El miedo es el verdadero muro

“La Construcción del muro” es una obra que fue presentada el fin de semana pasado y por vez primera en El Salvador. El Teatro Poma recibió a la Asociación Cultural Teatro Expressivo (ACTE) de Costa Rica, formada en 2010. La obra nos mostró el diálogo que sostiene el personaje de Rick –quien espera recibir una sentencia, luego de que 25 mil migrantes murieran bajo su administración, en un centro de detención, llamado La Fábrica– y Gloria, una historiadora que quiere escribir sobre este genocidio para evitar así que la historia se repita.

Fotos cortesía de Fundación Poma


El nombre real de María no es necesario para subrayar lo que una vez me comentó. Ella tiene más de 30 años de vivir en Estados Unidos. Es ciudadana estadounidense, pero nació en un pequeño poblado salvadoreño. La recordé porque una vez me contó que por muchos años sufrió discriminación tanto de estadounidenses como de mexicanos debido a que ella es tan blanca y rubia como podría serlo una típica persona nacida en Wisconsin, por mencionar un ejemplo, pero no lo suficiente para quienes le discriminaban y la juzgaban por su origen: Pasaquina, La Unión. 

En otra ocasión, en Costa Rica, hace más de diez años, me contaron con la convicción de quien cree que está en lo correcto que desde que muchos “nicas” habían cruzado la frontera al sur, la comisión de delitos se había disparado en el país que algunos dan en llamar «la Suiza de Centroamérica». 

Historias similares he escuchado en México, Colombia, República Dominicana y España. En este último país, la mayoría de personas que conocí ni siquiera sabían que existía o dónde se ubica Centroamérica –mucho menos El Salvador–, mientras que persistía en muchos de ellos el uso del término despectivo «sudacas» para discriminar a los suramericanos que migran a España.

Claro, los latinoamericanos no somos los únicos discriminados ni culpables de todo lo malo que sucede en otros países: africanos y musulmanes también son vistos, desde el racismo y la xenofobia, como personas peligrosísimas. Y de eso trata “La Construcción del muro”, una obra de Robert Schenkkan, ganador del premio Pulitzer y de los premios Tony. Además, Shenkkan es un dramaturgo que también fue nominado al premio de la Academia Hacksaw Ridge. 

La obra se presentó en el Teatro Poma el fin de semana pasado, gracias a la producción del Teatro Espressivo de Costa Rica. 

Este es el afiche promocional de la obra «La construcción del muro», del Teatro Espressivo de Costa Rica.

En 2016, el autor ficcionó lo que sucedería con el tema de la migración ante el posible triunfo electoral del ahora presidente estadounidense, Donald Trump. Y su premonición se convirtió en realidad con la política de “tolerancia cero” a la inmigración indocumentada, que ha implicado, en muchos casos, el mismo trato que se le da a los criminales, por el hecho de haber ingresado a Estados Unidos de forma irregular. Muchos de los inmigrantes fueron separados de sus hijos. De hecho, el saldo fue casi de 2 mil menores separados de sus familiares entre el 19 de abril y 31 de mayo de 2018.

Sobre la obra

Gloria es latina. Rick no esperaba eso. Ella representa a quienes él y su presidente Trump odian. En su relato de lo sucedido, él da cuenta de las situaciones de vulnerabilidad descritas por la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR); así como de las agresiones sexuales a las que se ven expuestas las mujeres migrantes en los “centros de detención”. Las atrocidades cometidas en «La Fábrica» describen la realidad que sucede además en las cárceles de Latinoamérica y, para ser más específicos, en las salvadoreñas, donde los derechos humanos son irrespetados y el acceso a medicinas y medicamentos encuentra un negocio en quienes las administran.

La obra retrata una realidad a la que parece que nos enfrentaremos una y otra vez. La idea de construir un muro no es nueva. En Berlín, Alemania, ya hubo uno. Así mismo, el genocidio nazi, al igual que el apartheid dan cuenta del peor rostro de la humanidad y del engranaje social, político, económico, jurídico y diplomático del mundo.

Magdalena Morales es la artista escénica guatemalteca que encarnó el personaje de Gloria. Como actriz, Magdalena conformó el grupo Kaji’ Toj’, de teatro contemporáneo. Sus obras se han presentado en Centroamérica, Cuba y España. Actualmente pertenece al movimiento de artistas Mayas Ruk’u’x, a la Red Guatemalteca de Teatro y al Consorcio de mujeres escénicas mayas y mestizas. Foto cortesía de Fundación Poma.

El personaje de Gloria representa el cuestionamiento que debemos hacer antes los abusos cometidos, y no solo contra migrantes. Es la voz de la conciencia. Ella es un grito desesperado ante el horror de las graves violaciones a los derechos humanos. Por el contrario, Rick es la representación de la exclusión, el desprecio, el odio, el egoísmo y el miedo. Ese miedo y ese odio que lleva a las personas a deshumanizarse y obviar las causas de la migración: huyen de la pobreza, la violencia e inseguridad, el desempleo. Otra razón, para el caso salvadoreño, son las víctimas del desplazamiento forzado por pandillas. 

La discusión sobre la construcción del muro que plantea el presidente estadounidense y lo ocurrido en 2018 y el presente año con las caravanas migrantes debe de recordarnos que el miedo nos paraliza. La obra nos recuerda que la xenofobia también se construye por gobernantes y políticos para sembrar miedo, para sembrar la idea de que quienes migran son peligrosos y causantes de los grandes males. Al no permitirles legalizar su situación, los expone a ser mano de obra barata, sin derechos y beneficios sociales y los coloca en graves situaciones de vulnerabilidad. Esto es lo que facilita la xenofobia. Y el miedo, que paraliza, también mueve. Los peligros, las humillaciones y la discriminación no están deteniendo a las personas. La sexta caravana migrante es una muestra de ello. El sueño americano no ha terminado para estos centroamericanos.

Antonio Rojas retrató al personaje de Rick en «La construcción del muro». Él es un actor y productor que cursó sus estudios en el Taller Nacional de Teatro en Costa Rica y en el Centro de Estudios Escénicos de Andalucía, España. En 2011 fue galardonado con el Premio Nacional costarricense como Mejor Actor de Reparto por su actuación en la obra «Mi vida alrededor de 500 metros», de Inmaculada Alvear. Foto cortesía de Fundación Poma.

Esa premonición de Schenkkan no es nueva. La historia de la humanidad nos la ha mostrado en diversas oportunidades. Sucedió con los campos de concentración nazi, por ejemplo. Y es, además, una historia que podría repetirse. Las pregunta son: ¿qué haremos las demás personas? ¿Permitiremos que un nuevo genocidio se cometa?

Como escribió Natalia Mariño, directora ejecutiva de esta obra:

“Sobre la migración podemos tomar dos bandos: o la vivimos y sobrevivimos (como Gloria nos dice); o no la vivimos, pero la reflexionamos, la discutimos. No podemos pasar indiferentes por un tema que en este momento tiene al mundo entero tomado. La migración es más que un asunto de querer vivir en otro lugar distinto a nuestro país de origen: puede ser voluntaria, placentera o puede ser forzada”.

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