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Plan de salud… ¿o idea de hacerlo?

El 28 de agosto pasado apareció en los medios la noticia en que anunciaba el señor presidente de la Republica su Plan de Salud Nacional. La verdad es que desde hace varios gobiernos existen “planes de salud nacionales”, cuyos cumplimientos, por lo general, y en el mejor de los casos, han sido parciales.

No hay duda de que nuestro país necesita mejorar el servicio público de salud y para ello debe empezarse con una evaluación del plan de salud vigente, el cual ha sido dado a conocer desde hace algún tiempo, para detectar los incumplimientos del mismo y los vacíos que este tiene. Esto es indispensable y debe hacerse con seriedad y profundidad, reconociendo los avances para ampliarlos y hacerlos lo más sostenibles posible, y al mismo tiempo detectar las deficiencias y proponer los remedios. A nivel mundial, el estudio de la salud pública ha avanzado lo suficiente y dispone de los recursos técnicos necesarios como para poder aprovecharlos con las capacidades nacionales.

El anuncio del presidente no deja en claro de qué se trata, si de anunciar el plan que tiene o anunciar que va a elaborar un nuevo plan. Esta ambigüedad que ya se ha repetido en otros casos no permite mantener a la ciudadanía realmente informada. Traer ejemplos a colación es ilustrativo, pero muchas veces si esos ejemplos no pasan de ser casos y carecen de un estudio científico de la realidad, lo único que hacen es encubrir las deficiencias de quien los usa y empuja a tomar remedios improvisados y muchas veces contraproducentes.

El presidente Bukele, según los medios de prensa, habló del lanzamiento del proyecto y que “en un par de meses se verán resultados positivos”, con lo que implicaba que ya tiene el plan y de que se trata simplemente de iniciar su ejecución. Sin embargo, no aparece ninguna definición del mismo, con excepción de que se dará más importancia a la medicina preventiva “porque la prevención es más barata y da mejores resultados”, como afirmó el presidente.

Esta, no obstante, es una de esas frases que se pueden encontrar en todos los planes de salud pública, al menos de los últimos 20 años. Se trata del lugar común de la medicina pública más repetido y menos implementado, simplemente porque lo que debería decir es “la medicina preventiva es más eficiente y más barata… en el mediano y largo plazo”. Se trata de una costosa inversión que, además de tener pocos resultados visibles en sus primeros años, enfrenta las angustias de nuestros presupuestos nacionales tan apretados que terminan sacrificando las asignaciones ante otras necesidades inmediatas de la medicina curativa, y la inversión en salud preventiva desaparece.

Esta es una triste e insensata realidad, pero es la realidad de gobierno tras gobierno que hemos tenido. ¿Podrá el nuevo gobierno romperla? Eso está por verse y que podamos analizar el prometido plan de salud preventiva. Porque lo único que tenemos hasta hoy es la misma frase que se la hemos escuchado por años a presidentes y ministros de Salud, pero sin resultados. Si en el plan vienen los proyectos de prevención para, al menos, los próximos cuatro años y, sobre todo, el mecanismo para blindar los recursos que se le asignen y definir claramente su forma de implementación y de evaluación, lo estaremos recibiendo con mucha esperanza.

Mis preocupaciones en torno a este anuncio son encontrar en las mismas palabras del presidente la contradicción entre si el gobierno tiene un nuevo plan o solo la intención de hacerlo, independientemente de que desde ya esté atacando deficiencias de la salud pública curativa. Esto es lo normal cuando un gobierno está operando a diario. Sin embargo, en una parte de su intervención, según los periódicos, el presidente Bukele dijo “necesito una lista de necesidades que se tienen, que incluya medicamentos, equipo, insumos, implementos”. O sea que no tiene aún la lista y por consiguiente no tiene el panorama de las necesidades del sistema de salud. Pero esto es lo primero que se necesita para elaborar un plan de salud, pues si desconociendo la realidad y solo teniendo ejemplos aislados, no podrá medir las necesidades actuales del sistema de salud.

La pretensión del presente gobierno de considerar malo todo lo pasado y pretender hacerlo todo de nuevo es útil como orientador en general y expresa una intensión de cambios en la cosa pública, la cual es necesaria, pero estos son deseos que, en la práctica de la gobernabilidad, requieren del funcionario público, especialmente del presidente de la República y de sus ministros, el conocimiento de lo que se ha hecho, así como lo que no se ha hecho en las administraciones anteriores y evaluarlo seriamente.

La actitud iconoclasta en el gobierno podrá ser útil durante la campaña electoral, pero es altamente peligrosa en el gobierno, pues fácilmente choca ya no solo con lo que está mal, sino que se priva de la posibilidad de evitar errores que cometieron sus predecesores y tiene el peligro de caer en la tentación de saltarse la institucionalidad misma del sistema democrático.

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