Reseña de disco: «Rock or bust» (AC/DC)

Una de las acusaciones más usuales que los detractores de AC/DC elaboran contra ellos es la de la reticencia al cambio. “Dinosaurios” les llaman algunos (jóvenes siempre incautos, por supuesto). Mientras hay otros que, en el mismo sentido de las cosas, les acusan de no asumir riesgos, de ser pusilánimes progresivos, de sonar siempre igual y hasta hay algunos sacrílegos que afirman que AC/DC es una banda “sobre valorada”.

Y es entonces cuando uno comprende otro matiz de la frase célebre del sensei político Frank Underwood:

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Es la democracia –y el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, con su premisa de libre expresión– la sobrevalorada.

A veces la mejor opinión es la del mudo que se reserva el derecho a ocultar la ignorancia. Atentar contra AC/DC es querer vencer a un tsunami lanzando escupidas. La banda australiana es –de manera incuestionable– lo más parecido a la tinta con la que debería escribirse la Biblia del Rock & Roll.

Esto es palabra de Dios. Te alabamos Angus Young, óyenos…

***

A esta altura queda bastante claro que el firmante de esta reseña es un siervo leal de la Corriente Alterna/Corriente Directa. Y no hay necesidad de ocultarlo. Desconfío de aquellos que gritan a los cuatro horizonte que «todos los géneros periodísticos demandan objetividad incuestionable».

No siempre.

A veces, en la crítica y en cuestiones de manejo del conocimiento (ya sea de arte o cualquier cosa que desate pasión, como la música o el deporte), es más válida la opinión del conocedor subjetivo que la del transeúnte ocasional, aunque objetivo.

Solo quien se quema sabe qué es el fuego.

Y solo quien ha mamado de la teta del Rock & Roll puede animarse a opinar –sin quemarse– sobre AC/DC. No es por casualidad o estrategia publicitaria que hayan vendido casi 200 millones de discos en toda su carrera. Al mundo ya le quedan muy pocos artistas activos que puedan hablar de esas cifras en su résumé.

Con «Rock or bust» –el más reciente disco de AC/DC, publicado el pasado 1 de Diciembre– podemos atestiguar quizás el principio del fin de esta institución del rock & blues. Quizás sea cansancio, quizás síntesis. Pero, al contrario de lo que se les critica, AC/DC ha lanzado un disco fugaz en tiempos fugaces, un disco sustancial en tiempos livianos donde nada se perpetua.

Han lanzado un disco que apenas dura 35 minutos, el más corto de su extensa discografía. Quizás sea un signo de lo mucho que les afectó la enfermedad (de demencia) que dañó a Malcolm Young, el guitarrista fundador –y hermano de Angus–, quien tuvo que hacerse a un lado para que la producción de «Rock or bust» pudiera ser completada. Su lugar fue ocupado por más sangre escocesa: Stevie Young, el sobrino de los hermanos fundadores de AC/DC.

Puede decirse que también «Rock or bust» se finalizó a trompicones, debido en parte a los problemas legales que acosaron al baterista de la banda, Phil Rudd, quien fue arrestado bajo la acusación de haber intentado contratar a un sicario (entre otros delitos).

Todas estas cosas afectarían en gran manera a una banda que no defienda su nombre con buenas canciones. Pero no a AC/DC. La esencia está ahí, en «Rock or bust«, ya que lo complicado fue finalizar la producción de unas canciones que hace mucho tiempo ya estaban creadas en la mente de Malcolm y Angus. Éste último terminó de darle la forma final a riffs que él y su hermano grabaron y mantuvieron en secreto en cintas viejas. Es por ello que el álbum no se escucha demasiado diferente a cualquier otro disco de AC/DC, en especial al predecesor, «Rock Ice«, del que vendieron 8 millones de copias oficiales.

Es aventurado profetizar que este será el último disco de estudio de esta leyenda. Si ocurriera así, y analizando el disco con el tarro medio lleno, destaca de nuevo la capacidad que AC/DC posee para fabricar nuevos himnos de rock con cada disco, tal y como ocurre con el primer sencillo, «Play ball«, del que no deberíamos dudar que se convierta en poco tiempo en la musicalización de gestas deportivas en todo el planeta. La banda lo sabe. Por eso es que el video clip de esta canción se maneja en esa atmósfera:

Lo mismo ocurre con el riff que da inicio a los 35 minutos de descarga. Se trata de la canción que le da nombre al disco. Y basta con sentir en las almohadillas de unos buenos audífonos el crujir de los zarpazos de esas guitarras afiladas para entender que ese sonido –con la distorsión de la guitarra en el hard overdrive– es marca registrada de AC/DC, como ya antes lo lograron en clásicos como «Highway to hell» o «Back in black«, entre otras muchas.

El blues no se queda atrás. Parece estratégico en este disco que la banda haya acomodado en los primeros quince minutos a sus apuestas principales. La canción «Rock the blues away» funge perfecta para la carretera, y de preferencia, con una buena motocicleta que le saque llanto al asfalto.

Pero si analizamos al disco con el tarro medio vacío, también vamos a encontrar algunas debilidades, por ejemplo con algunas melodías que suenan bastante similar a otras canciones que AC/DC ha publicado en el pasado. Es el caso de «Dogs of war», que no se diferencia mucho de «War machine» (publicada en Black Ice), como si la primera fuera la continuación de una temática similar.

Y luego está el apartado de las letras –cosa que no me parece demasiado importante en este tipo de bandas, pero hay quienes sí le buscan manos al ciempiés–. «Rock or bust» habla de lo que AC/DC siempre ha hablado: celebración, rebeldía, excesos.

Hay temas para cantar en estadios:

Toparemos los amplificadores a lo más alto
El público va a golpear al cielo
Tocaremos rápido y suelto
Porque esta noche vamos a quemar los fusibles

– Rock or bust

Hay camaradería social:

Manejando mi auto
Me dirijo al bar local
Iré por mi chica esta noche
Todo va a estar bien
Jugando billar con mis amigos
Fumando cigarrillos
Bromeando en voz alta
Nos reímos demasiado orgullosos

– Rock the blues away

Hay sexo:

Ten cuidado chico, el gato atrapó tu lengua
Sintiéndose como bollos cruzados
Te quiero, te quiero toda la noche
Hazlo, hazlo agradable y apretado

Señorita aventura, sorpresa caliente
Apenas esencial, sí que es agradable
Señorita aventura, sintiéndote real
Confidencial. Los labios están sellados

– Miss Adventure

Y hasta hay una canción perfecta para un strip-tease:

Aquí viene ella… ¡Sí!
Haciendo esa cosa… ¡Sí!
Hará que los chicos se  pongan salvajes
Sí… dulce niña…

Ella hace su baile
Se desliza hacia abajo en el tubo
Hace un giro hacia atrás
Y hace rodar tu corazón

Atrapada en el centro de atención
Se arrastra por el suelo
Pide toda la atención
Los chicos gritan por más…

– Sweet Candy

La semana pasada, en una entrevista que AC/DC le concedió a El País de España, Angus Young le declaró al periodista lo siguiente:

«No quiero opinar de los grupos actuales, porque sólo escucho rock y blues. A veces se confunde el famoseo con la música, pero es algo que ya pasaba en mi época”.

– Angus Young, guitarrista de AC/DC

Queda bastante clara la visión que el líder de AC/DC tiene de la música contemporánea: si solo escucha rock y blues… y excluye de su playlist a los grupos actuales… Será porque no hay mucho que valga la pena que escuchar entre el «famoseo» de las estrellas emergentes.

¿Será entonces Rock or Bust la última esperanza? No lo creo. Este no es ni remotamente cerca el mejor trabajo de AC/DC, pero aún en él se pueden encontrar dos o tres canciones que hacen rentable la inversión que en ellos deposités… ya sea de dinero o, como es más realista en los tiempos actuales, de tiempo.

En realidad, cuando se trata de AC/DC, el verdadero espíritu de la banda no se comprende en un simple play + stop…

Se vive en un estadio, coreando las canciones. Ahí es donde Angus y compañía evaluarán si hicieron un buen disco. Y tengo la sospecha de que no tendrán remordimientos al respecto en 2015.

Mejores Canciones

  1. Rock or bust
  2. Sweet candy
  3. Rock the blues away

Pudieron ser cortadas

  1. Emission control
  2. Miss adventure
  3. Baptism by fire
* Foto de prensa de Sony Music.

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#Música