Así no

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En 2001 nos dolarizaron. Sin consulta, sin explicación y con un madrugón en la Asamblea Legislativa. Una encuesta de la UCA de ese año mostró que 7 de cada 10 personas en El Salvador estaban en contra de la dolarización. ¿Por qué? Porque pensaban que todo se haría más caro y que el colón salvadoreño desaparecería. 

Tuvieron razón.

Veinte años después la historia se repite. Un presidente con delirios de grandeza, prepotente y con adicción a las redes sociales, utilizó la sucursal de la presidencia en el centro de Gobierno para repetir la hazaña de Flores: impuso una nueva moneda. Sin consulta, sin explicación y con un madrugón en la Asamblea Legislativa.

En 2021, nos bitconizaron.

Una reciente encuesta de la UCA muestra que las nuevas ideas son en realidad añejas. Siete de cada 10 personas quieren que la Ley Bitcoin se derogue. La mayoría, además, cree que el bitcóin, que desde este 7 de septiembre será moneda de uso legal en El Salvador, es inseguro, según una encuesta de LPG Datos.

Es la primera vez que un tema se interpone entre el presidente y “su pueblo”. Es la primera vez que una decisión genera descontento. La población ha perdonado que Bukele concentre poder, que mienta en cada cadena de televisión, que sus funcionarios roben como nos robaron antes, que la policía actúe como sus vigilantes privados… pero no perdonará que toque su bolsillo. La política es así.

El bitcóin en sí mismo no es el problema. Es un criptactivo -ni siquiera una moneda- que se usa en todo el mundo, el más popular de los activos digitales. Ningún otro país ha tenido la necesidad de convertirlo en su moneda y el bitcoin ha seguido funcionando, subiendo y bajando su valor para la dicha y desgracia de sus inversores. Pero El Salvador insiste en hacerlo moneda de uso legal.

Un reciente artículo del periódico The New York Times señalaba que la minería de bitcóin requiere más energía eléctrica que la que usa toda Finlandia. ¿Por qué El Salvador debería empeñar su energía -la geotérmica, según la propaganda oficial- para cumplir un capricho de la familia presidencial?

Un capricho donde los hermanos del presidente opinan, asesorados por personas de dudosa reputación que incluso han hackeado a medios de comunicación. ¿Por qué personas que nada tienen que ver con el gobierno –da igual que sean hermanos, tíos o sobrinos–, y que supuestamente no reciben fondos públicos, toman decisiones que afectarán la vida de miles? 

En una oda a Cantinflas, el gobierno ha dicho que el bitcóin podrá aceptarse pero no recibirse. Bukele ha hecho de la desinformación y la mentira su mejor herramienta de comunicación. Pero siguiendo el cuento, ¿por qué algo que en el mundo es opcional, que según Bukele es opcional, debe convertirse en una moneda de uso legal?

El gobierno también ha vendido la idea de que con el bitcóin no se pagarán comisiones para recibir remesas. De nuevo, desinformación. Lo único cierto es que el país, con nuestro dinero, pagará esas comisiones o cualquier fluctuación del bitcoin. Nada es gratis. 

Pese al rechazo absoluto, el gobierno no rectificará. 

No hay certeza de lo que ocurrirá. El bitcóin, de nuevo, no es el problema.  La falta de información, la forma en que lo impusieron, la falta de respaldos técnicos, y la oportunidad para los lavadores de dinero son en realidad más peligrosos que la volatilidad de este criptoactivo. Y lo peor:  será administrada por un régimen totalitario y mentiroso.

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