«Sobrevolando»: el ambicioso renacer de Cultura Profética

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«Sobrevolando» es quince canciones: una hora y trece minutos que rompen el silencio discográfico de casi una década de los puertorriqueños de Cultura Profética. El añejamiento les cayó bien, pues han regresado con inquietudes políticas y existenciales, como en sus primeros trabajos, pero con ideas mucho mejor acabadas; también con más sofisticación en la composición y una producción de primer nivel.


Lo tienen claro, metieron a  The Wailers en la licuadora junto a la calidez de Tom Jobim, la osadía de Astor Piazzolla, algo de Cheo Feliciano en la voz con el «la-la-la-la» de Héctor Lavoe, sazonados con los ingredientes de siempre: salsa, jazz, funk, hip-hop, trova y soul. La receta de Cultura Profética no es secreta. Está detallada en «¡Qué va!», el corte 12 de su nuevo álbum: «Sobrevolando» (La Mafafa Discos, 2019).

El silencio de Cultura se materializaba en la ausencia de álbumes, tras el éxito que alcanzaron con su versión más edulcorada: «La Dulzura» (La Mafafa Discos, 2010). Luego de eso, siguieron activos. Publicaron sencillos, dieron conciertos (¡muchos conciertos!) y participaron en festivales. Esa normalidad cambió en agosto de 2018, cuando expulsaron a su batero, Boris Bilbraut, tras ser denunciado de violencia psicológica y física por su exesposa. En primera instancia, la banda manejó mal la crisis con un escueto y ambiguo comunicado. Pero luego de conocer la denuncia, rectificaron. El segundo comunicado dejaba entrever cómo había afectado internamente el problema de Bilbraut a la banda, en especial por los cuestionamientos a su narrativa sobre el amor, la paz, el respeto a las mujeres, etc. Es decir, entre líneas manifestaban que el grupo estaba erosionado.

Con el tiempo retomaron los escenarios y un año después, en agosto de 2019, publicaron su nuevo sencillo, que fungió como el primer adelanto de «Sobrevolando». El nombre elegido para la canción fue «Caracoles», un manifiesto sobre el renacer de la banda. No solo a nivel lírico, sino estético y musical, con elementos del trap, jazz y funk. Un temazo completo, un aviso de que regresaban reflexivos, fuertes, ambiciosos y casi sintiéndose mejor, como canta Willy Rodríguez al final de la canción. 

El disco es un collage de inquietudes políticas y existenciales, vivencias personales y tributos a sus iconos. También presenta a su nuevo batero: Ernesto “Bebo” Rodríguez Dumont, quien además estuvo a cargo de la producción. La calidad y profundidad del sonido no es gratuita, fue hecha de manera análoga por Ben Kane, quien ha trabajado con D’angelo, Al Green, Nas, The Roots, Common, entre otros.

El álbum posee un diseño arquitectónico. El primer corte se conecta directamente con el último. Ambos abren y cierran el discurso político, tanto sobre los últimos acontecimientos en Puerto Rico como con la eterna lucha por su independencia. El primero, «Sobrevolando», habla de las protestas sociales y el corte cierra con una de las consignas de las manifestaciones: «Somos más y no tenemos miedo», primero en la voz de Willy y luego por las personas en las calles. Mientras, «Batalla del beso» −una referencia probable a «Quiero cantarte un beso», de Silvio Rodríguez− llega a la frontera con el rock progresivo y psicodélico; para cerrar con un extracto de un discurso del independista puertorriqueño Pedro Albizu Campos. 

Sin patinar en los lugares comunes de la literatura de superación, pero evitando complicarse en exceso, el optimismo también tiene su apartado junto a la celebración de la paternidad y la vida en pareja que muestran las canciones: «Despertador solar», «Creo en tu carne» (con la esposa de Willy, Claire Delic), «Ten valor» y «No eleva». También hay una especie de carta a la traición en «Efecto dominó».

La narrativa clásica sobre el romance y la seducción –muy propia de Cultura– también está presente en las canciones: «¿Cuál es?», «Llevarte ahí» y «Herida mortal». 

«Sobrevolando» logra algo muy complicado en obras complejas: evita el cansancio, pese a su extensión de 15 canciones, gracias a los cambios de género entre los temas y, algunas veces, dentro de los mismos. Ningún tema parece relleno, pero los hay que destacan por mucho. Además de «Caracoles», otro de los más importantes es «La fibra humana», una lectura sobre las relaciones sociales, interpersonales y políticas actuales, en un tono bastante jazzy que desemboca en percusiones tribales. En ella, las sentencias pasan de metafóricas (en la voz de Willy) a directas (a cargo de las bombas de Yuba Iré): 

«Por idiosincrasia
Te han colgao’ de un hilo justo al filo ‘e la desgracia
Sucia democracia, por revelendoso
No decirle al pueblo… es solo un juego de negocio
Obvio monopolio, y esto e’ cosa seria
Que le has confiado y te han deja’o en la miseria
Sucia estrategia que hoy mi lengua labra
Tras sacar un siglo del olvido a la palabra»

Otra experimentación destacable es «Viértele flor», que inicia como un bolero y va mutando a jazz y soul. Al igual que el cover de «Love and Happiness», original de Al Green, donde retoman su esencia soul, pero la adulteran con elementos del funk, reggae roots y dub.

El resultado es magnífico.

Con su nueva producción, Cultura Profética ha rubricado su posición como banda consolidada y con identidad propia. Ahora han combinado la esencia de los primeros trabajos, que mostraban a una banda más interesante y compleja que el promedio de las propuestas de reggae latino, con la fluidez de sus discos más comerciales.

Tal y como detallan en «¡Qué va!», huyen de la norma para vivir… ¡Qué bueno!

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