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Perturbadora y conflictivamente hermosa

*Alerta spoiler: esta columna posee ciertos detalles del último episodio de la serie "Sons of Anarchy".

Así describo a la serie “Sons of Anarchy” (SOA), a la que sus fans aprendimos a amar u odiar en los altos y bajos de sus siete temporadas.

Y no deberían de tomar a la ligera ese ir del amor al odio y viceversa. Es más complicado que dar un solo paso: requiere una mente tan oscura y al mismo tiempo tan brillante como la de Kurt Sutter, un tipo que maneja las emociones ajenas como si fueran el yoyo que sube y baja por el cordel.

¿Cómo ha podido Sutter hacer que nos importara y preocupara una banda de matones que de cualquier otra forma nos causaría terror? El secreto del éxito de SOA está, para mí, en la capacidad de sus guionistas –encabezados por el mismo Sutter– de reflejar y hacer eco de emociones que todos hemos sentido y con las que nos podemos identificar.

El impacto de la narrativa es tan profundo, gracias a la eficaz ejecución del reparto, que nos hace admirar a una hermandad que vive y muere bajo su propio código y que más de alguna vez nos lleva a cuestionarnos hasta dónde seríamos capaces de llegar por defender lo que creemos o lo que amamos. Y entonces las líneas que marcan los límites morales empiezan a desdibujarse.

Recorriendo ese camino encontramos a Jackson «Jax» Teller, el joven líder del Sons of Anarchy Motorcycle Club Redwood Original (SAMCRO) interpretado de forma impecable por Charlie Hunnam. Personalmente creo que Jax representa la lucha un poco utópica del ser humano por encontrarse a sí mismo y obtener la libertad que ese conocimiento puede otorgar.

En su caso, esa búsqueda se complica porque el pasado, el presente y el futuro de su familia y su club colisionan estrepitosamente cada vez que se acerca a la realización de su utopía, dando rienda suelta a una brutal escalada de violencia que va en aumento hasta que como televidentes concluimos que todo se ha ido a la mierda y nuestro criminal favorito no tiene salvación.

Nadie la tiene, para ser congruentes con la fuerte influencia de la tragedia «shakespeariana» que matiza la serie. En este sentido, pese a la carga de obscenidad y violencia con que apela a su público, SOA nos obsequia un rico contenido cultural y personajes que entrelazan relaciones con significados muy profundos en una moderna obra de siete actos destinada para un público que se declara amante del antihéroe.

Por eso las primeras escenas del episodio final de la serie son tan simbólicas. Kurt Sutter nos presenta a un Jax que ha abrazado su realidad: es consciente de que jamás habría podido reformar el club, como su padre lo quería, y de que la única forma de apartar a sus hijos del camino de la anarquía y darles la oportunidad de una vida diferente, como tanto deseaba su esposa, es destruyendo su legado y a sí mismo.

Fiscal Patterson: What happens at the end of the day?
Jax: The bad guys lose.

Hay una rendición triunfal que Jax abraza en sus últimos momentos y, pese a la tristeza que eso nos causa, sabemos lo que está a punto de pasar y le acompañamos durante su «final ride» hacia la tan ansiada libertad.

Golpeando esas notas emocionales universales y causando terremotos en la psique del que mira es que se marca un hito en la historia de la televisión.

Bio: Comunicadora multimedia y gramatiquera crónica. Fan de la ciencia ficción, las teorías de conspiración y las series de televisión. Twitter:  @Loy_Salazaris Instagram: Loy_Salazaris Blog.

Loyda Salazar es comunicadora multimedia y gramatiquera crónica. Se declara fan de la ciencia ficción, las teorías de conspiración y las series de televisión.
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Por eso y muchas cosas más que se discuten mejor en tertulia creo que Sons of Anarchy merece todas las nominaciones y todos los premios que le han sido negados. Ha sido la gran ausente en los Globos de Oro y los Emmy, entre otras premiaciones. Sin embargo, esa falta de reconocimiento a la realidad que representa de parte de la crítica norteamericana es lo que la hace más especial para quienes seguimos hasta el final las aventuras de SAMCRO.

Una persona como yo, que ama la televisión y ha visto mucha (demasiada, diría mi madre), agradece la libertad creativa, la irreverencia y la capacidad de mostrar las cosas al rojo vivo por más extremas y gráficas que sean. Los minutos extra en cada episodio, la atinada combinación de la banda sonora, los misterios sin resolver y los detalles que nos obsesionan y nos dejan hablando de una serie tan espectacular durante mucho tiempo.

Con mi texto no pretendo convencerlos de que deben ver Sons of Anarchy, pero como dijo Nero Padilla, uno de mis personajes favoritos: hay que «decir la verdad y confiar en que cualquier cosa que pueda pasar… pasará».

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