Los Tigres del Norte conmemoran medio siglo al lado de los marginados

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En nuestra región resulta inevitable crecer escuchando la música de Los Tigres del Norte. Incluso los que no somos entusiastas de la música norteña conocemos sus temas más emblemáticos. Están ahí como banda sonora de los que migran o de los que son deportados para cantar sobre la importancia latinoamericana que tienen los lazos familiares y sus conflictos; para protestar contra nuestros gobiernos o para narrar las historias de los narcotraficantes; y –¿¡cómo no!?– para el desamor. Las suyas son narrativas que casi siempre son cantadas en primera persona para lograr una empatía única con el escucha.


«¿Cómo identificar a un clásico?», pregunté al sociólogo chileno Hugo Zemelman la única vez que tuve la oportunidad de conversar con él, en 2012. «Es cuando la obra supera a su contexto y a su mismo autor», respondió. En la música, un gran ejemplo de esto es el cancionero del grupo regional mexicano Los Tigres del Norte, porque trasciende a los consumidores de música norteña y a ellos mismos.

Esa es una de las cosas de las que da cuenta el documental «Los Tigres del Norte at Folsom Prison» (Netflix, 2019), del que también se desprende un álbum en vivo del mismo nombre. La producción celebra los 50 años de trayectoria del grupo, que coincide con la grabación del mítico primer álbum en directo del estadounidense Johnny Cash, “At Folsom Prison”. Por eso escogieron ese centro penitenciario –y no un inmenso estadio, como dicta la tradición–. Porque al igual que Cash, su música “versa sobre los que luchan, los marginados y los que no tienen voz”. 

Ellos mismos vienen de ese contexto. El grupo fue formado por Jorge Hernández cuando era adolescente, junto a sus hermanos Hernán y Raúl; y su primo Óscar Lara. Cuenta la leyenda que en su primer viaje a Estados Unidos –tras varios años tocando en México– aún no tenían un nombre y, al cruzar la frontera, el agente de migración notó su corta edad y los llamó “little tigers” («los pequeños tigres»), que con el tiempo evolucionaría a Los Tigres del Norte. Medio siglo después, a excepción de Raúl, los fundadores continúan en la banda. ¡Todo un hito en la industria musical!

Para hilar de una vez los dos aniversarios –el del concierto de Cash y el de ellos– inician con una versión de “Folsom Prison Blues”, titulada “La prisión de Folsom”, traducida a su estilo y con un poco de tequila. Esta canción también fue el tema que sirvió como sencillo del álbum y como adelanto del documental.

La cercanía es tal que tienen una dedicatoria musicalizada para los migrantes salvadoreños: “Tres veces Mojado”, una canción que, a pesar de haber sido escrita en 1988, sigue vigente, con un enfoque que ahora llamaríamos interseccional, por tomar en cuenta la raza, clase, nacionalidad e idioma, como en este verso:

“En Guatemala y México cuando crucé/Dos veces me salvé me hicieran prisionero/El mismo idioma y el color reflexioné/¿Cómo es posible que me llamen extranjero?”. 

Desde la óptica salvadoreña, “Tres veces mojado” es una de sus canciones indispensables. Se agradece entonces que sea parte de la selección para este concierto, al igual que “La jaula de oro”, “Por portar un arma”, “La baraja bendita”, “Mi sangre prisionera” o “Golpes en el corazón”, entre otras. Todas fungen como retratos de nuestra cultura, de nuestra cotidianidad. Sin embargo, a estas alturas, el catálogo de Los Tigres es tan amplio que ni el soundtrack de este documental –de 27 cortes– logra abarcar a lo más emblemático. De esas 27 canciones, 12 son las voces de reclusos y reclusas de la  Prisión Estatal de Folsom.

La Prisión Estatal de Folsom (Folsom State Prison) está ubicada en la ciudad del mismo nombre, en el condado de Sacramento, en California, Estados Unidos. De acuerdo al filme, actualmente la población de hombres latinos en ese centro penitenciario es de un 43 %; y la de mujeres latinas, de un 25 %. Las entrevistas realizadas a reclusos y reclusas muestran las diferencias entre los delitos cometidos, de acuerdo al género. A simple inspección, los de los hombres están generalmente relacionados con violencia; mientras que los de las mujeres con infracciones menores. 

Pero esta producción no busca llenarnos de cifras ni análisis ni de denuncias a leyes puntuales –como en el caso de la three-strikes law– sino humanizar a la población penitenciaria, contar sus historias, sus sueños, sus nostalgias.

Los Tigres toman en serio lo de dar voz a estas personas. Tampoco significa que sean ellos los primeros mexicanos en perseguir este objetivo. Ya en 1989 El Tri había publicado un disco en vivo grabado en la cárcel de Santa Marta. Pero a diferencia del disco de la banda de Alex Lora, el documental ha agregado testimonios que tejen el hilo conductor entre canción y canción, mientras que los músicos intervienen pocas veces para dar discursos. Apenas les escuchamos para la introducción, un par diálogos colectivos y el cierre. Lejos de una actitud redentora, agradecen la oportunidad de conocerlos y cantarles. 

Los integrantes de esta agrupación regional mexicana no son resultado de la corrección política de esta época, sino hombres que hace medio siglo encontraron un lenguaje para denunciar injusticias; por eso es que –coherentes con su historia– resaltan en su aniversario la difícil realidad de las personas en prisión. Y lo hacen desde una honestidad e identificación que hoy escasea en la música popular.

Los Tigres del Norte han demostrado, una vez más, que la música sencilla también puede ser profunda y relevante. Si con el «MTV Unplugged (2011)» certificaron su importancia regional, con este documental rubrican su cancionero como un clásico de la cultura popular.

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