Juez… los archivos. ¡Vaya a preguntar allá!

Uno de los abogados defensores, al ver acorralado al general Bustillo, pide un minuto para hablar con él y sugerirle que deje de responder más preguntas.

Bustillo, luego de escuchar las palabras que su abogado le dijo al oído, dice sus últimas palabras por hoy en esta audiencia:

–Nuevamente, quiero decirles a los dolientes que lamento lo que pasó en esa ocasión. Yo no fui culpable, pero lo lamento profundamente porque uno sabe cuando uno pierde un familiar, que lo hayan matado, así como me mataron a mi hijo. Yo los comprendo a ustedes y lo lamento y les doy el pésame a ustedes especialmente. ¡Y no quiero responder más preguntas porque suficiente lo que he explicado!

El juez da por terminada la audiencia. El ambiente tenso se rompe en la sala y los presentes se levantan y se arma un murmullo de comentarios.

Nuevamente, el general Bustillo interrumpe y grita, sin perder su costumbre de hablar como si estuviera dando órdenes.

–Bueno, le agradezco a la prensa, a los medios de comunicación. Publiquen todo lo que se ha discutido aquí.

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