El comercio informal agoniza en la pandemia

El COVID-19 ha generado uno de los cataclismos sociales más grandes a escala mundial en los últimos siglos, en el que toda la raza humana se ha visto afectada y la ha llevado, temporalmente, a renunciar al contacto físico, algo que los psicólogos mencionan que no puede faltar en la vida de una persona, pues afecta la salud mental. Creo que un ser humano difícilmente podría sobrevivir sin ningún contacto con un semejante, pero debido a la situación actual se han tomado medidas sanitarias para evitar el contagio de este virus que ya suma alrededor de 90,000 muertos y más de 1.5 millones de casos confirmados.

Aunque los modelos epidemiológicos como el SIR nos demuestran que la realidad es mucho peor: los números que actualmente podemos observar son casos confirmados porque se han podido realizar pruebas para comprobarlos, pero estas pruebas no existen en todos los países o se tienen en cantidades limitadas, por lo que el verdadero número de casos podría sobrepasar por mucho los reflejados en estos momentos.

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial ya hablan de una posible recesión económica en el futuro cercano. El planeta se ha paralizado en muchas áreas económicas; los gobiernos se están endeudando para poder sobreponerse ante la crisis social y sanitaria que esta pandemia está provocando; la bolsa de valores de Nueva York, reconocida como la más importante del mundo, ha sufrido una de sus peores caídas y una irregular volatilidad por inversionistas que compran a la baja y muchos que vendieron todo al iniciar la expansión del virus por todo el planeta.

La geopolítica también está moviendo sus piezas y posicionándose mejor unos sobre otros, aprovechando esta crisis y el manejo que se le ha dado. China, que hace muchos días dejó de ser el epicentro de los contagios, le ha dejado ese lugar a Estados Unidos, que lo lidera por mucho, siguiéndole varios países europeos, todos ellos clasificados como grandes potencias económicas que prestan dinero a países en vías de desarrollo. Ahora son ellos los que tendrán que lidiar con sus propios problemas para salir adelante en la recesión que se aproxima. Se tratará de una recesión que podría aproximarse a una depresión económica por la cantidad de shocks financieros que están afectando a todo el planeta y está desencadenando este contagio financiero que se suma a las medidas impuestas en la mayoría de países. Esto afectará a millones de personas afectadas y más en los países en vías de desarrollo.

El Salvador es uno de los que tomaron las mejores decisiones para prevenir la expansión y el contagio del virus en su territorio, aunque estas fueron criticadas porque parecían prematuras. Estamos viendo que demostraron ser eficaces al tener un número de contagios por debajo de la curva pronosticada, según los propios números del gobierno. Pero también hay que decirlo: estas decisiones llevaron a una incertidumbre temprana, al endeudamiento del país y a buscar soluciones posibles para los afectados.

Ahora, el Ministerio de Salud registra más de 90 casos confirmados y cinco muertes, lo que llevó al gobierno a mantener las fuertes medidas de contención. Son estas medidas que están ayudando a no tener un cúmulo inmanejable de contagios las que, al mismo tiempo, siguen manteniendo en parálisis a muchos sectores productivos del país.

En un contexto interno, solamente son pocos los sectores del comercio que siguen operando, lo que de forma “nanoscópica” sigue permitiendo el flujo de efectivo y es el hilo fino que aún está salvando de la muerte financiera a nuestro país. Las Mypes (micros y pequeñas empresas) son uno de los sectores que están siendo mayormente afectados, lo que representa el 31.3 por ciento de la fuerza económica de nuestro país, según la última encuesta realizada por Conamype y Digestyc.

Dentro del apoyo anunciado por el gobierno para esta emergencia, se destinaron 50 millones de dólares para apoyo a las Mypes por medio de Conamype. También diferentes bancos están ofreciendo créditos para este sector que, como todos, deben cumplir con el requisito indispensable de estar formalmente establecidas. Eso significa que estas empresas deben estar solventes con Hacienda y contar con los documentos que hagan constar su existencia en el registro nacional. Por tanto, solo aquellas Mypes formales y solventes podrían recibir la mayoría de apoyos.

Pero el problema radica en que la recesión también afectará al sector informal. En este sector se encuentran los que por diferentes motivos no han logrado obtener el capital para hacer sus procesos de legalización; los que no han sido bien asesorados para realizar los numerosos trámites que deben realizarse; los que están endeudados con la banca que da créditos con altos intereses y muchos no han logrado salir, en un país donde la burocracia aún es uno de los motivos que frenan el desarrollo.

En El Salvador, la centralización no permite el sano crecimiento económico al dentro del país. Esto ha llevado al borde del colapso al sector informal, que aún no sabe cómo serán apoyados por el gobierno. Muchos tienen sus esperanzas en el subsidio de 300 dólares y otros tendrán que buscar usureros para sostenerse. Pero lo más lamentable es que un buen porcentaje tendrá que cerrar sus negocios, lo que también sumará a las cifras de desempleo que se generarán en el país.

Sumando todas las consecuencias mencionadas, nos damos cuenta de que el desempleo aumentará y no habrá tantas empresas donde trabajar. Ello llevará a una escasez de oferta y exceso de demanda. Este desequilibrio se añadirá al ya reconocido, pero traerá consecuencias críticas en el corto y mediano plazo, por lo que es urgente generar propuestas de salvación para este sector del comercio, facilidades para pasar del sector informal al formal.

La Asociación de Emprendedores de El Salvador (Aesal) ha generado diferentes propuestas para apoyar al sector informal, las cuales buscan viralizar para que las instituciones públicas puedan dar un verdadero respaldo. Aún es difícil cuantificar un monto preciso de ayuda, pero lo innegable es que este sector representa a miles de salvadoreños y por este fluyen millones de dólares que permiten proveer empleo y crecimiento económico en nuestro país.

El comercio informal será otro frente en el cual habrá que luchar cuando la recesión nos alcance. Este sector está acostumbrado a sobreponerse a la adversidad y será fundamental para levantar a nuestro país. Son emprendedores que se esfuerzan todos los días en diferentes rubros, desde sectores tecnológicos hasta ventas ambulantes, desde textiles hasta pescadores. Familias enteras dependen de la supervivencia de estas Mypes informales, por lo que quiero llamar al gobierno, a la Asamblea Legislativa y a las grandes empresas a sumar apoyos para sacar adelante y facilitar su desarrollo.

Es importante cambiar la cultura empresarial de nuestro país, aprendiendo de diferentes modelos como el israelí, en el que las empresas más grandes apoyan a las más pequeñas, desde el mentoring hasta la inversión privada, donde el gobierno facilita la creación de nuevas empresas y constantemente busca quitar los obstáculos para que los emprendedores desarrollen sus negocios. Es un momento importante para girar el timón de nuestro país y fortalecernos para hacerle frente a la recesión que viene en pocos días. No podemos permitir que las Mypes informales mueran, es momento de demostrar solidaridad y apoyo, de mejorar la calidad de vida de nuestro país.

¿Será posible que el gobierno escuche las necesidades de estos sectores; será posible que Conamype pueda sentarse con este sector; será posible que el presidente pueda visibilizar a este sector que en estos momentos es cuando más necesita apoyo; será que las empresas solventes o los grandes capitales estén en la disposición de invertir tiempo y dinero para multiplicar las empresas en nuestro país? Es una cuestión de voluntad. Pero estoy seguro de que los emprendedores sobrevivirán y mejorarán sus ideas, es algo que está en su ADN.

Esta es la oportunidad de dar el empuje necesario para que la cultura emprendedora se vuelva una realidad, que las empresas se adapten a la cuarta revolución industrial y que multipliquen los empleos de nuestro país. Solidaridad empresarial es uno de los valores que debemos transmitir en estos momentos.

“Uno a uno todos somos mortales. Juntos, somos eternos.” Apuleyo


*Caleb Padilla es fundador de la ONG Un Pulmón Más, cofundador de AESAL, CEO de 44 HUB, directivo de Fundación Salvanatura, mentor en Climate Reality Project, Global Shaper, TEDx Speaker, exbecario de Israel, coautor del libro «El país que viene: Horizonte común», ganador del eco-reto del TIC Américas 2016 y Alumni del Young Americas Business Trust.

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