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‘Crónicas de nuestra ridícula obsesión con el amor’ presenta: «You» versus «City of Angels»

«Sometimes we do bad things for the people we love.
 It doesn´t mean it´s right, it means love is more important».
– Joe Goldberg, «You»

«I would rather have had one breath of her hair, one kiss of her mouth,
one touch of her hand, than eternity without it. One».
– Seth, «City of Angels»

[Atención: contiene (todos los) spoilers]


Si ustedes nacieron en los años ochenta y guglean “películas de 1998”, se darán impactante cuenta de la cantidad de títulos que hemos visto una y otra vez porque simplemente las amamos. “Mulan”, “A bug´s life” y “Antz”, en animación; piezas intelectuales como “The big Lebowski”, “Run Lola Run” o “The Truman Show”; megahits como “Armaggedon” o “Saving private Ryan”; comedias como “There’s something about Mary”; thrillers de acción como “Public enemy”, “Deep impact” o, “American history X”; y el combo romántico –motivo de este texto– de cintas como “Meet Joe Black”, “Ever after: a cinderella story”, “You´ve got mail” y “City of Angels”. Definitivamente, 1998 fue el año de Meg Ryan. Y pónganle asterisco a esta última película que en español bautizaron torpemente como “Un ángel enamorado”.

Veinte años después, en 2018 (recién terminado), el romance no se encuentra en el mejor estado de salud. Distintas posturas ideológicas y fenómenos sociales han intervenido para separarnos cada vez más en aras de un sentido de “autosuficiencia”, “respeto” y “libertad”. Las relaciones entre los seres humanos y, por poner un ejemplo, entre hombres y mujeres, han escalado su grado de dificultad, dejándonos en un estado de vacío emocional y confusión extrema, lugar donde simplemente ya no sabemos qué hacer y qué no hacer. En este contexto, la panacea actual del contenido audiovisual, Netflix, se apropió de una serie –ahora en boca de todos– originalmente transmitida por Lifetime y que tiene un nombre tan corto como sugerente: “You”. 

A veinte años, “You” y “City of Angels” son la misma cosa desde diferentes puntos de vista. Les cuento:

“City of Angels” es el remake gringo de “Las alas del deseo”, de Wim Wenders, de 1987. Diez años después, en 1998, Nicholas Cage es uno de los ángeles en Los Ángeles (claro) dedicado a velar por el bienestar de la humanidad. Siempre en silencio, sin ser vistos, estos ángeles contemplan la belleza de lo terrenal a la distancia. Un día, el ángel protagonista encuentra al personaje encarnado por Meg Ryan, una cirujana del corazón (¡aww!) dedicada a salvar estas preciosas vidas mortales. Así es como Seth (Cage) se enamora casi a primera vista de Maggie (Ryan), al profundizar en este corazón tan lleno de bondad y magia especial. Seth puede hacerse presente o invisible a voluntad, de forma que puede contemplar a su amada discretamente y conocerlo todo de ella; o puede violar las reglas e interactuar personalmente con este ser tan curioso que ha conocido. Descubrirá la posibilidad de convertirse en ser humano a través de una caída, convertirse en el ángel caído (como Lucifer) y llevar un romance carnal para siempre. Así lo hará, sólo para enfrentarse a la prematura muerte de Maggie, hecho que lo hará reflexionar sobre el amplísimo valor de la experiencia humana, aunque fuera por sólo un instante. 

Veamos ahora el caso de “You”, una serie de televisión, un thriller psicológico y adaptación de la novela homónima de Caroline Kepnes, que narra las tétricas hazañas de Joe Goldberg, gerente de una librería, quien, a primera vista, se enamora de Beck, un intento de escritora en Nueva York. Sin embargo, este no es un romance inocente y venturoso: Joe se obsesionará y se convertirá en el acosador número uno de Beck. La espiará y escudriñará sus redes sociales, robándole el teléfono celular, para tener suficientes herramientas y lograr enamorarla. Su obsesión se vuelve psicótica cuando comienza a matar a todo aquel personaje de la vida de Beck que se cruce en su camino, ya sea el exnovio o la mejor amiga. Beck sucumbe a los (malditos) encantos del exprotagonista de “Gossip Girl” (Penn Badgley) y, cuando ya está perdidamente enamorada, es que descubre los crímenes. Beck termina muerta a manos de Joe ante la imposibilidad de aceptar este enfermo, enfermo amor, después de algunos días de cautiverio. Al final de la serie se deja un cliffhanger muy claro: regresa a la vida normal de Joe, Candace, una exnovia de papel importante para desentrañar el misterio y que, naturalmente, habíamos dado por muerta varios episodios atrás. 

Siendo de los creadores de “Supernatural” y “Dawson´s Creek” (Greg Berlanti y Sera Gamble), podría antojarse un drama adolescente del tipo “Cruel Intentions meets Salvados por la campana” o similares. Sin embargo, “You” tiene de su lado dos factores muy interesantes (además de John Stamos como personaje secundario, por supuesto):

  • Primero, la impecable construcción de ese suspenso en el que los personajes no saben nada. Todo lo sabe el espectador, pero el espectador no puede hacer nada para ayudar a los personajes.
  • Segundo, está guionada en narrador en primera persona. O sea, podemos escuchar los pensamientos de Joe, y en algunos momentos de Beck, dándonos información mucho más profunda comparada con las imágenes y que nos llevan a anticipar o sorprendernos con algunas circunstancias. No es nada nuevo, sin embargo, no ha sido tan explotado en el cine y en este caso, lo hacen muy bien. 

«You» es la adaptación de la novela homónima de Caroline Kepnes que fue estrenada para Latinoamérica en Netflix el pasado 26 de diciembre.

Lo más perturbador –para el caso que nos compete– es la sensación ambivalente de estar completamente seducidas por el encanto antiheróico, carismático e inteligente del personaje de Joe, aun sabiéndolo abiertamente dañado y en su condición de asesino.

«Se le acusa de romantizar la obsesión, la opresión, la violencia. Sin embargo, estos conceptos se perciben de esta forma sólo al día de hoy y ‘City of Angels’ tiene muchos elementos equivalentes para comprobarlo». 

Ambos protagonistas masculinos se enamoran perdidamente de un arquetipo cinematográfico sin el cual Zoey Deschannel apenas podría existir: la Manic Pixie Dream Girl. Maggie –a pesar de ser cirujana centrada y responsable– es también hipersensible en un envase de niña-niño, deportista, de pelito corto increíble, siempre vestida con ropa cómoda, rudita a su manera y, además, hace ensalada de frutas con sus manos y su boquita de puchero de Meg Ryan. Por su parte, Beck es esta aspirante a escritora de apariencia banal con un pasado doloroso y un origen humilde, siempre dudosa de sí misma, siempre poniéndose en situaciones que no corresponden a su valor y a su inteligencia, siendo casi devorada por una ciudad de Nueva York posada y malagradecida, sin embargo, llena de recursos personales y prácticamente ninfómana. Es decir, son las mujeres soñadas por muchos: la mejor versión de las –ahora despectivamente clasificadas– “únicas y especiales”. 

Por otro lado, los protagonistas se acercan a “sus mujeres” de la misma forma:

  • Seth sorprende a Maggie apareciéndose en su hospital, en su casa, cuando pasea al perro, con sus pacientes y, como es un ángel y la ha estado escuchando todo el tiempo a escondidas, sabe cosas aún sin decir, sabe qué preguntar, cuál libro de Ernest Hemingway dejarle en su mesita de noche para que duerma mejor. La Maggie, evidentemente, no puede sino sentirse profundamente atraída a un hombre con el que conecta tan bien sin saber cómo y a una la dejan con un suspiro de ensueño en los labios.
  • Joe aplica la misma técnica con Beck, sólo que, en lugar de tener poderes sobrenaturales, ya ha sincronizado el nuevo teléfono de la chica con el que previamente fue robado y está viendo todos sus mensajes, todos sus mails y todo su historial de internet en tiempo real.

«¿En qué momento un ángel enamorado se convierte en un desgraciado acosador?»

Ambas mujeres tienen relaciones previas a los protagonistas que resultaron altamente decepcionantes: Maggie lo experimentó con otro cirujano frío y competitivo, incapaz de mirarla a los ojos más de un minuto y que, al final, le pide matrimonio sólo para cubrir el requisito, siendo lo mismo el uno y el otro.

Beck tuvo una relación con un hípster wannabe bueno para nada, rico, mamón y farsante, un tipo que no la toma ni un segundo en serio, no le contesta el teléfono cuando no se le antoja y se aparece cuando sí; además de ser un completo incompetente en la cama.

El problema con esas relaciones previas es subrayado a estas mujeres por los protagonistas, porque estos otros hombres no aprecian su magia como deberían, no idolatran lo suficiente sus virtudes y son francamente ciegos a sus espíritus bondadosos y llenos de amor. Seth resuelve esto convirtiéndose en un ángel caído; Joe mata al exgalán alérgico a las nueces poniéndole aceite de cacahuate a su bebida de Starbucks. La idea es la misma: tú mereces más y mejor. ¿A quién no se le caen los undies con esto?

El punto pivotal de la revelación es así mismo similar: Maggie se da cuenta de la identidad angélica de Seth al intentar cortarlo con un cuchillo de cocina y ver la ausencia de sangre. Se trastorna, se confunde, llora, lo corre de su casa y acude a otro personaje en la película para aclarar sus dudas y entender que, sea quien sea, ella está irremediablemente enamorada de ese ser mágico y extraño. Por su parte, después de un largo ir y venir con Joe, Beck finalmente ha decidido entregarse por completo a ese hombrecillo quien, a pesar de no ser la opción obvia, la hace sentir como nadie, hasta encontrar el escondite de los trofeos del asesino. Ese lugar donde oculta, por ejemplo, sus calzones robados en días anteriores, objetos personales de su amiga desaparecida y una caja con todos los dientes de su exnovio muerto. La reacción es la misma, sólo que, en lugar de ponerle un ultimátum al caballero, intenta escapar, mismo intento que la llevará presa a una jaula de cristal en el sótano de la librería, frustrado por Joe.

El desenlace de “City of Angels”, con la pareja principal unida en un acto tiernamente carnal junto a una chimenea en una cabaña apartada de la civilización era el que Joe Goldberg esperaba, pero él no es ningún ángel y ante la terca negativa de su amada por reunirse en este macabro frenesí, termina aniquilándola, así como Dios se lleva –¿injustamente?– a Maggie en un accidente de bicicleta, dejando a ambos protagonistas masculinos desconcertados, devastados y solos.  

Estos productos cinematográficos están desarrollados dentro del sistema hollywoodense de producción en un contexto en donde el oficio más importante es el de contar historias, donde muchos de los diálogos son grandes frases elocuentes y citables hasta nuestros días, con facturas audiovisuales poco memorables pero cuya gramática es simplemente precisa. Se hacen acompañar de soundtracks entrañables compuestos por canciones de permanencia eterna.

«Sin embargo, ¿cuál es la principal y fundamental diferencia entre una y otra? La visibilidad de la malicia. No es que no existiera en los noventa la maldad en el ser humano. Sin embargo, veinte años después, la maldad parece estar evidenciada en cada obra creativa desarrollada alrededor de las relaciones humanas».

¿Qué sucedió a lo largo de estos veinte años que nos ha despojado de tanta ternura en el mundo? ¿Qué se hubiera dicho de “City of Angels” de haber sido estrenada hoy? Los tiempos cambian, la música cambia, el cine cambia y la gente cambia. El rock predominante en los noventa se ha transformado en el reggaetón programado en todos los festivales del mundo el día de hoy. Todos somos Set al darnos cuenta de las mayúsculas dificultades del amor cada día de nuestras actuales vidas. Ahora hay tan poco romance que es casi inevitable simpatizar con el nivel de molestia que Joe se toma para enamorar a Beck: «Ojalá alguien me creyera así de importante». ¿Estamos condenados a estar siempre solos, “desarrollando” nuestras maravillosas e individuales vidas? El ciclo entre 1998 y 2018 se ha cerrado, sin embargo, lo que no cambia es nuestra ridícula obsesión con el amor. ¿Podríamos encontrar una forma nueva de seguir persiguiéndola hasta alcanzarla? 

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