Dios, Unión e Impunidad

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¿Qué tan peligrosa puede ser para un país una madre que busca? Una madre que busca es la representación viviente de que, cuando desaparecen, algunas personas, en especial las mujeres jóvenes y sin privilegios, se convierten en fantasmas incómodos a los que no quieren que miremos. 

En un país más empático, donde se puede entender el dolor ajeno, una madre que busca debería tener la comprensión y los recursos de un Estado que entiende que las personas, y no las monedas invisibles, son el bien más preciado. 

Pero una madre que busca es peligrosa para un Estado autoritario que pretende hacernos creer que no lo es. Que constantemente quiere que veamos lo lindo para borrar lo marginal. Es peligrosa porque es un recordatorio de que este es un país ingrato para las mujeres, para las madres que buscan, para las que se atreven a pedir justicia. 

La captura de Verónica Delgado es emblemática por ese motivo. Su historia desnuda a un régimen que ofrece la cárcel como única política social. Verónica busca a su hija, Paola Arana, desde mayo de 2022. La joven fue detenida durante el eterno régimen de excepción en abril de ese mismo año y desapareció semanas después de ser liberada. 

Verónica se unió desde entonces al pequeño ejército de madres buscadoras. Mujeres sin apoyo estatal que aprovechan cualquier espacio para buscar, para preguntar, para clamar por sus familiares ausentes. Madres que incluso han visitado, como lo vimos en el caso del expolicía Hugo Ernesto Osorio, fosas clandestinas para preguntar por sus hijas. 

El crimen de Verónica fue hacer lo que corresponde al Estado: buscar a su hija. Un Estado que esconde la cifra de personas desaparecidas; que prefiere ver hacia otra parte cuando se habla de búsquedas; que ha protegido a victimarios condenados, a los que incluso ha beneficiado con criterios de oportunidad; que se rehúsa a llamar a las cosas por su nombre, cuando se trata de feminicidios, cuando se trata de violencia contra las mujeres. Un Estado que te apresa cuando exigís justicia. 

La detención de Verónica manda un mensaje terrible no solo para las madres buscadoras, las que con su mera presencia asustan y muestran la verdadera cara de un Estado criminal; es terrible para cualquiera que se atreva a pedir justicia. Y eso es lo peligroso, lo ruin, la confirmación de que lo correcto se castiga con cárcel. 

La justicia no debería estar prohibida. No debería ser exclusiva para quienes se mantienen ilegalmente en el poder. No deberíamos conformarnos con tan poco. 

Una madre que busca es la certeza de que El Salvador sigue siendo un país inseguro para las mujeres. Inseguro porque la violencia -física, sexual, emocional, patrimonial- golpea con especial saña a las mujeres. Inseguro porque esa violencia muy pocas veces es castigada. Dios, Unión e Impunidad. 

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