Enchúlame el país

Los centennials, o muy pocos de ellos, podrán recordar el furor que causó uno de los primeros realities virales de la televisión: “Pimp my ride”, que fue traducido al muy castellano “Enchúlame la máquina”. Capítulo tras capítulo, los propietarios de guarolas se permitían soñar con un golpe de suerte similar. Que repentinamente su respetable y fiel carcacha se convirtiera en el carro de sus sueños. Pintura nueva, accesorios que lo representaran, asientos sedosos, aroma sensual. Rines especiales porque ay, sí, qué locura los rines especiales.

El programa se produjo y se transmitió en el primer lustro de los dosmiles, pero una investigación de 2015 del Huffington Post reveló un secreto vergonzoso: una farsa, no era tal, la abyección. Los accesorios llamativos eran retirados tan pronto la cámara se apagaba. Otros arreglos eran pura cosmética. Repello. Por dentro, los automotores antiguos seguían tan herrumbrosos como siempre, las fugas seguían ahí, ese maldito-balero-de-la-bufa dando problemas.

Esa lógica de acomodar la realidad a los aplausos parece haber sido adoptada con saludo militar por el gobierno salvadoreño. Hacer todo más bonito, aunque no lo sea.

El 9 de abril de 2023, durante la semana vacacional de Semana Santa, la cuenta de Twitter de la Secretaría de Prensa de la Presidencia publicó varias imágenes del ambiente playero salvadoreño. Específicamente, de la playa por antonomasia de la mayoría de salvadoreños, El Majahual. Un celeste turquesa pintaba el mar, más propio de una costa atlántica que de una playa de origen volcánico. Su composición, más cerca del marrón y el café que del dorado atlántico, quedó en evidencia en otra foto de la misma cuenta.

Y es que ese es El Majahual que la mayoría conoce, de arena casi negra y rebosante de turistas a la orilla. Solo que la cuenta oficial de Twitter de la Secretaría de Prensa de la Presidencia –la aplicación de comunicación preferida del gobierno salvadoreño– decidió “enchular” la realidad.  Pasa lo mismo con las fotos del presidente Nayib Bukele –premio para el que ubique un poro en una foto–. Están “enchuladas”.

El artificio no es nuevo, ni original. George Orwell le llamó Miniver, el Ministerio de la Verdad. Stalin no le puso nombre, pero las fotos del antes –con camaradas– y después –sin camaradas– han sido bien estudiadas. Lo hizo Hitler previo a los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Enchular la realidad no es inocente, ni superficial. No solo se trata de usar un filtro para que las fotos se vean mejor. Es cambiar la narrativa histórica a beneficio propio. Crecí en la generación en la que los libros de texto de Estudios Sociales mostraban una foto a página completa del presidente Alfredo Cristiani, llamándolo “presidente de la Paz”. El tiempo me demostró que la realidad era tantito más complicada que eso.

Detrás del arcoíris

Contrario a lo que relata la canción, los sueños no se convierten en realidad detrás del arcoíris. Lejos de las luces de neón, de un país enchulado, “pimpeado”, solo sobrevive una verdad incómoda.

Veamos ejemplos.

Público: El centro limpio y arquitectura clásica resurge tras décadas de deterioro. No público: Miles de vendedores desplazados, sin certezas de poder pagar un nuevo local donde vender y sin otras ofertas laborales.

Público: El centro limpio y arquitectura clásica resurge tras décadas de deterioro. No público: Exoneración casi absoluta de impuestos a inversores, venta de edificios y contratos otorgados con opacidad.

Público: El primer país en adoptar las criptomonedas como de curso legal. No público: Apenas el 1.34% del total de remesas enviadas al país se hizo a través de billeteras electrónicas, según las últimas estimaciones del Banco Central de Reserva de 2023. El envío de remesas fue una de las justificaciones principales para la aprobación de la Ley Bitcoin en el país.

Público: ¡Miss Universo en El Salvador otra vez, yeiii! No público: Los fondos públicos gastados en concepto de membresía, derechos para realización del evento y gastos en la infraestructura necesaria para su montaje y ejecución. Por cierto, la escasez de medicinas en la red pública aún sucede.

Enchular la realidad no sale gratis. Hasta 2021, el gobierno salvadoreño pagó más de $3 millones por mejorar su relación e imagen ante el gobierno de los Estados Unidos. Hasta la fecha no existe ni una sola palabra de admisión pública sobre esos gastos, ni rendición de cuentas sobre ellos.

La última ofensiva por defender una imagen espolvoreada con brillantina y algodón de azúcar es la resistencia ante la iniciativa de cinco medios de comunicación para evidenciar y combatir la desinformación, bajo el nombre de El Filtro.

El solo anuncio del proyecto ha generado alergia. Tanto que el presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, ha dedicado minutos de su tiempo público como funcionario para desvirtuarlo. El Órgano Legislativo acreditó el martes 18 de abril a youtubers y creadores de contenido digital como periodistas. De esos que se dedican a enchular la realidad. Entre ellos, a un procesado por agresiones contra las mujeres.


*Suchit Chávez es periodista de Revista Factum. Ha trabajado en La Prensa Gráfica cubriendo temas culturales, medioambientales, seguridad, violencia y crimen organizado. Desde 2013, ha trabajado y colaborado con los siguientes medios de comunicación y organizaciones: Connectas (Colombia), Plaza Pública (Guatemala), Centro Latinoamericano de Investigación Periodística, Ojo Público (Perú), Alharaca (El Salvador), International Center for Journalists, International Consortium of Investigative Reporters, Agenda Propia (Colombia) y Dromómanos (México), entre otros.

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