“Esta película es una carta de amor que le escribí a mi madre”

El pasado 28 de abril, la cineasta salvadoreña Brenda Vanegas estrenó la película «Antes la lluvia», un largometraje de ficción que tardó siete años y para el que debió resolver numerosos aprietos económicos. En la siguiente entrevista, Brenda habla acerca de migración y alzhéimer, temas que motivaron la historia.

Fotos cortesía de la productora Encantada por la Vida y Natalia Alberto


La vida de Brenda Vanegas se ha visto atravesada por la migración. A los seis años quedó al cuidado de sus tíos. Su madre emigró a Estados Unidos con la esperanza de darle una vida digna. Brenda, como profesional, ha documentado la migración femenina porque la ha vivido de primera mano. Estas experiencias sirvieron de recurso creativo para dar vida a «Antes la lluvia», un proyecto que hace siete años inició siendo un cortometraje llamado «Volar».

Brenda compartió con Factum las motivaciones que tuvo para contar la historia de María, una migrante salvadoreña radicada en España. Y también habló sobre el impulso que está detrás del personaje de Esther, una anciana que lucha contra el alzhéimer.


Después de siete años de trabajo, ¿qué significó para ti que “Antes la lluvia” se estrenara en El Salvador?

Yo tenía un compromiso muy grande con El Salvador, con mi tierra. La pandemia, que pensamos que iba a ser una pausa de unos meses (ríe), se volvió una pausa enorme e hizo que la espera de cumplir este sueño fuese mucho más larga. A nivel personal, estaba ansiosa por compartir esta película, porque es una cuestión de cerrar ciclos. Después de tantos años hay que continuar haciendo otras cosas y poner la mirada en otros proyectos.

Sin dejar de mencionar el compromiso con los artistas que participaron en la película. Estamos hablando alrededor de 50 artistas, entre actrices, músicos, fotógrafos, directores de arte, vestuaristas, editores, correctores de color, entre otros. Era muy importante poder decir a El Salvador: «Aquí les entrego. Gracias por el voto de confianza en esta ópera prima». Que no es decir poco. Tiene un gran valor que esta película haya sido sacada adelante con la fe y voluntad de muchas personas. Sobre todo, en aquel tiempo, que todavía se hablaba poco de cine salvadoreño.

En resumen: estrenar en El Salvador es decirle al país que sí pudimos hacer esta película, porque sin el esfuerzo y apoyo de las personas que se unieron al proyecto no hubiéramos podido. Este proyecto se debe a muchas instituciones educativas, empresas, personas particulares y apoyo del gobierno anterior y el actual. Para mí, es muy interesante ver la representación y los esfuerzos de todo un país en un solo proyecto.

Brenda Vanegas, cineasta. Foto FACTUM/Natalia Alberto.

¿Cómo nació «Antes la lluvia»?

Cuando aún existían los Premios Pixels, fue una oportunidad de acceder a un fondo para los cineastas. En ese momento, cuando apliqué al fondo, lo hice con dos proyectos. El primero era sobre cine documental. El segundo era un cortometraje de ficción que narraba la relación de estas dos mujeres (protagonistas de «Antes la lluvia») en un capítulo muy breve. Tenía 32 años. Me sentía muy joven e inexperta como para asumir la responsabilidad de hacer un largometraje de ficción. Ya había hecho algunos cortos, el más conocido es «Paula», que había sido una escuela de cómo filmar una historia narrada desde la ficción. Hay que poner en contexto que hace unos años no se hablaba del género de ficción. El cine documental nos lleva muchos años de ventaja y tenemos grandes documentalistas que han hecho brillar a El Salvador. Pero la ficción tiene otros retos. 

Cuando comienzo a escribir, casi desde una escritura automática, debido a mi acercamiento al tema de la migración y la investigación profunda que realicé sobre la enfermedad de Alzhéimer, comenzaron a salir página, tras página, tras página. Le daba a leer al equipo y me decían que condensarla sería quitarle parte de su esencia. Tuve aliados y productores que me dijeron: «Veamos cómo hacemos». Y ese «cómo hacemos» nos tomó siete años. Así llegamos a un largometraje.

En mayo del 2015 me dan los fondos de 25 mil dólares, destinados a producir un cortometraje. No te podría explicar lo poco que es eso para hacer ficción. Estábamos hablando de un set con más de veinte personas, a las que había que pagarles, darles de comer, brindar transporte y viáticos. El presupuesto se podía acabar en tres o cuatro días. Tuvimos que parar al menos cuatro veces porque nos quedamos sin dinero. Aquí es donde se decide abrir un crowdfunding y se suma la colaboración de empresas que nos patrocinaban comida, entre otros. 

«Antes la lluvia» es una coproducción…

Sí, con Relativo Films, de David Pinto. Con David produje mi primer corto, «Paula». Entonces, ya teníamos la complicidad y la experiencia, que era muy chulo. Curiosamente, en el pasado trabajamos juntos en algunos proyectos comerciales en Nueva York. En un primer momento nos llevamos muy mal, pero por azares de la vida nos tocó trabajar un proyecto solamente a los dos. Dejamos de pelear y comenzamos a entendernos. Cuando nace la idea de «Volar», ahora conocida como «Antes la lluvia», pienso en David de inmediato porque sabía que su estética iba a ayudar al proyecto.

¿Por qué hablar de mujeres migrantes, alzhéimer y olvido?

La migración femenina no es un tema que yo elegí, sino un tema que la vida me dio. Cuando tenía seis años, mis padres se separaron. En esta partida, mi madre, cumplía con tres características que suelen tener en común las mujeres migrantes. La primera era ser dependiente económicamente. Esto está relacionado con la segunda característica: ser víctima de violencia. Y la tercera era ser originaria de un país subdesarrollado o en guerra. Al tener oportunidades tan cortas, sin una profesión, sin trabajo y en un contexto tan complejo como la guerra civil, decide migrar a Estados Unidos. 

Esta película es una carta de amor que le escribí a mi madre, después de tantos años, ya siendo una adulta y entendiéndola mucho más ahora que cuando era una niña. Porque los niños cuando sus padres migran, sufren el síndrome del abandono. Entonces fui creciendo con ciertos dolores y traumas que no entendía y estaban enraizados en ese suceso. 

Pero la vida te va poniendo las respuestas. En este caso no lo hizo en la boca de mi madre, sino en la vida de otras mujeres. Hace aproximadamente veinte años trabajé en un documental sobre migración femenina. Estuve en las conocidas Casa del Migrante de distintos países de Latinoamérica. Una mujer en Honduras, a la que le pregunté su descripción de la mujer migrante, me dijo que las mujeres migrantes son dedicadas a la vida, porque siempre migran por sus hijos, sus padres y por todos los que están detrás de ella. Me dijo que eran mujeres santas.

Así es como la idea que había construido de mi madre se destruyó y volvió a conformar en un instante. Porque yo había reclamado la ausencia de mi madre en el pasado. No quería cosas materiales, la quería a ella. Y toda esa serie de dolores que iba acarreando desde niña, muchas veces en el silencio, porque sabía que ella tampoco se lo pasaba bien… se disuadieron. 

Por fortuna, he tenido no solo la oportunidad de observar el fenómeno, sino que en algún momento también fui esa mujer migrante. Esto se debe a que mi padre de crianza muere, y en ese momento me replanteo la vida. Y pienso: «Si se murió él, puede morir mi mamá y no nunca voy a saber quién es en verdad, porque no nos hemos dado la oportunidad de conocernos». Entonces voy a Estados Unidos, con mis estudios, papeles y todo el rollo, pero no me interesó más que meterme a trabajar en todo lo que hacían las otras mujeres para vivir. Trabajar doble turno, cuidar niños o ancianos, embolsar productos en el supermercado, la tintorería… De todo. Quería entender desde la piel y esto mejoró muchísimo la relación con mi madre, porque pude empatizar con ella.

El ritmo de vida debe ser muy extenuante…

Sí, mi mamá trabajó en una planchaduría (ese es un pasaje de la película inspirado en ella) durante veinte años. Nunca se movió de ahí. Porque estas mujeres están buscando la estabilidad laboral ante todo. Es complejo conseguir los ingresos para vivir en el país y el fondo que tienen que mandar a su familia.

Se habla de las remesas familiares, pero poco se habla de cómo se consigue la remesa familiar.  Estas mujeres son las que deberían de aparecer en las revistas de economía y negocios, porque son ellas quienes sostienen al país. Desde mi experiencia de observación puedo decir que las mujeres son las más fieles a sus motivaciones de migrar. Están ahí, infalibles, sin importar las condiciones. Vemos pinceladas de esto en la película.

Y luego en la película está el tema de querer olvidar…

Lo decís por Julián, el novio de María, me imagino. No tuve ninguna experiencia personal, pero lo notaba mucho con mis amigas migrantes que se aferraban a una relación, sin importar el daño que les hiciera. Y pensaba: «Es muy fácil aferrarse al mínimo amor al estar tan solas. Necesitan que alguien les diga que están guapas, que las acompañen a tomar un café, algo que no sea su rutina saturada de trabajo».

En el caso del alzhéimer, ¿cómo se incorpora el tema en la película?

Esa es otra historia. Estaba visitando a mi madre en Nueva York y de repente comenzamos a escuchar unos gritos muy alarmantes, algo que decías «Ahí está pasando una situación violenta». Gritos que parecían ser de una mujer mayor y que hablaba inglés, pidiendo ayuda. Fue tan inquietante la situación que fuimos y tocamos la puerta. Salió una chica que parecía ser quien la cuidaba y le preguntamos qué pasaba. No nos dio mucha confianza, entramos y llamamos a la policía. Luego pudimos hablar con la hija de la señora, y nos contó que su madre padecía alzhéimer y no podía contarle si la maltrataban porque se le olvidaba. 

A partir de esta vivencia me empezó a interesar más la enfermedad y comencé una investigación exhaustiva del tema. Consulté a un doctor para que me explicara cómo funcionaban esas etapas en las que un día la persona podía estar muy lúcida y sin ningún síntoma, pero al siguiente estar completamente desorientada. Y bueno, al juntarlo todo se formó este binomio entre la migración y el olvido. Se comenzaron a dibujar los personajes de María y Esther, quien es protagonizada por Isabel Dada, lo cual fue un honor para mí, como directora: tenerla en la película.

«Volar» –ahora «Antes la lluvia»– fue el último proyecto en el que Isabel Dada participó como actriz. ¿Qué fue lo mejor de trabajar con ella?

Fue mágico tenerla en el equipo, en las condiciones en que se encontraba. Ni siquiera se sabía que ella estaba padeciendo cáncer. Eso es algo que me parece impresionante. Ella debía sentir dolor, pudo tener muchos motivos para quejarse o cansarse. Pero cuando fuimos a Barcelona y estábamos rodando, ella se veía inmensamente feliz. Yo no sé por qué tuvimos el honor de trabajar con ella, pero conocer a un personaje como Isabel es una enseñanza de vida. Isabel era minuciosa con su trabajo. Cuidaba cada detalle de vestuario y peinado para ser fiel a su personaje.

Isabel sabía escuchar y estaba abierta a aprender. A su edad y con su trayectoria no se comportaba como una persona arrogante que sabía todo. Al contrario, mirábamos documentales juntas, íbamos a entrevistas, leíamos el guion y los desmenuzamos juntas. Hizo coach de acento, porque interpretaba a una mujer española, y fuimos probando cuál fuera más parecido al de Inma López, que protagoniza a Soledad y es andaluza. Formamos una conexión entre directora y actriz muy estrecha. Cuando le proponía algo, Isabel, al ser tan sensible decía que si se le enchinaba la piel al escucharlo, seguro iba a funcionar.

«Antes la lluvia» fue la última producción en la que trabajó Isabel Dada, quien falleció en junio de 2017. Foto/cortesía de la productora Encantada por la vida.

Durante la película vemos peces. Algunos acompañados de otros peces y, en otras ocasiones, solos. ¿Esto es algún tipo de guiño?

Me gusta que cada quien interprete lo que quiera. No hay un mensaje oculto, pero este pasaje lo extraje de mi madre. Cuando comencé a vivir con ella, me percaté de que éramos totalmente distintas. Ella es de mantener las ventanas cerradas; yo de mantenerlas abiertas. Sentí que al sitio le faltaba vida, así que un día compré un pez y se lo regalé a mi madre. Incluir el pez en la película fue una forma de acentuar la soledad, porque María carga consigo al pez a trabajar porque no tiene a nadie que se lo cuide. Además, dicen que los peces tienen una memoría muy corta.

Muchas personas seguían el proyecto de la película desde sus inicios. ¿Cómo fue la reacción del público al estreno?

Empecé este proyecto sin mayores expectativas. Jamás pensé que haríamos un largometraje o que seríamos seleccionados en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Y pasó. Ahora, no sé qué vaya a pasar con la película en el futuro, pero espero que le vaya bien, porque creo que ese esfuerzo colectivo merece reconocimiento. Lo que realmente me interesa es conectar. Que las personas salgan del cine y se queden con una idea dando vueltas en su cabeza. He recibido mensajes de amigos y personas que vieron la película diciendo: «Brenda, cuando llegué a casa, lo primero que hice fue hablarle a mi mamá» o «Llevo tres horas hablando con mis padres». 

Desde tu experiencia, ¿crees que el cine salvadoreño está en un buen momento?

Vamos más lento de lo que me gustaría, pero creo que este año es histórico para el cine salvadoreño. Tenemos cuatro películas en fila y eso es algo que no se da frecuentemente en el país. Arrancamos con «Lienzo en blanco», de las colegas Leslie Ortiz y Gabriela Cruz. Luego vino «Polvo de gallo», de Julio López. Tercero tenemos «Antes la lluvia» y pronto se estrena «Fly so far», de Celina Escher.

Es una maravilla. Las cuatro son muy particulares en sus estéticas. Puede parecer que vamos lento, pero vemos florecer los proyectos que comenzaron hace varios años. Creo que a medida que se puedan consolidar equipos de trabajo multidisciplinarios veremos más historias. Nosotros, como cineastas, si queremos dedicarnos a esto debemos presionar más y exigir una ley de cine, porque eso va a sistematizar procesos y abrir las posibilidades de más fondos.

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