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«Battle Angel»: la heroína del anime que tardó en llegar al cine

En el auge de historias centradas en heroínas, «Battle Angel: la última guerrera» podría escalar al Olimpo de las más destacadas si el estudio le da la oportunidad de desarrollar más al personaje. Si en próximas entregas se animan a abandonar la primera aproximación como un simple prólogo de una historia mucho más amplia.


La fascinación de Hollywood con el anime no es nueva. Desde hace años el cine occidental ha  buscado inspiración en la manera subliminal que la nación nipona nos cuenta sus historias. Por ejemplo, desde la icónica cinta “Rashomon” de Akira Kurosawa, que definió la rítmica del cine actual; pasando por «Los Siete Samuráis» (casualmente del mismo director), que configuró al cine de aventuras; hasta llegar a obras como «Ghost in the Shell», «Akira» o, más recientemente, «Lain» o «Ergo Proxy», que determinaron cómo sería la ciencia ficción que se consumiría en las pantallas del continente americano.

Sin embargo, los conceptos tomados –por no decir robados– del anime para las producciones occidentales –y para ser más específico, del subgénero ciberpunk– sufrieron un proceso de colación que terminó por desconfigurar la esencia del estilo y dio por resultado un género descafeinado con forma similar pero carente del alma que lo hace grandioso.

En semanas recientes se exhibió en los cines de Centroamérica la película «Battle Angel: la última guerrera», una cinta que tardó más de veinte años en ver la luz. Fue tomada en primer lugar por el visionario James Cameron («Avatar», «Titanic»), quien luchó durante mucho tiempo con problemas de financiamiento, castings y tecnologías deficientes para entregar una película digna de uno de los pilares del subgénero. Cameron tuvo que dejar el sueño de dirigir la cinta y “conformarse” con el rol de productor. Entonces le dio paso a Robert Rodríguez («Desperado», «Planet Terror», «Machete»), un fan declarado del anime, un cineasta que ha logrado colarse en los estantes de los amantes del cine de culto; al mismo tiempo que ha labrado una buena reputación en el  campo infertil de la crítica especializada.

La historia de «Battle Angel: la última guerrera» está basada en el manga «Gunmm», del artista Yukito Kishiro, publicado en el año de 1990. Este manga fue adaptado a dos OVA’s (Original Video Animation) de treinta minutos cada una y que se dieron a conocer en 1993, uno de los mejores años para el anime. Desde entonces, su salto a una adaptación live action fue tema recurrente en las conversaciones de los fanáticos, conversaciones que compartían un sentimiento en común: escepticismo.

El eterno esfuerzo de adaptar animes a live actions parece ser una fórmula que aún no es descubierta. Ni siquiera los mismos japoneses han logrado dar con el clavo. Sobran ejemplos de pésimos live actions basados en anime de tierras niponas. Sin embargo, «Battle Angel», logra capturar la esencia gráfica.

Pero primero, la sinopsis:

«Cuando Alita (Rosa Salazar) despierta sin recordar su pasado, se encuentra en un mundo futuro que le es irreconocible. Ido (Christoph Waltz), un médico compasivo, le encuentra en los escombros de la basura y decide reconstruirla. Pronto se dará cuenta de que en algún lugar de ese caparazón de ciborg abandonado está el corazón y alma de una mujer joven con un pasado extraordinario».

Uno de los mayores aciertos de este filme es lo visual. Capturar un mundo post apocalíptico –con estética ciberpunk– no representa un problema para los estudios de cine en la actualidad, pero sí se complica cuando se trata de recrear a personajes anime. Y es que los protagonistas de estas producciones son, por decir poco, surreales. Hemos visto terribles fallos de diseño en el pasado («Dragon Ball Evolution» es uno de los mejores ejemplos en este caso), pero «Battle Angel: la última guerrera» logra su primer punto al digitalizar a la actriz Rosa Salazar y darle la apariencia de un anime. Esto se logra sin caricaturizarla. Al contrario, se le humanizó lo más posible, sin cruzar la delgada línea entre lo verosímil y lo ridículo.

Y luego tenemos el catálogo extenso de ciborgs –cada uno con particularidades únicas– que han sido adaptados al detalle. El trabajo ha sido tan impecable que puedo decir que han logrado complacer hasta al más reacio de los fans.

Uno de los mayores aciertos de esta cinta es la proximidad de los personajes al diseño original del manga. En imagen vemos el trabajo de recreación del personaje de Alita con la actriz la actriz Rosa Salazar.

La cinta cuenta con un cast de lujo. Además de la emergente Rosa Salazar en el papel protagónico, encontramos en la película a celebridades reconocidas como Christoph Waltz («Inglorious bastards») , Jennifer Conelly («A beautiful mind») y Mahershala Ali («Green Book»), entre otros.

Hay que decir que esta película no se centra en las participaciones de los personajes. La trama de Battle Angel falla en el objetivo de conectar con el público. Además, desaprovecha la oportunidad de extrearle, a través de los diálogos y del guion, actuaciones de gran nivel a las celebridades antes mencionadas. Todo esto se compensa con escenas de acción bien ejecutadas, con peleas impresionantes y planos memorables que rescatan lo mejor del anime. De esta forma han sacrificado la profundidad de la historia, que al final resulta una moneda de cambio razonable, si nos centramos en un catálogo de alto contenido de artes marciales, armas y persecuciones.

Este es el póster con el que se anunció el estreno de la película a nivel mundial.

Resulta evidente que la película transmite las ganas del equipo de producción por realizarla. Por un transcurso de dos horas y veintidós minutos, la historia deja un sabor de insatisfacción, de que quizás hubiera sido mejor una adaptación dividida en dos partes, pero apostaron por longitud en lugar de argumento. Sin embargo, no queda dudas acerca de que «Battle Angel: la última guerrera» representa un oasis en el género fantástico.

El público es cada vez más exigente. Ya no es cuestión de solo dar diseños perfectos. El cine actual de mega producciones nos ha acostumbrado a cintas magnánimas y ha relegado a las historias que pueden entretenernos por un momento. Al respecto, aún tengo el debate interno de saber si esto es beneficioso o nocivo. Puedo decir que Battle Angel se disfrutó más allá de las repercusiones que tuvo en nosotros una vez salimos de la sala de cine.

En el auge de historias centradas en heroínas, el futuro de Alita podría escalar al Olimpo de las más destacadas si el estudio le da la oportunidad de desarrollar más al personaje; si se animan a abandonar esta primera aproximación como un prólogo de una historia mucho más amplia. No me molestaría ver más acerca de este gran personaje, ahora que –como ocurre en la película– ella llegue a conocerse más a sí misma y pueda demostrarnos su verdadero potencial. 

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