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La dignidad y el dolor del gobierno tienen sus límites

No saben lo que me duele que esta sea mi primera conferencia de prensa”, fueron las primeras palabras de Alexandra Hill, este martes 25 de junio, al estrenarse ante periodistas tras casi cuatro semanas como ministra salvadoreña de Relaciones Exteriores.

La ministra dijo estar consternada por las tragedias más recientes sufridas por salvadoreños que se largaron del país intentando salvar sus vidas y que encontraron la muerte en México o en el río Bravo, frontera entre México y Estados Unidos.

Muy bien por una expresión oficial de profundo dolor de un gobierno cuya cabeza a veces parece más tendiente a la trivialización electorera de la realidad que a dar muestras de estatura suficiente para dirigir con ecuanimidad un país que anualmente ha estado expulsando hasta a 100,000 personas asfixiadas por la pobreza o por la delincuencia.

Las palabras de la ministra son un buen gesto. Pero… pero hay un gran pelo en esa sopa… Los discursos son importantes por lo que expresan. En este caso pareciera que cuando se sermonea sobre los riesgos de largarse para atravesar México con la brújula puesta en Estados Unidos, se está hablando a personas insensatas y díscolas que de un día para otro se encapricharon y decidieron desarraigarse, decidieron dejar todo lo suyo e irse en busca de una aventura emocionante. En este caso pareciera que la ministra no ha entendido los porqués de la migración. No ha sabido de que las más de las veces no es una migración voluntaria ni es un interés de trotamundos lo que mueve al salvadoreño y a la salvadoreña a largarse. Porque la mayoría no se va, sino que huye.

Los discursos no son importantes solo por lo que se enumera o se menciona: de hecho, muchas veces lo más elocuente es lo que se omite, lo que se calla. El silencio es un gran discurso. Y creo que el de la ministra este martes 25 de junio es de esos discursos. Y por eso, porque me quema la indignación, quiero decir cuatro cosas:

  1. “A las familias que están pensando migrar de forma irregular les imploro que no se arriesguen”, dijo la ministra. Por desgracia, muchos de quienes se van lo hacen porque ya arriesgaron harto sus vidas viviendo en sus comunidades asediados por pandillas, sin hallar un ápice de apoyo, sin ver una razón para seguir desafiando sus sentencias de muerte.

 

  1. “Los coyotes ofrecen llevarlos a salvo, mienten y los abandonan”. Sí y no. Porque en las comunidades saben que muchos de los suyos sí llegaron a salvo a los Estados Unidos, y hasta guardan una profunda gratitud al coyote que hizo el trabajo. Hay un alto riesgo, sí, pero cuando la muerte respira al cuello de mucha gente, estas lo intuyen, saben que ningún discurso les salvará la vida.

 

  1. “No es justo que una niña de año y medio muera ahogada tratando de cruzar un río”. Cierto. Tiene razón la ministra. Como tampoco es justo que niños y niñas indocumentadas de cinco, seis, diez o doce años mueran cautivos en cárceles estadounidenses o sean violados por las autoridades estadounidenses que los atormentan en campos de concentración bautizados con nombres menos feos, donde sus custodios los privan incluso de su última posesión: la dignidad.

 

  1. Y tampoco es justo pero sí indigno el silencio cómplice del gobierno salvadoreño ante un trato infamante a los migrantes que ya si se diera a bestias haría arder de furia los corazones y desencadenaría huracanes y rayos de protesta de cualquier gobierno. De cualquier gobierno digno.

¡Qué cool!

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