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El señor del Barrio

El alcalde de Apopa tenía un problema: los pandilleros del Barrio 18 estaban extorsionando a más vendedores del mercado. ¿Cómo lo solucionó? Decidió aumentar el impuesto diario a los vendedores y luego entregar ese dinero a los pandilleros. La buena relación entre pandilleros y el alcalde Elías Hernández, de ARENA, permitía ese y otro arreglos. Esa extorsión desde la alcaldía, entre otros delitos -incluido homicidio-, consta en la extensa acusación que la Fiscalía General de la República presentó la semana pasada contra Hernández y una treintena de personas, la mayoría empleados de la alcaldía de Apopa, ya capturados y en espera del proceso judicial. A través de intervenciones telefónicas, la Fiscalía asegura que probará que Hernández otorgó beneficios a pandilleros de la facción Revolucionaria del Barrio 18 a cambio de su apoyo en las elecciones de 2015: salarios de miles de dólares, plazas en la alcaldía, impuestos municipales para los pandilleros, protección del CAM, vehículos y combustible gratuitos. Esta es la historia de cómo el Estado, a través de la alcaldía de Apopa, ha trabajado -y extorsionado- a nombre de una pandilla. 


La pantalla del iPhone se enciende y anuncia una llamada entrante. El alcalde Elías Hernández ya está enterado de lo que le van a decir, pero de todas formas contesta.

-Nos mataron a El Player.

En la bocina suena la voz de Julio Ramos, mejor conocido como El Gordo Julio, uno de los hombres de confianza del alcalde de Apopa (San Salvador), empleado de la comuna y miembro activo de la pandilla Barrio 18.

El muerto anunciado era Gustavo Adolfo Turcios, alias El Player, un palabrero de la facción revolucionarios de la 18 que controlaba buena parte del centro de Apopa y que recién había ordenado varios ataques contra miembros de la Policía Nacional Civil (PNC), según las investigaciones oficiales. El Player ha muerto en un enfrentamiento.

-Sí, ya estoy enterado. Fue en la mañana, responde el alcalde.

El Gordo Julio le dice a su jefe que la familia de El Player le ha pedido a la alcaldía una ayuda para los gastos fúnebres. El alcalde le pide que se encargue de comprar lo que haga falta y, de ser necesario,  que lleve a un ayudante para tener todo a tiempo. Los hombres se despiden y cortan la llamada.

A más de 20 kilómetros de Apopa, en una oficina del Centro de Escuchas Telefónicas de la Fiscalía General de la República ubicada en Antiguo Cuscatlán, un técnico fiscal almacena el audio de la llamada en un archivo nombrado “77307151.02750149  –  06.18.2015  at  11.06.44.517.wav”, y lo incluye en la lista de intervenciones realizadas a pandilleros y empleados de la alcaldía  de Apopa. Es parte de una investigación que terminará revelando el nexo entre el alcalde Elías Hernández y la clica Tanys Locos Sicarios de la facción “R” del Barrio 18, así como una serie de beneficios que durante años les brindó a cambio de que le ayudaran a ganar las elecciones 2015 y mantenerse otros tres años en la alcaldía.

Las investigaciones iniciaron a principios de 2015, después de que un pandillero del Barrio 18, capturado por otro caso, decidiera contar los secretos de la pandilla en Apopa para obtener el beneficio de reducir su pena como testigo criteriado. A este testigo, la Fiscalía decidió llamarle “Tanque” para proteger su identidad. Todo esto consta en la acusación formal que la Fiscalía ha presentado en tribunales contra Hernández y una treintena de personas, la mayoría empleados de la alcaldía de Apopa.

Entre otras cosas, Tanque reveló a los fiscales que la pandilla 18-R de Apopa estaba recibiendo apoyo directo de la alcaldía y que todo gozaba de la aprobación de Hernández: salarios de entre 5,000 y 10,00 dólares mensuales para los palabreros; carros regalados para la pandilla; gasolina, plazas fantasma en la alcaldía, vacaciones y excursiones con gastos pagados, cervezas, droga, armas, protección… Tanque reveló uno a uno los “favores” que el alcalde Elías Hernández proporcionó al “Barrio” en los últimos años a cambio de asegurar su reelección.

Con el paso de los meses, al testimonio de Tanque se le unió el de tres testigos más. Dos de ellos, El Ninja y El Triple X, eran pandilleros activos de la 18 que decidieron traicionar a los suyos. El cuarto conoce los procesos internos de la alcaldía y, aunque no es pandillero, decidió declarar por estar harto de las “injusticias e ilegalidades” que se cometían en dicha alcaldía, según consta al inicio de su testimonio documentado en el requerimiento fiscal al que Revista Factum tuvo acceso.

Las versiones individuales de los cuatro testigos coinciden en la figura de autoridad que logró alcanzar el alcalde Elías Hernández al cabo de varios meses de negociar con los más altos rangos de la pandilla, incluyendo a El Chory, el palabrero nacional de la facción “R” del Barrio 18. Los testigos narran cómo el alcalde compró la voluntad de la pandilla mediante regalías que iban desde dinero en efectivo hasta la compra de vehículos, armas y droga.

El origen

El primer testigo clave, Tanque, aseguró a la Fiscalía que la relación comenzó en el año 2012, cuando él cumplía una pena de seis años por el delito de extorsión en el penal de Izalco.  Hernández recién había sido electo el alcalde de Apopa. Adentro de Izalco, según narró a los fiscales, los palabreros tiraban meetings -o reuniones- todos los lunes para hablar cosas propias de la pandilla.

A mediados de año, Adrián Antonio Mártir Granados, alias El Chory, palabrero nacional de la facción Revolucionarios del Barrio 18, dirigía la reunión al interior de una celda de Izalco, junto a otros palabreros. En esta, la pandilla discutía el cobro de la extorsión a un grupo de vendedores del mercado municipal de Apopa, que habían ordenado hacía algunas semanas.

El Chory, quien llevaba la palabra en el meeting, sacó su teléfono celular y llamó a El Snyper, quien para entonces llevaba la palabra en la libre, fuera de prisión. Este último contó a los pandilleros del penal que el alcalde de Apopa estaba “tirando fuego”, que estaba molesto por el cobro de la extorsión a más vendedores del mercado.

El Chory puso el teléfono en altavoz para que todos los demás pandilleros reunidos escucharan y le dio indicaciones a El Snyper para que dialogara con el alcalde, y le dijo que negociara dejar de extorsionar en el mercado con la condición de que la alcaldía aumentara $0.25 al impuesto diario que ya pagaba cada vendedor. Ambos pandilleros colgaron y terminó la reunión.

Pasados varios días, El Snyper volvió a llamar a los pandilleros del penal para informarles que había llegado a un acuerdo con el alcalde, que este había accedido a la petición del incremento al impuesto para ayudar a la pandilla, y que además les había dicho que estaba de acuerdo en aceptar más condiciones si ellos también aceptaban algunas suyas: que los miembros del Barrio 18-R lo apoyaran con sus votos en su próxima candidatura como alcalde, que no mantuvieran “caliente” la zona de la alcaldía y sus alrededores y que se comprometieran a convertir Apopa en un municipio “santuario”, en el marco de la tregua entre pandillas.

La tregua entre el gobierno de Mauricio Funes y las pandilllas, iniciada en marzo de 2012, supuso una drástica reducción en los homicidios. Una segunda parte del pacto incluyó la creación de los municipios libres de violencia, conocidos como santuarios. Apopa formó parte de esta iniciativa.

El primer día de noviembre de 2012, según relató el testigo Tanque, El Crimen, un palabrero de la 18 en la libre que comandaba una cancha en Apopa, llamó de emergencia a El Pato, otro de los palabreros recluidos en Izalco, para informarle que acababan de matar a El Slow. El pandillero había sido atacado después de haber matado a un rival de la Mara Salvatrucha cerca de la alcaldía municipal, por lo que acordaron reunirse por teléfono al día siguiente con todos los palabreros.

Este homicidio, la muerte de El Slow, fue algo que Tanque no pudo presenciar y por lo tanto tampoco pudo contar a los fiscales que lo entrevistaron; sin embargo, el testigo clave Ninja sí. Este, según consta en el documento fiscal, participó en el asesinato de El Humilde, responsable de la muerte de El Slow.

Según el relato de Ninja, la iniciativa de convertir a una veintena de municipios violentos en “santuarios”, durante el primer año de la tregua, había llamado poderosamente la atención del alcalde Elías Hernández, por lo que en varias ocasiones le había insistido a los palabreros del Barrio 18-R que se calmaran con los asesinatos y que buscaran la pacificación a cambio de los beneficios previamente acordados.

Sin embargo, los pandilleros de la MS, especialmente los del sector de la colonia Popotlán, en Apopa, no se habían querido calmar, y seguían asaltando buses, microbuses y matando a pandilleros de la facción Sureños del Barrio 18. Por ello, según la Fiscalía, el alcalde ordenó matar a Carlos Alexander Axume Arollo, alias El Humilde, el palabrero de la MS que dirigía la clica que seguía matando.

El alcalde, a quien los pandilleros conocen por El Maistro, llamó a El Viejo Rata, recluido en el penal de Izalco para ponerle quejas sobre el comportamiento de El Humilde en la zona, a lo que el palabrero le contestó que no se preocupara, que él se encargaba de dar esa pegada, por lo que designó a El Slow y a El Demonio para que lo mataran en los próximos días.

El Maistro, como parte del trato, llamó a El Humilde a su despacho en la alcaldía y le dijo que quería platicar con él sobre “asuntos de violencia en el municipio”, según relató Ninja. Cerca de las 3:00 de la tarde, El Humilde llegó a la alcaldía y subió a la segunda planta para hablar con el alcalde. Luego de una hora y media encerrados, el palabrero de la MS dejó al alcalde y salió a la calle, donde ya lo estaban esperando El Slow y El Demonio para matarlo.

Los disparos sonaron y los dos pandilleros salieron corriendo después de matar a El Humilde. Un elemento del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) alcanzó a ver a los atacantes y disparó contra ellos, hiriendo a los dos. El Slow, gravemente herido alcanzó a correr varios metros hasta que un carro lo atropelló.

Según el relato del testigo clave Tanque, el día dos de noviembre los palabreros tiraron un meeting en una celda de Izalco, dirigido por El Viejo Rata y El Shoster, quienes decidieron hablarle a El Chory, que para entonces ya estaba en la libre, y ponerlo en altavoz.

Los pandilleros del penal le propusieron a El Chory que era hora de “pegarle” a los agentes del CAM porque “mucho” se estaban metiendo cuando pandilleros de la 18 mataban a un MS. Hubo quienes, en esa misma reunión, propusieron que había que darle un susto al alcalde, pero a eso reaccionó El Chory diciéndoles que contra el alcalde no se podía atentar porque les hacía “los paros”, y que lo mejor era dialogar nuevamente con él.

Nuevamente, según la acusación fiscal, los pandilleros en la libre se reunieron con el alcalde y esta vez lograron más acuerdos y beneficios para la pandilla.

El CAM al servicio de la pandilla

La primera medida que tomó el alcalde, luego de la muerte de El Slow, fue despedir al agente del CAM que lo mató. Después, dio órdenes específicas al jefe del CAM, Samuel Humberto Castro Vargas, El Coronel, para que bajo ninguna circunstancia se volvieran a meter cuando vieran que un pandillero mataba a otro en la zona central de Apopa.

El alcalde, según la investigación fiscal, también ordenó a El Coronel Vargas que desde ese día pusiera a disposición los vehículos del CAM y la ambulancia municipal para cuando los “muchachos” quisieran trasladarse rápidamente a otra zona, tras cometer un homicidio, cuando necesitaran transportar armas o droga, o cuando alguno de ellos resultara herido en un enfrentamiento con policías o pandilleros rivales.

Entre finales del 2013 y los primeros meses del 2014, previo a las elecciones presidenciales, según narran los testigos criteriados, el alcalde se reunió varias veces en su despacho con los palabreros de la 18. Tres de estas reuniones, en las que además del alcalde y los pandilleros estaban presentes El Coronel Vargas y otros dos empleados de confianza del edil, fueron presenciadas por Tanque, luego de salir de cumplir su pena en noviembre del 2013.

Una de estas reuniones, realizada el 25 noviembre de ese mismo año, sirvió para consolidar el acuerdo entre el alcalde y la pandilla de mantener los $0.25 por puesto en el mercado que iba destinado para la pandilla. El alcalde, según el testigo, pidió que no anduvieran “molestando” para las celebraciones de las fiestas patronales.

La próxima reunión, a principios de febrero del 2014, sirvió para que El Player, El Pachanga y El Grillo llegaran al despacho del alcalde, en la segunda planta de la alcaldía, y volvieron a negociar. El punto propuesto por el alcalde era que la pandilla debía intensificar su campaña y “tirarle” a las personas para que votaran por ARENA, es decir, por su partido. Hernández les pidió que no atacaran a nadie mientras duraban las elecciones.

A cambio, el edil ofreció contratar a varios pandilleros y a sus familiares en la comuna, y ubicarlos como barrenderos, aseo de alcantarillado público, cambio de lámparas, entre otros oficios que contemplaba el proyecto Paty. A otros los colocó como agentes del CAM y también nombró a algunos puestos clave, como a Carlos Federico Guandique, quien según la fiscalía es un pandillero activo,  que se desempeñaba como jefe de la Unidad de Adquisiciones y Contrataciones (UACI) de la alcaldía. Este, según narraron los testigos clave, se encargaba de crear proyectos falsos para justificar cuantiosas salidas de dinero que iban a parar a manos de la pandilla.

Otra de las peticiones cumplidas por el alcalde fue retirar a los agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) y de la Fuerza Armada (FAES) del parque de Apopa, ya que este es considerado parte del territorio “R” y la presencia de la autoridad le impedía la llegada a los pandilleros.

Salarios, carros, gasolina y más dinero

Entre los beneficios que, según el testigo clave “Durán”, el alcalde daba a la pandilla está el pago de 5,000 mensuales a Boliqueso, así como el pago de 10,000 mensuales al Pachanga, el segundo palabrero en la libre de la R del Barrio 18 en Apopa. Ni estos pagos, ni ninguno de los beneficios fueron considerados nunca por la pandilla como extorsión, según narran los testigos.

Clave Durán aseguró en su testimonio documentado por la Fiscalía que varios pandilleros tuvieron plazas fantasmas por $500 o $600 dólares y que el concejal municipal Julio Barrera, a quien identifica como “colaborador de la pandilla”, era el encargado de organizar los festejos municipales, cuyas ganancias iban destinadas a comprar vehículos para la pandilla.

Clave Durán también señaló en su relato que la alcaldía proporcionaba vales de gasolina para que los pandilleros “fuliaran” sus carros.

Pero no son solo los relatos de los testigos los que sustentan estos hechos. Una serie de intervenciones telefónicas refuerzan varios de los señalamientos de los cuatro testigos clave.

El 16 de junio del 2015, un día antes de que lo mataran, El Player llamó al Gordo Julio, el mismo hombre de confianza que al día siguiente le avisaría al alcalde sobre la muerte del pandillero. En esta llamada, intervenida por la Fiscalía, El Player le preguntó a su interlocutor si ya tenía los siete galones de “gas” que le había pedido, a lo que El Gordo Julio le contestó que llegara a la alcaldía, pero que llegara tipo 4:30 de la tarde cuando “ya no hay mucha gente” porque “la gente es bien chambrosa”.

Otra de las intervenciones telefónicas que refuerza los señalamientos hechos por los testigos fue la realizada el 22 de junio del 2015. A las 3:51 de la tarde, sonó el teléfono de José René Ayala Alvarado, “El Viejo Rata”. Era el Gato Baby, quien le llamaba para decirle que ya estaban las cuatro nuevas plazas para “el barrio” en la alcaldía y que esos puestos los ocuparía la mujer de El Player, El Chory, y ellos dos.

El 8 de junio del 2015, a las 8:49 de la mañana, El Player llamó al Chato Éver, otro hombre de confianza del alcalde, quien según la Fiscalía también es miembro activo de la pandilla y empleado de la comuna. En esta llamada, El Player le preguntó a El Chato que cómo va lo de un objeto que le dijeron que le iban a comprar. El Chato contestó que Guandique lo va a comprar y le recuerda que no es un gasto fácil. “Son más de 800 vergas”, le dijo. El Chato agregó que el dinero lo pondrá Guandique y que este luego lo pedirá a la alcaldía. “Mi tío Elías (alcalde), siempre aportando sus impuestos bien dados”, finalizó El Player.

Foto archivo Factum: el alcalde Hernández, al centro, flanqueado por los mediadores de la tregua entre pandillas, durante el primer aniversario de la tregua en Apopa.

 

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