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“Chilling adventures of Sabrina”: una segunda dosis de malgenio infernal, adolescente y feminista

«You know the story of Pandora, don’t you, Father Blackwood?
It’s almost a parable. A cautionary tale.
The gods gave Pandora a jar containing all the sorrows of the world. Toil, famine, pestilence, death.
They armed her for vengeance, Father Blackwood. For destruction.
So, when you ask me to explain these «miracles», as you call them, I feel I must warn you.
Do you really want to open that lid?»
Sabrina, «Chilling adventures of Sabrina», temporada 2

A través de Netflix, Archie Comics Publications y Warner Bros nos invitan a reinventar el origen de las aventuras de Sabrina, la bruja adolescente que fue tan popular en la versión televisiva de los años noventa. La adaptación al escenario actual muestra a Sabrina Spellman en la eterna y trillada lucha de su naturaleza dual –mitad mortal y mitad bruja–, pero a la vez recurre a narrativas propias de los productos del pop culture moderno: feminismo, sexualidad y violencia. El pasado mes de abril se estrenó la segunda temporada y hay mucho que comentar al respecto.

[Alerta spoiler: la siguiente reseña revela detalles de la segunda temporada de «Chilling adventures of Sabrina», que forma parte del catálogo de Netflix]


Una de las secuencias cinematográficas que más marcaron mi vida (y la de muchos) es la de apertura de «Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)» con el fondo musical de «The End», clásico tema de la banda californiana The Doors, mientras el napalm calcina la selva de Vietnam. Es una metáfora visual muy clara acerca de las puertas del infierno abriéndose a la tierra en la guerra. Desde entonces –y mucho antes– nos abrimos a la idea de que los demonios habitan esta tierra y la ficción ha desarrollado universos paralelos para hacer literal esta premisa narrativa.

El estreno de “Chilling adventures of Sabrina”, el año pasado y con el cobijo de Netflix, generó una anticipación justificada y, sin embargo, no del todo atendida. La actualización hizo referencia a la popular serie de los noventa –protagonizada por Melissa Joan Hart– en donde una bruja adolescente hace travesuras mágicas mientras asiste a la preparatoria e interactúa con Salem, su gato mágico, un animatrónic muy rústico y muy sarcástico que los nacidos en los ochenta supimos amar. 

Sin embargo, la verdad es que esta serie no puede estar más alejada de esa nostalgia noventera, ya que está basada en otro cómic, también relacionado con la saga de Archie, pero inclinando su premisa hacia un universo obscuro más congruente con el mundo satánico de las brujas, el mundo en el que hay exorcismos, criaturas nocturnas, sangre, violencia y muerte. No obstante, aunque los Backstreet Boys nunca van a salir en esta adaptación de Netflix, la respuesta a la primera temporada, la de 2018, fue masiva y ya se ha confirmado, incluso, la filmación de una tercera. 

Este abril vio el estreno de la segunda temporada. “Chilling adventures of Sabrina” (parte 2) fue filmada en Canadá y protagonizada por actores de ese país que se han convertido en una referencia adolescente del nuevo mundo de las series por streaming. Kiernan Shipka es la indiscutible estrella del show. Ella encarna a una brujita adolescente de 16 años que dista mucho de ser boba o ser solo bonita. Algo hay en su personaje, lleno de equilibrio entre la malicia y el carácter de una inocencia casi infantil. Hilda y Zelda sí son las tías amorosas, pero en un plan más hacia “The Rosemary´s Baby”, por ejemplo. Harvey Kinkle sigue siendo el «highschool sweetheart», pero con claras referencias, por ejemplo, al romanticismo del sombrío grunge de los noventa. Aparecen otros personajes como Susie y Ros, otras mortales compinches de Sabrina; Ambrose, el brujo primo pansexual; y Lilith, disfrazada de la maestra favorita de Sabrina para manipularla y hacer cumplir los deseos del Amo Obscuro. Y, no, Salem no habla. Es más, es un gato de verdad.

La actriz Kiernan Shipka es la nueva Sabrina Spellman en la parte II de «Las aventuras de Sabrina», que forma parte del catálogo de Netflix.

En la primera temporada vimos cómo Sabrina se entera de su verdadero origen satánico. Toda la historia se enfoca en el proceso de aceptación o no aceptación del mundo maligno al que se enfrenta, al mismo tiempo de ser adolescente y padecer los conflictos usuales de la edad. Al final, no tiene más remedio y firma el Libro de la Bestia, abrazando así a Satán, para salvar a todo el pueblo de Greendale de la destrucción inminente. La anticipación a la segunda temporada es grande, sin embargo, padece de algunos síntomas del éxito mal encausado que suele sucederle a varias de estas producciones.

En la segunda temporada, Sabrina continúa adaptándose a sus poderes. Ahora atiende obligatoriamente a la Academia de Artes Obscuras para continuar con su credo servil al Amo Obscuro, pero esto transcurre sin ningún fin definido durante los primeros tres episodios. Nos topamos con tres horas enteras para divagar en las nuevas misiones de los personajes y terminamos enrollados más en temas propiamente adolescentes. Harvey y Sabrina rompen en la primera temporada y la nueva pareja en ciernes es Harvey y Ros, la mejor amiga de Sabrina, quien también tiene poderes. Susie, otra de las amigas de Sabrina, se asume ahora como Theo y se explica ampliamente su transición. Esto, probablemente, obedezca más a un clima de trend topic y a la calidad de “actor no binario” conferida a sí mismo por Lachlan Watson, quien interpreta a Susie (ahora Theo), más que a algún recurso narrativo importante para la historia.

Por otro lado, tenemos a una Sabrina mucho más “obviamente feminista”, una Sabrina que hace verbal su posición ante la vida cuando ya estaba muy claro el personaje poderoso que es por sí misma. Nada pasa en estas primeras horas y se vuelve lento y decepcionante.

Archie Comics Publications y Warner Bros hacen mancuerna para revivir «El mundo oculto de Sabrina». Foto Netflix.

Sin embargo, repunta en el cuarto episodio, cuando Lilith se disfraza de una lectora del tarot y va contándole a cada uno de los personajes principales –de una forma siniestra y macabra– sus destinos, los mismos que obedecen a fines propios. Todos ocurre en forma de mini episodios encapsulados al interior de uno mismo. Esto aclara ampliamente el panorama narrativo, además de que integra un recurso muy utilizado en las series del “what if”.

El episodio seis es, definitivamente, el mejor de todos. Resulta curiosa la coincidencia con otras series de Netflix con características similares, como en “The Haunting of Hill House”, en donde el seis es el número mágico convertido en obra maestra cinematográfica. Aquí, cazadores de brujas de una secta religiosa angelical atacan Greendale. Su misión, obviamente, es matar a todas las brujas del lugar. Se desata rápido una guerra emocionante que casi acaba con todos y en la que resulta vencedora la misma Sabrina, quien se convierte mágicamente en una especie de Fénix Negro de los X-Men –referencia, de hecho, presente en diálogos– al revelar su calidad como el Heraldo de Satán. No sólo elimina a todos los cazadores de brujas de un solo movimiento, sino que revive a las víctimas caídas. Si toda la temporada se hubiera ido con esta premisa, no habría ningún problema. Este episodio contiene todo lo interesante de la primera temporada: acción, efectos, conjuros, obscuridad y emoción. Después de este pico narrativo, el resto transcurre más o menos igual.

Nunca he sido una gran fan de los cómics y menos lo he sido de la serie de Archie. Sin embargo, sospecho que la falta de cohesión entre los episodios obedece a un sentido más o menos unitario de los mismos. Es decir, cada cómic tiene los mismos personajes y la misma premisa, pero la anécdota narrativa varía y, por lo mismo, los personajes no se mantienen firmes en un mismo tipo de participación. Está el caso de Prudence, por ejemplo, quien en la primera temporada comienza como una de las brujas –clara antagonista a Sabrina– que va navegando entre ser y no ser. De alguna manera, esto no permite su consolidación como personaje. Nicholas Scratch, por otra parte, es el galán de la segunda temporada y tiene una participación mayor en relación a la primera, pero también sufre modificaciones narrativas casi arbitrarias.

Roberto Aguirre-Sacasa es la mente que está detrás de la historia de «El mundo oculto de Sabrina (Parte II)».

Indagando mucho más en la serie, resulta que fue escrita por Roberto Aguirre-Sacasa, quien también ha escrito para Marvel, y, por supuesto, para Archie. Se trata del creador de otras series muy populares de la televisión, como «Glee» y «Riverdale». En este sentido, las similitudes con «Riverdale» son más que obvias. No sólo por compartir el mismo universo del cómic (Greendale y Riverdale son pueblos vecinos), sino por compartir el mismo creador. «Riverdale» es otra serie adolescente contemporánea en Netflix que posee una personalidad muy en el estilo de “Saved by the Bell meets Cruel Intentions”. Es decir, con las mismas características narrativas y flaquezas que atraviesan a los personajes. De hecho, a sabiendas de esto, uno se pregunta: «¿dónde están los musicales heredados de ‘Glee’ y de los que también está plagado ‘Riverdale’?». ¡Ah! Justo en uno de los últimos momentos de la temporada, cuando –de manera un poco ridícula– le hacen una coreografía al mismísimo Lucifer Morningstar, con disfraces y todo.

A la segunda temporada de “Chilling adventures of Sabrina” le falta el objetivo, la aventura de los personajes, como sí ocurrió en la primera, en donde la intriga reside en la conversión o no conversión de Sabrina. Hay una especie de ruptura entre varios de los personajes, como también entre la protagonista y sus amigos mortales, que parecen vivir historias paralelas muy grises. Estos incluso desaparecen por completo en un par de episodios y se retoman ya muy entrada la temporada. Tal parece que la fueron escribiendo conforme a la respuesta del público. Es por eso que la narrativa se siente un poco forzada. ¿Cómo es que Greendale es el centro del universo obscuro? Sin embargo, conserva elementos increíbles de la primera temporada, como la estética obscura y la iluminación low key de todos los escenarios, así como un soundtrack nada despreciable.

El último episodio está muy bien puesto: después de descubrir a nuestra Sabrina siendo el Heraldo de Satán, la encontramos como parte de una conspiración de Lucifer para desencadenar el Apocalipsis. La secuencia final comienza con «The End», de The Doors. En un slow motion casi épico, Nick Scratch, en brazos de Lilith, la portadora de una nueva era satánica dirigida por una mujer, es llevado al inframundo mientras se abren las puertas del infierno y Sabrina llora la pérdida de su segundo gran amor. Y justo ahí es que se deja el cliffhanger para una tercera temporada demoniaca en donde, esperemos, la firme misión sea regresar a los muertos de entre los círculos de Dante.

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