«Trump es una figura repulsiva con buenos instintos políticos»

[Esta entrevista es parte de las entregas especiales que Factum está trabajando para explicar mejor las elecciones en Estados Unidos, tanto las primarias en los partidos demócrata y republicano, como las generales, así como las repercusiones de este ciclo político y de las plataformas y retórica de los candidatos en las comunidades latinas que aquí viven y en la política exterior de Washington hacia nuestra región. Aquí pueden leer los artículos y entrevistas publicados hasta ahora].

Michael Shifter es el presidente del Diálogo Interamericano, uno de los tanques de pensamiento enfocados en la relación entre Washington y América Latina más respetados en la ciudad. En esta entrevista, Shifter reflexiona sobre las primarias estadounidenses, sobre el vertiginoso ascenso del billonario Donald Trump en el bando republicano y las implicaciones que esto ha tenido en ese partido, sobre como la candidatura del senador Bernie Sanders obligó a Hillary Clinton a dar un pronunciado viraje a la izquierda.


Fue Trump, por lo inesperado de su ascenso y por la ruptura que su retórica violenta, xenófoba y confrontativa ha generado en las filas republicanas y en la política estadounidense en general, el tema que más tiempo ocupó en la plática. Shifter, como otros analistas, cree que Trump le habla, sobre todo, al votante blanco de clase media baja, ese que piensa que los fenómenos globalizadores y los extranjeros lo dejaron con un sueldo miserable o sin empleo, ese que no entiende como su vecino de piel morena puede prosperar más que él en los Estados Unidos. Trump, dice Shifter, no tiene ideología, tiene un mensaje repulsivo, pero ha logrado llegar donde está gracias a un instinto político muy afinado. Aún falta camino en las primarias, pero ya Clinton y Trump se perfilan como los contendientes en la carrera por suceder a Barack Obama en 2017 (la elección general es en noviembre de este año); Shifter prevé una campaña “muy sucia”, porque si algo ha mostrado el billonario, dice el presidente del Diálogo, es que sabe aprovecharse de las vulnerabilidades de sus contrincantes, y Hillary Clinton las tiene.

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano.

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano.

Hace seis meses analistas, académicos, periodistas decían que Donald Trump era una anomalía del sistema, que no llegaría lejos… Pero aquí estamos, mañana (esta entrevista fue realizada el lunes 7 de marzo de 2016) va a primarias en Michigan, que probablemente va a ganar. ¿Qué permitió el ascenso de Trump?

Todo mundo se equivocó: nadie se imaginó que Trump iba a llegar tan lejos, y pase lo que pase ahora, aunque no sea el candidato republicano, ya es un fenómeno sin precedentes. Revisando la historia política reciente yo no recuerdo algo similar, a alguien tan ofensivo y tan vulgar y con un estilo como Trump que haya llegado tan lejos en un partido como el republicano. Eso dicho, creo que hay tres factores que explican este fenómeno.

El primero es que en Estados Unidos a algunos sectores les está yendo bien económicamente y a otros no tan bien. Hay mucha gente que ha sido afectada por los procesos económicos de globalización; son sectores que se han quedado atrás, que tienen mucha rabia, mucha frustración, porque además a estas personas no se les ha respondido con políticas adecuadas para atenderlas. Esta gente también está molesta por los cambios demográficos en el país, porque ven que viene gente de otros países que sí logra avanzar mientras ellos se quedan atrás. Y también ven un mundo en que Estados Unidos no tiene el poder que tenía antes.

El segundo elemento es el partido republicano. Hay una brecha muy grande entre los que mandan, los que tienen poder en el partido, y sus bases. Las políticas internacionales y domésticas de los gobiernos republicanos, el último de George W. Bush, como reducir impuestos, el manejo de la economía, no respondieron a la base. Esto también ha permitido llegar donde estamos.

Y el tercer factor es Trump mismo, que es la expresión máxima de la anti-política. No había habido una figura con ese estilo y ese lenguaje, que tiene cierta resonancia en esos sectores que rechazan al “establishment”, que están frustrados con la economía, con los sueldos estancados y todo esto.

Yo creo que Trump es una figura repulsiva y espero que no llegue a la Casa Blanca, pero hay que reconocer que tiene buenos instintos políticos: no es bruto, conoce a su público y ha tenido un discurso que pega. Todo esto es muy irónico, porque Trump es un neoyorquino, y siempre se dice que alguien de Nueva York no puede ganar apoyo en el resto del país, pero en el sur lo adoran…

Ahora, hay que decir que tampoco hay, por ahora, garantías absolutas de que él sea el candidato republicano: sí, tiene buenos números en las encuestas, pero también amplios números de rechazo; hay un sector muy importante del partido republicano que no lo quiere.

«La competencia Clinton-Trump será muy fea, muy sucia.»

Algunos analistas comparan el fenómeno Trump con algunos fenómenos políticos de ultra-derecha nacionalistas y racistas en Europa. Esos son fenómenos que también se nutren de frustraciones económicas, pero sus representantes al final son hijos de los sistemas políticos de Francia, España, Alemania o los países eslavos. Trump no. ¿No es irónico que un billonario que ha manipulado a su antojo el sistema capitalista para enriquecerse sea tan atractivo para una familia blanca de clase baja en el sur de los Estados Unidos, aun de un afro-americano de Michigan?

Hay un elemento irracional en todo esto, algo emocional. No se trata de sus posiciones políticas sobre los temas, o su ideología. Trump no tiene ideología, sus planteamientos no tienen coherencia ideológica. Uno corre el riesgo de sobre analizar en este caso, porque uno presume que hay una lógica racional en este fenómeno, y yo creo que no la hay. He leído entrevistas con mucha gente que dice que va a votar por Trump, pero cuando le empiezan a preguntar sobre algunas posiciones de Trump dicen que no están de acuerdo: “¿Va a votar por Trump?”, les preguntan; “sí, pero no (estoy de acuerdo) en construir un muro (en la frontera con México)”, responden. Mucha gente no está apoyando a Trump porque estén de acuerdo con sus planteamientos, sino simplemente porque rechazan el sistema político de los Estados Unidos, porque creen que el sistema político está muy lejos de ellos. Además, el hecho de que sea billonario significa para muchos que no tiene que corromperse para buscar dinero, porque ya lo tiene. Es el lenguaje, el estilo, la crítica dura, los insultos, que es algo que es atractivo para esa gente que está enojada con el sistema.

Vamos a la demografía. En 2012, tras la derrota de Mitt Romney ante Obama, el partido republicano hizo una reflexión que quedó escrita en un documento en el que se planteaba que no iban a volver a llegar a la Casa Blanca sin atraer votos de las minorías, sobre todo la latina. Pero hoy hay quien dice que Trump aún puede ensanchar lo suficiente el voto blanco como para no requerir de grandes cantidades de votos latinos o afro americanos…

De acuerdo a los números, en Nevada (un estado con una importante comunidad latina) Trump ganó muchos votos latinos, pero claro, latinos republicanos, que no son muchos. Hay analistas afro americanos que dicen que no se debe de descartar que Trump gane porciones importantes de ese voto. Yo lo veo difícil: su mensaje, a pesar de la rabia y la frustración también en las minorías, no es visto como una solución. El mensaje de Trump es muy racista y no creo que las minorías vean opciones ahí. Si ves en los eventos y mitines de Trump casi todos los asistentes son blancos. Es que este fenómeno es tan preocupante porque no es solo que Trump sea políticamente incorrecto –él mismo dice que no es políticamente correcto y asegura que los estadounidenses están cansados de serlo–, el problema es que su discurso es tan ofensivo que incita incluso a la violencia. El partido republicano simplemente no ha aprendido de sus errores a pesar de las reflexiones de gente inteligente y astuta, como Karl Rove (ex asesor de George W. Bush) y otros, y no han cambiado su estrategia, su retórica y sus políticas para ganar adeptos entre las minorías. Y dados los cambios demográficos, de seguir así, los republicanos podrán ganar muchas elecciones locales, pero les será muy difícil llegar a la Casa Blanca.

Ahora bien, en esta campaña hemos aprendido que cualquier cosa puede pasar, esa es la gran lección de esta campaña. Así, uno puede ya encontrar a trabajadores de sindicatos afro americanos, incluso latinos, a quienes no les gusta el discurso racista de Trump, pero tampoco les gustan los acuerdos de libre comercio, que sus salarios están estancados, y por esa vía pueden apoyarlo. Estamos en un momento en que es muy difícil descartar cosas.

¿Cuáles son los escenarios posibles? ¿Que Trump gane de aquí a julio todos los delegados que necesita, que son poco más de 1,200? ¿Qué no los gane y entonces se llegue a una convención partida…?

Como digo, este año cualquier cosa puede pasar. Un escenario es, en efecto, que Trump siga ganando primarias y llegue a la convención con los delegados que necesita. Si gana Florida y Ohio, que son las próximas y en las que el ganador se lleva todos los delegados –hasta ahora se han asignado de forma proporcional de acuerdo a los votos ganados…Florida es el estado de (Marco) Rubio y Ohio es el estado de (John) Kasich y si Trump los gana está hecho. La otra apuesta de una parte de los republicanos es que los otros candidatos lo frenen, que Trump no llegue a los delegados que necesita y en la convención republicana –donde se nomina al candidato– haya un escenario incierto, un despelote total, porque es algo que no ha pasado hasta ahora. Ahí podrían negociar, pero Trump igual tendría una gran ventaja, porque a pesar de no tener todos los delegados (que necesita para afianzar la nominación), si sería el que más tendría. Igual parece que habrá intentos de otros poderes dentro del partido de negar la nominación a Trump.

Una seguidora de Hillary Clinton sostiene un cartel de apoyo durante un acto en Virginia. Foto de Miguel Ángel Álvarez.

Una seguidora de Hillary Clinton sostiene un cartel de apoyo durante un acto en Virginia. Foto de Miguel Ángel Álvarez.

Al final, y poniéndonos ya en el escenario en que Trump es el candidato republicano, ¿se podría decir que será un contendiente débil: no tiene la demografía de su parte, sectores importantes de su partido no lo quieren?

Sería débil teóricamente, pero, de nuevo, hay que enfatizar que esta no es una competencia normal. Hillary Clinton, que creo va a ser la candidata del partido demócrata, tiene fortalezas pero también tiene muchas vulnerabilidades, y si algo ha mostrado Trump en las primarias es que tiene la habilidad de aprovechar las vulnerabilidades de sus contrincantes, y Hillary Clinton las tiene. En todo caso podemos esperar una campaña muy fea, muy sucia, como no hemos visto antes.

Hay otros factores. Hay que recordar que el FBI tiene abierta aún una investigación contra Clinton por el servidor de correos…

¿Crees que eso realmente le pueda afectar?

Si hay un juicio sí… Si el FBI decide abrir un juicio y determina que hay sospechas de violación a la ley y empieza un proceso (penal) contra ella, eso sí puede afectarla… Pero en teoría creo que ella tendría una ventaja importante en una eventual contienda ante Trump.

Veamos el lado demócrata. Todo indica, en efecto, que Clinton va bastante firme a la nominación, pero en algún momento la candidatura del senador Bernie Sanders generó muchas expectativas, sobre todo en el voto joven, ¿crees que eso tenga repercusiones políticas o ideológicas en el partido demócrata?

El partido demócrata ya se ha ido más a la izquierda, Hillary Clinton se ha movido más a la izquierda. El impacto que ha tenido Sanders en esta campaña ha sido fuerte, sobre todo con la gente joven, con la que ha tenido una popularidad inesperada, sobre todo con mujeres jóvenes, lo cual es sorprendente cuando está en la competencia quien sería la primera candidata a la presidencia de los Estados Unidos. El discurso de Sanders tiene resonancia, genera entusiasmo, mientras ella es vista como una candidata más tradicional y centrista, cuando hay una parte del partido demócrata ansiosa por cambio a la que le gusta lo hecho por Obama pero esperaba un poco más de ese presidente.

Además, el partido no es el mismo que el que existía cuando su marido (Bill Clinton) fue presidente; y ese ha sido otro problema para ella: tuvo que separarse de muchas de las cosas que hizo su esposo en temas como el matrimonio gay, la reforma de justicia criminal… Hillary Clinton tiene que encontrar la forma de vincularse con los gobiernos de su marido y Obama, pero también tomar posiciones distintas. De cualquier forma, Sanders ha influido para que la campaña de Clinton se mueva más a la izquierda, lo que tampoco deja de ser más difícil en una elección general cuando el país está tan polarizado. No me extrañaría que Hillary dé un giro más al centro en la elección general.

¿Qué grandes líneas ves en una eventual presidencia Clinton en el tema migratorio?

Mi impresión es que no será muy distinto a lo de Obama. También hay que pensar en la composición del congreso para aventurar si será posible una reforma migratoria. De hecho, yendo al lado republicano, uno de los grandes temores en ese partido es que si Trump es candidato puede no solo perder la Casa Blanca sino también el senado, incluso la cámara de representantes. Si Hillary Clinton tiene todo puede hacer mucho más que Obama en el tema migratorio…

Pero Obama empezó teniéndolo todo también: Casa Blanca y Congreso…

Sí, claro, y por eso mucha gente lo crítica. Su defensa es que tuvo otras prioridades, como reforma de salud…

¿Qué podemos esperar de Hillary Clinton respecto a América Latina?

Conoce muy bien Latinoamérica y el mundo… Ella tiene la fama de ser más dura que Obama en algunos temas, y eso es algo que se puede esperar también para América Latina, incluso en el tema de Cuba: sí está a favor de levantar el embargo, pero Hillary podría presionar más por el tema de derechos humanos y libertades políticas. De hecho, varias de las discrepancias entre Obama y Hillary en temas como Siria o Venezuela, fueron porque ella era más agresiva. Son matices, no es un giro dramático: Hillary es más “halcón” que Obama en política exterior, lo que no quiere decir que vaya a ser como George W. Bush; habrá más continuidad que cambio.

Trump ha hablado del muro, de deportar a todos los indocumentados… Mucha dureza. Y, luego, en temas de comercio dice que Estados Unidos va a “ganar, ganar, ganar”… Pero también hay analistas que dicen que hay mucho de bluf en esto, porque es imposible pensar que Estados Unidos se vaya a pelear con México, que es uno de sus socios comerciales más importantes…

Trump es muy flexible. Hemos aprendido en esta campaña es que Trump puede cambiar su posición sin costo político. Va a seguir así: va a decir cualquier cosa para ganar las primarias, si es candidato va a ser más centrista y si es presidente también se va a acomodar. Trump tendrá un encuentro con la realidad que ha tenido el lujo de evitar hasta ahora. Por ejemplo, Estados Unidos no va a deportar a 11 millones de personas, eso es imposible, no es moral, no es legal y no es viable y no es práctico. Cuando a Trump le preguntan quiénes son sus asesores en política exterior dice que no tiene, que él ve televisión.

*Foto principal de Michael Vadone, tomada de Flickr con licencia Creative Commons.

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