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El triunfo de los troles

El presidente electo celebró su triunfo en un lugar que marcó su gestión como alcalde: el centro histórico de San Salvador. Cientos de personas atiborraron una plaza para una celebración que no contó con representantes del partido GANA.


Foto FACTUM/Salvador Meléndez


Nayib Bukele se sube a la tarima y guarda silencio. Su audiencia lo celebra con gritos y aplausos. Ajusta los micrófonos a su altura y sonríe. Hay más aplausos, más gritos. Bukele toma su teléfono celular y se gira para hacerse una selfie con su audiencia. Aplausos. Gritos. Euforia. Son las 9:15 p.m. del domingo 3 de febrero de 2019 y Bukele está aquí para anunciar que los resultados son contundentes: él será el presidente de El Salvador los siguientes cinco años.

“Desde hace dos horas teníamos resultados que marcaban una clara tendencia e incluso tuvimos la tentación de salir a hablar desde hace dos horas, pero preferimos esperar a tener un resultado plena y matemáticamente irreversible”, dice Bukele y hace pequeñas pausas para dar espacio a más gritos y más aplausos.

Parece confiado, seguro de su triunfo. Con un 70 por ciento de las actas procesadas y la tendencia a su favor, el candidato por el partido GANA tiene elementos para declararse ganador. Seis horas antes se había visto obligado a dar una conferencia de prensa para suplicar a sus seguidores que salieran a votar, que votaran por él. Cuando faltaba poco menos de dos horas para el cierre de las urnas, incluso publicó en su cuenta de Instagram: “Creo que nunca les he pedido nada. Porque siempre he pensado que yo estoy aquí para ustedes y no ustedes para mí. Pero si ustedes no salen a votar, creo que les fallaré”.

En esa conferencia, transmitida en vivo en Facebook, Bukele aseguró que los números que estaba viendo no eran los que esperaba.  También dijo que la afluencia de votantes durante el día había sido “muy baja”. “Nuestro miedo no es perder sino tener que irnos a segunda vuelta”, dijo entonces.

Durante ese mensaje, y varias veces antes a lo largo de la jornada de votaciones, Bukele había repetido la palabra “fraude”. Lo repetía, aunque al mismo tiempo aceptaba que no tenía ni el más mínimo indicio de ello. Pero a las nueve de la noche está más confiado. Se sabía ganador.

A sus 37 años, este publicista de profesión ha llegado a ser presidente en tres saltos. Los dos primeros los dio bajo el abrigo del FMLN, ganando las alcaldías de Nuevo Cuscatlán y San Salvador, y el último bajo la bandera de Gana, a la que llegó luego de que todas sus salidas, incluido su partido Nuevas Ideas, se vieran frustradas.

“¡Hoy hemos puesto fin al bipartidismo, hoy pasamos la hoja de la postguerra!”, grita Bukele y su audiencia, de nuevo, lo celebra, lo aplaude.

El presidente electo Nayib Bukele junto a su esposa, Gabriela, durante la celebración organizada frente al Teatro Nacional, luego de declararse ganador en las elecciones presidenciales del 3 de febrero. Bukele asumirá como presidente de El Salvador, el próximo 1 de junio.
Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

En la gran sala del hotel Sheraton Presidente, donde da la conferencia, no hay ni un solo miembro del partido GANA. Más tarde, durante la fiesta en el centro de San Salvador, los llamará “amigos”.

Nadie da razón sobre los amigos de Bukele en GANA. Ni el jefe de campaña, hermano del presidente electo, Karim Bukele. “No sé por qué no vinieron. Esta era una conferencia del candidato nada más”, dijo cuando se le preguntó por la ausencia de estos.

Después de las palabras de triunfo de Bukele y de la invitación a celebrar en la plaza Morazán, en el centro histórico de San Salvador, el futuro presidente levanta las manos de su esposa y las de Félix Ulloa, el vicepresidente electo, quienes lo acompañan en la tarima.

Al finalizar la conferencia, Ulloa se baja de la tarima y se dirige a las cámaras. Mira una de ellas, le habla como hablándole al país, y hace su primera promesa: “Le prometemos al pueblo salvadoreño que no le vamos a mentir, que no le vamos a robar”.

Afuera del hotel, un camión de Luces Chinas El Sol descarga paquetes y paquetes de pólvora. Minutos más tarde, las luces inundarían el cielo del centro de San Salvador, en la plaza Morazán.

La plaza Morazán está abarrotada. Miles de simpatizantes de Bukele alzan banderas con el símbolo de una golondrina y gritan su nombre. En el aire suena música electrónica, reguetón y algún rap noventero.

“¡Aquí estamos los troles! ¡Los troles con DUI!”, grita una señora, despavorida, desde el pie de la tarima donde más tarde dará su discurso triunfal el candidato Bukele. Un par de horas antes, el candidato también había ocurrido a esa figura. «Y los troles arrasaron», escribió en su cuenta de Twitter a las 5:39 de la tarde, en alusión las críticas que su apoyo era únicamente virtual y con cuentas ficticias en redes sociales.

Otros gritan “todos somos musulmanes”, en alusión a las creencias que se le atribuyen a Bukele por la religión que profesó su padre. Algunos, de hecho, visten turbantes y túnicas blancas.

El lleno total de la plaza ha dejado a muchos sin señal en sus teléfonos. Se dificulta tuitear, se dificulta hablar en redes sociales de un candidato cuyo primer reinado fueron las redes sociales.

Durante toda la campaña, sus eventos fueron muy parecidos a esta celebración: pantallas led, música juvenil y un animador que pone a la gente a levantar las manos o a hacer “olas humanas”. Frente a la tarima hay un pasillo por donde desfilan las personas del equipo de Bukele, familiares y amigos. Los que pasan por ahí se abrazan, se felicitan y bailan. La gente alrededor no para de bailar.

Finalmente, Bukele se sube a la tarima y anuncia su triunfo con un discurso lleno de promesas que a estas alturas parecen demagogia: reducir la violencia, combatir la corrupción, disminuir la pobreza, mejorar la salud… todo lo que prometieron durante años otros candidatos y que no lograron.

Bukele también hace un anuncio: que su movimiento y partido Nuevas Ideas llegó para quedarse. “Nunca más nuestro país volverá a ver un gobierno de Arena o del Frente”, advierte, y la muchedumbre le vuelve a aplaudir.

Entre la multitud hay una señora morena con canas que celebra cada palabra de  Bukele. Al final del discurso toma a una niña de unos seis años que parece su nieta. Intenta atravesar entre el nudo de gente e irse a su casa, pero antes, como si quisiera que alguien más que su nieta la escuchara, o como si estuviera pensando en voz alta, dice: “Ojalá este no salga como todos”.

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