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Un cuarto de siglo con Café Tacvba

¿Cómo es un concierto del aniversario 25 de Café Tacvba?

Digamos que es un ejercicio de asumir certezas irrefutables, como por ejemplo:

– Que los tacubos han perdido el duelo contra el tiempo.

– Que el disco «Re» (objeto del festejo por sus dos décadas de existencia) es una obra maestra inmune al paso del tiempo.

– Que ellos no son los únicos que han envejecido. Y que duele aceptarlo.

Si acaso fuera cierto eso que dicen que uno al morir repasa en imágenes flash los momentos más trascendentales de su existencia, es muy probable que el view master de mi juventud aglomere un disco de diapositivas en el que debería girar el doble concierto que Café Tacvba ofreció en la Feria de Consuma de 1996, en San Salvador.

Uno piensa que momentos como aquellos son irrepetibles. Y es que en realidad lo son. Pero muy de vez en cuando, si los dados nos regalan un doble seis de cara al cielo, la vida ofrece la opción de recrear esos momentos. Y eso es lo que me ocurrió el pasado viernes 14 de noviembre en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, en la segunda fecha programada de los multi-conciertos con los que Café Tacvba ha decidido celebrar las canas heredadas en un cuarto de siglo y, en especial, las dos décadas de existencia de su master piece, el «Re«, ese «white album» del rock latino (según el New York Times).

A las afueras del que muchos consideran como el mejor recinto techado para ver espectáculos en Latinoamérica ya estaba instalado un tianguis con mucha parafernalia tacubera. Me compré una camiseta y una gorra. A $8 dólares por pieza. Pero en realidad ahí había para todos los antojos: pulseras, colgantes, gorros, afiches, discos, fotos, caballitos tequileros, tazas, lentes y un largo etcétera. Como siempre, lo que no alcanza es el presupuesto.

Instagram, Cafeta

Mi post en Instagram, previo al concierto.

Tres llamadas para que los borregos llenáramos por completo el corral de butacas, luces out y un danzón para afinar el paladar. Y luego una jarana jarocha que liberó a las bestias. Aquel sonido, el de «El Aparato«, explicaba que Café Tacvba estaba decidido a ofrecer un homenaje al disco que los catapultó a la estratosfera de la fama. El zapateo de «La ingrata» no hizo más que confirmarlo. Y Rubén Albarrán –el cantante– pronto dejaría en claro que tocarían ese disco «de principio a fin«…

¡Muchachas! ¡Muchachos! Muy buenas noches tengan todos ustedes. Es para nosotros una noche más de goce y alegría. Bien agradecidos con todos ustedes por acompañarnos en esta celebración de nuestros 25 años de carrera artística. Es una verdadera alegría que nos acompañen. Deseamos que esta noche se la pasen chingón, que bailen, que canten mucho, que suden más… Que saquen todas sus preocupaciones, sus miedos y sus angustias. Ni dudas, ni deudas, no podemos hacer nada por ellas, muchachos, pero si bailan y cantan, pues se olvidan un rato. Bueno, y estamos celebrando también los 20 años desde que se editó nuestro segundo disco, el «Re». Muchos de ustedes se habrán dado cuenta que lo vamos a tocar de principio a fin… ¡Sin parar! Para todos aquellos que no lo conozcan, les recomendamos que se queden callados, porque no vamos a tocar ni «La Chilanga Banda» ni «Eres»… ¡Hasta que terminemos de tocar el «Re»! Perdónenos muchachos. Esto es solo con el único propósito de que no se nos desgasten. Bueno, si se saben el orden, sabrán cuál es la que sigue…

– Rubén Albarrán, cantante de Café Tacvba.

Y la que seguía era «El Ciclón«, con el clavinet que le da ese sonido funky tan especial; y con esa letra que habla de cómo los ciclos van dándole sentido a todo lo que nos rodea. «El Borrego» y la sensación de sentirnos trasquilados. Otra vez en la sien el martilleo de una batería que ya no sonaría tan programada –como en sus orígenes–, sino marcada por la percusión de Luis «El children» Ledesma.

Y Emanuel empuñando la guitarra. Y la canción más metalera del arsenal tacubo. Y Rubén aprovechando el momento para cambiar de vestimenta [algo que ocurriría en múltiples ocasiones a los largo del espectáculo]. Y luego unas palabras previo a la presentación de uno de los boleros más sentimentales de la carrera de esta banda, uno que en su origen fue dedicado a Chavela Vargas:

Hoy en día qué difícil es sentirse en la soledad. Mucho más difícil es aburrirse. ¡Todo el tiempo jugando con las chingaderas esas (los celulares)! Mandando mensajes: ‘beso, abrazo, beso’. Todo el tiempo estamos siendo vigilados por el jefe. Y si no, por la novia o por el novio. ¡Qué de víctima anda la soledad! Yo por eso decía que necesitamos muchos momentos de soledad con nosotros mismos. Para que se puedan escuchar y puedan reflexionar, recordar sus sueños. Y saber qué es lo que tienen que hacer al siguiente día.
– Rubén Albarrán.

Poco a poco daba cierta sensación de tener a Tin Tan reencarnado en otro gran artista. Rubén soltaba aquellas palabras y las guitarras acústicas desnudaban la armonía de «Esa noche«.

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Café Tacvba celebró 25 años de carrera artística. Fotos cortesía de OCESA.

En el siguiente discurso, Rubén habló un poco acerca de las prisas con las que se sobrevive en la vida moderna, un tema acorde para presentar la siguiente canción en el set list: «24 horas«.

¿No muchachos? Si hace 20 años ya sentíamos que traíamos prisa, imagínense al día de hoy. ¡Verdaderamente nos traen en chinga! Si no es trabajando, es consumiendo, es comprando… Y si no, es haciendo fotografías y videitos porque todos somos unos pinches fotógrafos muy cabrones… Y si no, estamos viendo un concierto en vivo, ¡pero a través de la pantalla! En fin… ¡qué se va a hacer!
–Rubén Albarrán

Luego llegaría el momento de escuchar una de las canciones que más debería emocionarnos a los centroamericanos: «Ixtepec«, el nombre del pueblo donde el sacerdote Alejandro Solalinde sostiene un albergue de apoyo a los migrantes centroamericanos indocumentados que buscan a atravesar México, rumbo a Estados Unidos. La canción de Café Tacvba fue escrita por Joselo y Emanuel hace más de 20 años, cuando aún no existía un auge mediático relacionado al drama del vía crucis migrante. Eso sí, el tema habla de un viaje largo y cansado. Algo de fiel sí que tiene en cuanto al reflejo de  Ciudad Ixtepec, Oaxaca.

Aquí un video de «Ixtepec«:

Lo bueno de que Café Tacvba haya decidido tocar por completo el «Re» es que se trata de un disco de 20 canciones –como años– donde, debido a lo extenso de la discografía de la banda, en muy pocas ocasiones se tiene la oportunidad de escuchar algunas de ellas, como por ejemplo, las siguientes ocho en el orden: «Trópico de cáncer» –en la que los músicos utilizaron unos cascos de mineros en alusión a la crítica ecológica que posee esta rola–, «El metro» –y los efectos del sonido de vagones–, «El fin de la infancia» –con su introspección en la banda sinaolense–, «Madrugal» –y la nostalgia de una ciudad vetusta como el DF–, «Pez»/»Verde«–con la imaginación que se despierta en las imágenes de una vida dentro y fuera de una pecera–, «La Negrita» –y la samba sabrosa en la que hasta podemos olfatear los aromas de una vida costera– y «El Tlatoani del Barrio» –que parece sacada del Cine de Oro mexicano, aunque realmente relata la historia del encuentro entre los padres de Rubén Albarrán, con menciones a lugares comunes en mi vida personal: las vecindades aún latentes en la Colonia Guerrero, La Lagunilla, etc–.

Atravesar ese trayecto para aterrizar en «Las Flores«, donde los fans más acérrimos nos reencontramos con los escuchas de ocasión, porque un tema como este ha sido parte de la vida de todo aquel que ha sido feliz alguna vez en una fiesta de Latinoamérica. Es lo que tienen los himnos, pedazos musicales capaces de capturar tanta felicidad y reproducirla. «Las Flores» es eso y mucho más.

Otro detalle reseñable es que la banda decidió respetar con pulcra fidelidad los arreglos originales de cada canción, así por ejemplo en «El baile y el salón» se pudo escuchar la progresión armónica –con su sonido disco– del «Ahora que estamos en la pista tu y yo…»; y que Café Tacvba había cantado a capella en tantas ocasiones.

Con «El puñal y el corazón» llegó el danzón. Diez mil personas se sintieron, por un pequeño momento, en una vecindad de barrio, sacando a bailar a «la güera de los tacos». Lamentándose entre el perdón exigido, el perdón obsequiado y el perdón denegado.

El final de esta sección llegó –como era de esperarse– con «El Balcón«, el piano en nostalgia de una cajita musical que se cerraba.

La banda abandonó el escenario por un momento que fue aprovechado por muchas personas para gritar consignas en alusión al caso de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos –y presuntamente asesinados de manera salvaje en Iguala, Guerrero–. «Ayotzinapa vive, vive… La lucha sigue, sigue...» y «¡Fuera Peña! (en referencia a Enrique Peña Nieto, presidente de México) era lo que se escuchaba.

Café Tacvba no podía mostrarse ajeno al sentir general y para el tema «Volcán» preparó sobre el escenario un arco con 43 velas, mientras mucha gente realizaba un conteo a gritos desde el uno hasta el 43.

43 velas para recordar a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Fotos cortesía de OCESA.

43 velas para recordar a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Fotos cortesía de OCESA.

Superado el homenaje al «Re«, la banda se dedicó a las complacencias con canciones de otros discos. Así sonaron otras como «Eres«, «Las Batallas«, «Rarotonga«, «Chilanga Banda«, «El Espacio«, «La Chica Banda«, y se terminarían despidiendo con «Déjate caer«, con baile incluido, como es ya tradición en ellos.

Atrás quedaron 28 canciones, un tributo a sí mismos, mucho baile, velas de celebración y también de plegaria. Atrás, una fecha más del cuarto de siglo de uno de los grandes prodigios de la música latinoamericana.

Da click aquí para ver la galería fotográfica del concierto.

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#Música