Elisa Hernández: «Es lindo transformar a las mujeres en personajes, pero siempre en una línea de potenciar eso que las hace ser mujeres»

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Elisa Hernández, mejor conocida como Böhmisch, tiene 31 años y se dedica a la fotografía (de forma profesional) desde 2012. Estudió diseño gráfico y estética contemporánea en Argentina. Actualmente trabaja fotografía enfocada en la moda y en la expresión corporal. También ha tenido múltiples exposiciones dentro y fuera del país. Para ella, la fotografía de moda es un espacio para el arte, donde puede potenciar la esencia de las mujeres.

Foto y video FACTUM/Gerson Nájera


¿Cómo iniciaste en la fotografía?

Inicié en la fotografía después de haber explorado varios lenguajes artísticos. Primero, estuve explorando bastante con el dibujo, la pintura, la poesía. Después, como un apoyo visual a mis poemas, empecé a hacer fotografía cuando estaba en Argentina, en 2008. Entonces me armé de un blog y, de acuerdo a lo que eran mis poemas, veía cómo los representaba en imágenes. Lentamente fue mutando de ser poesía con fotos a ser solo fotografía, como más relatos visuales. En 2009 empecé a experimentar un poco más. Ahí fue una etapa más exploratoria porque ya no era ver cómo le ponía una imagen a un poema sino que empecé a explorar qué me gustaba fotografiar. Tomaba fotos a todo. Tomaba fotos a animales, a paisajes, a flores. Exploraba tomándome fotos yo también. Así fue como empezó, más o menos. Ya como yéndose más por el lado de la moda, porque empecé a explorar conmigo: probaba maquillajes, probaba peinados. Me empezó a gustar el tema de las caracterizaciones en la mujer. Me gustaba más el tema femenino, digamos. Llegó un momento en que sentí que ya no era suficiente hacerlo conmigo y busqué modelos. Entonces empecé a trabajar con amigas, en un primer momento, cuando estaba en Argentina, también. Y en mis vacaciones, en El Salvador, también seguía la misma línea. Ya empecé a armar un portafolio con amigas, con amigas de mis amigas y, lentamente, ya fue mutando a trabajar con modelos de verdad, cuando estaba en Argentina; y ya se me fue abriendo el mundo de la moda. A veces necesitaba vestuarios y había diseñadores que me podían prestar en el momento su vestuario, gracias a las modelos. Empecé a generar una red de contactos. Cuando regresé a El Salvador, intenté hacer lo mismo. De 2008 a 2012 fue todo un proceso de hacer contactos. En 2012 hice la primera exposición aquí en El Salvador en el Museo Tecleño. Eran fotos exploratorias con amigas, en lugares. Ya empecé a sentar un sello en esta primer exposición de lo que me gustaba hacer y se notaba que era mucho vinculado al tema de la moda y la mujer. 

¿Tenés algún fotógrafo o fotógrafa de referencia para tu trabajo?

Sí. En un primer momento, cuando decidí hacer fotos con mujeres tal cual en la exploración que estaba haciendo en esos años previos, me inspiró mucho una fotógrafa que se llama Salomé Vorfas, que es argentina. La encontré navegando en Flickr, justamente. Yo seguía a algunos artistas, pero casualmente ella era argentina y me gustaba mucho el estilo que tenía, que era como bastante antiguo, digamos, en la edición que le daba a sus fotos. Y a raíz de ella conocí a otra fotógrafa que se llama Ellen von Unwerth, que es una alemana. Yo dije: «a mí me encanta lo que veo, me gustaría seguir algo que esté inspirado en el trabajo de ellas dos». Empecé a jugar con fotografías en blanco y negro, bien contrastantes, bien dramáticas las fotos. Ahí fue como empezó, pero más que nada ellas dos fueron las que me impulsaron a decir: «quiero hacer fotografía». 

¿Por qué ser fotógrafa en esta época, cuando cualquiera con un celular con cámara puede autodenominarse así?

Creo que el reto ahora, cuando tanta gente tiene cámara y está empezando en el mundo de la fotografía… el valor agregado de las fotografías se lo dan las decisiones que se toman por detrás de esta imagen. Por ejemplo, en mi caso, que me gusta retratar mujeres –en algún caso que se pueda hombres, pero mayormente mujeres–, yo pienso un moodboard que va a ser como la línea estética en la que nos vamos a guiar para desarrollar el photoshoot. También me gusta ver el tema del peinado, el maquillaje, el tema del set –si se puede armar un set– y si se puede tener dirección de arte. Entonces, todas las cuestiones que están por detrás y cómo me expresa esa imagen. Porque hay muchos lugares, muchas personas. Alguien puede con una cámara hacer una composición linda, pero cuando ya se le da el valor agregado como fotógrafo con las decisiones que se toman para crear esa imagen: eso es lo que a uno lo separa de esa tendencia que está ahorita para las redes sociales de poder hacer fotografías lindas que tengan muchos likes versus una fotografía que tenga toda una construcción por detrás. 

Desde tu punto de vista, ¿existe una oferta de trabajo sostenible en El Salvador para este oficio?

En El Salvador, no. La verdad es que el mercado está bastante malo en el aspecto de que cada vez más –como hay tanta gente que está haciendo fotografía ahora– hay muchos que llegan con una oferta a un precio bastante bajo y las empresas siempre se van a decantar –si les das fotografías funcionales– por contratar a esta persona para que les haga su campaña. Así subestiman el hecho de contratar a una persona que sí va a hacer una idea para crear un set, para crear todos unos looks, para crear una historia por detrás. Las marcas que están invirtiendo en esto –si existen– son muy pocas. Y la verdad es que los afortunados que tenemos en ocasiones ese tipo de clientes, son clientes que tienen campañas estacionales o esporádicas. No es como que a uno lo contratan para estar haciendo este contenido todo el año o con un contrato. Es eventual.

¿El trabajo de producción fotográfico es individual o grupal?

A mí me encanta trabajar en equipo, porque siento que cada uno tiene su especialidad. Eso hace más rico el trabajo. Uno, que es el artista creador, visualiza las cosas, pero contrata a alguien o incluye a alguien dentro de su equipo que es un experto en lo que hace. Si yo tengo visualizado cierto espacio, decorado de cierta manera para transmitir ciertos sentimientos, busco una persona que haga dirección en arte y que sea muy buena en eso. Igual para el maquillaje, el peinado, el estilismo de la ropa.

¿Cómo ves el respeto a los créditos de las fotografías en el país?

Debería haber más información acerca de esto. A mí me ha pasado que, casualmente, gente ha usado mis fotografías y no me han avisado siquiera que las van a usar. Creo que estamos bastante mal informados aquí en el país. La gente hace ese tipo de abusos en las redes sociales y no se está respetando como se debería. Creo que aquí en el país se está violando bastante ese tema y la gente no está educada. Los medios tampoco lo están comunicando. Imagino que también viene eso de las universidades y del boca a boca de esta red donde se dan ese tipo de decisiones de «ah, no, agarremos la foto de ella y la ponemos aquí».

¿Creés que hay un auge de mujeres fotógrafas con propuestas distintas?

Aquí en el país sí podría considerar que hay fotógrafas que están empezando a tener un estilo particular. Tengo pocas en mi cabeza que yo, personalmente, digo: «se nota que esta fotógrafa tiene cierto uso del color que es muy de ella; tiene ciertas capturas de expresión que son muy de ella». Hay una fotógrafa que, por ejemplo, le gusta el tema de las bodas y se le nota bastante la identidad y su sello. De ahí, fotografía de moda tengo una que me gusta lo que está haciendo: Fátima Cuéllar. Paula Rivera también tiene una identidad muy fuerte en cuanto a mostrar la identidad latinoamericana en sus imágenes. Esas decisiones, cuando uno ve la galería, que se van repitiendo foto a foto, aunque sean todas diferentes, pero se nota que hay un discurso detrás de todas esas fotos; y una persona que tiene claro el camino que quiere ir tomando, a pesar de que en ese camino hay muchísima variedad de imágenes.

¿Creés que es necesario que entre mujeres fotógrafas se identifiquen o te parece indiferente ese aspecto?

Creo que es necesario. Teniendo esta información, también podemos tener en nuestra cabeza cuando un cliente se nos acerca y nos pide cierto trabajo. Podemos vincularlo a una fotógrafa que esté haciendo las cosas en ese estilo. 

En el trabajo que vos hacés, ¿tiene peso el enfoque de género?

Desde mi lado, mucha gente dice como que tiene coherencia que yo fotografíe de cierta manera porque creo que es como un espejo de cómo me apreció a mí misma para representar a las mujeres de esa manera. Me gusta que se vean elegantes, que se vean finas, que se vean auténticas. Me gusta potenciar lo que ellas ya son. Sí es lindo transformarlas en personajes, pero siempre en una línea de potenciar eso que las hace ser mujeres. Tan femeninas, tan diferentes. Cada modelo con la que he trabajado es muy distinta, pero siempre me gusta eso: retratarlas en un mundo dentro del respeto de lo que la gente va a percibir de ella en la imagen. 

¿Qué tipo de cuerpos te interesa fotografiar?

No tengo nada más un tipo, pero quizá me inclino más por cuerpos un poco más delgados, digamos, pero no he tenido la oportunidad de fotografiar otros diferentes. Y sí, me gustaría explorar con todo tipo de cuerpos, porque creo que también es muy interesante en el discurso que uno hace como artista el tema de la inclusión. Es bien interesante el ejercicio, pero no he tenido la oportunidad de hacerlo y me interesa bastante. También combinar diferentes tipos de cuerpos en una sola foto es algo que está entre mis planes, a corto plazo. 

Vos trabajás desnudos en tus fotografías. ¿Cuál es la frontera que separa presentar un cuerpo desnudo de forma artística a uno sexualizado?

Tiene mucho que ver lo que se plasma en la fotografía con el trato que yo tengo con la modelo: soy súper respetuosa. Estoy enfocada en lo que estoy haciendo. No hay ninguna mirada que la haga sentir incómoda. También el hecho de ser mujer me hace tener mucha empatía con cómo me gustaría a mí que me fotografiaran si yo fuese la modelo. A mí me encanta que se muestre la belleza del cuerpo humano desde el lenguaje corporal, que muestre una desnudez, pero que también exija respeto. Una desnudez que diga: «esta soy yo y quiero que me respeten; esta soy yo, soy de esta manera, pero no estoy provocando nada sexualmente, sino que mi cuerpo es arte; yo estoy en mi manera más vulnerable y también dentro de esta vulnerabilidad puedo sentirme bella, pero no por sentirme bella tengo que mostrarme como un objeto sexual». La verdad es que es una construcción que se va haciendo con el diálogo, la modelo, la dirección y también como uno percibe el cuerpo humano y su sensualidad de una manera respetuosa. 

Aunque ya lo hablamos un poco, me gustaría conocer tu respuesta de forma puntual: ¿a vos, como mujer, cómo te interesa retratar a otras mujeres?

Me interesa mucho que se vean fuertes, que se vean lindas, que se vean felices, que se vean orgullosas de quienes son; que, sea como sea, su cuerpo muestre el orgullo de ser quienes son. Y siempre potenciar este tema que nos hace mujeres: delicadeza, elegancia. Me gusta maximizar esas cualidades. Y este género tiene el don –aunque no todas tienen que hacerlo– de poder engendrar la vida y tener hijos. Nosotras embellecemos el mundo y tenemos mucho poder en nuestro entorno y me gusta mostrar eso en una imagen.


Estas son algunas de las fotografías de Elisa Hernández:

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