2039 Vistas |  Like

El invierno está que arde en Winterfell

Entre toda la acción y sanguaza, a veces se nos olvida que «Game of Thrones» es también una excelente telenovela. La octava temporada abre con un momento necesario de reencuentros y revelaciones. No es loco anticipar que la próxima semana agarrará fuego el cañal medieval y las alianzas sólidas del ayer sean promesas a medias.

Fotos de HBO Latinoamérica

[Alerta Spoiler:  el siguiente relato nos cuenta, a los ojos de la autora, lo que vimos en el primer episodio de la última temporada de «Game of Thrones», que forma parte del catálogo de HBO]


Una vez más, «Game of Thrones» nos encuentra fieles a ella, ansiosos de acción, drama y desnudos innecesarios. La última temporada abre telón con más de lo segundo, pero lo hace tan bien que una hora se hacen veinte minutos.

Iniciamos con Jesús Snow y Daenerys Magdalena entrando a Winterfell en pleno Domingo de Ramos.  Una vez en consejo, Lady Osita –es decir, Mormont– hace lo suyo, recordarle a Jon Snow que el trato es con él, no Ricitos de Plata. Snow tira su habitual discurso de Mesías, llamando al sentido común. Dioses míos, el hombre les trajo dos dragones y más gente para pelear, ¿no es eso suficiente? Mamá Sansa señala lo obvio, ¿de dónde se saca ella toda la comida?

Increíble lo mucho que la Señora de Winterfell ha aprendido de Cersei Lannister. Catelyn estaría asustada, pero un cacho orgullosa. Sansa dirige a Dany dos que tres golpes bajos con diplomacia y un dejo de veneno, a lo que ella responde recordándole que también Winterfell puede ser pollo rostizado a la dragón. Arya tiene su momento de reencuentro emotivo con Jon. «Una niña» –de múltiples rostros– no tarda en hacerle ver a su hermano favorito que él también es familia y que la lealtad se considera con la cabeza fría, no con la entrepierna caliente.

De nada de esto se acuerda, seguramente, nuestro hombre serio favorito cuando escenas más tarde lo vemos hace equitación dragonezca por los cielos junto a su querida; y como el tonto que es, lleva a su novia actual a la cueva donde llevaba a la pasada. ¡Eso es mala suerte, John Snow! También es de mala suerte tener sexo con dragones viéndote. Pero la juventud no oye consejo, como bien dice  Varys.

Los lugareños ven con poco menos que recelo a la nueva reina y sus dragones.  ¿Se les puede culpar? Todo lo que el Norte conoce de los Targaryren es violencia desquiciada y, siento honestos, la política esa de «doblen la rodilla o les quemó la rabadilla» no le hace ningún favor a la dragonesa. De esto ya podrá hablar Sam Tarly, ahora con la antisorpresa de su vida:  la reina –casual– hizo del resto de los Tarly ceniza.

«Nunca conozcas a tus héroes», dicen por ahí.

John Bradley en el papel de Samwell Tarly en el episodio de estreno de la última temporada de «Game of Thrones». Foto de HBO Latinoamérica.

El momento de la verdad se deja caer: John se entera de que su novia es, en realidad, su tía. Además, que el rey es él. Sam cuestiona si la lealtad a una reina sedienta de poder no debe ser cuestionada. Y nadie discute acerca del elefante en la cripta:

¡John ha tenido sexo candente con su tía!

Hablando de elefantes, en Kings Landing, Cersei ya hizo trato con Euron «quiero hacer el nasty con la reina» Greyjoy, que viene con tropas y todo, precisamente, a eso. Parece que Euron es la contraparte excitable y despiadada que Cersei necesita, aún si es un galán decepcionante cuando de conseguir elefantes se trata. Todos sabemos, ahora, que la debilidad Lannister es por los elefantes. Mientras la reina sabrosea, Theon Greyjoy gana puntos liberando a Yara y parte, con su bendición, a luchar por el norte. No todos los reencuentros son malos.

Momento… ¿Y los caminantes blancos? Tranquilos, haciendo manualidades grotescas con brazos de personas y el pequeño Ned Umber clavado en la pared. Ni Tormund, con sus ojazos azules que todo lo ven, anticipó el clásico susto del muerto que te salta encima.

Ahora, los premios de la semana:

¿Próximo romance? Gendry y Arya. Por supuesto que a la realeza rebelde le gusta lo calle, pero elegante; y viceversa. El premio honorario de traidor va para Bronn, a quien ni los senos más obscenos de King’s Landing alejan de su vocación: matar gente. Pero ahora que son Jaime y Tyrion sus objetivos, algo le va a costar tirar de la ballesta.

Isaac Hempstead Wright en el papel de Brandon Stark en el episodio 1 de la octava temporada de «Game of Thrones». Foto de HBO Latinoamérica.

El galardón maximo de insoportabilidad es de ningún otro más que Bran. Ya sabemos que sos el Cuervo de Tres Ojos, ya sabemos que ves el futuro, ya sabemos que no sos de esta tierra. Hay gente que nunca debería irse de fiesta con los árboles, honestamente. Aunque se le perdona solo por esa mirada de «estoy muerto» que le avienta a Jaime Lannister, para cerrar el episodio.

Como están las cosas, el próximo episodio promete. Es cuestión de tiempo para ver quién traiciona a quién en la gran alianza por la prosperidad de los siete reinos. Lo que es seguro es que la mecha ya tiene fuego y no tarda más de uno o dos episodios en estallar. Este invierno viene más caluroso que nunca.

¿TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO?

Suscríbete al boletín y recibe cada semana los contenidos en tu email.