“Ayudamos a Bukele con nuestros votos, pero una vez llegó al poder nos dio una patada en el trasero”

Marvin Reyes, la cara más visible del Movimiento de los Trabajadores de la Policía, hace un recuento de las promesas que el ahora presidente no cumplió para una institución -la PNC- que, según él, está repleta de necesidades, agotada y a punto de quemarse por la carga laboral y el abandono de las autoridades. Reyes recuerda en esta larga entrevista cómo se rompió la relación con el presidente Bukele y las autoridades de Seguridad. 

Foto FACTUM/Salvador Meléndez


Marvin Reyes es un personaje salpicado de antagonismos. En 2015 creó el Movimiento de los Trabajadores de la Policía, el MTP, una especie de sindicato que, en realidad, no es un sindicato. Desde hace cuatro años dejó de ser policía y desde entonces se dedicó de lleno a luchar por los derechos de los policías. Y desde hace tres se involucró en la política, compitió para ser diputado por el PCN y apoyó a Nayib Bukele en su candidatura presidencial de 2019. Pese a ello, no se considera un político.

“Siniestro”, como es también conocido Marvin Reyes por su indicativo de policía, es muy amigable y sonriente, pero le gusta salpicar su discurso con frases de ultratumba. “Desde que este movimiento nació, abrimos las puertas del infierno”, “se nos dejaron venir los demonios completos”, “estuvimos en primera línea para recibir las llamaradas”, dice.

Reyes es el principal vocero de un movimiento que desde hace cinco años ha puesto en aprietos a las autoridades de la Policía Nacional Civil (PNC) e incluso al gobierno. A pulso de pura presión, marchas, protestas y denuncias en las redes sociales, el MTP ha logrado algunas mejoras en las condiciones de los policías. La principal: la entrega de dos bonos, uno mensual y otro trimestral, que suma $4,000 extra a los ingresos anuales de los policías, quienes reciben un salario que ronda entre los $424.77 y los $552.20, menos descuentos, para los agentes rasos.

En 2016, cientos de policías agrupados en esta organización hicieron una marcha que llegó hasta los portones de Casa Presidencial atravesando, incluso, las temibles barricadas de la Unidad del Mantenimiento del Orden (UMO), los policías encargados de reprimir las manifestaciones. Sus compañeros.

En esta larga plática, Reyes habla sobre su apoyo y el apoyo del MTP al ahora presidente Nayib Bukele cuando era candidato. Cuenta que el mismo Bukele se reunió con ellos en varias ocasiones a prometerles el cielo y la tierra a cambio de votos, y que los policías hicieron campaña dentro de la PNC e incluso con sus familias para “orientar a la gente cómo votar”, algo que, valga decirlo, está considerado una falta grave establecida en el numeral 33 del artículo 8 de la Ley Disciplinaria Policial. Y también cuenta cómo ese apoyo y esas promesas terminaron.

Reyes, quien lleva cuatro años expulsado de la Policía tras un proceso discilpinario por haber impulsado el nacimiento del MTP, dice que su lucha le ha supuesto muchas pérdidas. Su trabajo, su familia e incluso muchos amigos. Ahora trabaja de vigilante en clubes nocturnos y discotecas para sobrevivir. Aún así cree que el trabajo en el movimiento vale la pena. “Es tiempo de que la Policía revise esos roles esclavistas que tiene”, dice Reyes, y se extiende: “El Movimiento tiene una razón fundamental de existir porque representa los anhelos de los policías por ser escuchados, atendidos, ante la ausencia del respaldo que deberían dar los jefes policiales”.

Entrevista a Marvin Reyes, miembro del MTP, conocido como «Siniestro», el 18 de enero de 2021. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

¿Los policías apoyan al gobierno de Nayib Bukele?

Sí, un porcentaje sí. Pero hay que verlo más allá. Hay muchos policías que se han conformado con el bono, ahora de $200. Pero eso no es todo. Hacen falta muchas cosas más para que ser policía sea un trabajo digno en este país. No es tema solo de dinero. Pero algunos ven eso con buenos ojos y eso ha generado simpatía con el presidente. Aun cuando eso no quita que a la Policía le hace falta y tiene una gran cantidad de falencias.

Bueno, usted apoyó a Nayib Bukele. De hecho, yo lo vi a usted celebrando el triunfo en la ceremonia en el centro de San Salvador el 3 de febrero de 2019. Esa noche, ¿era Marvin Reyes o el MTP apoyando a Nayib Bukele?

En ese contexto, nosotros estábamos actuando ante la petición de los compañeros. Nosotros, cuando se generó la campaña del presidente Bukele, hicimos una encuesta y la expusimos al personal policial, preguntando a quién se debía apoyar. Y debido a los discursos que se manejaban en ese momento de parte del señor Bukele a favor de la Policía, la gente se decantó por él.

Nosotros encuestamos preferencia entre Nayib Bukele y Carlos Calleja [los dos candidatos más fuertes en la campaña presidencial pasada], y los resultados de apoyo fueron noventa a diez, 90% para Bukele y 10% para Calleja. Entonces, nosotros, como representantes del MTP, apoyamos a Bukele. Basados en el sentir de los compañeros policías. Y el personal, por supuesto que motivó a su familia para que apoyaran a Bukele.

En ese momento tuvimos unas grandes expectativas de cómo podía ser una presidencia de alguien nuevo, con un discurso distinto, que nos había escuchado, nos había atendido, cosa que otros ni por cerca.

¿A ustedes los atendió personalmente Nayib Bukele?

Sí, personalmente él. Nos reunimos unas tres veces antes de un evento grande en un hotel capitalino al que él llegó puntual, por cierto. Dio un discurso bastante bueno, la gente se motivó bastante. El problema es que esa situación fue cambiando. Y ya estando él como presidente vimos un alejamiento. El movimiento ya no le interesó. Vimos un desdén de su parte.

Y durante la campaña ellos [ahora gobierno] asumieron y ondearon la bandera de que las propuestas para los policías eran de ellos. Y eso no es cierto, a ellos no les nacieron las propuestas en su cabeza sino que se las dimos nosotros, el MTP. Le entregamos un documento con propuestas por escrito que él mismo firmó de recibido y de compromiso. Todas esas propuestas después las pusieron en el Plan Cuscatlán.

¿Y después del triunfo los siguió atendiendo?

No. Tuvimos contacto con un interlocutor entre él y nosotros. Y gracias a eso tuvimos, al principio, un par de reuniones con el director de la Policía (Mauricio Arriaza Chicas) y con el ministro de Seguridad, Rogelio Rivas. Como unos 15 días después del triunfo de Bukele, algunos representantes del MTP nos reunimos con el ministro para que nos ayudara con los temas disciplinarios. Porque como él nombra a los tribunales disciplinarios de la PNC, y los casos de nosotros son casos políticos. Nosotros, al conformar este movimiento no cometimos faltas disciplinarias, sino que el FMLN los llevó a este nivel y por eso nos destituyeron.

La petición directa que le hicimos al presidente Nayib Bukele fue que revisaran nuestros casos disciplinarios y él, cara a cara, nos dijo que nos entendía. “Esa no es una falta que han cometido, sino que ustedes estaban peleando sus derechos y se les va a limpiar los expedientes”, nos dijo. Pero después vino el alejamiento. Y eso lo vemos mal porque, quiérase o no, el Movimiento impulsó el apoyo a Bukele. Pero una vez se sentó en la Presidencia, se olvidó de nosotros. Porque tenemos el video incluso de donde él dice públicamente “vamos a restituir a aquellos policías que han sido afectados por problemas políticos”. Y yo sigo fuera. Otros dos compañeros fueron restituidos, pero por una medida de la Sala de lo Contencioso Administrativo, no por ayuda de ellos.

De las promesas que el ahora presidente Bukele le hizo al MTP, ¿cuántas ha cumplido hasta hoy?

Una, a medias. Y es el aumento salarial. Son alrededor de doce peticiones las que le hicimos y de todas solo ha cumplido una. (Ver documento).

En esas reuniones que usted menciona con el actual director de la Policía al principio de esta gestión, ¿a qué llegaron?

Nosotros le propusimos al director convertirnos en el filtro entre los trabajadores y las autoridades. Le planteamos que nosotros podemos recoger insumos y quejas de los policías a nivel nacional, porque tenemos referentes en los 14 departamentos, hacerle un resumen mensual y entregarlo para que él le diera trámite a lo que se pudiera, y a lo que no, no. Pero nunca logramos aterrizar esa petición.

Dentro de las peticiones que le hicimos al presidente Bukele está establecer una mesa de negociación entre los jefes policiales y los miembros del movimiento. Esa mesa nunca se estableció. Entonces, al no haber mesa no podíamos estar recogiendo insumos para que después nos dieran una patada en el trasero. Como lo han hecho siempre. Incluso este ministro, Rogelio Rivas, y el presidente. Porque eso es lo que hicieron después de que los apoyamos tanto, hoy nos han dado una patada en el trasero. Así lo podemos definir nosotros. Fue una traición de las más rastreras, como pegarle una puñalada en la espalda a alguien que te ha ayudado. Es una traición rastrera de parte de ellos.

Entonces, como esa situación no se dio, nosotros ya no seguimos en eso (negociaciones). Logramos algunas cosas porque a los miembros del ex GRP que tenían tirados, cuidando letrinas o bartolinas o haciendo libros, logramos que los incorporaran a equipos STO o a la UTEP (unidad élite Jaguares). Porque ellos son equipo capacitado en los que el gobierno ha gastado miles de dólares en hacerlos elementos élite y los tenían tirados cuidando bartolinas. En esas reuniones logramos que los trasladaran de donde estaban a equipos élite nuevamente. Solo unos 20 se han quedado ahí tirados porque están involucrados en casos estos de masacres que han sido muy cuestionados. A ellos no los han movido por esa misma situación. De ahí todos los demás ya están de nuevo en equipos élite. Eso lo logramos nosotros en esas pláticas con el director.

Cuando usted dice que el actual gobierno les dio una patada en el trasero después de haberlo apoyado, ¿a qué tipo de apoyo se refiere?

El apoyo con los votos.

¿Ustedes le ofrecieron votos a Nayib a cambio de que él los apoyara a ustedes también?

Pues sí, que nos apoyara a limpiar nuestros expedientes, a que esos casos disciplinarios los archivaran, es decir, a que nos regresen el trabajo. ¿Pero qué hicieron ellos?

Pero los que tienen casos disciplinarios son pocos. ¿Ustedes hicieron campaña para que ganara Nayib?

No hubo necesidad de hacer mayor cosa. Simplemente orientar a la gente de cómo iba a votar. Y a nuestra familia también. Y, de hecho, el FMLN bloqueó a los policías para que no pudieran votar. El propio día de las votaciones hicieron un parámetro que solo diez policías podían votar por centro de votación. Y eso no puede ser porque el voto es libre. Incluso, algunos policías ofrecieron meter presos a jefes de centro que estaban negando el derecho al voto. Porque eso es delito. En Apopa tuvimos un caso de una señora que estaba impidiendo el voto a los policías. Y los compañeros nos llamaron y nos dijeron “miren, aquí hay una señora que dice que no tenemos derecho a votar”. Bueno, les dije yo, “procedan a la detención”.

En el último año, y en particular a partir del 9F, se ha visto un uso político de la Policía. Y no es que antes no, pero en los últimos meses hemos visto eventos puntuales como interrupciones al trabajo de la Fiscalía cuando investiga a instituciones del gobierno o capturas con exposición particular a políticos de la oposición, además de una postura claramente política del director. ¿Qué opiniones llegan al MTP de parte de los policías con relación a este tema?

Aunque hay muchos policías que apoyan al gobierno del presidente Nayib Bukele, muchos más están en contra de esa utilización política de la institución. Hablo de agentes, cabos y algunos sargentos. Incluso, algunos de ellos han tenido consecuencias por manifestarse en contra de esa utilización.

Aquí lo que hay es una instrumentalización política no de la Policía sino del director de la Policía y de cierto sector de la institución. Por ejemplo, el 9F, marcó el destino de al menos dos jefes policiales importantes por oponerse al uso político de la Policía en ese momento. El subdirector general de ese momento, el comisionado Leonel Osvaldo Rivera Lico. Él no estuvo de acuerdo con eso y por eso lo quitaron. Él llegó al evento y se retiró. Eso es honorable para él. El otro jefe que pagó el precio fue el jefe de la delegación San Salvador Centro, el comisionado Gersan Pérez. Él claramente dijo “yo no voy a eso”. Y lo quitaron. Lo pasaron a un cargo irrelevante. ¿Qué quiere decir esto? Que muchos policías fueron obligados. Muchos fueron por una orden, no podían hacer más. Estaba en juego su comida, su estabilidad laboral. No era poco.

En una entrevista con El Faro, en septiembre de 2016, usted dijo que el Movimiento de los Trabajadores de la Policía (MTP) no debía ser entendido como un movimiento político porque no lo era. Un año después, en 2017 usted se postuló como candidato a diputado por el partido PCN, aunque no ganó. En 2019, usted le dio su apoyo político a Nayib Bukele. ¿Marvin Reyes es ahora un político?

No. Definitivamente no.

Si a mí me preguntara, en términos prácticos, usted sí es un político y busca incidir en políticas públicas que tienen que ver con garantías para los agentes de seguridad del Estado. Es decir, no es malo ser político, lo que pasa es que esa palabra en este país está chuqueada y da miedo llamarse así. Ahora le repito la pregunta, ¿Marvin Reyes es político?

Vamos a establecer un parámetro. Político partidario no soy. Eso es otra cosa. Ente político sí. Porque nosotros generamos aspectos que transforman la realidad y generan cambios en la misma. Y ese es el efecto en la política que nosotros hacemos, la política reivindicativa laboral. En la primera pregunta yo dije que no porque en el entendido político partidario, no. Y si participé en esta contienda del 2018 con el PCN solamente fue por usar el instrumento para poder optar a un espacio en la Asamblea Legislativa, que representara los intereses de la clase trabadora porque actualmente no hay quien represente a los sindicatos ni a los trabajadores en general. Entonces, esa candidatura no era solamente por el movimiento sino en apoyo a otras organizaciones de maestros y de salud.

Pero en ese mundo de las elecciones descubrí muchas cosas que no me iban a dejar llegar. Porque una vez dentro nosotros íbamos a representar, no a un partido, sino a los gremios organizados. Pero lastimosamente no se pudo.

Usted ya probó la política partidaria, fue candidato a diputado y apoyó a Nayib Bukele en su campaña. Le hago una última pregunta, pero se la hago doble: ¿Qué sabor le dejó la política partidaria? Y ¿lo volvería a intentar?

La gente escucha la palabra corrupción, pero no la ha visto por dentro y no me gustó. Para nada. La experiencia que me dejó la participación como candidato a diputado es una experiencia que no voy a volver a vivir. En primer lugar, es un desgaste físico, y como uno no tiene recursos, hace campaña artesanal, con las uñas. Y como uno habla con la verdad, no le creen. O sea que aquí a la gente le gusta que le mientan. Basado en esta experiencia personal, he podido comprobar que aquí las candidaturas son una farsa.

Si en 2018 usted ya sabía que las campañas aquí son una farsa, una mentira. ¿Por qué apoyó a Nayib Bukele en 2019?

No. No pensé eso. Le dimos el beneficio de la duda, pero tampoco le dimos un cheque en blanco. Por eso nos mantenemos críticos siempre, aún a costa de que nos sigan reprimiendo. Hoy tenemos más enemigos que antes, y quienes están criticándonos ahora ya no es solo el gobierno sino todos los que adoran a Nayib, incluso los mismos compañeros. Hay una especie de adormecimiento, una especie de velo cegador que la gente cree que estamos en el país de las maravillas, y eso no es cierto. El discurso de odio se ha apoderado de la gente. Pero eso yo he estado ahí, y lo conozco. Los que ahora andan vociferando que no van a agarrar su salario y que prometen todo por llegar a la Asamblea… mentira. Cuando lleguen van a hacer exactamente lo mismo que están haciendo los políticos de hoy.

Ahora hasta familiares míos son enemigos. Ahí andan diciendo “mi presi” y no sé qué. Pero uno no puede andar endiosando a nadie. Sí dimos el apoyo, basados en las estadísticas de los compañeros. Se han logrado algunas cosas como los bonos. No es lo que nosotros queríamos, pero ya va llegando. Pero no hemos endiosado a nadie. Los políticos son nuestros empleados y debemos exigirles que trabajen, no al revés.

Los zapatos de Marvin Reyes,  durante la entrevista con Factum el 18 de enero de 2021. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

De una forma u otra, entre el 2015 que ustedes hicieron aquellas grandes manifestaciones y el 2021, algunas cosas han cambiado para los policías. Incluso ha habido mejoras en algunas cosas como entregas de uniformes, equipo para trabajar, aumento en los bonos… pasado todo eso, ¿sigue teniendo sentido la existencia de este movimiento?

Sí, por supuesto. El Movimiento de los Trabajadores de la Policía (MTP) se ha convertido en un ícono para todos los miembros de la institución a nivel nacional. Esto porque la organización se ha colocado en una posición de convertirse en la voz de los policías a través de los diferentes medios de difusión que tiene, ya sea en Facebook o Twitter, haciendo denuncias o críticas, y también presentando propuestas a diferentes instituciones del Estado, como la Asamblea Legislativa, la Presidencia de la República o incluso denuncias formales ante la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

Entonces, el movimiento tiene una razón fundamental de existir porque representa aquellos anhelos de los miembros de la institución policial por ser escuchados, atendidos, ante la ausencia del respaldo que deberían dar los jefes policiales. Jefes que no los respaldan, no los acuerpan. No abocan por ellos. De hecho, en 29 años que tiene la PNC de existencia, nunca un jefe ha presentado una propuesta en pro del personal policial ante las instancias gubernamentales o legislativas.

En 2015 y 2016 el MTP tenía peticiones específicas relacionadas con aumentos salariales y mejoras de las condiciones laborales, mejores patrullas, munición nueva, etcétera. ¿Cuáles son las peticiones que tiene el Movimiento ahora?

Básicamente las peticiones que nosotros planteamos son las mismas. Porque la Policía Nacional Civil no ha cambiado absolutamente nada. Sigue siendo igual. Los mandos siguen siendo los mismos, los maltratos siguen siendo los mismos, el policía sigue durmiendo en el suelo en muchas unidades, a pesar de que se están construyendo algunas dependencias policiales con, digamos, un nivel mucho mejor que los anteriores. Pero un 90% está todavía en condiciones deplorables.

Por ejemplo, uniformes nuevos no le han dado a todo el personal, y en cuanto al salario, sí se ha mejorado con los bonos que están dando, que el año pasado eran de $100 y este año serán de $200. Esos $200 abonan a la economía del policía, pero no le sirven para, por ejemplo, su fondo de pensiones, para adquirir créditos para obtener casas en lugares aceptables o préstamos personales. Los bancos no le prestan más a uno por recibir esos bonos. Esos bonos no nos dan estabilidad real porque los bonos en cualquier momento nos lo pueden quitar. Si pasaran esos $200 al salario, nosotros estaríamos satisfechos porque sabríamos que la mejora salarial ha llegado por fin.

En 2016, usted le dio una entrevista a El Faro. En esa entrevista usted dijo que si el gobierno les daba un “bono basura” no lo aceptarían. Y dijo que usted llamaba bono “basura” a un bono de $150. Resulta que les dieron un bono de menos que eso, un bono de $100. O sea, menos que basura. ¿Por qué lo aceptaron entonces?

En aquel momento nosotros estábamos exigiendo bonos trimestrales. Inicialmente nos dieron $150 cada tres meses. Lo aceptamos. Luego nosotros estuvimos presionando para que se aumentara y se incluyera al personal administrativo. Y se fue incrementando gradualmente. Luego lo subieron a $200, luego a $300. Luego a $400. Había una petición de subirlo a $500, pero ya no alcanzaron los votos en la Asamblea para subirlo a $500. Y se incluyó al personal administrativo con $150 cada tres meses.

Explíqueme eso de los bonos. Aparte del salario, ¿cuántos bonos tiene un policía actualmente?

Un policía en sus primeros cuatro años gana $424.77. Con los descuentos le caen líquidos cerca de $380. Recibe $100 mensuales de alimentación. Eso se llama régimen de alimentación. Para ganarse ese régimen tiene que ganar 12 horas diarias. Después de 4 años ese régimen de alimentación aumenta a $130. Y aparte de eso recibe el bono de $100 que da el gobierno. En total, un policía que tiene cinco años de ser agente, digamos, recibe $600 dólares líquidos, aproximadamente. A eso sumémosles $400 cada tres meses de otro bono.

Nosotros hemos hecho un análisis sobre los ingresos de los policías, y el problema es que el policía invierte el 30% de lo que recibe en su trabajo: en comida, agua, pasaje, gasolina e incluso en munición. Porque al policía se le acaban las balas y tiene que comprar de su bolsa.

Entonces, todo eso que le cae no es real porque de cada cien dólares que le cae tiene que invertir en comida y otros gastos. Y peor cuando los dejan con turnos largos, como para la pandemia, que no podían ir a su casa a comer y estar, sino que tenían que estar en la base policial y comprar todos sus tiempos de comida.

Sé que algunas ya son conocidas, pero quiero que me resuma qué consecuencias ha traído para ustedes ser parte de este movimiento.

Desde que este movimiento nació, el 28 de abril del 2015, abrimos las puertas del infierno. Claramente. Se nos dejaron venir los demonios completos. Estuvimos en la primera línea para recibir esas llamaradas porque pusimos una cuota de sacrificio para hacer valer el Movimiento de los Trabajadores de la Policía. Si desde el primer día que nosotros dimos la primera conferencia, el director de la Policía nos desconoció. Dijo “ellos no son policías”. Desde ese momento nosotros supimos lo que se nos venía encima.

A medida fuimos avanzando el aparato opresor empezó a actuar. Procesos disciplinarios, traslados arbitrarios, persecución, seguimiento y vigilancia. Hasta que culminaron con la destitución de tres miembros líderes del Movimiento, incluyéndome a mí. Una represión total hacia todo aquel que profesara ser miembro del movimiento. Esto fue en 2016, después de la marcha que se hizo hasta los portones de Casa Presidencial.

Usted ya no es policía. Pero de algo debe vivir. ¿El Movimiento le paga un salario?

No. No recibo ni un centavo por ser representante del Movimiento. Yo trabajo en instalaciones de equipo de seguridad, de videovigilancia. Y también me sostengo de los servicios de seguridad privada que brindamos a establecimientos como discotecas, restaurantes, bares…

¿O sea que usted trabaja de vigilante?

Así es. De eso estoy subsistiendo. Porque eso no es un salario. Solo me sirve para sobrevivir.

Después de ser policía…

Exactamente. Si todo esto me ha traído consecuencias. Yo perdí mi hogar, perdí mi casa, perdí mi trabajo, me quitaron todo. Pero esa condición la acepto con humildad y los compañeros lo saben. Saben el sacrificio que hicimos. A mí me toca vivir… vivo yo solo con mi hijo. Es una situación bien complicada. Pero eso no me quita el sueño porque nuestra lucha es por honor.

Si comparamos al MTP de 2015-2016 con el de ahora… parece ser un movimiento más pasivo, diría yo…

Más estratégico diría yo.

¿Por qué?

Porque hoy las batallas se libran de forma diferente.

¿De qué forma? ¿De forma más política?

Más técnica.

¿Cómo es eso?

Nosotros ahora no podemos salir a las calles a hacer manifestaciones. Esa efervescencia en los policías ya no existe. Ahora nosotros las batallas las libramos de manera más estratégica, enfocándonos, a través de las redes sociales, en aquellos aspectos que están afectando la dignidad de los trabajadores de la Policía. De hecho, ahora tenemos un respaldo a nivel internacional de una organización de Policías que es la Unión Interamericana de Derechos Humanos para Trabajadores de Fuerzas de Seguridad (De esta organización, en internet, solo existe una página de Facebook) que está conformada por policías de Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia. De hecho, el representante de Colombia es el representante legal de esta organización. Ellos han generado postura, han mandado videos de respaldo ante situaciones que hemos sufrido.

La estrategia de hoy es diferente, pero no deja de ser presión. Porque hay muchos aspectos que no se están atendiendo. Los policías ahorita tienen un desgaste emocional tremendo. Se están suicidando los policías…

Entrevista a Marvin Reyes, conocido como «Siniestro», el 18 de enero de 2021. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Antes las batallas las libraban en las calles, con marchas y protestas. Ahora en redes sociales. Mi pregunta es: ¿eso es más efectivo?

Digamos que es un poco más efectivo. La historia va cambiando, va hacia adelante. Las batallas ahora se están librando en las redes sociales. Y estas batallas se extrapolan a la vida real. Por ejemplo, nosotros expusimos una denuncia pública de sujetos de pandillas que estaban acechando a la población en la zona de la Guayacán, en Soyapango, y tuvo efecto. La Policía los capturó. Hemos denunciado a varios jefes por actos de discriminación, insultos o humillaciones al personal y los han trasladado tras nuestra denuncia. Es decir, nuestras denuncias en redes sociales han tenido efecto en la vida real. Porque la exposición pública de estas situaciones genera incomodidad en las autoridades, perciben que su administración se ve mal por cosas que no están haciendo bien.

Sin embargo, ustedes siguen siendo un instrumento informal. Es decir, ustedes no generan reportes o documentos sobre denuncias o peticiones. Publican en Twitter o en Facebook y esperan un resultado.

En un inicio de esta administración fuimos a reuniones al Castillo (sede central de la Policía) a hablar con el director… el problema es que como ellos son inmaduros políticamente. Me refiero al director de la Policía (Mauricio Arriaza Chicas) y al ministro de Seguridad (Rogelio Rivas). Por esa inmadurez no alcanzan a entender que nosotros como organización estamos cumpliendo un rol, no somos enemigos de ellos, ni estamos en contra del gobierno, sino que estamos cumpliendo un rol de defensa de los derechos de los policías. Y cuando nosotros empezamos a criticar, ellos empezaron a mentir públicamente. Empezaron a decir que estaban entregando uniformes, botas, que estaban mejorando las condiciones de la Policía cuando eso no era cierto.

Los mismos compañeros nos pidieron desmentirlos públicamente. Nosotros emplazamos al ministro de Seguridad. ¿Qué es lo que pasó? Vino el divorcio entre las autoridades de la Policía y el Movimiento. Se levantó un muro. Nosotros íbamos con todas las intenciones de mejorar la relación entre trabajadores y jefes policiales para llegar a acuerdos de manera armónica. Pero a ellos no les gustó y mejor salieron a mentir. El ministro salió a decir que yo le había pedido una plaza y que como no me la había dado, por eso lo criticábamos.

Pero, a ver, es innegable que el gobierno ha dado insumos a los policías. En eventos públicos se han entregado cerca de 14,000 uniformes, han mejorado el bono de $100 a $200, han entregado al menos 43 patrullas nuevas. No es una renovación completa, pero algo ha dado… ¿Qué mejoras reales ha tenido la Policía con el gobierno de Nayib Bukele?

En infraestructura, algunas. Se han hecho algunos puestos policiales. Probablemente el 10%. De ahí, en lo general, se mantiene todo igual. El policía sigue comprando sus balas. Compran la caja de tiros entre varios y se las reparten. Siguen comprando las botas porque las botas que ha dado este gobierno son de las mismas botas basura que daba el FMLN. Bota colombiana que a los cuatro meses se les cae la suela. No son botas ni uniformes de primer mundo, como han salido a decir. Es mentira.

En las fotos salen unos uniformes que, al menos en apariencia, se ven muy profesionales…

Sí, pero esos solo se los han dado a los miembros de la Policía Rural. Solo a ellos les han dado los uniformes tipo negro selva. Eso no es para todos los policías. Pero en general, el trato interno al policía solo ha empeorado…

¿Por qué ha empeorado?

En la administración anterior, cuando estaba (Howard) Cotto, había cierta altanería de los jefes hacia los subalternos. Pero ahora es peor. Hoy los jefes policiales, incluso mandos medios, se han vuelto tiranos completamente con el personal. Hasta los mandos medios se han vuelto déspotas. No sabemos cuál es el tipo de degeneración que les ha ocurrido. Cuando hablo de malos tratos son ofensas, discriminación a personal femenino, a personal con discapacidades. Y cuando los subalternos protestan, les ofrecen la calle.

Y es que, en la Policía, aunque sea una institución jerárquica, el agente debe tener algún nivel de criterio propio. No se trata de una obediencia a ciegas. Esa obediencia solamente la deben tener los esclavos, y la esclavitud ya terminó hace cientos de años. Aceptar una orden sobre tareas de seguridad pública que se van a realizar no tiene discusión. Esas debemos aceptarlas. Pero a veces los jefes le ordenan al policía, por ejemplo, ir a hacerle mandados en un carro patrulla, le ordenan aceptar jornadas de más de 24 horas… y claro, el policía le va a cuestionar al jefe. Entonces lo trasladan desde San Salvador hasta La Unión. Lejos.

En una entrevista que le hizo la UCA en el año 2018, usted aseguraba que la Policía estaba dañada psicológicamente. Claro, para entonces los policías venían saliendo de la crisis del 2015-2016 que fueron años terribles, traumáticos para cualquiera y peor para la Policía por el nivel de violencia homicida que vivió el país y en particular los ataques a ellos y a sus familias. Yo sé que usted no es psicólogo, pero ¿cómo diría que están los policías mentalmente en la actualidad?

Hay un término que los estudiosos del campo psicosocial usan, que es el “Estrés Policial”, que es el resultado de la afectación del mismo trabajo del policía hacia la persona que desarrolla dichas tareas. El policía salvadoreño en este momento tiene un desgaste anímico tremendo. Sobre todo incrementado por la pandemia. Aunque ese desgaste ya venía.

Nosotros hicimos esa crítica en los primero 100 días del gobierno de Bukele, que el policía estaba trabajando entre 14 y 16 horas diarias. Y eso no ha mermado. Eso sigue. ¿Qué provoca esta exigencia de trabajo? Un desgaste físico y anímico. Y esto da como resultado un síndrome llamado “bornout”, que es la sensación de sentirse quemado en el trabajo, un efecto de pensar “lo que yo hago no tiene sentido”. Por eso usted ve a un montón de policías desanimados, con las manos en las bolsas, caminando. Porque para ellos el uniforme ya no significa nada. Ya están hartos. Y están ahí porque no se pueden salir, porque no hay otro trabajo donde lo estén esperando para pagarle lo que les pagan ahí que, aunque sea poco, pero ahí está fijo.

Hay una buena cantidad de policías que están quemados, que ya no sienten que la función policial es importante. Pero eso no lo ha visto la administración actual. Ni le interesa.

Dentro de la Policía hay una división que se llama “Bienestar Policial” que debería encargarse de eso…

Esa división más bien debería llamarse “Malestar Policial”. Esta unidad no procura el bienestar dentro del personal. En 20 años que estuve yo en la corporación policial no recibí absolutamente ningún beneficio de Bienestar Policial. Ellos no promueven absolutamente nada para que el personal esté mejor. Es simplemente para llenar un requisito. Hay un área de bienestar ocupacional con 32 psicólogos a nivel nacional para atender a 26,000 policías.

Los policías están acumulando ese gran desgaste. Asesinatos de policías, presión del trabajo, deudas, malos tratos, pandemia… Eso ha generado dos o tres efectos: aparecimiento de enfermedades degenerativas o crónicas como depresión, hipertensión, deficiencia renal, diabetes, sordera, esquizofrenia, ceguera, paranoia… Dos: las adicciones. Hay un consumo de alcohol bastante alto entre los agentes. Ese es un problema grave. Y el tercer efecto son los suicidios. Solo entre diciembre de 2020 y lo que va de enero de este año se han suicidado diez policías. Muchos policías han caído en una situación tal que no encuentran más solución que quitarse la vida. Y, si usted se fija, los suicidios de policías tienen dos patrones similares: consumo de alcohol y discusión con la pareja. La discusión con la pareja comúnmente es porque no le dedica tiempo.

¿Qué se puede hacer para liberar a los policías de esa presión que se va acumulando?

Es tiempo de que la Policía revise esos roles esclavistas que tiene. No se puede tener a un trabajador sometido a un acuartelamiento forzoso bajo las condiciones que están los policías. El policía pasa seis o siete días metido en la base policial, y en algunos de esos días solo duerme dos o tres horas diarias. Eso viene a ocasionar desintegración familiar, violencia intrafamiliar. Suicidios. Por eso los policías se están matando.

 

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