“House of the Dragon”: un hijo por un hijo

(Alerta de spoiler: la siguiente columna comenta detalles del primer episodio de la segunda temporada de la serie de televisión “House of the Dragón”)

En el cielo sobre  Storm’s End volaba Lucerys sobre Arrax. Dragón y jinete fueron despedazados por las fauces de Vhagar, el más antiguo y grande de los dragones. Era la primera batalla de esas bestias que ocurría sobre los cielos de Westeros. Con ella inició la Danza de los Dragones, la más sangrienta guerra civil en la casa Targaryen.

Aquí, en nuestro mundo, han pasado casi dos años desde que vimos transformarse el rostro de Rhaenyra en una siniestra mueca de dolor y venganza tras recibir la noticia del asesinato de su hijo, Lucerys. En Westeros, la segunda temporada inicia casi de inmediato, tras ese fatídico anuncio.

Los verdes y los negros se preparan para la guerra. Los negros están creando alianzas. Jacaerys, el hijo mayor de Rhaenyra, ha volado hasta Winterfell. Logra persuadir al Lobo del Norte para que la casa Stark se una a su bando. Mientras tanto, los verdes sellaron alianza con la casa Baratheon y están confiscando rebaños de sus gobernados para guardar el alimento que necesitarán sus dragones en los tiempos de guerra que se avecinan.

«La guerra viene», dice Cregan Stark, al inicio del episodio. Más tarde, Otto Hightower le dice a su hija Alicent: «El camino a la victoria es la violencia».

La paz es bella, pero a veces la guerra es necesaria. Como cuando aquí, en este mundo, en 1940 se optó por dejar el pacifismo de Chamberlain y embarcarse en la guerra  para detener al fascismo. Pero, aunque a veces sea necesaria, la guerra no deja de ser terrible y peligrosa. Tiene un costo muy alto. Es muy fácil que la guerra desate la barbarie. En Westeros ha sido Daemond quien decide activar el ciclo barbárico. Lo hace cuando clama venganza por la muerte de Lucerys. «Un hijo por un hijo», dice. Así se titula el episodio.

La guerra sin límites desata una de las pasiones más oscuras: la venganza. Y la venganza desata crímenes terribles, como el asesinato de inocentes que no participan en el juego de la guerra. 

Así nos cuenta HBO la venganza de ‘un hijo por un hijo’. Daemond contrata a dos sicarios de King’s Landing: Queso y Sangre. Estos conocen los pasadizos de la Fortaleza Roja, y logran entrar hasta una habitación donde está Helaena, la reina verde, con sus hijos.

HBO nos muestra a Queso sujetando a Helaena, y a Sangre de pie frente a la cuna de los pequeños. Duermen. Le dicen a la madre que han llegado a matar al varón, y le piden a ella que les indique quién es. Sangre levanta al pequeño de la cuna, y desaparece de la escena. El episodio termina con la reina verde catatónica frente a su madre, Alicent, diciéndole que mataron al niño.

George R.R. Martin nos lo contó un tanto diferente en Fuego y Sangre.

–¿Quiénes son ustedes?’ –preguntó la reina. 

–Cobradores de deudas –le contestó Queso–. Un ojo por un ojo, un hijo por un hijo. Solo queremos a uno, cuadrar las cuentas. No dañaremos a los demás. ¿A quién quiere perder, su excelencia?

La reina se ofrece en sacrificio, pero Sangre le responde que una esposa no es un hijo. Queso le advierte a Helaena que debe apurar su decisión; sino Sangre se aburrirá y violará a la pequeña (en el libro son dos niños y una niña). La reina cae de rodillas. Llorando y desesperada señala al más pequeño, Maelor. 

–Tu mamá te quiere muerto –le susurra Queso al pequeño Maelor, y cruza una sonrisa con Sangre.

Sangre, con una mano, empuña su espada y con la otra sujeta al otro niño, Jaehaerys. Es el príncipe heredero de los verdes. De un tajo le destroza el cráneo al pequeño. La escena termina con los gritos de la reina.

No es cierto que los libros siempre son mejor que sus adaptaciones a la pantalla. En la tercera temporada de Game of Thrones, el episodio de La Boda Roja lo narró mejor HBO que Martin. Pero, en este caso, la historia de Queso y Sangre la contó mejor el autor. No solo es más dramática (y más sádica, ¡morbosos!), sino que expresa mejor la locura y la barbarie que ha desatado la guerra.

La venganza nunca es justicia. Ni en la guerra, ni en la paz. Ni aquí, ni en Westeros. La venganza es venganza. Es un ciclo de barbarie y locura. Es cierto que el Dios del Antiguo Testamento sentenció ‘ojo por ojo’. Pero luego tuvo que venir un Jesús a corregirle la plana. Y más recientemente, un Gandhi vino a advertirnos el destino al que lleva la venganza. «Un ojo por un ojo volverá a todo el mundo tuerto», dicen que dijo.

Daemon consumó la venganza que pedía: un hijo por un hijo. Estará contento con su concepción de justicia. Veamos cuánto tiempo le dura tal satisfacción.

Hace casi dos años terminamos la primera temporada pensando que venía la guerra en Westeros. La segunda temporada inicia con este infanticidio que cambia las cosas. En los próximos episodios y temporadas veremos que estábamos equivocados. No es la guerra lo que se avecina, es la locura.


*Daniel Olmedo es abogado salvadoreño. Máster en Derechos Fundamentales por la Universidad Carlos III de Madrid. Ha trabajado en gremiales empresariales, firmas de abogados y en la Sala de lo Constitucional. Fue profesor de Derecho Constitucional, Derecho Administrativo y Derecho de Competencia. Ha sido directivo del Centro de Estudios Jurídicos y del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional-Sección El Salvador. Escribió el capítulo La Constitución Económica en la obra conjunta Teoría de la Constitución, editada por la Corte Suprema de Justicia.

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