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Berta del río Gualcarque

La siguiente publicación forma parte de una serie que Revista Factum propone en el mes internacional de la mujer.

 

La mañana del jueves 3 de marzo, Honduras amaneció llorando la muerte de la mujer más emblemática del movimiento social ambientalista en la historia reciente del país: Berta Cáceres. En este texto las periodistas Gloria Rodríguez, salvadoreña residente en Tegucigalpa, y Nora Sagastume, hondureña, cuentan los rasgos que caracterizaron la vida de Cáceres.


Berta Isabel fue asesinada un día ante de cumplir los 44 años en su casa ubicada en la ciudad de Intibucá, en el sur hondureño, rodeada del verde de las montañas de La Esperanza y muy cerca del correr de las aguas del Río Gualcarque, su río.

Desde su temprana juventud, cuando se incorporó al Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), Berta fue reconocida por su carácter fuerte y ameno, pero sobre todo por su carisma e instinto en el quehacer político, los cuales le valieron granjearse a pulso el liderazgo de esa organización social.

Quienes la conocieron refieren, además de su franca sonrisa, la claridad política de sus ideas como uno de sus atributos más sobresalientes.

Su liderazgo y compromiso social lo heredó, junto con el nombre, de su madre: Berta Austra Flores, quien desde su gestión como alcaldesa y líder de la región lenca de Honduras ayudó a los miles de refugiados salvadoreños que transitaron y se asentaron por la zona en la década de los 80.

Así creció Berta, influenciada por las historias de los horrores de la guerra interna en el  país vecino y acompañando su madre a las visitas a los campos de refugiados, viéndola traer hijos ajenos al mundo -doña Berta era partera-, o votando desde su curul -también fue diputada- en contra del servicio militar obligatorio.

Durante una manifestación en Madrid, España, por el día internacional de la mujer, el 8 de marzo pasado, hubo pancartas alusivas a Berta Cáceres. Fot o de Daniel López García, tomada de Flickr con licencia Creative Commons.

Durante una manifestación en Madrid, España, por el día internacional de la mujer, el 8 de marzo pasado, hubo pancartas alusivas a Berta Cáceres. Foto de Daniel López García, tomada de Flickr con licencia Creative Commons.

El poeta y activista político de Libre Fabricio Estrada la recuerda como “una líder alfa”, una mujer que atraía la mirada y la atención a cuanto lugar se hacía presente. “Cada vez que Berta llegaba a un encuentro, aunque no fuera la conferencista principal, terminaba siendo el foco de atención. Siempre fue esa bocanada de frescura, de equilibrio, de balance entre todos los puntos a discutir”, refiere el poeta.

Esa fuerza avasalladora contrasta con la Berta amiga, madre, hija. “En su fuero interno Berta era sencilla, tímida, con una capacidad de sorprenderse por todo, casi niña… así descargaba todo el peso del empoderamiento de su liderazgo”, cuenta Estrada, quien la recuerda amante de los poemas de Roque Dalton y de la música de la cantautora hondureña Karla Lara.

La fragmentación social que asola Honduras también es una constante en el fuero familiar hondureño. Así se explica que la lucha social desde la izquierda sólo era común entre dos de los cuatro hermanos Cáceres Flores, y, más aún, como su padre José Cáceres, ausente en la vida de la familia desde que Berta tenía tres años, asistió a la convención del gobernante Partido Nacional dos días después de su sepelio, y luego se dirigió a los medios para denunciar la instrumentalización política del asesinato de su hija de parte de algunos dirigentes de izquierda.

Su militancia social

Berta pasará a la historia, según sus compañeros de organización, por su carácter, dignidad humana, claridad de ideas, sabiduría y paz con que llevó adelante uno de los pocos proyectos políticos e ideológicos relevantes después de la firma de los acuerdos de paz en este país centroamericano, el COPINH.

Tomás Gómez, subcoordinador de esa organización, la recuerda como “una mujer de mucho ‹gallaje› (retadora) frente al sistema neoliberal, amable, muy sonriente, pacífica pero muy contundente en sus planteamientos en beneficio de la colectividad”.

Tomás y Berta se conocieron hace más de dos décadas, cuando muy jovencitos acompañaron a sus padres al primer peregrinaje que hicieron desde Intibucá a Tegucigalpa en 1994, con el que lograron que el Estado de Honduras ratificara el Convenio 169 de la OIT.

El COPINH es una de las pocas organizaciones indígenas en Honduras que ha marcado historia desde sus inicios. No solo por las peregrinaciones y el convenio 169; también han logrado la creación de dos municipios indígenas, San Francisco de Opalaca y San Marcos de Caiquín en los departamentos de Intibucá y Lempira, respectivamente. Además, la organización fue clave en la creación del programa nacional de educación para las etnias autóctonas de Honduras, PRONEAH.

Fue en el seno de esta organización donde Berta desarrolló también su faceta de mujer y madre. Junto a Salvador Zúniga, co-fundador del COPINH, procrearon cuatro hijos: tres  mujeres que han seguido los pasos de su madre y un hombre igual de comprometido con las causas de sus padres.

Si bien la relación sentimental y de pareja entre Berta y Salvador llegó a su fin en 2007, no así su militancia y participación en la co-dirección del COPINH.   Fue dos años después del golpe de Estado de 2009 que Salvador decidió hacerse a un lado y separarse del COPINH; dejó a Berta como la máxima líder del pueblo lenca.

Altar para Berta Cáceres en La Esperanza, Intibucá, Honduras. Foto de Norma Sagastume.

Altar para Berta Cáceres en La Esperanza, Intibucá, Honduras. Foto de Norma Sagastume.

Río Gualcarque, el río por el que luchó, por el que la mataron

Hablar de Berta es también hablar de la líder indígena ganadora del premio Goldman 2015 gracias a su lucha por defender la integridad de su amado Río Gualcarque, lugar sagrado y vital para las comunidades lencas. Sobre ese río quisieron construir una represa. Por ese río han muerto más de una decena de lugareños.

La lucha de Berta por salvar al Gualcarque inició en 2006, cuando dirigentes lencas, población originaria del noroccidente de Honduras y oriente de El Salvador, se acercaron al COPINH a pedir ayuda para frenar la construcción de la represa Agua Zarca.

El proyecto fue aprobado con una concesión inconsulta a la empresa hondureña Desarrollos Energéticos SA, DESA, que inicialmente logró el respaldo de la compañía china Sinohydro, así como de la Corporación Financiera Internacional, CFI, brazo financiero para el sector privado del Banco Mundial.

Desde que conoció del proyecto, Berta inició una revuelta social a nivel nacional e internacional, con protestas públicas y denuncias internacionales, incluida una ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Todas esas actividades frenaron la construcción de la represa a finales de 2013, cuando Sinohydro primero y el Banco Mundial después decidieron retirar su inversión y apoyo.

Sin embargo, los planes de construcción de la represa han seguido adelante con otros financistas y con unas ligeras modificaciones a su diseño original. Es por eso que las hijas de Berta Cáceres han retomado las consignas y actividades de su madre para salvar el río.

“Berta no ha muerto, se nos ha ido físicamente, pero ha dejado sembrada una semillita que ya está germinando en cada una de las comunidades, pero principalmente en sus hijas”, dice Tomás Gómez del COPINH.

Según la tradición lenca en los ríos residen los espíritus femeninos, las mujeres, sus principales guardianas. A Berta Cáceres, la defensora del Gualcarque, la mataron.

Lea también: Indignación en Washington por asesinato de activista hondureña.

* Foto principal de Prachatai, tomada de Flickr con licencia de Creative Commons. Berta Cáceres y el río Gualcarque.

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