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Una golondrina no hace verano, pero cuatro causales, sí

Hola. Por esta vez quiero hablar con los que al parecer somos antagonistas. Sí, vos católico o católica. Con vos quiero hablar. Sé que capaz este espacio no es el más adecuado, pero sé que tengo excompañeros del colegio, exvecinos, quizás familiares que no estén de acuerdo con muchas cosas que yo pienso. Lo sé y no lo discutimos, de manera cotidiana. Pero quiero que dialoguemos hoy. ¿Por qué? Porque quiero hablar de derechos humanos, no de ideologías.

No quiero convencerte de todos mis valores. No creo que se pueda. La mitad de mis valores los heredé de unos padres muy progresistas. No puedo pensar cómo vos, quizás. Mis papás me criaron con valores, pero sin religión, durante mucho tiempo, años. Pero quiero apelar a tus afectos. Porque todos tenemos gente a quien queremos. Y sobre todo a lo que nos hace humanos, independientemente de quienes somos. Quiero apelar a tu sentido común.

No, yo no defiendo al FMLN, no soy militante. ¡Uff! Quizás otro día podríamos hablar de cosas que no nos caen bien de los partidos políticos. Seguro que, si sos liberal en términos políticos, tenemos cosas en común. No. Apoyar una reforma no te hace que seas de un partido político. Atacarla sin valorar su propuesta, reparando solo en que quien la propuso es de un partido político opuesto al que normalmente le das tu voto, te hace ser alguien descuidado. Sí, soy de izquierda, pero, no, no y no, no soy del “frente”. Creo que si te considerás como alguien de derecha, por los valores que se guarda en esa ideología, eso te permite moverte más que decirte a vos mismo que sos de un partido, y ser crítico de los partidos de tu ideología es un deber democrático que deberíamos ejercer como ciudadanos.

Podemos discutir largo y tendido acerca de cuándo se gesta la vida. Sé que hay cosas que no entendemos. Que la humanidad se nos escapa para entender cómo es que existimos y cómo es que la vida se transmite (sí, ¿ves?, no soy atea, pero no tengo religión, ni dios. Soy agnóstica). Pero creo que por esos grises que no logramos comprender, hay mucha gente sufriendo en nuestro país.

Yo no puedo concebir que si una madre está en peligro de morir no pueda abortar. Y no es que ella lo vaya a decir sola; es que un médico lo va a decir. No es que las mujeres van a empezar a abortar porque les da la gana, no, la propuesta de ley implica que solo será si la madre tiene un riesgo grave avalado por un médico. Esto no da pie al libertinaje ni nada. Se trata de un poquito de derechos, de la vida digna, a veces no del buen “vivir”, sino, del buen “morir”. ¿Te imaginás si esta mujer ya tiene otros hijos? ¿Qué serían de esos hijos sin su madre?

Hoy te pido que te imaginés a una mujer. Una prima, sobrina, hermana. Alguien a quien querés. Te pido un ejercicio mental muy sádico: que imaginés que ha sido violada. Ella ha sufrido mucho y no quiere ser madre. No lo planeaba. ¿Te atreverías a decirle que no es su derecho? Quizás no estés de acuerdo. Quizás no es lo que vos harías. Incluso quizás yo —esta agnóstica que te escribe, que no es católica— no lo haría. Pero eso no es lo que se discute. Ella lo ha sufrido. No soy yo, ni vos. ¿La obligarías? Te pido que lo pensés: ¿sería justo no darle la opción? Nadie la va a obligar, solo se le dará la elección. Hay mujeres más fuertes que otras; mujeres con redes familiares que apoyan más que otras; mujeres con más recursos que otros. No podemos imponernos. No te pido que lo aceptés, pero sí que entendás porqué alguien llegaría a esa decisión, y porqué tendría derecho a tomarla.

Hoy imaginate una mujer que espera su hijo con alegría. Quizás también sea parte de tu familia, alguien a quien querés. Se da cuenta de que tiene un embarazo complicado, un embarazo que, de llegar a término, sólo implicaría la prolongación de un sufrimiento y quizás ponerse en riesgo. Porque todo embarazo tiene un riesgo, aun si no presenta complicaciones. ¿Dudarías de darle opción de vivir a esta madre?

Finalmente, hoy quiero que volvamos al caso de la violación. Hoy imaginate que no se trata de una mujer cualquiera, sino de una niña. Una niña que no escogió; una niña que no tiene las herramientas para ejercer sus derechos, para decir “No” frente a un adulto; una niña que podría ser tu hermana, prima o lo que sea. Si aun así no te causa empatía, ¿tampoco le darías una opción de poder, al menos, seguir con su vida, si ella así lo quiere?

Estas son las cuatro causales que permiten la excepción del aborto en la reforma propuesta por Lorena Peña. No, no se trata de un aborto al que todas las mujeres tendrán acceso. No es un método anticonceptivo. Son sólo cuatro excepciones. No se les va a obligar a abortar. Será una opción. Si sos mujer, pensá que, “dios no lo quiera”, vos podrías algún día estar en estas excepciones. Y si no lo sos, podría ocurrirle a alguien a quien querés. Así de simple. No pensés en Lorena Peña, no pensés en el “frente”. Apoyá la reforma. No se trata de partidos, se trata de derechos fundamentales. El derecho a la vida. Si sos pro-vida, si te jactas de serlo, esto no vulnera nada. Esta ley no es pro-elección. No, ni se le acerca.

Si querés más información, escribime, discutamos. Pero no te quedés en las ideologías. No apoyés que se mantenga un sistema que es injusto con las mujeres, sobre todo con las mujeres pobres, que son fácilmente estigmatizadas cuando les sucede una emergencia obstétrica. No. Respeto tus creencias sobre la vida, pero no seás quien condene a muerte o a cárceles innecesarias a mujeres que viven en otras condiciones que no son las tuyas.

#libresparadecidir

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