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«Come on, baby, light my fire»

Ocho años después de tenernos en vilo, llegó el penúltimo capítulo de la temporada final de la serie «Juego de tronos», un episodio que continúa con el mismo despropósito narrativo que se agudizó a partir de la temporada siete: prisas en la resolución de los conflictos, personajes desdibujados por la urgencia y, por ende, acciones desatinadas.

[Alerta spoiler: el siguiente artículo comenta detalles referentes al episodio «The Bells (Las Campanas)», de la serie «Juego de Tronos», que forma parte del catálogo de Netflix]


El siguiente artículo no entra en detalle sobre qué pasó en «The Bells», el episodio que se exhibió ayer. Para ello es mejor que vean la repetición. No tiene ningún sentido volver a narrar lo ocurrido en el capítulo. Se trata, más bien de un repaso analítico a través de los personajes.

Varys

«El Maestro de los Susurros» tenía tras de sí dos promesas, una hecha por él mismo: hablarle siempre con la verdad a Daenerys; y otra que era más una advertencia de ella: quemarlo vivo si descubría que el eunuco había conspirado en su contra. Y resultó que ambas fueron cumplidas en «The Bells».

De aquel operador sigiloso de los primeros años, en el ocaso de su historia particular encontramos a un Varys que siempre se mantuvo fiel a lo que le habría importado siempre: la población y el bienestar común de la gente en los siete reinos. Se supone que esta motivación estuvo siempre detrás de todas sus acciones, pero la serie nos ha dejado ver muy poco de esto, más allá de lo que él aseguró siempre a los personajes en los que depositaba cierto grado de confianza.

La escena de despedida entre Varys y Tyrion ante la sentencia de muerte que cayó sobre «El maestro de los susurros».

Tyrion Lannister

Del enano sagaz y atrevido de las primeras temporadas queda ya muy poco. Hoy tenemos a un Tyrion sentimental, desacertado y venido a menos que aboga por la vida humana con ruegos más que con estrategias. Él fue parte de la conspiración de Varys. O así lo ve Daenerys (y tiene razón), por su omisión en no decirle previamente los últimos consejos a su reina. El episodio le dejó tres sufrimientos más a este angustiado personaje:

  1. Tyrion asume la culpa de dejar en evidencia a Varys con la reina y se ve obligado a confesarle, en sus últimos momentos, que él fue el responsable de que ella lo sentenciara.
  2. La liberación y despedida de su hermano, Jaime. Ese abrazo estuvo lleno de agradecimiento, reconocimiento e historia, por lo que vivieron los hermanos desde el inicio de la historia.
  3. Y la incredulidad de ver a Daenerys incendiar King’s Landing como si de asar carne se tratara, aun habiéndose rendido la ciudad con un repique de campanas propuesto y gestado por el mismo Tyrion. Un plan que no surtiría efecto alguno.

La pregunta que ahora queda abierta para el capítulo final es: ¿qué hará “la que no arde” al descubrir que Tyrion dejó libre a Jaime?

La admiración que Tyrion ha mantenido por Daenerys queda en entredicho previo al capítulo final de «Juego de tronos».

Jon Snow (a.k.a. Aegon Targaryen)

Este personaje pareciera haber pasado de no saber nada a no hacer nada. El exagerado sentido de lealtad, disciplina y responsabilidad ciega que ha definido a Jon Snow lo está dejando como un pelele más de Daenerys. Parece que de Targeryan no tiene nada más que el nombre y ha perdido el ímpetu natural de los Stark para entregarse a las revoluciones. ¿Será que la hoguera citadina prendida por su amada le hará verla ahora con ojos menos sometidos? ¿O el mismo miedo que ya le tiene no hará más que acrecentarse?

Igual, pareciera que ve lo peor de la humanidad por primera vez, cuando lo cierto es que la de King’s Landing no ha sido su primera batalla. En «The Bells», a Jon le desconcierta el exceso de violencia y que sus mismos soldados participen en arrasar y denigrar lo poco que queda de la ciudad. Quién sabe a dónde llevará lo patético de Jon en el último episodio o si despertará el lobo-dragón que lleva dentro (pero muy dentro).

Muchas voces del ‘fandom’ de «Juego de tronos» destaca la irrelevancia que ha asumido el papel de Jon Snow en la trama final.

Cersei Lannister

Los guionistas están dando las muertes más sosas a los villanos más intensos de la serie. Se despacharon de forma simplona al Rey de la Noche; luego lo volvieron a hacer con Cersei (y Jaime), quienes murieron soterrados por los restos de la Fortaleza Roja.

Cersei se dedicó a inspirar miedo desde hace varias temporadas. Lo que había logrado ocurrió a través de su dureza y crueldad. El suyo es uno de los personajes mejor desarrollados de toda la serie, en cuanto a sus tragedias, motivaciones y deseos. Entonces, a esa Cersei a la que no se le va una, a esa Cersei que siempre sorprende, que va siempre un paso adelante y está lista para cualquier cosa, le falló el cálculo militar y en seguida se derrumbó su personaje: midió mal la reacción de Daenerys –aunque lo cierto es que nadie vio venir la magnitud de esa fogosa barrida– y de ahí todo fue un descalabro.

Contemplamos la incredulidad en sus ojos ante el derrumbe de toda la ciudad y del castillo, su pasmo al estar parada sobre ese mapa de los sietes reinos sobre el que tantas veces caminó, soñando con su dominación. Al final ya no clamaría por poderes o tierras, sino por la vida de su hijo y la propia, cuando ya no había, literalmente, salida y era demasiado tarde.

El invierno jamás llegó para Cersei. No fue el hielo, sino el fuego, el que terminó reduciéndola a lo más mínimo, bajo escombros.

Jaime Lannister

Jaime deja a Cersei por honor y cumplir con la palabra dada y vuelve a ella porque… ¿ambos son odiosos? ¡Eso no cuaja! Que Jaime regrese con Cersei, así por así, es un despropósito narrativo que no encuentra solución ni diciendo que «por amor regresa», porque el amor, previamente, no lo detuvo para dejarla.

En «The Bells» presenciamos cómo Jaime hace caso del plan de Tyrion y se sueña en un escape fantástico, llevándose a Cersai y comenzando una nueva vida, lejos y como familia. Y va hacia ella, sorteando obstáculos, como cuando se interpone Euron, con quien tiene un lance, a quien liquida pero sin evitar terminar herido de muerte. Y así es como se gesta la situación en la que Jaime comparte el mismo destino que su hermana, para morir juntos, tal cual vinieron al mundo, estando siempre ellos dos.

Este personaje iba bien, en camino a una redención y quizás una muerte honrosa en batalla, pero se descalabra todo con ese regreso, con ese giro que no encuentra una mayor justificación. Se descalabra también por esa forma tan ramplona de morir.

Jaime cumplió el deseo de lo que antes había dicho: «Morir en los brazos de la mujer que ama».

Clegane vrs Clegane

Esto si fue un (mal)encuentro esperado: la pelea entre los hermanos, esa venganza sazonada por años y años de rabia y coraje. Por un lado estaba Gregor («La Montaña), convertido en monstruo, con una superioridad física indiscutible. A su encuentro fatal acudía Sandor («El perro»), quien propone el enfrentamiento. Después de un intercambio de castigo –en el que incluso se coqueteó con la idea de repetir la manera en que murió Oberyn Martell– Sandor decide empujar a su hermano a través de una pared y caer, derrumbados ambos, desde la Fortaleza Roja hacia el fuego y los escombros al pie de la misma.

Este duelo ha sido de lo mejor de este capítulo: la estética de cada cuadro fue manejado de una forma muy pictórica, teniendo de fondo los cielos rojos y violáceos, además de Drogon volando por encima del castillo. Fue, visualmente, espléndido. Un hermano encontró la muerte que le venía eludiendo de hace tiempo y el otro la prefirió como forma de garantizar la venganza; drama puro.

Visualmente, la pelea entre los hermanos Clegane (Gregor y Sandor) fue espectacular.

Arya Stark

De venir de ‘quebrarse’ al Rey de la Noche (literalmente), Arya Stark llega a King’s Landing decidida a terminar con Cersei… pero no contaba con todo el alboroto de la batalla, derrumbes por doquier, fuego a diestra y siniestra, y un Sandor que la hace reflexionar sobre los malos e ineludibles lugares a los que lleva la venganza. Este giro se me hizo inverosímil, pues resulta muy fácil que Arya se olvidara de un objetivo que llevaba nueve años ansiando.

Por otra parte, fue un buen recurso que a través de la niña Stark viéramos el desastre en campo, a pie, y todo lo que el fuego y la batalla hace en la población, en esa madre y su hija que terminan carbonizadas en un abrazo de cenizas. Arya es testigo y víctima de la carnicería, pero logra salir de la devastación, lastimada ella misma, dejándonos la incertidumbre de si agregará a su inestable lista el nombre de la reina de dragones.

En la lista de las personas que Arya debía asesinar estaba Cersei, pero la pequeña Stark decidió olvidarlo a último instante. ¿Ahora agregará el nombre de Daenerys a su lista?

Daenerys Targaryen

La semana pasada la discusión era si Dany tenía o no los motivos suficientes para quemar King’s Landing; si sería cosa de locura; o si el cúmulo de tragedias era suficiente justificación para tal arranque. La verdad es que a Dany nunca le ha temblado el pulso para despachar a mejor vida. Sino, que lo digan los Bondadosos Amos y los Tarly. Pasa que la temporada va muy deprisa y, en esa premura, parece que Daenerys se vuelve loca por el dolor, cuando en realidad toda su vida ha estado llena de tragedias y dolores. ¿Qué se colmó el vaso? Probablemente. Y ante la insistencia de gobernar a través de un básico sentido de humanidad, resulta que llega a la misma conclusión que Cersei –y que la Reina de Espinas– en su momento: funciona mucho mejor el terror.

Y fue terror lo que sembró desde su llegada, acabando con la flota de Euron y con las mega ballestas en las torres de la muralla. Habría que preguntarse por qué hoy si y en el episodio anterior no… Algunos lo justifican diciendo que fue experiencia ganada de los errores.

Daenerys Targaryen sufrió una transformación de su personaje casi total. De ser la «rompedora de cadenas» que juró que no se volcaría contra la población inocente, terminó desatando una masacre y destrucción casi total.

El punto de quiebre llegó con las campanas que comunicaban la rendición de la ciudad, pero esto no apaciguó a quien vio en esa ciudad la razón y origen de todas las tragedias familiares. Fue un exceso de ardor y dolor que consumió a King’s Landing, casa por casa, y no solo a la Fortaleza Roja. Drogon se dedicó a peinar religiosamente toda la zona y Dany fue ‘la Reina de las Cenizas’. Fue un llamado de la sangre. Su padre tuvo el mismo propósito. Esta vez la hija cumplió aquellos deseos.

Después de semejante carbonizada, ¿estará satisfecha? ¿Estará tranquila? ¿Seguirá una tiranía o de verdad será una buena reina para los que hayan quedado vivos y los que vengan? ¿O habrá algo más oscuro que se cierne sobre ella? Es un personaje que, de llegar a respetar, amar y apoyar, hemos pasado a temer y ridiculizar. Si la intención es darle un fin justificado, una muerte que llegue a ser comprensible, no se le ha hecho justicia al personaje: la prisa de los hechos desdibujó a una reina que terminó siendo un monigote de sus reacciones. Igual la pudieron haber matado –y puede que en eso acaba la serie– pero creo que había mejores opciones para llegar a ese punto. 

La batalla, en sí, quedó supeditada a la combustión que Drogon dejaba a su paso: La Compañía Dorada quedó carbonizada y la poca pelea en calle se veía entorpecida o aminorada por el fuego por doquier. ¿De qué sirven los afamados largos capítulos –como productos de cine– si así arruinan el trabajo de nueve años? La trama requería de más calma, más tiempo, mejor desarrollo, un tratamiento digno para finalizar el largo recorrido de una gran historia que está quedando hecha trizas. 

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