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«Busco que la violencia no sea la única forma en que nos relacionemos»

Nakury es una costarricense conocida en la escena musical como rapera, pero además es documentalista, bailarina y gestora cultural, entre otras cosas. Meses atrás estuvo de visita en El Salvador y actualmente se encuentra a punto de finalizar una gira por Europa junto a su proyecto “Somos guerreras”. Lo suyo es construir comunidad y atacar a la discriminación de frente. Cansada de que le negaran espacios, afirma que construyó junto a otras mujeres uno propio, con el que viene consolidando a su público.

Fotos cortesía de Nakury


Las primeras líneas de la canción “Necesario” –de Nakury– son un resumen de su esencia y búsqueda: «emprendo y así prendo este sistema que no comprendo. Rompo la fila que al final me aniquila”, dice en el tema que también interpretó en “Red Bull Batalla de los gallos México” (2017), uno de la campeonatos de rap más famoso a nivel latinoamericano. En esa ocasión, antes de iniciar su show, exclamó al público: «bueno, a todos los que están ahí silbando les voy a decir algo: esta noche venimos a escuchar contenido; no solo la fachada. Y las mujeres no estamos solo para ser accesorio, ¿ok? Venimos a hacer rap, hacemos hip hop y este es el sonido del pueblo».

Un público conformado mayoritariamente por hombres respondió con una ovación.

Nakury llegó a esa ‘Batalla de los gallos’ para ser parte del jurado de la final nacional mexicana y generó un debate que aún no ha muerto, a raíz de su crítica a quienes se expresan en las batallas para discriminar por raza, orientación, identidad sexual,  clase, sexo, etc. Y la resonancia de su mensaje alcanzó mayor notoriedad gracias a una entrevista publicada en la página oficial del campeonato y que se titula: “Ser discriminatorio no es una habilidad respetable”. En palabras de la MC: «este artículo desató una ola de odio en mi contra en sus redes sociales oficiales y en las mías».

Pero Nakury pasó la hoja y continuó con lo suyo. Ha propuesto estandarizar la reglamentación para batallas de rap, con énfasis en las capacidades de los participantes y en el contenido. En Costa Rica ha creado el ‘Supernatural campeonato de rap improvisado’. También ha buscado consolidar su carrera como MC con una gira por Europa junto a las raperas Rebeca Lane (Guatemala) y Audry Funk (México), con el proyecto ‘Somos guerreras’, que ha tenido fechas en Alemania, España, Austria, Francia y Reino Unido. Esto luego de pasar por Estados Unidos.

Natasha Campos Méndez –el nombre de pila de Nakury– inició en la cultura hip hop a los 15 años con el graffiti. «Era una forma de expresión muy nueva para mí, muy subversiva, con un componente visual importante. Y me ayudaba mucho a buscar mi identidad», comenta. En aquel momento firmaba como Blair, en referencia al ‘Proyecto de la bruja de Blair’. «Cuando empecé a bailar breaking, en búsqueda de mis raíces y originalidad, investigando un poco a través de mi nombre acerca de la cosmovisión de los pueblos originarios, me cambié el nombre y ya me empecé a llamar Nakury, que es una palabra en malécu lhaíca, que es un pueblo originario del territorio donde vivo», explica.

Al break dance llegó cuando cumplió 20 años. Por esos días conoció a un b-boy salvadoreño conocido como ‘Milo’ (reportado como desaparecido desde 2016), quien la recomendó para el festival «La otra cara del hip hop”, realizado en Guatemala. Esa experiencia fue una de las que marcaron la trayectoria de Nakury. Ahí conoció a otras grafiteras, raperas y bailarinas con las que entabló lazos de cooperación regional.  Finalmente, a los 25 años, se incorporó a la música como MC. Su primera producción publicada fue “Chisme irreverente” (2014) junto a MC Nativa. Luego se estrenó en solitario con el mixtape: “Rima que ilumina” (2014). Y su álbum debut fue “VIA” (2017). Nakury cuenta además con diferentes colaboraciones y sencillos. Su última producción liberada es el EP homónimo del proyecto ‘Somos guerreras’, lanzado a inicios del mes pasado, en ocasión de su gira europea.

La costarricense se encuentra produciendo su segundo álbum, en el que busca ahondar en las raíces musicales latinas, sobre todo con la música afrocaribeña.  «Yo crecí con esa música, porque vengo de una región caribeña, escuchando desde Celia Cruz hasta Nina Simone. Este sonido me queda muy bien y me siento muy feliz. Es muy interesante porque también nos permite conectar con el público a un nivel más corporal, más físico, porque a la gente le da ganas de bailar, le da ganas de mover el cuerpo en tiempos en los que nos quieren hacer sedentarios, que no nos movamos», adelanta.

Días antes del inicio del ‘Somos guerreras tour 2019′, Revisa Factum habló con Nakury para conocer más sobre sus facetas, su música, batallas de rap, feminismo, su visión política y proyectos futuros.


Sos activista, documentalista, gestora cultural, bailarina y música. Si tuvieses que elegir quedarte solo con una de estas cosas, ¿por cuál de estas cosas sacrificarías todo lo demás?

¡Aaaaaaah! ¡Qué difícil pregunta! ¡Qué buena pregunta! Ja, ja, ja. Para mí es muy difícil concebir el proyecto de Nakury solo como rapera, solo como documentalista o solo como bailarina. O sea, creo que lo que hace posible el proyecto es que es algo integral. Por ejemplo, yo rapeo, pero cuando voy de viaje y puedo conocer a una persona y la puedo entrevistar y ando mi cámara, solo pongo mi cámara y aprovecho el momento para hablar con esa persona. Y tal vez si yo no estuviera dedicándome a la música no tendría la oportunidad de estar ahí documentando ese momento. Entonces mi compiladora interna no puede desperdiciar el momento. Ja, ja. O, por ejemplo, el breaking es mi ejercicio. Es mi forma de mantenerme físicamente activa. Y la otra parte como gestora para mí es importante en el camino que voy transitando: poder tejer redes de trabajo, poder presentarle un amigo a otra persona, generar intercambios de artistas, etc. Para mí eso es sumamente importante porque le da un propósito a mi camino, porque no estoy solamente yo ahí cantando, sino que generamos los procesos que queremos ver en la sociedad. Es decir, si aspiramos a una sociedad más solidaria, la tenemos que empezar a construir. Yo tengo la oportunidad de hacer todas estas cosas y trato de aprovechar la oportunidad al máximo.

¿Buscás que tu música hable por sí sola o la ves más como un instrumento político?

Yo creo que las obras están hechas para que se puedan explicar en sí mismas, que yo no tenga que estar explicándolas o que venga alguien a interpretarlas. Por sí mismas ya tienen un mensaje. Pero a mí en una presentación en vivo antes de empezar, me gusta explicar algunos significados de la canción que, tal vez al ser metáforas o al ser alguna figura literaria o por la rapidez del momento, pueda ser un poco difícil de entender. Entonces me gusta hacer esa introducción, para cuando la persona lo escuche sea más amigable. Por ejemplo, estoy consciente de que el rap para las personas mayores es muy rápido y me lo dicen: «qué rápido, qué es eso, picha qué nos explicó». Ja, ja. Entonces creo que depende mucho de la persona que está ahí. Yo priorizo conectar con las personas, si no entendieron la canción y necesitan que se las explique, se las voy a explicar; y si no entienden la explicación, tal vez por lo menos podemos reírnos un rato. Ja, ja.  Pienso que lo interesante es generar la conversación y la conexión y que a partir de eso se genere un punto de vista en la otra persona: si le gustó, si no le gustó, si la disfrutó.

Natasha Campos Méndez inició en la cultura hip hop a los 15 años con el graffiti. Foto cortesía de Nakury.

Es decir, ¿buscás que tus canciones provoquen algo?

Así es. Definitivamente, me gusta generar un punto de reflexión porque soy una persona muy meditativa. Entonces paso todo el tiempo analizando cosas, muchas veces cosas que no me gustan o [pienso] cómo puedo transformar algo que no me gusta con las palabras adecuadas; buscar algo que cuando una persona lo escuche en lugar de sentirse deprimida tenga ganas de cambiar. Eso, para mí, es muy importante: el uso del lenguaje de una forma que sea propositiva, que sea creativa, de forma que no solo genere una depresión o un malestar en la persona, sino una inspiración para hacer una transformación. Yo hablo mucho desde mi experiencia personal porque he vivido cosas muy difíciles, desde una normalización de la violencia… Cosas en las que a veces es difícil ahondar. Incluso hasta recordarlas es difícil. Pero me gusta –a pesar de todas esas vivencias que me han tocado– plantear otra forma posible en que la violencia no sea la única forma en que nos relacionemos, sino relaciones más equitativas, respetuosas, pacíficas, empáticas.

Mencionaste pensar las palabras y las figuras literarias para componer. En algunas de tus canciones hay referencias claras a la literatura. ¿Para vos alguien que hace rap debe interesarse también por elementos de la poesía y la narrativa para escribir?

Sí. Yo pienso que la persona que rapea puede interesarse, por ejemplo, desde la literatura pero también puede ir a buscar en las coplas, puede ir a buscar en la retahíla, en la salsa, en el merengue, en la cumbia. Porque esas son nuestras raíces. También en los cuentos de los pueblos originarios, en la forma en la que lo cantan, en la forma como lo dicen, en los porqués de su cosmovisión. Porque estamos como más acostumbrados a irnos a ver la literatura clásica griega, latina o los filósofos… ¿qué sé yo? ¡Aristóteles! ¡Platón! Pero resulta que en nuestros territorios también –ancestralmente– el pensamiento ha sido una parte muy importante, aunque no le llamaran filosofía. Y no solo en lo que se dice sino en cómo se dice. Pienso que cada persona busca en sus raíces, en lo que tiene más cercano. Puede ser desde la forma en que la abuela cuenta un cuento hasta la poesía clásica. Pero lo interesante es que la persona busque en su historia, en su círculo más cercano para poder aprender también de eso. Y que sea un aprendizaje también empírico, una búsqueda muy personal y muy propia.

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«Eso, para mí, es muy importante: el uso del lenguaje de una forma que sea propositiva, que sea creativa, de forma que no solo genere una depresión o un malestar en la persona, sino una inspiración para hacer una transformación» 

La pregunta anterior la hacía a raíz del texto que publicaste después de que fuiste jurado en la Batalla de Gallos. Honestamente, antes de leerlo no sabía que no existe un consenso sobre la forma de evaluación en la batallas de rap. O sea, queda al criterio de cada persona del jurado o de los organizadores. Y bueno, tu crítica iba acompañada de una propuesta para destacar más la técnica. Y eso pasa por una autoexigencia de parte de los participantes en batallas, ¿no?

Sí y también esto de la búsqueda artística. Preguntarse por qué estamos expresándonos, cuál es nuestra finalidad. En mi caso yo soy una persona que le gusta mucho el arte y el arte me inspira, entonces a través de mi arte busco inspirar a otras personas. En mi caso, he ido a buscar esas herramientas que me permitan llegar a las personas. Pero a nivel más interno, por ejemplo, dentro de la escena, cuando estamos haciendo eventos que son competitivos y tenemos una gestión cultural y tenemos un público y la gente está pagando una entrada, también tenemos una responsabilidad. No solo con el público y la gente que patrocina y que apoya; también con la escena. Y en este caso siento que es importante exigirnos ya a un nivel más serio de poder reunirnos, poder hablar y pasar solamente del vacil que puede ser ponerse a rapear –que claro a todos nos gusta– a hacer este trabajo ejecutivo que es un trabajo para la posteridad, un trabajo para las nuevas generaciones; que no es algo que está escrito en piedra, es algo para partir de ahí, para generar una discusión, una conversación, para que otras personas vengan y agreguen su punto de vista. Pero tenemos que empezar por escribirlo o será algo pasajero.

Es decir, ¿estás llamando también a documentar lo que está sucediendo?

Sí, definitivamente. Hay que documentarlo porque de lo contrario no vamos a pasar a la historia. También estamos viendo cómo a mucha gente del público no le gusta lo que está viendo y dentro de la escena la gente se está resistiendo un poco, pero cuando se dan cuenta de que el que público busca algo más, la misma escena empieza a reaccionar y empiezan a buscar cómo hacerlo diferente. Porque al final esto es una forma de vida. Es una oportunidad para las personas que están yendo ahí, para los chicos y chicas que empiezan a improvisar y que lo hacen porque quizá no tienen la oportunidad de tener una pista y un estudio para ir a grabar. Entonces esto se convierte en un puente. ¿Pero cómo hacemos nosotros para que todas estas personas y todos estos talentos que están naciendo de los barrios no se queden en una activación de una marca? Nosotros debemos generar procesos que preparen a las personas para el quehacer artístico, que no se aprenden en una academia. Entonces tenemos que hacerlo en la comunidad.

La producción más reciente de Nakury es el EP homónimo del proyecto ‘Somos guerreras’, lanzado a inicios del mes pasado. Foto cortesía de Nakury.

Sé que de este tema de la Batalla de Gallos ya pasaron un par de años, pero me gustaría retomarlo…

Está bien. Sigue vivo. Ja, ja.

Me interesa porque es una discusión que sigue vigente, no solo en lo específico de lo que pasó, sino que es una discusión en el rap en general. Y traigo a la mesa la canción “Armstrong” del rapero mexicano Proof –que consolidó su nombre en batallas de rap–. Me gustaría que reaccionaras a la siguiente línea: “Hoy no quieren insultarse ni en batallas de freestyle, su movimiento social es volverse de cristal”.

¿¡De cristal!? Je, je. ¡Qué estilo! Ja, ja. Esa es una interpretación de su parte. Él lo ve así porque no nos conoce, por ejemplo. Si él nos conociera supiera qué tan fuerte es lo que estamos haciendo. Para una persona tirar eso es muy fácil; pero no cualquiera se pone a trabajar para defender a las personas que van ahí a competir a darlo todo y después de ahí no tienen un trabajo. Él probablemente tiene su carrera seteada. No lo sé, la verdad. Pero creer que nosotros somos de cristal… No sé si lo dice porque nos quebramos o porque somos frágiles o algo así, pero yo creo que hay que ser muy fuerte para hablar las cosas que muchas personas piensan, pero nadie quiere hablar. En cambio es muy fácil llegar y decir algo que sabe que mucha gente va a aplaudir, aunque sea algo que siga manteniendo a la gente en una situación de vulnerabilidad.

¿Y para vos adónde está la frontera entre crear una nueva moralina y crear conciencia contra la discriminación?

Yo lo veo así: el mayor problema de nuestros barrios es que se nos niegan los derechos humanos. Si nosotros vamos y nos subimos a una batalla y usamos nuestro derecho –o supuesto derecho– de libre expresión para pasarle encima a los derechos de otras personas y discriminarlas, estamos haciendo lo mismo que le está haciendo daño a nuestros barrios, a nuestros pueblos y a nuestra gente. Entonces es una cuestión de derechos. No tienen derecho a subirse ahí y usar la imagen de una persona homosexual o de una mujer como si fuera un insulto. Lo están haciendo porque actualmente los controles sociales que existen no están siendo efectivos. Por ejemplo, no está llegando un patronato de la infancia a decir: «todos estos menores de edad que están acá no pueden estar acá». No están siendo efectivos, pero eso ya de por sí lo sabemos. Muchas de las organizaciones o entes gubernamentales no están ahí para proteger la seguridad de las personas, ¿pero qué vamos a hacer nosotros como hip hop? Yo siempre les digo: «si ya de por sí la sociedad es machista, homofóbica, clasista, racista, elitista, ¿qué diferencia el hip hop a todo lo demás? ¿O somos lo mismo?». Y siempre se los planteo y creo que es algo que nos toca mucho porque hablamos del hip hop como un movimiento muy especial pero a la hora de las horas nos estamos quedando en lo mismo. Estamos perpetuando esa verticalidad, esa discriminación. Y esa discriminación se ve también a nivel profesional, porque cuando estoy trabajando con ellos, de tú a tú, no me brindan los espacios. No quieren generar los diálogos. Utilizan muchas de sus actitudes machistas para quitarle credibilidad a mi proyecto o a mi trabajo. Y si ellos quieren seguir haciendo eso, pues, que lo sigan haciendo hasta que se topen con nosotras.

Yo conocí al rap con grupos como Public Enemy o A Tribe Called Quest, que eran proyectos colectivos y hablaban de temas colectivos. Hoy la corriente dominante es más individual. Las canciones, generalmente, van de quién es el o la mejor MC, etc. Siento que el proyecto que tenés con Rebeca Lane y Audry Funk retoma esa esencia primigenia del rap, la voz colectiva. ¿Lo ves así?

Sí. Y también porque la vida nos ha llevado a trabajar en colectivo, entre nosotras. Cuando empezamos, a muchas nos decían: «usted solo tiene diez minutos para tocar»; o «todo lo que usted ha logrado ha sido porque tal hombre le abrió todas la puertas»; o «vos sos la novia de tal». Son todos esos discursos super machistas con los que nos hemos enfrentado. Entonces, reunirnos como mujeres es muy refrescante porque todas tenemos muy clara nuestra visión respecto a la comunidad, sobre la responsabilidad que tenemos, sobre el trabajo, como activistas: ¿qué queremos hacer? Y pienso que eso nos da un doble empuje, porque ya nos encontramos entre nosotras. Ya no necesitamos –suena un poco rudo– de los espacios que nos excluían. No necesitamos ir a rogar por esos espacios. Ahora tenemos nuestros propios espacios, nuestro propio público, nuestro propio movimiento. Y se ha visto de forma exponencial. Lo que hemos hecho en cuestión de cinco años no lo han hecho muchos compañeros en cuestión de 15 años. ¿Y qué tiene que ver con eso? Que estamos rompiendo el orden patriarcal, que es el de «estos son mis contactos y no te los voy a pasar porque soy mejor que todos los demás», que es la narrativa del rap. O el estilo competitivo de que te voy a pasar tirando, de que sos mi amigo pero siempre sos mi competencia. Cambiar esa narrativa ha sido difícil para nosotras. Es un reto porque tenemos que deconstruir muchas cosas que hemos aprendido, pero también nos da una ventaja porque nos abre caminos, nos da oportunidades en un ambiente que es tan hostil.

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«Entonces es una cuestión de derechos. No tienen derecho a subirse ahí y usar la imagen de una persona homosexual o de una mujer como si fuera un insulto. Lo están haciendo porque actualmente los controles sociales que existen no están siendo efectivos.» 

Regresando a tu música. Al revisar tu catálogo de canciones hay de todo, desde boom bap hasta estilos nuevos o cosas que se salen de las fronteras del rap. Te veo fluida con eso. ¿Qué determina la selección del género musical? ¿La temática define cómo sonará o es al revés?

La temática es importante, pero hay ciertos sonidos que me atrapan. Hay cierta música o ciertos instrumentales que me pasa Barzo (productor) que yo digo: «este me gusta, pero no le entro». Pero hay ciertos que me pasa y yo le digo: «este de fijo, este lo quiero, este me hace sentir esto». Yo siento que destapan en mí como boquillas y digo: «ah, ok, eso es». Me permite entender con lo que estoy vibrando. Lo hago mucho a nivel sensorial. No me voy en el viaje del drama del boom bap versus el trap porque para serte sincera me parece que es un mecanismo de control para hacer sentir acomplejadas a las personas, para que no avancen, porque al final es expresión. Al final lo importante es lo que la persona está diciendo y cómo lo está diciendo y cómo está trabajando. Al principio sí me la querían aplicar, me querían hacer sentir acomplejada con eso. Pero cuando vi que las personas que me querían hacer sentir así no estaban dando nada por mí, dije: «¿a quién le creo?». Ja, ja. Y también empecé a decir: «¿qué es hip hop? ¿el sonido del bombo y la caja o trabajar en comunidad o generar procesos o tejer redes solidarias y saludables entre personas?». Entonces escogí eso. Más hacerlo a nivel personal. El sonido también me acompaña, pero también entendiéndome como una persona que transmuto, no que soy una persona estática que no cambia y que además solo sigue el sonido de otra persona o lo que otra persona le dice. No. Todo lo contrario, aceptarme con mi experimentación y sentirme segura de eso.

Y parece que tenés la misma fluidez con lo que contás en tus canciones. Hay unas muy comprometidas en lo político y otras muy personales o incluso de duda y fragilidad. ¿Sentís que no estás casada con ser siempre la activista?

Como ser humano me es imposible no transitar por temáticas sociales. Tampoco es que esté dando cátedra de cómo ser activista. Por ejemplo, el disco “VIA” habla del despertar de la depresión, de las inseguridades, de verse a una misma, porque eso también es un acto político en una sociedad que nos dice: «para lograr lo que quiere llegar a ser, usted tiene que negar su identidad». Eso nos han dicho desde hace 500 años. Resulta que nos vemos a nosotras mismas y empezamos a hablar de ese tipo de cosas y estamos incluso rompiendo esa línea patriarcal que quiere que nos sintamos mal con quien somos. Ahondar en esos temas, para mí, es necesario. Lo hago como una terapia. Y si una persona se siente identificada con eso y si eso le hace sentir como un tipo de emoción o evolución, para mí esa es la magia de la música. Prefiero mil veces que me digan que mi canción les ayudó a que me digan que qué bonita te veías, porque eso no me interesa. No es lo que quiero hacer.

¿Hay fecha de lanzamiento prevista para el disco que estás trabajando?

Realmente no hay una fecha de lanzamiento. Yo veo mi proyecto musical como algo muy integral donde tengo que ver la parte visual, la parte de la comunicación, la parte de la promoción, del mercadeo, de la gestión en otros países, del tour y todo. Al trabajar en nuestro propio sello discográfico independiente –Lácteo Cósmico–, necesitamos ver cada una de esas partes con mucho detalle. Prefiero trabajar en eso lento, pero a buen paso. Esperaría que ese disco salga antes de final de año. Pero si no sale antes del final del año y sale a inicios del próximo, tiene una razón. Porque poner un disco requiere tanto esfuerzo económico, físico, emocional y todo, que tirarlo por tirarlo y por la rapidez, después es un desgaste muy grande. Entonces prefiero retrasarlo un poquito, pero hacerlo de la mejor forma posible.

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«Prefiero mil veces que me digan que mi canción les ayudó a que me digan que qué bonita te veías, porque eso no me interesa. No es lo que quiero hacer.» 

Ya dijiste que estás en constante cambio. ¿Qué faceta tuya vamos a conocer en este disco?

Va a tener ritmos más bailables y eso tiene que ver mucho con la puesta en vivo, porque muchas veces las personas salen de su casa buscando un momento para mover su cuerpo, para despejar la mente, para soltar un poco de serotonina y dopamina en su cerebro. O sea, sentirse bien. Y quiero en este próximo disco y en la gira generar ese espacio. Pero que además sea un espacio seguro donde podamos bailar, mover el cuerpo sin sentirnos acomplejados, sin sentirnos con miedos, sin sentirnos acosadas, sin sentirnos reprimidas, pues. Eso quiero en este próximo disco. Y me alegra mucho, me permite conectar también corporalmente con las personas en ese nivel, que es algo que ya lo hacíamos en “VIA”. Pero “VIA” es un disco que en la primera parte es oscuridad y después de la mitad es pura luz y puro ‘punchis punchis’ y puro movimiento. Y el próximo disco es pura comunidad. Habla de cómo aquí todos somos parte de una sola cosa como seres vivientes y que también tenemos retos como colectivo. Aunque la gente no quiera, para poder sobrevivir en esta época, tenemos que empezar a pensar como comunidad.

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