Cuatro pruebas y dos resoluciones después: “Nos tratan como perros”

Félix está atrapado en un centro de contención desde el 7 de abril de 2020. Fue detenido horas después de la cadena presidencial que consintió «doblar muñecas» a quienes violaran la cuarentena obligatoria por el coronavirus. Después de 44 días de encierro, cuatro pruebas de Covid-19 y dos resoluciones de la Sala de lo Constitucional, no lo dejan salir de la casa de retiro Monte Carmelo, en Ciudad Delgado. La Sala resolvió a su favor y ordenó liberarlo. Y ante la desobediencia del Ministerio de Salud, ese tribunal reiteró la orden en una nueva resolución, pero, como en otros casos documentados durante la pandemia, al Gobierno ha ignorado un fallo judicial. Félix cuenta su historia. 

 Foto FACTUM/Salvador Meléndez (Vista aérea del centro de contención Monte Carmelo)


Vivo en Soyapango desde hace dos años. Fui detenido por elementos de la Fuerza Armada y policías el martes 7 de abril de 2020, cuando me dirigía a la tienda a comprar alimentos. El lunes había estado de turno desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana del martes. Trabajo en una fábrica donde enlatamos alimentos. Por eso no tuve oportunidad de ver la cadena del presidente. El 7 de abril mi esposa me dijo que faltaban unas cosas para el desayuno. Ese día me interceptó la policía. Me dijeron «para allí», a lo que yo obedecí. Después me dijeron que les diera mi documento de identidad. Mi DUI todavía tiene la dirección de la casa de mis abuelos, con quienes me crie. Se los di, el policía me lo devolvió y yo lo guardé, pero al querer dar el paso, un soldado me puso la mano en el pecho. “No te movás porque si no, te vamos a golpear”, me dijo.  Entonces me quedé sin decir nada. Entré en shock. El policía dijo «está limpio». Tengo 28 años y ningún récord criminal. Soy de los primeros que capturaron nomás dijo el presidente.

Mientras esperaba la patrulla le pregunté a un policía que por qué me detenían y me dijo que la dirección del DUI no era la de mi casa. Le dije que por cuestiones laborales no había cambiado la dirección, pero que podía comprobar que vivía allí. Pero no me dieron tiempo de hacerlo. “Vas de vacaciones, el presidente te va a dar vacaciones”, me dijeron. Y se pusieron a reír. Fui trasladado a una delegación y allí los policías me pusieron en una fila donde había más detenidos, algunos sí andaban tomados. Los agentes gritaban: «¡Este es mío!» «¡Este yo lo traje!», como que éramos trofeos. Nos tomaron fotos de frente y de perfil.  Después nos llevaron a firmar el motivo de la detención. En el acta policial pusieron que yo andaba visitando a mi novia.  Cuando leí lo que decía el acta, le dije que no era así, pero el policía me dijo: «Apurate, firmá». Desde el momento de la detención todo lo que los policías decían eran golpes y amenazas. Me tocó firmar por miedo.

Fuimos presentados ante los medios de comunicación cuando nos detuvieron. Dijeron que habíamos violado la cuarentena por andar tomando y salir sin ningún sentido, cosa que en mi caso es falsa. Después de que los medios se fueron, nos llevaron a la cancha donde solo se nos dieron una bolsa de agua y estuvimos sin comer todo el día. Como a las 6 de la tarde nos formaron y nos llevaron para el centro de retiro nuestra señora Monte Carmelo, en la carretera de Oro, donde nos hicieron firmar una declaración jurada que teníamos que cumplir detención por 30 días. Me dijeron que si no quería firmar la policía me golpearía. Al día siguiente nos dieron comida arruinada y muchos de los compañeros se enfermaron. El policía superior nos reunió para decirnos que había reglas: solo podíamos estar en los cuartos y en un pasillo. En cada cuarto habemos tres, y no hay ni un metro de distanciamiento. Solo hay un baño para seis personas que, además, tiene fuga.

Por más de 15 días los policías venían en la noche con lámparas alumbrándonos la cara y diciendo: «A sus celdas». El oficial al mando nos decía que no teníamos derechos. Si queríamos algo, ellos solo golpes ofrecían. Eso pasó durante 20 días, más o menos. Si exigíamos nuestros derechos, nos amenazaban con llevarnos a bartolinas. Aquí adentro se quitaban el numerito amarillo (orden numerario institucional, ONI). Así que había que hacer lo que ellos decían con tal de que no nos fueran a pegar. Ya en las manos de los policías, no hay medios de comunicación, no hay denuncia que valga, no hay nada. Hace unos diez días se retiraron los elementos que estaban adentro.

(Félix fue detenido un día después de la cadena de televisión del pasado 6 de abril, en la que el presidente de la República, Nayib Bukele, avaló doblar muñecas a quienes se resistieran a acatar la cuarentena obligatoria por el coronavirus. Entonces estaba vigente el decreto ejecutivo 14 y el presidente instó a los soldados y policías a ser más rudos con quienes incumplían las disposiciones gubernamentales para contener la pandemia, y dijo que cualquier culpa recaería en él. Para el 10 de abril, luego de aquellas palabras, ya habían sido detenidas 1,531 personas acusadas de violar la cuarentena.

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia emitió la primera resolución favorable para Félix el 17 de abril de 2020. Ordenaron que, de inmediato, el joven “fuera conducido a su lugar de residencia para que cumpla la cuarentena domiciliar ordenada”. La resolución hasta incluyó una advertencia del tribunal: “La autoridad que ejecute el traslado referido deberá de abstenerse de proferir contra el señor cualquier expresión de amenaza o intimidación”).

Por medio de correo electrónico metí una demanda ante la honorable Sala de lo Constitucional y tengo sentencia favorable, pero ya pasó un mes y no me han liberado. Somos 65 en este albergue. En reiteradas ocasiones nos han traído la comida arruinada. La semana pasada nos trajeron güisquil ligoso, que olía mal, y así lo tuvimos que comer. Tomarse un café y un pan dulce aquí es un lujo. ¡Uf!, esos son los lujos que nos damos aquí. Jabón para baño no hay, papel no hay, alcohol gel no hay, insumos no hay. Los oficiales se llevaron varias cosas de la bodega cuando se fueron. Cosas de los familiares no nos dejan pasar. Y por el mismo miedo a la represión nos estamos aguantando.

Foto tomada por Félix el sábado 16 de mayo mientras personal sanitario realiza la cuarta prueba para descartar Covid-19 a los detenidos en el centro de contención Monte Carmelo. Foto FACTUM/Cortesía

A mí ya me hicieron tres pruebas, en las tres di negativo porque a los que salen positivos se los llevan en el transcurso de tres días, aunque no nos dan nada por escrito. En la primera prueba que nos hicieron como a los 15 días salieron 3, uno era el contagiado y los otros dos, nexos. La segunda prueba nos la hicieron como a los 22 días. Hemos tratado de mantener el orden. Sí, nos enojamos y a veces hay discusiones, pero tratamos de no llegar a los extremos que han llegado en otros centros de contención por miedo a que nos trasladen o a que venga y nos pegue la Policía, o que nos metan 30 días más. Hemos conformado una mesa para exigir nuestros resultados y el doctor Carlos Estrada, el encargado del centro, se lava las manos en el doctor González y no nos dan información. Quisiera que pudiera venir la Fiscalía.

En la patrulla yo lloré porque no sabía qué me esperaba. Aquí he llorado varias noches, y no me da pena decirlo. En el trabajo no me han pagado todo el mes. Soy operario, yo entarimaba producto. Al salir, como política de la empresa para proteger a los empleados, me van a dar 40 días más. Hay compañeros aquí que hasta el trabajo han perdido.  Mis abuelos, con quienes me crie, no saben que estoy aquí. A mi abuelo le acaba de dar un derrame y no quiero que se dé cuenta. A un compañero se le murió el papá, solicitó ir a la vela y no lo dejaron.

Nos tratan como que somos perros, discúlpeme la palabra. Juegan con nosotros. La vez pasada hasta las maletas hicimos porque nos dijeron que ya nos íbamos, y a la hora de las horas no vinieron. La última justificación que nos dieron es que estaban corroborando que nadie se había escapado. La verdad, ya no les creemos. Estamos respetando, no hacemos desórdenes como en otros centros de contención, no por ganas, sino por miedo.

Epílogo

La Sala de lo Constitucional, que en repetidas ocasiones ha dicho que son ilegales las detenciones por violar la cuarentena, firmó la sentencia que ordenó enviar a Félix a su casa el 17 de abril de 2020. El tribunal constitucional reiteró su orden el 22 del mismo mes, y a la fecha no ha recibido respuesta de las autoridades del Ministerio de Salud. Pese a requerirlas, no han recibido las explicaciones que les solicitaron a las autoridades por el incumplir la resolución inicial. Revista Factum buscó al Ministerio de Salud para que diera una explicación a este nuevo caso de desobediencia, pero transcurridos cinco días desde la primera consulta, no hubo respuesta.

Con tragedias iguales a las de Félix, cientos de salvadoreños acudieron a la Sala de lo Constitucional desde que empezó la pandemia. Los abusos no solo quedaron registrados en las demandas ante la Sala, sino en informes de la Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos (PDDH) que comprobó tratos crueles e inhumanos, amenazas y acoso policial a las personas que irrespetaron la cuarentena.  También se ha pronunciado el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) para recordar que las personas en los centros de contención, al igual que pacientes en hospitales, tienen derecho a conocer los resultados de sus pruebas para determinar si son positivos a Covid-19.

Había 3,368 personas en 92 centros de contención hasta este 18 de mayo. La respuesta del Gobierno ante las denuncias por los abusos o la falta de información ha sido enviar a policías antimotines a los lugares donde están las personas que permanecen en cuarentena.

La Policía Nacional Civil entró a la casa de retiro Monte Carmelo la noche del jueves 14 de mayo, horas después de que Félix compartiera su relato vía telefónica. Esa noche, él marcó al teléfono de la periodista y la mantuvo en línea durante toda la inspección policial. “Quiero saber por qué no me dejan salir si ya hay dos órdenes de la Sala de lo Constitucional”, se escuchó preguntar al joven. “Allí es con el Ministerio de Salud”, le contestó un agente. Desde entonces no ha recibido otras respuestas. El Ministerio de Salud cambió al médico que estaba a cargo del albergue, y el sabado 16 de mayo le hicieron una nueva prueba: la cuarta, de la cual también desconoce el resultado.


*Félix había pedido compartir su relato con su nombre real y con su apellido. Este martes 19 de mayo cambió de opinión, porque el encargado del albergue les añadió una nueva advertencia: si siguen denunciando lo que pasa adentro de Monte Carmelo, les dijo, serán enviados a centros de contención donde hay pandilleros.

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