«Mis huellas a casa»: el cine canino vuelve a estrujarnos el corazón

La segunda parte de una novela bestseller apela de nuevo a los sentimientos de quienes damos a nuestras mascotas un lugar trascendental en nuestras vidas. A pesar de ser una película con evidentes falencias, «Mis huellas a casa» alcanza su objetivo gracias a que recurre a una fórmula sencilla: lograr que en cada lamida, ladrido o galope de Bella –la perrita protagonista de la historia– sintamos que estamos acompañando a la mascota que tenemos o tuvimos en algún momento de nuestras vidas.

[Alerta: la siguiente reseña detalla información sobre la película «Mis huellas a casa». Sin embargo, si se quiere evitar los spoilers, puede disfrutarse perfectamente si dejas de leer únicamente los párrafos escritos en gris]


Sí, pueda que lo nuestro sea una locura y la manera de explicarlo, un trabalenguas: este es un mundo habitado por un grupúsculo de humanos que amamos a nuestros perros de una manera tan perra que decidimos no engendrar más humanos porque entendemos que eso es lo que menos necesita esta vida de tan ‘perrorífica deshumanidad’.

Y pueda que nos importe un carajo si se nos ve con recelo y se nos critique por preferir el bienestar de nuestros ‘perrijos’ por encima del 99 por ciento de la especie con la que sí compartimos cromosomas y sistema cognitivo. Nos da igual. Somos felices integrantes de un clan pro-can. Gozamos de cotizar nuestros bitcoins del afecto en una bolsa de valores donde fantaseamos con obtener tickets que nos den acceso como espectadores a un cielo que consideramos mejor: un cielo perruno, donde la norma sea andar a cuatro patas, olfatear con desparpajo, lamerse las pelotas… y jugar por jugar.

Hollywood es maquiavélica y nos conoce bien. Sabe que tenemos corazón de pollo. Y sabe aprovecharlo. Sabe que somos, además, presa fácil del kleenex en películas como “Mis huellas a casa”, otra historia del cada vez más popular género de cine canino en el que ya antes han destacado algunas otras como “Hachiko: siempre a tu lado (2009)”, “Marley y yo (2008)” o “La razón de estar contigo (2017)”.

La sinopsis de esta nueva opción para soltar la ‘moqueada’ –sin moquillo– es la siguiente:

«‘Mis huellas a casa’ narra las tiernas andanzas de Bella, una cachorrita que se embarca en una aventura para regresar a su hogar después de ser separada de su amado humano. En su odisea, Bella recorre 650 kilómetros para reencontrarse con su dueño, Lucas, un estudiante de medicina. En el camino, Bella vivirá aventuras asombrosas. Entablará un vínculo enternecedor con una puma, huirá de una manada de lobos, resistirá a una avalancha y buscará la manera de jugar ‘ve a casa’, si se lo permite el mayor de los peligros: la falta de empatía de otros seres humanos»

Debe decirse que esta no es una historia que destaque por su originalidad. Ya en 1963, Walt Disney publicó “The incredible journey”, que posee un argumento similar, aunque en aquella película el viaje lo realizan tres mascotas: un labrador retriever, un bull terrier y un gato siamés. Debe decirse además que «Mis huellas a casa» forma parte de lo que ya pareciera ser una franquicia de cine perruno que nace de la creatividad del novelista Bruce Cameron, quien ya antes publicó el bestseller «A dog’s purpose (La razón de estar contigo)», llevada al cine en 2017 y que fue objeto de un escándalo cuando la organización PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales) solicitó boicots de la película a nivel mundial después de que se dio a conocer un video en el que se comprobó que uno de los perros utilizados en la filmación fue forzado en una escena en la que casi se ahogó.

La película actual está basada, de hecho, en la segunda novela escrita para esa saga por Cameron. A diferencia de la primera, esta vez no hay reencarnaciones ni se necesitan. Bella parece gastar múltiples vidas en un solo viaje.

«Mis huellas a casa» es más una historia pensada para adultos que adoramos a los perros y no tanto para niños que pudieran traumatizarse.

Hay una escena, en especial, en donde la perra –en estado famélico–es amarrada a un vagabundo que fallece a la intemperie. En lo particular, esa escena me dejó pensando mucho en el argumento principal que distintos amigos me han expresado en diversas ocasiones, siempre que hablamos acerca del amor (que ellos consideran «desmedido») hacia los perros: «¿qué mundo es este en el que sentimos más empatía por un animal que por un ser humano?». En la película, durante todo el viaje sufrimos por las cosas que debe atravesar Bella, pero la muerte de un ser humano transcurre de forma irrelevante y se presenta más como un obstáculo para el verdadero objeto de nuestras afecciones: la perrita protagonista. Y entiendo que explicarle esa situación a un infante podría resultar complicado.

Este es el afiche con el que se anunció el estreno de «Mis huellas a casa», una película que actualmente se exhibe en las salas de cine.

Sin embargo, algunas cosas dependen del cristal con que se miren.  «Mis huellas a casa» comparte, además, un mensaje que podría colaborar a que los dueños de mascotas seamos más conscientes de la responsabilidad que se ha adquirido; así como también de la importancia de las campañas de esterilización, adopción y de no abandono a las mascotas.

Pero no solamente es un problema de abandono y sobrepoblación canina o gatuna. También hay un problema de simple castigo y maltrato a los animales. Hay mucha gente que se coloca en una condición superior sobre otras especies y se limpian las nachas con la validez e importancia de la Ley de Protección y Promoción de Bienestar de Animales de Compañía. Es gente a la que, quizás, le haría bien someterse al chantaje emocional de «Mis huellas a casa». A ver si en ellos renace el corazón de pasa que andan portando.

La película también cuestiona la rigurosidad de algunas leyes, como la de Denver, Colorado, que estigmatiza a ciertas razas caninas, como los pit bulls, por ejemplo.

Sí, «Mis huellas a casa» es una producción que parece creada para un público cautivo adicto a Hallmark Channel. Tiene fallas evidentes, como el irreal uso del CGI («imagen generada por computadora», por sus siglas en inglés) para dar vida a «Gatita grande», el personaje de una puma que se queda huérfana y entabla una relación de sobrevivencia, amor, juego y solidaridad con Bella. En tiempos modernos, el CGI podría haber tenido mejores resultados que lo que se presenta en la película, que luce bastante precario.

Sin embargo, en una valoración general, esta película es una buena opción de entretenimiento familiar, especialmente para quienes amamos a los perros de forma especial. Presenta la única duda, quizás, de si algunos niños podrían verse afectados por el camino tormentoso que atraviesa Bella en su odisea. Habrá niños que sí puedan asimilarlo y otros que, pueda que no tanto. Queda en el juicio de los tutores saber si es conveniente que la vean.


  • “Mis huellas a casa” se exhibe actualmente en distintas salas de cine en Centroamérica. 

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