«Se ha ninguneado, ignorado y atacado a la academia durante la pandemia, y eso no es saludable»

Óscar Picardo es investigador y dirige el Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Francisco Gavidia, desde donde desarollaron un centro de modelaje matemático con el cual han intentado anticipar el alcance del Covid-19 en El Salvador. Desde esa posición, hace un recuento de lo ocurrido en los últimos tres meses para el combate del coronavirus en el país. En su balance, el saldo es negativo para el presidente Nayib Bukele.

Foto FACTUM /Cortesía


Con el fin de la cuarentena obligatoria por el coronavirus, Picardo hace un análisis de los últimos tres meses de leyes, decretos y medidas para paliar la pandemia. Uno de sus principales señalamientos es que ha habido un manejo político de las estadísticas y de la información, y un desprecio y descalificación a los aportes de la academia.

«Con el tema de modelos matemáticos nunca hubo ni un acercamiento, ni tan siquiera preguntas», dice Picardo. Y los datos permiten planificar mejor las políticas públicas, recuerda el investigador, que tiene un doctorado en Ciencias de Educación. Haber tomado en cuenta los datos hubiese permitido, por ejemplo, tomar decisiones más acertadas sobre la conveniencia o no de construir el hospital CIFCO, el que se suponía debió estar listo a inicios de junio y el que, también se suponía, sería el más grande de Latinoamerica. «Tengo la impresión que la curva ya está aplanada, y cree que CIFCO ni creo que lo vayan a utilizar», opina el académico.

Ubiquémonos en el inicio de la pandemia. Hablemos del escenario que nos planteó el Gobierno en marzo, cuando todo esto empezó. Nos ubicaron en un escenario mucho más trágico del que tenemos ahora, al decir que en mayo estaríamos con más de 3 millones de contagios. ¿Se escogió deliberadamente un modelo matemático para exagerar las proyecciones?

El modelo que se optó fue una pedagogía del miedo. Yo le llamé así.  Posiblemente no sé si había buenas o malas intenciones, pero fue para preocupar a la gente. Se utilizó un modelo casi geométrico exponencial en donde los casos se triplicaban o duplicaban cada dos días, llegando a una proyección de 3 millones de contagiados. Si bien se tomaron medidas positivas, que también fueron criticadas, pero creo que fueron acertadas: el cierre del aeropuerto, el cierre de las fronteras, los datos que se proyectaban estaban fuera de realidad, tanto los de El Salvador como los de Estados Unidos. Eso fue lo que nos llevó a nosotros a… afortunadamente hacía dos años habíamos creado un centro de modelaje matemático, y no sabíamos que lo íbamos a usar para esto y nos funcionó muy bien. Cada epidemia tiene herramientas distintas para analizarlas, en el caso de esta pandemia lo que se utiliza es el modelo McKendrick, que es el que ocupó el colegio imperial de Londres, y la mayoría de países. Nosotros, afortunadamente, por este centro de modelaje estábamos vinculados a una comunidad académica muy fuerte: el doctor Carlos Castillo Chávez, que es medalla de la ciencia de la Casa Blanca; Juan Aparicio de la Universidad de Salta; Marlio Paredes de la Universidad del Valle; Carlos Hernández, de Brown. Entonces con ellos consultamos y todos nos dijeron lo mismo: hay que irse por SEIR y así lo hicimos.  Publicamos cinco informes desde el 3 de abril hasta el último la semana pasada.

¿Como universidad o como observatorio?

Como universidad empezamos. Luego, por vínculos profesionales, con Helga Cuéllar, con quien trabajamos temas educativos, surgió la idea de aglutinar el trabajo que estaba haciendo la UES, que es muy bueno, estaban corriendo el modelos series temporales de corto plazo.  Invitamos a la ESEN para temas económicos, a la Matías para temas jurídicos. Invitamos a la UCA, que nos manifestó que estaban complicados de tiempo. Y así arrancó el observatorio covid19.sv

Ustedes ofrecieron asistencia desde el principio, no solo con el modelaje matemático, sino con aquel prototipo de respirador mecánico…

Ese fue el primer proyecto que sacamos, que sí atrajo el interés de la Secretaría de Asuntos Estratégicos. Luego se fueron trabando las carretas porque como aquí últimamente no se ha producido equipo médico no había quién lo certificara. Y todos tuvieron miedo de que si alguien moría conectado a ese equipo, pues alguien dijera: ¿Quién lo fabricó?… y a la cárcel todos. Entonces, al final, como experiencia fue muy buena porque logramos un excelente prototipo y después de la crisis esperamos llevarlo a la FDA para que lo certifiquen. Con los modelos, de hecho, nosotros asistimos a la segunda sesión de la mesa donde estaba la UCA, la ESEN, y presentamos el primer ejercicio de modelos matemáticos, que contrastaban radicalmente con los números del Gobierno. Ahí estaba el ministro de Salud, la ministra de Turismo, el ministro de Hacienda. Creo que no le dieron la importancia a esa presentación. Más bien hubo como desconfianza.

Modelo de proyección hecho por la UFG, actualizado con datos hasta el 15 de junio de 2020. Según este modelo, el fin de los casos será el 1 de septiembre y el pico de casos fue el pasado 27 de mayo. La universidad aclara, sin embargo, que si los datos oficiales han sido manipulados «es importante hacer notar que ningún modelo matemático será exacto».

Han ofrecido diferentes insumos, ¿En algún momento les escucharon como academia?

La única reacción que tuvimos fue con la aplicación esta que hicimos: la 5VID, para la vuelta a la normalidad, que este miércoles se va a presentar al Ministerio de Economía. Con el tema de modelos nunca hubo ni un acercamiento, ni tan siquiera preguntas. No hubo interés. Creo que pudieron haberlo tomado en cuenta como un espejo, sobre todo nuestro primer modelo se pronosticó al 18 de mayo, a 60 días, en ese modelo andábamos muchos más cerca de los datos de ellos. Andábamos en 996 contagios y tuvimos 1389. El margen de error era como de 500 casos. Versus el margen de error del Gobierno ya eran cientos de miles. Había una diferencia muy grande. Y estos datos, más allá de la cercanía, lo que te permite es planificar las políticas públicas. Si era o necesario o no CIFCO, por ejemplo. Con 4 mil casos no te colapsaba el sistema hospitalario. Con 14 mil sí, pero tú decías: «bueno, viendo la estadística como va, lo más lógico es que vamos a llegar al punto de los 4 mil casos», que no colapsa y en el peor de los casos deberías de tener un hospital de campaña de emergencia para 500 camas y 100 UCI, por si tenías un episodio atípico. Me da la impresión que la curva ya está aplanada y empezando a bajar, y CIFCO no está ni terminado ni creo que lo van a utilizar, así como van las cosas.

Con la vuelta a la normalidad esta, que al final fue necesaria o presionada desde el punto de vista económico, las condiciones epidemiológicas no estaban para abrir, epidemiológicamente hablando, porque no hay un descenso marcado, estamos planos en la curva. Quizá con el tema del transporte público se logra corregir y podemos llegar a la semana que viene en descenso.

¿Ustedes, con base a la cifra oficial que recibimos a diario, detectaron una anomalía en el manejo de los datos, incluso antes de que se filtrara el memorándum que reveló que dos asesores venezolanos controlaban qué pruebas se procesaban y cuáles no?

Nosotros empezamos a detectar, como hacemos seguimiento día a día, y hay un histograma de casos contagiados y recuperados diarios, y el saldo entre esos dos. Resultó que entre el 16 y el 26 de mayo fue donde vimos ese episodio raro. El tema es que la enfermedad tiene como un ciclo y si tenés en un día 10 contagiados, aproximadamente a los 5 o 6 o 7 días se da el proceso de incubación, hay un ciclo regular. Nos resultó extraño un descenso marcado en la curva. De repente tuvimos un día con 129 recuperados, y al día siguiente 11. Ahí es donde vimos que algo no estaba funcionando bien, que no estaban cargando bien los datos al sistema, o estaban retrasando datos de una u otra condición (contagiados y recuperados). Luego el 7 de junio vino lo del memo, que vino a confirmar que sí había algo en el manejo de los datos. Estadísticamente se notó.  Si ves el histograma, viene con un ritmo y de repente pum colapsa, se vuelve a normalizar, vuelve a colapsar, y se vuelve a normalizar de nuevo.

¿Llegaron a detectar que los picos estaban asociados con eventos políticos?

En uno de los informes marcamos, de hecho, algunos hitos. El famoso caso de CENADE, las entregas de insumos agrícolas. Intentamos hacer un ejercicio forense, reconstruir los datos, poner en una hoja los datos que publicaba el Gobierno y en otra los supuestos de los parámetros internacionales.  El problema es que el volumen nuestro de datos es pequeño y resultó difícil. De ese ejercicio sí notamos un subregistro de fallecimientos. Lo discutimos y al final El Salvador tiene una alta tasa de decesos por neumonía. Aquí hay mucha tela que cortar: cómo se registra la partida de defunción, muchos alcaldes usaron protocolos Covid de manera preventiva.

Ha surgido nuevamente el debate porque en El Salvador no se autorizó a los privados para hacer pruebas ni tratar a pacientes. En otros países sí. ¿Con que asocia ese monopolio?

Con control de la información. Si tú habilitás todo el sistema hospitalario, hacés una distensión de la demanda y eso te ayuda a tener un volumen menor en el sistema público. Podrían haber acudido empresas a pagar las pruebas para verificar si sus empleados tenían o no Covid, para reapertura económica. Creo que es un tema de control político, de control de la información. Si se metía en el sistema privado, había la posibilidad de perder el control de la información, aunque es una minoría la que puede ir a un hospital privado. Eso hubiese ayudado, porque se hubiese ahorrado el Gobierno unos cuantos miles de dólares.

Tenemos imprecisión o dudas sobre el procesamiento de pruebas, sobre el registro de fallecidos y recientemente usted adicionaba el tema de la incertidumbre sobre la cifra oficial de camas UCI disponibles…

Nosotros hicimos un ejercicio de hacer un levantamiento de la capacidad hospitalaria en función de Covid, número de médicos, número de intensivistas, camas UCI, etc. Al final, llegamos a un dato de 238 camas UCI. Hoy estaba viendo un video del doctor (Eduardo) Espinoza, exviceministro de Salud, que hace una lectura detallada y él llega a un dato de 183. También teníamos una nota de prensa de hace año y medio de 157 camas UCI en un informe, y revisamos memorias de labores del ISSS, del MINSAL e hicimos consultas a médicos que conocen el sistema. La diferencia puede darse a raíz de ciertas camas que se preparan. Pero al final, busquemos la media. Podríamos quedarnos entre 180 y 200. Lo cierto es que no son las 30 que manifestó el presidente y el diputado Martell. Hay manejo poco profesional de la información, más con criterio político, que con criterio científico o técnico, pero era imposible que el país tuviera solo 30 camas UCI.

Un agente de la Policía Nacional Civil mantenía un control de permisos de movilidad el 24 de abril de 2020 en la entrada de Suchitoto, como parte de las medidas sanitarias y de emergencia para evitar la propagación del Covid-19. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

¿Qué riesgo supone afrontar la pandemia con cifras tan vagas y con este manejo impreciso de los datos?

Se va creando un ambiente de desconfianza, de falta de cientificidad, porque la gente replica cosas y dudamos de todo. Un manejo muy político de la cifra, de los datos. Es lamentable porque los datos son los datos. Si no tenemos la capacidad de saber la cantidad de camas UCI al inicio de una crisis eso es fatal. Hay un nivel de imprecisión y un nivel de uso político muy alto, y un nivel de no consultar y no creer en la ciencia de los datos, ni en la academia, ni en nada. Si tenés los datos del MINSAL, del Seguro, los del Colegio Médico, los de la academia, los de los tanques de pensamiento, entonces podés poner todo sobre la mesa, como el famoso caso de los homicidios que la PNC decía una cosa, la Fiscalía otra, hasta que se ponen de acuerdo y validan los datos. Pero eso no se ha hecho, lamentablemente hay un discurso en pro de descalificar lo que calificó antes de junio de 2019, sea bueno, sea malo, no sirvió. Son los 30 años perdidos. Entonces en función de eso se maneja el tema de datos.

Si hace un balance global, no solo en cuanto a manejo de estadísticas, sino de las medidas que se adoptaron, ¿Cuál sería la calificación que le pondría al Ejecutivo?

Creo que hay luces y sombras, más sombras que luces en todo. Está todo muy centrado en la figura del presidente. Creo que eso es un error de un presidencialismo absoluto. El balance total, pese a las buenas medidas que se tomaron y a las no tan buenas, al final lo deja solo al presidente, peleado con medio mundo: con la academia, con la UCA, con FUSADES, con la ANEP, con la Asamblea, con la Sala, con la Corte, con la prensa, en un momento que necesitás unidad, que necesitás esfuerzos. Creo que se queda muy solo el presidente. Y cuando la verdad está centrada en una persona y no en el conjunto de datos suele suceder que el balance es más negativo, porque no somos dueños de la verdad y tenés que juntar todas las piezas del rompecabezas.

El presidente Bukele durante su visita a la comunidad Nuevo Israel, donde dio un discurso político dentro la comunidad afectada, en este caso, por los estragos que provocó la tormenta tropical Amanda.  Con la pandemia del Covid-19 como telón de fondo, Bukele usó esa oportunidad para atacar a sus opositores. Foto FACTUM/Gerson Nájera

No recuerdo, en la historia reciente, una descalificación como la que hemos visto en este período hacia la academia. Solíamos ver ataques a la oposición, a los empresarios, pero no a la academia…

Sí, hay un desprecio. Ese desprecio se produce desde la misma condición personal de muchos funcionarios de Gobierno que ni siquiera terminaron de graduarse. Entonces, es algo casi natural, lamentablemente. La academia nuestra tiene muchísimas limitaciones. No somos Harvard, no somos MIT, nada que ver. Sin embargo, los últimos años se han hecho esfuerzos importantes, por ejemplo, la creación de este centro de modelaje matemático es un esfuerzo importantísimo para muchas cosas. La UES también tiene centro de modelación matemática. La UCA tiene un capital importante en la historia académica. Yo siempre he creído que la estatura de un país depende de la estatura de sus universidades. Con sus limitaciones, es una academia que puede dar una respuesta a ciertos problemas. Se ha ninguneado, se ha ignorado, y se ha atacado, y creo que eso no es saludable. No soy de las personas que cree que todo es negativo, hay universidades de universidades, pero también hay cosas buenas. Pero se ha descartado todo, como diciendo aquí nada sirve. Jamás nos tomaron en cuenta para nada.

¿Esto los deja más cohesionados como academia?

Sí tenemos un nivel de cohesión de trabajo conjunto. Era rarísimo ver en una mesa a la UES con FUSADES. Y ahí nos despojamos de cuestiones ideológicas y trabajamos en función de los modelos matemáticos, y no de otra cosa.

En cuanto a la retórica usada para el manejo de la pandemia, acá se optó más por la retórica del miedo que por la de persuasión. Como si, basados en economía del comportamiento, estuvieran convencidos de que esta sociedad no va a entender de otra manera. ¿Tienen ustedes algún elemento que indique que era posible afrontarlo de otra forma?

Sí, porque el supuesto de que nuestra cultura es, acudiendo a aquel libro del doctor Humberto Velásquez “La cultura del diablo”, que todo lo hacemos mal, que si hay una pasarela, pasamos por debajo, que si hay una fila de carros, nos vamos. Sí eso sucede, pero también hay mucha gente que no lo hace. Hay mucha gente que respeta la línea, mucha gente que no tira la basura, mucha gente que usa las pasarelas. Entonces no podemos partir de ese supuesto que la cultura es perversa y que hay que meterle miedo a la gente. Yo confiaría mucho más en una campaña de educación. Y yo creo que la gente, con todas sus limitaciones, veo a la gente cuidándose un poco más. Siempre hay vivos, gente que le importa poco, pero sí hay gente que se lo ha tomado en serio. Soy de la opinión que debemos apostar por un modelo educativo, de sensibilización. Yo le hubiese apostado a una campaña muy intensa de distanciamiento social, de uso de mascarilla. Una cosa es meterle miedo a la gente y otra cosa es educarla. Yo creo que siempre tenemos que apostar por educarla.

Me gustaría recapitular con algo que usted decía al inicio: ¿Por qué no estábamos listos para salir de la cuarentena?

Porque un criterio importante que hemos sostenido es que para aperturar- iniciar había que tener evidencia estadística de un descenso y que la decisión fuera técnica y no política, no por decreto, y menos como sucedió: supuestamente por falta de herramientas. Sí ha sido larguísima la cuarentena. Y bueno, lo otro que los datos fueran reales, porque si no trabajamos con datos reales es por demás. La mayoría de países que tomaron la decisión de aperturar, de forma progresiva e inteligente, lo hicieron cuando había un descenso en la curva epidemiológica, cosa que en nuestro caso todavía no es así. Como van los datos, ayer y hoy hemos tenido un buen número de recuperados, pero visualmente no notás que la curva baje, por las razones que sea. Todo indica que no podés reaperturar así. Vamos a ver las consecuencias que esto tiene, y los protocolos que tanto se cumplen. Una decisión a favor es haber restringido unos días más el transporte público, ojalá eso ayude.

¿Cuál es el escenario que nos depara para las próximas dos semanas?

Vamos a seguir monitoreando. Yo quisiera ser optimista de que la gente que vuelva va a cumplir los protocolos, las empresas van a aplicar el distanciamiento social.  Si todo va bien, esperaríamos por el propio ciclo de la enfermedad que estuviéramos iniciando un descenso. Al día de hoy (lunes) todavía estamos en una especie de meseta. Eso indicaría que las posibilidades de tener un rebrote son altas, ojalá no sea así porque eso nos llevaría a otro apagón de país, y eso sería fatal para la economía.

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