El reiterado truco de acudir al afecto por nuestros peludos

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Universal Pictures logró un nuevo hit taquillero con la segunda entrega de “La vida secreta de tus mascotas”, la película que se apropia del estilo de «Toy story» para divertirnos a través del cine animado y aprovechar lo mucho que queremos a los verdaderos reyes y reinas de casa. Solo que, a diferencia de la exitosa película de Pixar y en lugar de contarnos lo que harían los juguetes de casa cuando no les estamos poniendo atención, se enfoca en una categoría superior incluso que la de los objetos de nuestra infancia: las mascotas.


Y fue precisamente esa idea –la de imaginar lo que hacen las mascotas cuando las dejamos en casa– lo que me atrapó desde la primera película, sobre todo cuando en los trailers supieron usar muy buena música como gancho infalible.

Sin embargo, debo decir que la segunda película no es tan buena como la primera. Y la razón principal de esto tiene que ver con el guion. Habiendo tantas mascotas de distintas especies, han querido contarnos tres historias distintas que por ratos pareciera que solo ganan tiempo, como un relleno, para terminar bifurcando en un desenlace que va a recordarnos cosas que ya vimos en la saga de «Madagascar»: es decir, el rescate de un animal de vida salvaje en plena urbe neoyorquina.

Eso no significa que la película sea mala. Si bien intentan que el perrito Max sea el personaje principal de la historia, es con el conejo Snowball con quien más nos volvemos a divertir. Los doblajes de Kevin Hart (para la versión en inglés) y Eugenio Derbez (para la versión en español) se roban el show. 

Hay algo en Snowball que me recuerda a la película de «Bolt», el perrito que creía que era súper héroe, pero que había sido engañado muy en la onda de «The Truman show». Con Snowball hay algo de eso, pero en versión graciosa. Todavía más infantil. Su personaje destaca sobre los demás.

Después de él, es con el personaje de Max con quien encontramos el hilo conductor de la película. Debo destacar que los guionistas han hecho un gran trabajo al retratar vivencias cotidianas que los que somos dueños de mascotas podemos identificar en el diario vivir con nuestras mascotas; como por ejemplo, la resistencia a la visita con el veterinario, el universo que se le abre a un animal domesticado cuando viaja a una vida salvaje en el campo o la necesidad de interactuar con niños y bebés sin que los animales queden relegados a un segundo plano. 

A veces, la película peca de facilísimos, como cuando nos presenta el personaje de una anciana solitaria que vive con mil gatos o el cliché de que los perros son ingenuos y los gatos son narcisistas.

La segunda parte de «La vida secreta de tus mascotas 2» falla también a la hora de construir un buen villano para la historia. El ruso Sergei –quien es algo así como un Gargamel que ha viajado a Transilvania– retrata el ya trillado abuso de los animales en los circos, algo que, de nuevo, ya vimos en «Madagascar», por ejemplo.

En resumen, «La vida secreta de tus mascotas 2» es una buena película. Cumplió con el cometido de divertirnos en la sala de cine. También tiene un gustito particular por quienes sienten amor por los animales. Pero en líneas generales, está lejos de ser una de las mejores películas animadas del año.

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