Xenofobia, la segunda pandemia que se propagó en Costa Rica

Un estudio de Naciones Unidas reveló que en 13 meses de pandemia se registraron más de 180,000 comentarios xenofóbicos en Costa Rica, la mayoría de ellos contra los nicaragüenses. Los nicas se enfrentan al dilema de vivir con la discriminación o de regresar a Nicaragua a enfrentar la cárcel o la muerte.

Texto: Vladimir Vásquez

Fotografías: César Arroyo Castro


“Mi problema es con este maldito nicaragüense”, le dijo un hombre alto, blanco y recio a Alberto, un joven nicaragüense de 28 años, antes de empezar a lanzarle patadas en las afueras de un bar en Guadalupe, una de las principales ciudades de San José. El ataque no fue repentino. El agresor había pasado cerca del bar en esa localidad y había fijado su mirada sobre el nicaragüense que se encontraba acompañado de una salvadoreña. 

Inicialmente no mostró ningún tipo de hostilidad. Se sentó en la mesa con ellos y hasta les ofreció invitarles una cerveza para que platicaran. Las “alertas” se encendieron para Alberto cuando aquel hombre empezó a mostrarles sus tatuajes: una esvástica, un sol negro y muchos símbolos más. También alardeó de su entrenamiento: les dijo que practicaba artes marciales, que podía manejar armas de diferentes calibres, y les preguntó con insistencia su nacionalidad, según relata Alberto. 

 “Cuando pasó la primera vez por el bar me hizo un saludo nazi. Yo ya había leído sobre estas personas que se identifican como neonazis. Le dije a mi amiga que nos fuéramos, ella salió primero y con ella no tuvo ningún tipo de agresión. Cuando me la estaba llevando, le dijo: ‘el problema no es con vos, es con este maldito nicaragüense’ y me tiró una patada”, cuenta Alberto, quien ha preferido que no se revele su verdadero nombre para este reportaje por razones de seguridad. 

Alberto es un hombre moreno, delgado, originario de León, en el occidente de Nicaragua. Llegó a Costa Rica en 2020 para protegerse de la persecución del régimen de Daniel Ortega contra quienes participaron en las protestas de abril de 2018. Según los datos más recientes del Grupo de Expertos Interdisciplinarios (GIEI) de la Organización de Estados Americanos (OEA), esas protestas terminaron en más de 355 personas asesinadas por la represión gubernamental. 

Hasta ese 28 de febrero de 2020, día en que ocurrió la agresión, Alberto se sentía seguro en Costa Rica. Creía que la persecución había quedado atrás, pero su agresor vio su piel y su acento como suficientes elementos para atacarlo. Su amiga salvadoreña decidió defenderlo ante la lluvia de golpes y patadas lanzadas por aquel hombre. Recogió una bolsa de basura en el suelo y se la lanzó. La pareja logró salir del lugar y se refugiaron en la casa de otro amigo por si el agresor los perseguía, según el relato de Alberto. 

Cerca de los días en que se dio el ataque a Alberto, los casos de covid-19 estaban empezando a subir en Costa Rica. Para marzo de 2020 aumentaron las acusaciones y el acoso en redes sociales contra nicaragüenses migrantes. Los mensajes de odio para los extranjeros incluían acusaciones de propagar la enfermedad en el país.

“Me decían que veníamos a inundar el país de covid”, recuerda Juliana, una nicaragüense que ha vivido casi 30 años en Costa Rica, y a quien a diario le tocaba leer comentarios contra los nicaragüenses en Facebook. 

Medio millón de expresiones de odio

La Organización de Naciones Unidas (ONU), junto a la firma internacional COES, determinó que desde el primero de mayo de 2020, tan solo dos meses después de detectado el primer caso positivo de covid-19 en Costa Rica, hasta el 15 de junio de 2021, en las redes sociales se publicaron 548,020 conversaciones que incluían lenguaje discriminatorio en contra de diferentes grupos, entre ellos nicaragüenses.

De todas esas conversaciones, 181 mil 453 eran expresiones xenofóbicas, es decir, el 33% de todos los resultados encontrados en el estudio incluían mensajes de odio para los extranjeros. La población nicaragüense fue la más afectada. 

“Yo les decía que el covid ya estaba, que no era porque los nicas que venían acá traían el virus. A más de uno le dije que eran xenofóbicos, pero me respondían que veníamos a quitarles el trabajo a los costarricenses”, relata Juliana.

En junio de 2020 se registró el pico más grande de los comentarios en contra de nicas relacionados a falta de medidas de seguridad contra la covid-19 en cuarterías (complejos de cuartos muy pequeños donde viven familias de escasos recursos económicos).

La cifra del estudio es grande si se compara con la cantidad de nicaragüenses que se encuentran en Costa Rica. El único censo oficial que se ha realizado para medir la cantidad de nicas que hay en el país data de 2011, cuando se calculaba que había 287,766 personas de esa nacionalidad. En la actualidad, los datos más conservadores de expertos en temas migratorios, calculan que hay más de medio millón de nicas en Costa Rica. 

La policía costarricense intercepta una mujer que acaba de ingresar al país por. el sector de la frontera de Peñas Blancas conocido como El Muro. Diciembre de 2021, La Cruz, Guanacaste. Foto: César Arroyo Castro

Otro número que permite entender el peso que tiene la población nicaragüense en Costa Rica es el del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, que con datos de la Encuesta de Hogares (Enaho) de 2020, calculó que el 80% de la población extranjera que vive en el país nació en Nicaragua. La migración aumentó en 2018, cuando el régimen de Daniel Ortega desató una cacería de opositores que pedían su renuncia al poder que había ocupado, hasta ese momento, durante 11 años. Los datos oficiales de Migración y Extranjería costarricense indican que en, el 2021, 47,534 nicaragüenses pidieron refugio en Costa Rica, pero dentro de ese número no se cuentan quienes llegaron en situación irregular al país.  

El 69% de las expresiones xenofóbicas tenían la intencionalidad de ofender, se detalla en el estudio de la ONU, mientras que el 31% se basó en la emisión de prejuicios y estereotipos, “que si bien no tenían necesariamente dicha intención (de ofender), sí generaban discriminación hacia ciertas poblaciones”.

Según el mismo estudio, los hombres fueron los que más comentarios discriminatorios emitieron durante el período estudiado con un 66% frente a un 48% de mujeres. Y las personas de 45 años o más fueron las que mostraron la intencionalidad más alta de ofender con sus comentarios, con un 79%. Sumado a eso, la provincia que más comentarios de odio registró fue la de San José. 

Las publicaciones que se hacían desde las cuentas oficiales de las instituciones de Costa Rica estaban llenas de reacciones con comentarios contra los nicaragüenses. Bastaba ver redes sociales de la Dirección de Migración y Extranjería de Costa Rica, de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), y hasta de los medios de comunicación. 

Si los nuevos casos son los nicas, que están viniendo a contagiar a los ticos”, escribía en mayo de 2020 un hombre en las publicaciones de la CCSS sobre los casos de covid-19. 

“Diay, si hay que exterminarlos, solo así aprenden los hijueputas”, amenazaba otro perfil en Facebook. “Aporto 10,000 colones (U$15) para un fondo y crear el escuadrón de linchamiento”, decía uno más de los miles de comentarios que se pueden encontrar en diferentes publicaciones en las redes sociales. 

Las publicaciones discriminatorias se extendieron a lo largo y ancho de todo lo que mencionara nicaragüenses en las redes sociales. En Guanacaste, las publicaciones referentes a los refugiados nicaragüenses también se llenaron de comentarios xenofóbicos. 

Perfiles que fueron señalados por otros usuarios de redes de ser troles (expresión que se usa para identificar a personas que usan cuentas falsas para atacar, ofender o desviar la atención de temas importantes) querían provocar caos. 

“Todos deberían volver a Nicaragua y no sufrir humillaciones hasta morir con dignidad”, se leía en uno de los perfiles. “Es una carga social muy alta que va a colapsar todo el sistema costarricense. Muy bonita la nota (periodística), pero soy poco romántica con respecto al futuro, especialmente de la invasión que puedan hacer en la provincia (de Guanacaste)”, decía una persona desde otra cuenta. 

La xenofobia muta según el contexto

Larissa Tristán es docente de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva e investigadora del Centro de Investigación en Comunicación (CICOM) de la Universidad de Costa Rica. Junto a otros colegas realizó un análisis sobre el comportamiento de los comentarios xenofóbicos durante la pandemia de covid-19 en el 2020 y parte del año 2021.  

Las redes sociales se inundaron de noticias falsas relacionadas con los nicaragüenses, entre los que Tristán identificó, por ejemplo, teorías conspirativas que “revelaban” un convenio secreto entre la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua y del presidente costarricense Carlos Alvarado, para llevar nicaragüenses a atenderse en hospitales ticos.

“Se hacían fotomontajes de nicaragüenses entrando en la frontera y que venían a tratarse aquí. Es decir, muchos de los estereotipos que ya existían desde antes de la pandemia se actualizaron y se les dio un giro para la pandemia, pero no necesariamente eran nuevos. Ese estereotipo de que el nicaragüense viene a aprovecharse de la Caja, se le da una vuelta de tuerca y se actualiza para el tema de la pandemia”, explica Tristán. 

La investigadora dice que es difícil medir si el discurso xenofóbico contra nicaragüenses incrementó durante la pandemia, pero sí se empezaron a ver comentarios que les atribuían la responsabilidad de los contagios en Costa Rica, a pesar de que el primer caso de covid-19 en el país se detectó en una mujer estadounidense de 49 años. 

Los señalamientos de propagar el virus alcanzaron incluso a los trabajadores del sector agrícola costarricense quienes, según explica Tristán, no vinieron al país infectados. Por el contrario, se contagiaron en territorio costarricense por la falta de medidas preventivas de las empresas donde laboraban. 

Los discursos de odio se fueron adaptando en la medida en que el tema de la pandemia se fue quedando en segundo plano para pasar a la vacunación.  Los mismos grupos de Facebook y páginas de antivacunas continuaron perpetuándolo. A pesar de que al inicio de la pandemia decían que los nicaragüenses venían a contagiar la enfermedad, también se quejaron más tarde de que se les aplicaran vacunas en territorio tico. 

“Es como querer generar polémica y conflictos sin ningún sentido y durante la vacunación sí hubo un repunte del discurso xenofóbico”, agrega Tristán. 

No sucede únicamente en contra de nicaragüenses. Como ejemplo, Tristán cuenta que en agosto de 2021 Costa Rica ofreció refugio a 48 mujeres afganas que buscaban huir del Talibán en Afganistán, luego que Estados Unidos decidiera retirar sus tropas del país. Entonces la “preocupación” de los mismos grupos era que esas mujeres llegarían a tener bebés a Costa Rica o que incrementaría la delincuencia. 

Febrero de 2020, La Cruz, Guanacaste. Cientos de migrantes africanos y asiáticos cruzan anualmente desde Costa Rica hacia Nicaragua por «el callejón» hacia Nicaragua. Es un camino que separa a ambos países por un alambre de púas. Cuando cruzan, al otro lado los intercepta el Ejército de Nicaragua, que los lleva a la Dirección General de Migración y les cobra $150 de salvoconducto. Foto: César Arroyo Castro

El perfil de los xenofóbicos

Tristán asegura que quienes esparcen los discursos xenofóbicos en redes sociales son “personas comunes y corrientes”, a veces amparados en el anonimato que facilitan las redes sociales, cuentas falsas o grupos muy específicos, como por ejemplo Liberales Costa Rica, una página que comparte con frecuencia discursos en contra de los migrantes nicaragüenses. 

Alberto cree que el ser de piel morena y su acento lo hizo fácilmente identificable como nicaragüense para el hombre blanco que decidió atacarlo en el bar, quien además se identificó como acólito del neonazismo, un movimiento que surgió después de la segunda guerra mundial y que busca reinstalar el nazismo en el mundo, amparado en la creencia de que existe una supremacía blanca. 

El ataque contra el nicaragüense no quedó en la calle frente a aquel bar de Guadalupe. Alberto no sabe explicar cómo aquel hombre logró ubicarlo en la casa donde él vivía en ese entonces. Llegó a buscarlo acompañado de otras personas y, cuando se dieron cuenta de que en la casa vivían solo nicaragüenses, empezaron a escupir en el suelo diciendo: “Qué asco nicaragüenses”, según el relato de Alberto, quien cree que el agresor le tomó una fotografía mientras estaban en el bar y con ella ubicó su lugar de residencia. 

Desde entonces tuvo que mudarse de casa. Vivía con el miedo de que en algún momento lo pudieran localizar otra vez, por lo que tuvo que buscar ayuda psicológica. “En un momento estuve hablando con un psicólogo, es demasiado pesado, porque se te olvida un poco el sentimiento de persecución de alerta que uno trae de la protesta de 2018 (en Nicaragua), que si ves sirenas de policías y te asustaban, ya se me había pasado y en ese momento se me volvió a activar. También sentía cierto odio por esa persona, porque me preguntaba por qué existen este tipo de personas, pero es algo que ya no cargo”, relata el nicaragüense. 

Alberto llegó a Costa Rica tras participar en las protestas contra Ortega. No tiene muchas opciones para regresar. Por eso dice que solo trata de dejar atrás el mal episodio con su agresor, a quien no denunció ante las autoridades policiales costarricenses, porque sus amigos le dijeron que no iban a hacer nada por él. 

Sus opciones son muy cortas: o trata de ignorar y vivir con la xenofobia en Costa Rica o regresa a Nicaragua a enfrentar las cárceles del régimen orteguista, implacables en contra de cualquier persona que identifiquen como opositor.

En Nicaragua, cuestionar al régimen de Daniel Ortega es el equivalente a ser considerado un criminal. La Policía de Nicaragua acecha día y noche las casas de opositores y sus familiares. Por eso muchos huyen de ese país, y viven con el temor constante de estar siendo perseguidos para terminar muertos o en la cárcel.

En San José, la provincia donde más comentarios xenofóbicos se emitieron, según el estudio de la ONU, personas como Juliana  no pueden regresar a Nicaragua, porque ella cree que corre peligro de ser encarcelada, como los más de 155 presos políticos privados de su libertad por opinar en contra de Ortega y su régimen. En las últimas ocasiones cuando viajó a Nicaragua, según cuenta, fue perseguida por miembros del Ejército de su país. Ella cree que esto tiene que ver con sus comentarios en contra del régimen en redes sociales. 

“Cuando se dio la pandemia nos trataban muy feo en las redes sociales, hasta de ‘muertos de hambre’. Siempre lo miré y con más de una persona peleaba”, recuerda Juliana. 

Las redes sociales, tanto Facebook como Twitter permiten que un comentario pueda ser reportado por considerarse racista o porque afecta a un sector específico de la población que está siendo discriminada. Tristán recomienda que todas las personas que se vean afectadas por estos mensajes de odio puedan utilizar las herramientas que las mismas plataformas facilitan para que se pueda limitar la expansión de este tipo de discursos. 

“Alberto” dice que ahora anda con cuidado en las calles, cuando mira personas que tienen el mismo perfil que el atacante de Guadalupe, prefiere no acercarse. “Sentía cierto odio por esa persona, me preguntaba por qué existen este tipo de personas, pero en las sesiones con el psicólogo logré quitarme esa molestia”, concluye.


*Este trabajo es parte del especial Los nuevos caminos de la migración centroamericana realizado por los siguientes medios que somos parte de la alianza Otras Miradas: Divergentes, Revista Factum, Contracorriente, Agencia Ocote y La Voz de Guanacaste. Y contó con el apoyo del Fondo Canadá para Iniciativas Locales. 

¿TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO?

Suscríbete al boletín y recibe cada semana los contenidos en tu email.