Lecciones de la crisis

Esta pandemia nos cambió la vida, por lo menos por estas semanas que la estamos viviendo. Todos decimos que hemos cambiado, que la vida no será la misma antes y después del coronavirus. ¿Será eso cierto? En estas pocas semanas hemos tenido tiempo para reflexionar y hemos cambiado nuestra forma de vida; podemos comparar lo nuevo con lo viejo y sacar lecciones de ello. Pero, ¿podremos absorber permanentemente esas lecciones y cambiar en lo fundamental cuando salgamos de esta crisis?

Siempre hablabamos de lo importante de la salud, pero esta es la vez que, como sociedad, más la hemos valorado. Sin embargo, los recursos que destinamos al rubro salud en el presupuesto son muy bajos. Nuestro sistema de salud es muy débil, pero ese problema se lo dejamos al gobierno de turno. Nuestra disciplina para cuidar la salud colectiva es mala, botamos basura por todos lados, no somos precavidos en ese rubro y tendemos a preocuparnos por la salud solo cuando la perdemos.

Nos hemos dado cuenta del valor de nuestra interdependencia: mi sanidad depende de la de otros. En esta ocasión, ello es mucho más claro, pero así era también antes; si alguien se enferma, me puede contagiar, solo que para enfermedades anteriores ya existen vacunas, medicinas o equipos; ahora, para el coronavirus ―por lo menos por un rato―, no. La interdependencia no solo es entre los que formamos parte de esta sociedad, lo es entre las naciones. El virus nos llegó de otros países, pero no nos pudimos aislar; es más, seguimos dependendiendo de otras naciones para poder combatir la pandemia.

Nuestra sanidad depende también de lo público: sin sanidad pública, sin un buen sistema de salud, estamos perdidos. Poco es lo que el sistema de salud privado ha podido aportar en esta crisis. La salud no se puede privatizar, el sistema privado puede complementar, pero no sustituye al público; y ello es todavía más relevante para los más pobres.

Complemento de lo anterior es el valor del Estado en las épocas de crisis. Las acciones de los gobiernos son claves siempre, pero más en épocas de crisis. Sus acciones son fundamentales para parar la pandemia y para salir adelante, pero, sobre todo, sus acciones son claves para cuidar y proteger a los más débiles. Es el gobierno el que debe regular el bien común, del cual todos dependemos. Sin regulaciones, regulaciones que se cumplan, estamos perdidos. ¿Podremos en el futuro aceptar esa intervención del Estado e incluso ampliarla para incluir la lucha contra la pobreza y la inequidad, que son la raíz de muchos de nuestros problemas?

El valor del Estado depende de sus líderes. Las decisiones de los líderes han sido claves para enfrentar la crisis. Las actitudes de diferentes líderes se han reflejado en los resultados positivos y negativos al enfrentar la crisis en varios países. Sin embargo, la política nos fastidia; los políticos nos parecen una casta con la cual no nos queremos relacionar. A pesar de que son claves para el bien común, no les exigimos o castigamos y seguimos eligiendo a los mismos.

La crisis no se para si no hay una acción comunitaria, si no mantenemos la distancia social, si no obedecemos las reglas del juego para pararla. Los casos más exitosos en controlar la pandemia han sido aquellos donde se ha dado una acción comunitaria de manera colectiva y organizada. También han sido claves las voces de la sociedad para corregir el rumbo en las regulaciones impuestas por los gobiernos; algunas regulaciones han fallado, pero esas voces se han manifestado en contra de ello y en varios casos han sido oídas y se han enmendado los yerros. Todos debemos poner nuestro grano de arena si queremos salir de esta; y si queremos crear una sociedad nueva, ello lo debemos hacer no solo ahora, sino que siempre.

Impresionante es cómo el planeta ha agradecido que la humanidad pare un rato su acción contaminante. La flora y la fauna han aparecido en forma diferente, más fuerte, más sana, mostrándonos cuán fácil es poder regenerar la vida y el planeta. Mostrándonos cuán contaminante es nuestra forma tradicional de vida, cuán contaminantes son los vehículos, los aviones, la industria, etcétera. ¿Podremos optar por maneras más lógicas y menos contaminates de transportarnos y de producir?

El trabajo de los maestros y los trabajadores de la salud ha sido totalmente revalorado. Los padres hemos aprendido, en carne propia, cuán valiosa es su labor y cuánta paciencia tienen los maestros. Cuánto riesgo han tomado los trabajadores de la salud. Sin ellos no se sale de esta crisis. ¿Seremos capaces de recordar esto en el futuro, cuando se trate de discutir los salarios de maestros y trabajadores de la salud, los cuales están mal pagados? ¿Podremos pasar a una etapa en donde lo público cuidará de una población que lo arriesgó todo por curarnos, una población que dedica su vida a nuestra salud y a educar nuestros hijos? ¿Aceptaremos pagar más impuestos para reconocer el trabajo de los maestros y los trabajadores de la salud?

Los diferentes sectores de nuestra sociedad están fuertemente relacionados entre ellos. La economía ha sufrido mucho para mejorar la salud. También lo están las diferentes clases económicas. Los más pobres y las Mypes han sido los más  afectados por el paro económico y son los más dependientes de las acciones del Estado, pero también son parte importante para mantener la economía andando y la salud mejorando. Las empresas están absorbiendo muchos de los costos del paro económico, pero ello tiene limites en el mediano plazo. Si todos ellos no mejoran su salud, no salimos de la crisis; y sin el aporte de ellos, la economía tampoco sale adelante.

La pandemia ha creado angustia en nuestra sociedad, pero esa angustia la podemos controlar si limitamos nuestro pensamiento a salir de la crisis, a administrar lo que podemos controlar. Si no empezamos a limitar nuestro pensamiento, generamos ansiedad, estrechamos la mente y nos volvemos monotemáticos. El virus no es lo único pasando. Podemos aprovechar la oportunidad y empezar a mejorar nuestras vidas, a gobernar lo que podemos controlar.

La vida en esta época de coronavirus ha traído cosas buenas; camina a un ritmo diferente, un ritmo más despacio, en el cual apreciamos más las cosas más sencillas del día a día. Aprendemos los límites de lo que podemos controlar y aceptar lo que no podemos controlar. Disfrutamos más la vida de familia y los tiempos solos. Apreciamos más lo que tenemos y nos damos cuenta de que no necesitamos mucho. Como que metimos el freno a la vida acelerada, la que demanda cada vez más y más, para buscar mayor calidad de vida. Cuestionamos el multitasking, el correr en vez de pensar, paramos a reflexionar para vivir y disfrutar. Ojalá, cuando salgamos de esta crisis, recordemos estas lecciones y estemos dispuestos a absorber sus implicaciones y cambiar de forma permanente para una mejor vida y un mejor planeta.


*Mauricio Silva ha trabajado por más de 40 años en administración pública. Ha sido director y gerente de varias instituciones en El Salvador y experto en el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

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