El día que jubilaron al FMLN

Las elecciones de ayer confirmaron lo que los prestidigitadores del análisis político salvadoreño ya anunciaban: que el FMLN deberá resignarse a un escenario en el que su papel está destinado a la irrelevancia. Sus cuentas más alegres le dicen que lo más que podría lograr sería un total de cinco diputados. De confirmarse, se trataría de un resultado inédito en su vida como instituto político, apabullantemente inferior al de 1994, cuando en su debut electoral el Frente consiguió 21 escaños en la Asamblea Legislativa.

Ilustración FACTUM/Andrea Maida


Van nueve votos. Si llegamos a diez, los invito a comer”, decía en broma un vigilante de una Junta Receptora de Votos (JRV) del centro de votación instalado en el Instituto Nacional General Francisco Menéndez (INFRAMEN). Apenas hace poco más de una década, su partido, el Frente Farabundo Martí Para la Liberación Nacional (FMLN), se había coronado como primera fuerza política del país, cuando logró 35 diputaciones en 2009. Ese mismo año, el proyecto político de la exguerrilla llegó al Ejecutivo de la mano de Mauricio Funes. Pero ayer, envuelto en el humor negro del conteo de votos, aquella temporada de gloria parecía un pasado tan lejano como irreversible.

De acuerdo a los resultados preliminares del Tribunal Supremo Electoral (TSE), hasta la 01:00 a.m. de este lunes, el FMLN lograría cuatro o cinco diputaciones, siendo este el peor resultado de su historia como partido político, y continuando así la caída que comenzó a enfilar desde las pasadas elecciones legislativas de 2018, cuando consiguió 23 escaños, todavía como partido de gobierno. Aquello fue también una premonición de la derrota en las elecciones presidenciales de 2019, contra uno de sus exmiembros, Nayib Bukele, quien llegó al ejecutivo bajo la bandera de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA). 

GANA, al convertirse en un «partido taxi» para Bukele, cambió su tradicional color naranja por cian. Pero algo relevante cambió en el mapa político. En estas elecciones participó por primera vez el partido genuino del presidente: Nuevas Ideas (NI), que también usa un tono de cian similar en su bandera. Desde los matices del pantone, a ambos les diferencia que el primero usa una golondrina como símbolo y el otro una N, pero les unifica el cian, que era el color predominante en el INFRAMEN la noche del conteo de votos. En contraste, el número de vigilantes de urnas con el rojo del FMLN era mínimo. 

Una militante del FMLN porta una camiseta de la campaña presidencial de 2009, cuando con la candidatura de Mauricio Funes este partido político ganó por primera vez la presidencia de la república. Foto FACTUM/Gerson Néjera.

Un historial que palidece

La legalidad institucional del FMLN inició a finales de 1992, a través de un decreto legislativo y posterior a la firma de los Acuerdos de Paz de enero de ese mismo año, que pusieron fin a una guerra civil de más de una década. Su primera participación electoral fue en 1994, tanto para las presidenciales como para las legislativas. En estas últimas consiguieron 21 diputaciones. Así se estrenaba la exguerrilla en la vida parlamentaria: haciendo historia no solo en el mapa político local, sino también internacionalmente, ya que daba credibilidad al proceso de democratización del país.

En las siguientes elecciones legislativas, en 1997, el partido de izquierdas continuó su crecimiento. Logró 27 diputados. En el 2000 y 2003 alcanzó 31; y en 2006, 32. Pero fue en 2009 que llegó a su cenit político, en parte, como gran aglutinador de fuerzas de izquierdas y progresistas; en parte, además, por el desgaste de Arena; y en parte, también, por el carisma del entonces primer presidente que llegaba al ejecutivo con la bandera del FMLN, Mauricio Funes. 

El expresidente Funes ahora está asilado en la Nicaragua de Daniel Ortega, prófugo de la justicia salvadoreña. La Fiscalía General de la República  salvadoreña lo acusa de haber malversado $351 millones de fondo públicos. Por otro lado, el FMLN vive un desencuentro con el movimiento social que alguna vez lo acuerpó. Y, a diferencia de Arena –que tras perder el Ejecutivo se convirtió en una segunda fuerza política– la debacle del Frente se plantea como material de investigación. Aunque no son pocas las columnas y los análisis que han tratado de explicar está caída en la preferencias electorales. 

Este cambio en la métrica legislativa también podría minar banderas sociales que, de alguna manera, el FMLN respaldó: como el reconocimiento constitucional del agua como derecho humano, la soberanía alimentaría y la Ley de Identidad de Género, entre otras. También disminuiría el bloque de oposición que consiguió, por ejemplo, los pocos datos que existen sobre el manejo de recursos públicos para atender la emergencia por Covid-19.

A falta de la publicación oficial de los resultados en cuanto al descenso en el número de alcaldías que gobernaría el FMLN, el escrutinio preliminar tampoco le da mucho aliento. Lo más probable es que el otrora «partido de masas» pase a ocupar el puesto de los que alguna vez fueron partidos fuertes durante la dictadura militar y que, tras los Acuerdos de Paz, fueron condenados a la irrelevancia.

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