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El viaje definitivo: una historia interminable

Luis Spota, un excelente escritor mexicano, ya publicó en 1948 una novela que tituló “Murieron a mitad del río”, en donde se narra la historia de los “mojados” mexicanos que se aventuraban a cruzar la frontera hacia Estados Unidos en busca de dólares para volver a su tierra humillados y en la misma pobreza. Sin embargo, la angustia, el dolor, la ira, las alegrías, los golpes que ellos reciben nos son particulares propios.

Spota, un impresionante conocedor de la política mexicana y de su realidad en sus obras, al final se llega a la conclusión de que no hay salida y que, pase lo que pase, en el final todo vuelve a quedar idéntico a como fue en el principio.

Ahora vemos con inmenso dolor que la pavorosa foto del salvadoreño Óscar Alberto Martínez Ramírez y de su hija Valeria, ahogados en el río Bravo entre México y Estados Unidos, nos vuelve a la cruel realidad del día a día de miles de iberoamericanos que desean una vida mejor y hacen lo que la humanidad ha hecho desde el principio de su existencia, que otra cosa no es la evolución de la humanidad desde la primera Eva negra, que se desarrolló hace 200,000 años en las llanuras del Serengueti. Desde entonces todo ha sido emigrar en busca de mejores tierras, de agua, de caza, y desde ese rincón de África el ser humano ha llegado a los parajes más inhóspitos en busca de vivir mejor.

Esto es “La historia interminable” que publicó en 1979 Michael Ende, y en ella explica cómo para llegar a un destino hay que empezar por el camino opuesto, y que lo primero que debe hacerse es descubrirse a sí mismo, y, a veces, debe uno olvidarse de la realidad inmediata y navegar por el camino de lo imposible, de la fantasía, del sueño inalcanzable para llegar al objetivo propuesto. Esto es, y no otro, el acto que inician en el mundo actualmente, como siempre, los mejores, aquellos que no se arredran, que vencen el miedo, que saben que su andadura no va a ser un camino de rosas, pero que al final alcanzarán una vida mejor que la que tienen allí donde han nacido, ya que nacer es, en sí mismo, un acto de puro azar, nadie elige a los padres, ni el país, ni la sociedad en donde nace. Es después de nacer y desarrollarse que uno decide libremente si desea seguir ahí o no.

Quién no ha oído hablar de los intocables de la sociedad hindú, que son millones y millones en algunos países asiáticos, y estos aceptan su condición de intocables y viven en aquel mundo y allí mueren, no se plantean otra cosa. Quizás habrá algunos que rompan esa norma que los acogota a estar en su lugar del que no se mueven.

El proceso evolutivo del ser humano es imparable y el ansia de vivir mejor para la mayoría es un deseo. No hay más que leer libro de Yuval Noah Harari “Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad” para darnos cuenta de que de las seis especies de humanos que habitaban la Tierra, hace 70,000 años, hoy solo queda una, la nuestra: Homo sapiens. En él podemos descubrir las formas en que la biología y la historia nos han definido y han mejorado nuestra comprensión de lo que significa ser “humano” y de por qué queremos cada vez mejorar y vivir mejor. De aquí nuestro continuo emigrar de una tierra a otra buscando espacios mejores.

La tragedia de millones de personas en el mundo actual es que son víctimas de políticas egoístas y que van en contra de la propia naturaleza humana, ya que todos venimos de una emigración de nuestros ancestros, en nuestros orígenes como ya hemos comentado.

Curiosamente, el presidente Donald Trump, que se ha convertido en un racista xenófobo, olvida de dónde él viene. En los años treinta del siglo pasado, su familia materna emigró de su Escocia natal a Estados Unidos. Si en aquellos momentos en Estados Unidos hubiera habido un presidente como él, su madre quizás hubiera muerto en las aguas del océano Atlántico y él no existiría. Además, los abuelos paternos de Trump emigraron a Estados Unidos desde su Baviera natal. ¿Qué razón le asiste al presidente de Estados Unidos para convertirse en el carcelero de todos aquellos que desean hacer lo mismo que ha hecho  su propia familia?

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha olvidado que su abuelo paterno nació en España, concretamente en Ampuero (Cantabria), y se afirma que viajó escondido en un barril con documentación falsa y trabajó como barrendero y dependiente en una tienda de ultramarinos. Llegó a México en 1917 para reunirse con dos de sus hermanos; y ya vemos, un siglo después, su nieto ha llegado a ser presidente, al igual que Trump.

Nadie puede negar que la migración es una riqueza para los países.  Según la ONU, 70.8 millones de personas se ven forzadas a dejar sus hogares en el mundo en este momento. En España, las autoridades encargadas de la evolución demográfica acaban de declarar que la llegada de migrantes a España en 2018 ha compensado la tasa de retorno entre nacimientos y defunciones, ya que la caída de la natalidad de los residentes en España se compensa con los nacimientos de los migrantes en el país. Concretamente, este año ha habido un aumento de migrantes venezolanos, colombianos y marroquíes compensando el saldo vegetativo demográfico.

Es más que evidente que la problemática de la política migratoria debe abordarse desde diversos puntos de enfoque; que deben ser organismos internacionales como la ONU y los correspondientes organismos nacionales de los países receptores de migración los que deben seriamente tratar el problema; que es indiscutible que se está convirtiendo en un inmenso problema. Según las autoridades europeas, el mar Mediterráneo se está convirtiendo en una inmensa fosa funeraria, en donde pierden la vida miles de personas en busca de un mundo mejor. El año pasado entraron 335,158 migrantes a Europa por la vía del mar Mediterráneo. Pero otros miles han muerto en ese trayecto. De todos ellos, solamente se han recuperado 850 cuerpos.

Hoy vemos con tristeza de nuevo el cadáver de una niña salvadoreña, Valeria, que escandaliza al mundo, al igual que en 2015 se rasgaron las vestiduras con la foto en una playa de Aylan Kurdi, un niño turco, que tenía tres años y murió junto a su hermano de cinco, Galip, y junto a su madre.

Los organismos pertinentes deben seriamente ponerse a estudiar la problemática y también las universidades y las asociaciones legales, médicas, sociales, etcétera. De momento, la organización Horizontes Humanos y la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, España, han programado para el mes de diciembre de este año el VII Simposio Internacional Horizontes Humanos, con el tema “Migraciones: Rasgaduras humanas, políticas, educativas y culturales”. Este es el enlace: http://horizonteshumanos.org/styled-3/index.html

La pregunta es: ¿se podrá llegar a un acuerdo positivo para que la migración no se convierta en un sumidero de angustia, violencia, muerte e hipocresía escandalizada cuando vemos fotos como las nombradas?


*Luis Fernando Valero es doctor en Ciencias de la Educación. Fue profesor y primer director del Centro de Proyección Social de la UCA, de 1976 a 1980. Fue profesor titular en la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, España, y profesor invitado en varias universidades de Iberoamérica: Venezuela, Colombia, Argentina y Brasil.

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