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Cirilo no quiere amnistía

El foro de víctimas de la guerra reunió a más de doscientas personas el 21 de mayo de 2019. La población afectada por el conflicto armado de los años ochenta en El Salvador reitera su pedido de justicia y que los diputados de la Asamblea Legislativa no aprueben ninguna ley que signifique impunidad para los criminales.

Foto FACTUM/Gerson Nájera


Cirilo Castro quiere encontrar a sus ochenta años un consuelo que se le escapa desde que le mataron a sus tres hijos en la guerra de El Salvador. No tiene memoria de la fecha exacta en que ocurrió la tragedia de su familia cuando vivían en el municipio de Sesori, en San Miguel. Aunque Cirilo, con la piel zanjada por las arrugas, tiene imborrables los nombres de sus difuntos: “El primer cipote de doce años, Cornelio Funes Castro; de allí fue Santillo (por Santos) Funes Castro; y el mayor, que era el primero de la familia, le había puesto el nombre mío: Cirilo Funes Castro. Así se llamaban”.

De repente, sube el volumen de su voz: “Yo no sé dónde quedaron; lo que sí sé es que murieron”. Dice que los recuerda todos los días.

Cirilo llegó al foro de víctimas de la guerra el pasado martes 21 de mayo en el auditorio del Hospital La Divina Providencia, en San Salvador. Quería compartir su historia con otras víctimas. Aunque viva en medio de una comunidad, Cirilo dice que se siente solo.

“Yo no busco hacer venganza, lo que necesito es vivir en paz, con dignidad. Yo voy a perdonar a aquel que los asesinó, los voy a perdonar ante Dios, ante el ser supremo. Quiero que haya una ley con justicia”, dijo Cirilo frente a una cámara de video en el jardín del hospitalito fundado para atender a los pacientes con cáncer que son desahuciados por el sistema de salud salvadoreño, donde vivió Monseñor Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980. Los pacientes, allí, mueren con dignidad. Cirilo no ha encontrado una justicia que lo dignifique todavía.

En el foro, los afectados por la guerra validaron una propuesta de ley especial de reparación integral y acceso a la justicia para víctimas, que trabajaron durante dos años junto a las organizaciones de la mesa contra la impunidad, en la que destacaron dos grandes ejes: que sus derechos humanos sean reconocidos y que sean liberados los archivos de la Fuerza Armada de El Salvador para que los asesinatos de sus familiares no queden en la impunidad. Quieren justicia y una disculpa pública por parte de los militares.

La propuesta de ley fue presentada a los diputados de la comisión ad hoc de la Asamblea Legislativa que discuten un segundo proyecto de ley, que, a juicio de las organizaciones de la sociedad civil, pretende proteger a los políticos, militares y guerrilleros que cometieron violaciones a los derechos humanos en la década de los ochenta.

Cirilo no quiere que la ley que tienen en sus manos los diputados sea aprobada, porque necesita conocer quiénes mataron a Cornelio, a Santillo y a Cirilo. “Por eso estoy aquí… sufrí las consecuencias de la guerra, los doce años del conflicto armado”, dijo en el foro. Cirilo llevaba un sombrero de mimbre, una prenda tradicional de los campesinos salvadoreños. Cada vez que iba a hablar de su historia, se quitaba su sombrero.

El exprocurador de Derechos Humanos David Morales, vocero de la mesa contra la impunidad, sostiene que el pacto político para aprobar la ley con tanta prisa busca proteger a los militares que perpetraron masacres y crímenes durante la guerra.

Cirilo no estaba solo ese día del foro. Los ecos de las solicitudes de justicia fueron recurrentes en el auditorio del hospitalito La Divina Providencia.

“Lo que queremos es que no se olviden de nosotros. Que haya justicia”, dijo Alejandra Pérez, de setenta y seis años. El yerno de ella fue asesinado en el caserío Paso Fuente, de La Unión, en 1981. Santos Guevara, de cuarenta y un años, quien perdió a su padre en la masacre de El Mozote y sitios aledaños en diciembre de 1981, considera que la ley que promueven los diputados afectará a las víctimas porque otorga poco tiempo, cinco meses según la información filtrada desde la comisión legislativa, para la investigación de los casos.

“Bueno, compañeros, tengan muy buenos días. Esta es la voz de la justicia, de los sin voz, me alegro que nos hayamos reunido porque yo he perdido tres hijos en la guerra y ahora que tengo la necesidad de que la edad ya me avanzó, ya no me puedo mantener yo solo, por eso estoy aquí acompañándolos, porque sufrí las consecuencias de la guerra”, fueron las últimas palabras de Cirilo en el foro, ante unas doscientas personas que, como él, buscan justicia en El Salvador.

El auditorio le aplaudió.

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