No todo es cian

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No todo es cian. Lo que en otras palabras quiere decir que usar recursos públicos para las campañas, a veces, no garantiza que el engaño habitual pueda ser mantenido. También quiere decir que la pita se rompe por el lado más débil. 

El periodo electoral de 2024 ha terminado en El Salvador. Han sido semanas agotadoras, plagadas de irregularidades y donde el fantasma del fraude electoral, uno que no aparecía desde 1972, tuvo demasiado protagonismo. 

Fueron unas elecciones nada transparentes, donde quedó claro que la popularidad de Nayib Bukele no fue suficiente. Sobre estos puntos merece la pena hacer unas reflexiones iniciales de cara a un momento histórico que será complicado para el país. 

Primero. Estas fueron unas elecciones amañadas. No solo por los viles intentos de fraude en las elecciones de febrero, donde el descaro fue evidente hasta para manipular los datos del escrutinio final o papeletas recién planchadas; lo fueron porque el amaño se gestó muchos meses antes de las votaciones. 

Sin las reformas que las botargas de Casa Presidencial aprobaron en la Asamblea Legislativa, el panorama para Nuevas Ideas hubiera sido muy diferente. Sin el cambio de fórmula para la asignación de diputados, el partido presidencial hubiera tenido nueve diputados menos. Sin el cambio en las municipalidades, Nuevas Ideas hubiera perdido 30 alcaldías respecto a los resultados de las elecciones de 2021. 

Nuevas Ideas seguiría siendo la principal fuerza política del país pero el resultado no estaría inflado ni amañado. Está claro que la popularidad de Bukele es altísima, pero no lo suficiente -y eso lo saben en Casa Presidencial- como para no usar todo el poder acumulado y así cambiar las reglas a su favor. 

La sumisión absoluta del Tribunal Supremo Electoral tampoco es casual. Las mafias prefieren ganar los partidos en la mesa antes de jugar.

Segundo. Antes de conocer los resultados oficiales, Bukele intentó hacer control de daños escribiendo un extenso mensaje en su cuenta de X, un escrito a su estilo: plagado de mentiras. Bukele dijo que algunos alcaldes recibieron un voto de castigo por las “pésimas gestiones” que han realizado. Esa es una mentira incompleta: Nada se mueve en las alcaldías de Nuevas Ideas sin la venia de Casa Presidencial. Los diputados, los seres inanimados por excelencia, son el mejor ejemplo. 

Y a eso hay que sumar la centralización de los recursos, algo que se transformará en un enorme problema para los próximos tres años, y el hecho -en eso no mintió- de tener a un buen puñado de alcaldes que representan el gran valor de la casa: la corrupción.

Tercero. Por lo anterior, el fracaso de cualquier gestión municipal de Nuevas Ideas no puede entenderse sin su conexión con Casa Presidencial y el control absoluto de la familia Bukele y sus esbirros. El hechizo de Bukele se mantuvo para las presidenciales, pero ese apoyo ha tenido matices importantes en las legislativas y municipales. 

En estas últimas, la bajísima participación ciudadana demuestra que los poderes de la N funcionan con el líder de la secta pero se diluyen con sus representantes más locales. No es culpa de la gente: la millonaria propaganda ha querido vender que se trata de un ideal colectivo, cuando en realidad es un hongo con ramificaciones larguísimas. La pita se comienza a romper del lado más delgado. 


Foto FACTUM/Natalia Alberto

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