Summer Harlow es una periodista y académica cuya trayectoria se ha centrado en el estudio del periodismo alternativo, el activismo y el uso de tecnologías digitales en contextos de represión. Como Directora Asociada del Centro Knight para el Periodismo en las Américas, Harlow ha liderado esfuerzos para capacitar a miles de periodistas en seguridad digital y resiliencia ante el retroceso democrático. Autora de la investigación “Noticias nativas digitales y la reconstrucción del periodismo convencional y alternativo en América Latina (publicado en 2023)”, Summer analiza cómo los medios digitales están redefiniendo el periodismo en la región, especialmente, en países como El Salvador, donde Harlow ha residido y al cual ha dedicado muchos de sus estudios, como por ejemplo en “Tecnología de Liberación en El Salvador (2017)”, investigación en la cual ya anticipaba el papel de las redes sociales en la movilización social salvadoreña.
Recientemente, junto al Centro Night para el Periodismo en las Américas, Summer publicó un capítulo sobre El Salvador en “Los Mundos del Periodismo: seguridad, autonomía profesional y resiliencia entre los periodistas de América Latina”, un e-book que emerge como uno de los estudios más exhaustivos realizados hasta la fecha acerca de las condiciones de vida y trabajo de quienes ejercen la profesión de periodistas en Latinoamérica. La investigación está basada en una muestra de más de 4 mil profesionales en once países. Este documento no solo ofrece una radiografía estadística, sino que documenta la metamorfosis de los riesgos que enfrentan los comunicadores, especialmente en El Salvador, donde el entorno ha transitado de la violencia criminal de las pandillas a una persecución institucionalizada de parte del aparato estatal. El enfoque de Summer en el estudio de los “Mundos del Periodismo” combina el rigor estadístico con una comprensión profunda de las realidades humanas que subyacen a las cifras, lo que la convierte en una de las voces más autorizadas para hablar sobre la crisis actual en Centroamérica.
¿Cuáles fueron las motivaciones que estuvieron detrás de la investigación “Los Mundos del Periodismo” y cuáles son los hallazgos más importantes que podemos encontrar en ella?
Sí, gracias. Este libro es un e-book gratuito. Se puede bajar del sitio web del Centro Night para el Periodismo en las Américas. Es una publicación del Centro Knight, pero también cuenta con el apoyo del Departamento de Periodismo y Media Management en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Miami; y también del Centro para el Cambio Global, Periodismo y Medios de Comunicación de la Universidad de Texas, que es donde estoy yo y también donde está el Centro Knight. Este libro está disponible en tres lenguas: inglés, español y portugués. Está basado en los hallazgos de un estudio mundial que se llama “World of Journalism Study” o “Mundos de Periodismo”. Es la tercera vez que hemos hecho este estudio. Es un estudio mundial, de más de 120 países y esta es la primera vez, creo, que El Salvador es parte de este estudio. También para Costa Rica. En el libro se encuentran capítulos de estos dos países. En total son once países de América Latina los que están incluidos. Es una encuesta que el World of Journalism Study hace con periodistas en todo el mundo. En el caso de América Latina, incluye las encuestas con más de 4 mil periodistas de once países. Y hay algunos hallazgos que puedo destacar, como la resiliencia de los periodistas. Es bien importante su compromiso con los valores de periodismo democrático. También hay una precariedad laboral dentro de la mayoría de los países. Casi el cincuenta por ciento de los periodistas no tienen un contrato a tiempo completo. Hay desigualdades de género, pero al mismo tiempo hay altos niveles de educación formal, que es algo muy importante. Hay maltrato frecuente, en la mayoría de los países. También hay problemas con salud mental y la salud emocional está en riesgo. Más dle 50 por ciento de los periodistas, regionalmente, están preocupados por la atención emocional, especialmente en Brasil, Perú y El Salvador. Hay un alto grado de censura. Hay riesgos y amenazas, pero a pesar de todo, lo que más me impresiona es el fuerte compromiso con la democracia y la autonomía profesional que los periodistas dicen tener.
Tú tienes una conexión bastante cercana con el periodismo en El Salvador, ¿verdad?
Sí, es la verdad. He estado estudiando, investigando y viviendo en El Salvador por muchos años. Ya no vivo allá, pero todavía estoy siguiendo, estudiando, investigando al periodismo y los medios de comunicación en El Salvador. Hice mi doctorado sobre periodismo, medios alternativos y tecnologías en El Salvador.
Dentro de los hallazgos principales de la investigación que han publicado se menciona que las amenazas de las pandillas contra periodistas en El Salvador han caído al 11%, mientras que el acoso estatal ha escalado drásticamente. ¿Cómo consideras que debería cambiar la estrategia de seguridad de un periodista cuando el agresor no es un grupo criminal que está al margen de la ley, sino más bien es la institución que, en teoría, debería protegerlo?
Este es un problema grande y es algo que ahora en los Estados Unidos estamos tratando de averiguar: ¿qué hacemos, como periodistas, ahora, cuando las amenazas y los riesgos vienen del gobierno, vienen de la policía o vienen de las autoridades? En un nivel, eso significa cambiar de rutinas o cambiar las prácticas, capacitaciones de seguridad. Este tipo de información no cuenta en la misma manera que antes, porque, realmente ,si no tienes que… no sé, esconderte en la calle para protegerte como antes (si es una pandilla o no sé, un criminal), es diferente si la amenaza está viniendo desde las autoridades. Yo creo que en cosas como la seguridad digital, eso sí importa más ahora, porque realmente las amenazas están en un nivel más alto. Entonces, es más difícil saber cómo se pueden proteger de una amenaza que, aunque sí tiene autor, no es bien obvio. Porque las amenazas ahora o los ataques contra los periodistas están como en un discurso de odio. Y el problema es que este tipo de discurso tiene consecuencias muy reales. Los periodistas están siendo atacados, tal vez, en las calles, porque la gente, el público, no tiene confianza en ellos debido al discurso de odio que viene de las autoridades. Eso implica que la gente que quiere apoyar al periodismo libre e independiente tiene que pensar más en cosas de seguridad digital, en cosas como apoyo mutual, para tratar de contrarrestar las amenazas que vienen de las autoridades. También eso implica que hay mucho trabajo para los legisladores y gente que tiene poder. Ellos necesitan reconocer que tienen la responsabilidad de apoyar a la democracia. Los periodistas no pueden hacer todo. Ellos son periodistas, están informando al público. Pero las autoridades tienen que reaccionar y crear cambios para asegurar que el trabajo que hacen los periodistas está siendo protegido.
Hablemos un poco acerca del rol del periodista. Existe una tensión entre el profesionalismo periodístico y el auge del autoritarismo que está ocurriendo en muchos países del mundo. En el caso de El Salvador, es un hecho que el gobierno de Nayib Bukele ha cooptado los poderes del Estado y gobierna sin que ninguna institución de contraloría ejerza vigilancia o fiscalice a su gobierno. Gran parte de esa función ha sido asumida por organizaciones no gubernamentales y por el periodismo salvadoreño. Sin embargo, hay sectores de la población que apoyan a Bukele cuando este ataca implícita o directamente a la prensa, a través de sus discursos. Muchos se suman a estos ataques y lo hacen a través de las redes sociales. Estas personas consideran que los periodistas deberían redefinir su rol: no ser un “perro guardián” y mutar hacia un rol de “leal facilitador”, para así generar condiciones de mayor gobernabilidad. Me gustaría preguntarte cómo analizas esta situación y qué repercusiones podría tendría para El Salvador si el periodismo abandonara la vocación de fiscalización del poder.
Bueno, yo creo que la fiscalización del poder es la cosa más importante que hacen los periodistas. Si ellos abandonan este rol, va a significar que la democracia ya no puede funcionar, porque el periodismo independiente es fundamental para una democracia. Infelizmente, si las autoridades, si la gente, no creen en el rol del periodista, eso crea más problemas… para los periodistas, obviamente, pero realmente es una lástima para la democracia. Los periodistas deben tratar de de guardar o de abrazar su rol… no solamente de fiscalizar al poder, pero también de apoyar a la democracia. Felizmente, los resultados de la encuesta que hicimos en El Salvador muestra que, para los periodistas, este rol es bien importante. Y es más importante que el rol de “leal facilitador”. Y eso es algo que me da esperanza, porque significa que, a pesar de todas las amenazas, a pesar de los riesgos, todavía los periodistas creen que su rol de apoyar a la democracia es su razón para existir y eso es muy importante. Sin embargo, también es un reto, porque apoyar a las democracias implica un tipo de activismo y he hablado un montón con periodistas, incluso de Revista Factum, pero también de otros medios, sobre la idea de qué significa el activismo para un periodista. Y ahora es el tiempo para apoyar a la democracia, para apoyar a la libertad de expresión, para apoyar a la gente que está tratando de enfrentar al autoritarismo. Algunas veces ese es un tipo de rol para el que los periodistas tienen un poquito de miedo. Temen que el público va a creer que es un periodismo militante, un periodismo activista y que no se es periodista. Pero para que el periodismo y la democracia puedan sobrevivir, implica que los periodistas tienen que ser activistas para su profesión; y no solamente para la profesión, pero también para el derecho de la libertad de expresión y la libertad de la prensa. Ese es un rol un poquito diferente. Es una mezcla entre un rol de activista, pero también un rol de “perro guardián” y vigilancia; y significa apoyar a la democracia, porque los periodistas ahora tienen una responsabilidad más grande que nunca. Ahora su rol no solamente es informar. También es el de apoyar a la democracia. Y eso implica, algunas veces, que los periodistas tienen que tomar una postura. No pueden solamente vigilar al poder; tienen que condenar lo que hacen los poderes para mostrar al mundo la realidad de lo que está pasando.
Este me parece que es un tema bien interesante porque coincido contigo: el periodista puede expandir sus roles, no únicamente el rol que realiza a través de su ejercicio periodístico. Vemos en el caso, por ejemplo, de periodistas que se agrupan a través de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) o a nivel de México y Centroamérica con Artículo 19, por ejemplo, que son organizaciones en las cuales se realiza ese rol del que estás hablando: el de luchar por la defensa de los derechos humanos. Pero en el caso particular de lo que nos atañe a los periodistas, la defensa de la libertad de prensa y de expresión. No son cosas que estén peleadas con el ejercicio periodístico, ¿verdad?
Sí, pero es fundamental. Es algo que necesitan hacer también cuando las autoridades y los autoritarios están haciendo propaganda. Los periodistas no tienen otra opción: tienen que luchar contra eso. Y la manera de luchar no solamente es reportar e informar; tienen que tomar una postura.
Tras la aprobación de la ley de agentes extranjeros en El Salvador, hemos visto el exilio masivo de periodistas, incluso de organizaciones como la APES. Hay periodistas de distintos perfiles y procedentes de distintos medios de comunicación que han decidido, por seguridad, por tranquilidad, salirse del país e irse al exilio. ¿Debemos asumir el fin del periodismo independiente operado desde el interior de El Salvador o aún ves oportunidades para que se pueda ejercer, a pesar de las condiciones actuales?
Es una pregunta complicada, realmente. Si vemos lo que ha pasado en Nicaragua, donde ahora no hay ningún medio independiente que se queda en el país… Todos los periodistas independientes están afuera. Muchos en Costa Rica, Guatemala y otros países. Y lo mismo está pasando ahora con El Salvador. No me acuerdo en qué mes, pero hace tres o cuatro meses, yo estaba en Costa Rica hablando con los periodistas exiliados de El Salvador y de Nicaragua. Y también hace un año estaba haciendo la misma cosa. Y es interesante porque para ellos la razón por la que salió la mayoría no es que querían salvar la vida –aunque sí, es parte de eso–, pero realmente es porque se dieron cuenta de la importancia de seguir trabajando como periodistas. La mayoría trabajando como, no sé, conductores de Uber o algo así, aunque sí lo hacen porque necesitan dinero. Pero la razón para salir, al final, es porque querían seguir informando al público sobre lo que está pasando en sus países. La gente de Nicaragua, por ejemplo, me dijo que podrían quedarse en Nicaragua y vivir con sus familias, vivir en las comunidades que conocen y hacer otra cosa… No tienen que trabajar como periodistas. Se pueden quedar si no trabajan como periodistas, pero al final se dieron cuenta que no… que su rol, su responsabilidad, es seguir trabajando como periodistas independientes. Y la única manera de hacerlo es salir del país. Entonces, creo que los periodistas exiliados tienen un montón de coraje porque conocen que sin ellos, sin la información que están aportando, la gente no va a estar informada; la gente no va a entender lo que está pasando en sus países. Los periodistas independientes –si están afuera o dentro del país– son como la última línea entre el autoritarismo y la democracia. Están defendiendo esta línea y algunas veces solamente pueden hacerlo desde afuera, especialmente afuera de Nicaragua o de El Salvador, cuando las autoridades están tratando de callar el periodismo independiente. Realmente, en El Salvador, como sabes, el periodismo independiente es ilegal. Entonces, hacer periodismo ahora es un acto de coraje.
Después del caso de Diego Rosales, un periodista salvadoreño que estaba solicitando asilo en España y que fue detenido luego de una petición a Interpol que hizo el gobierno de El Salvador, se marca un precedente bastante preocupante para los periodistas salvadoreños exiliados. A las dificultades que se tiene para realizar periodismo desde El Salvador se le suma una preocupación más: que a través de Interpol, el Gobierno de El Salvador puede solicitar la detención de periodistas más allá de sus fronteras. ¿Cómo deben adaptarse las redes de apoyo internacional ante esta situación, ante un estado que ha decidido perseguir periodistas más allá de sus fronteras? ¿Cómo interpretas, además, las declaraciones recientes que dio Nayib Bukele, quien comentó que, para él, autodenominarse periodista es un nuevo fuero, algo que los protege?
Bueno, creo que otra responsabilidad que tienen los periodistas independientes es informar a otros países la realidad de El Salvador, porque muchas veces, desde otros países, van a creerle al presidente, ¿no? Porque él está en control. Él dice “esta cosa pasa y esta persona es criminal”, o lo que sea, y muchas veces los otros países no entienden la realidad del país. Entonces depende de los periodistas. Ellos tienen la necesidad de informar al mundo lo que está pasando en su país. Y también, más que nada, los periodistas no pueden hacerlo solos. Ellos son periodistas, no tienen el poder que tiene un país, una organización como la UNESCO o una red de apoyo mutual. Este tipo de organizaciones necesita trabajar con los periodistas para que el mundo entienda lo que está pasando en El Salvador. Yo creo que es la hora para tener un tipo de, no sé, un acuerdo entre países que expliquen que, a pesar de lo que diga un presidente, Bukele, Trump o quien sea, vamos a proteger a los periodistas que están haciendo sus trabajos. Porque, realmente, lo que está haciendo Bukele es lo que hemos visto en Nicaragua, en Venezuela; y es lo que estamos viendo ahora en los Estados Unidos. Es como que hay un libro de autoritarismo que siguen estas personas para atacar a los periodistas. Si ellos pueden atacar a los periodistas y convencer al público que los periodistas están mintiendo, entonces, es aún más difícil para la gente de otros países proteger a los periodistas. En este mundo de autoritarismo se ha creado una realidad diferente y que no es la realidad. Pero sin los periodistas, ¿cómo vamos a entender que no lo es? Ellos están creando un mundo fingido, más o menos. Entonces, no sé qué va a pasar. Obviamente, nadie sabe eso, pero me gustaría ver un esfuerzo más grande o mayor por parte de las organizaciones internacionales para tratar de proteger a los periodistas. Yo sé que varios países, como Costa Rica, han tratado de crear reglas que ayuden a los periodistas exiliados, pero ya no funcionan o son insuficientes. Entonces, cuando los periodistas tienen que salir, muchas veces van a países más caros, donde no se puede trabajar como periodista. O están trabajando como periodistas, pero realmente no pueden ganarse una vida en España, Costa Rica o algún lugar más caro. Entonces, las ONGs y los gobiernos de esos países necesitan averiguar qué más se necesita o qué más pueden hacer para ayudar a los periodistas. Esto significa crear una manera de acceder a un dentista, a un doctor o a un seguro social. Hay muchas cosas que los periodistas necesitan para sobrevivir y no es solamente tener un trabajo. Necesitan papeles para viajar y otras cosas que no tienen. Como hemos visto en Nicaragua, muchos periodistas han perdido sus pasaportes. No son ciudadanos de ningún país, ahora. Entonces, los demás países necesitan hacer más, pero tenemos que convencerlos de hacerlo.
Hablemos acerca de los desiertos informativos y los medios digitales en El Salvador. Me llamó la atención un dato de su investigación: el que dice que 34 % de los periodistas salvadoreños trabaja en medios digitales del país. De hecho, en la comparación regional, El Salvador es uno de los países donde más énfasis se tiene en periodismo a través de medios digitales. Sin embargo, a la vez, en el país hay muy poco acceso a internet y existe una brecha tecnológica muy marcada, principalmente en el interior del país y las zonas rurales. ¿Qué estrategias deberían adoptar los medios salvadoreños para no quedarse atrapados en una burbuja urbana, mientras el resto del país queda a merced de la propaganda estatal?
Me gusta esa pregunta porque es algo que he estado estudiando por años. No solamente los medios digitales están en esta burbuja urbana; también los medios tradicionales. La mayoría están dentro de San Salvador. Sin embargo, hay una red de radios comunitarias muy poderosas, muy populares. Ellos tienen un montón de gente que escucha a esas radios, como la Radio Victoria, en Santa Marta. Creo que están haciendo algo muy importante para la comunidad, porque están informando a la gente de una manera que se puede entender. Y están usando las radios, no solamente para informar a la gente de lo que está pasando en sus vidas cotidianas, sino también para contrarrestar la propaganda del gobierno. Creo que los medios digitales pueden unirse con estas radios comunitarias para alcanzar a más personas. También he visto, creo que en Venezuela, a un medio digital que hizo algo que es muy interesante: cuando hay un bloqueo del Internet –y no se puede publicar en el Internet– ellos crean carteles con información, con con los titulares de las noticias. Ellos ponen estos carteles o cartones. Esto es como un póster…
Como afiches…
Un afiche, sí… en las paredes de los edificios, para que la gente todavía pueda saber lo que está pasando. También han salido a las calles, con una portavoz, para leerle las noticias a la gente. Ellos van en un carro o algo así, leyendo las noticias con personas afuera del carro, como un speaker. Entonces, hay maneras de alcanzar a esas personas. No importa si no tienen acceso al internet. Todavía se puede estar informado en varias maneras y yo creo que es un poquito de pesimista o determinístico decir: “Ah… bueno… Tenemos una brecha”… ¿Y qué hacemos? Siempre hay cosas que los medios digitales pueden hacer para alcanzar a esas personas… Todos tienen sus celulares… Hay Whatsapp. Hay maneras de comunicar con las audiencias a través de Whatsapp. Siempre hay una manera de alcanzar a la gente, creo, aunque algunas veces dura más tiempo o se tiene que hacer un poquito más trabajo.
El informe cierra con una conclusión que muestra un optimismo prudente al respecto de la situación del periodismo en Latinoamérica y con la esperanza de que se puede seguir realizando este oficio aún con estas condiciones tan adversas. ¿Cuáles son las semillas de la resiliencia que se pueden sembrar en la nueva generación de periodistas salvadoreños y salvadoreñas que están empezando su carrera en este entorno tan hostil? Me pongo a pensar en las condiciones de las nuevas generaciones de periodistas que se podrían cultivar y cómo se podría interrumpir un proceso de crecimiento o de renovación, sabiendo que ahorita muchos periodistas están huyendo del país.
Sí… Yo creo que hay muchas cosas que realmente me dan esperanza. Primero, que la mayoría de los periodistas tienen una capacitación formal de periodismo. Eso significa que están entrenados en verificar la información, en la ética, en su rol democrático. También, la mayoría dicen que los medios no tienen libertad de expresión, pero al mismo tiempo dicen que, como periodista individual, tienen autonomía para escoger las notas que cubren, para escoger las fuentes que usan y para escoger el enfoque en que abordan las notas que hacen. Eso es importante porque significa que, a pesar de todo, los periodistas están tratando de hacer un periodismo riguroso, un periodismo verdadero, un periodismo verificado. Se dan cuenta de la importancia de incluir a voces muchas veces marginalizadas por los medios tradicionales y comerciales. También tienen una perspectiva sobre la ética muy importante; que no creen que deban esconder su identificación como periodista; no deben usar como trucos para conseguir las notas o la información. Y también dicen que para ellos lo más importante es su rol democrático, pero también su rol social. Ellos se dan cuenta de la importancia del periodismo como un bien social; que es algo para la gente, no es algo para ganar dinero, no es algo solamente comercial; que hay una razón fundamental para servir a los intereses del público y no a los intereses de los poderes. A mí, eso me da optimismo, porque significa que la mayoría de los periodistas –no solamente los periodistas jóvenes– entienden que están haciendo algo importante para la sociedad, para el público; que ellos tienen una responsabilidad con el público y con las personas ordinarias. Realmente tienen un amor por el periodismo independiente. Ellos no quieren tener una identificación con algo que no es independiente. No quieren tener una identificación con la propaganda o con algo que no significa periodismo. Y realmente están, a pesar de todas esas condiciones difíciles, apoyándose uno a otro. Han creado redes para apoyar a otros periodistas y eso significa, creo yo, que el periodismo va con el periodismo independiente; va a continuar y va a ayudar a crear democracias más sólidas.
Opina