Annabelle finiquita una trilogía que sigue exprimiendo a su mina de oro

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Crítica, entrevistas y video: Gio Romero
Edición: Orus Villacorta

“Annabelle 3: vuelve a casa” es una buena película para entretenerse en un fin de semana, aunque no te quitará el sueño, ni tampoco arrancará gritos de la audiencia. La tercera entrega de la historia de la muñeca poseída es una película que, si sos fan del cine de terror, tendrás que ver, pues es la mejor opción del género en la oferta actual. La propuesta no es tan mala como “La monja” o “La maldición de La Llorona”, así que podrás disfrutar en la sala del cine sin temor a sentirte inconforme.

[Alerta spoiler: la siguiente reseña revela detalles de la película «Annabelle 3: vuelve a casa», que se exhibe actualmente en las salas de cine en Centroamérica]


Uno de los propósitos del cine –además de entretener– es generar sensaciones diversas en los espectadores. Cuando el público forma parte de la experiencia del cine, es capaz de sentir alegría, tristeza, adrenalina y –¿por qué no?– terror.

El cine de terror es un género que ha evolucionado y ha entregado cintas que van desde las más burdas hasta las más sublimes, verdaderas obras de arte que, como bonus, nos regalaron momentos de tensión y miedo. Sin embargo, luego del boom del terror de los ochenta y noventa, el género vivió un declive que dejó a este tipo de filmes en deplorables circunstancias. Es por eso que, cuando se estrenó la primera película de la saga “El Conjuro” (2013), los fans del género vieron en ella a la salvación del moribundo arte de asustar en la gran pantalla. Lo cierto es que, en primeras instancias, así fue.

Una de las claves del éxito de esta franquicia es que, en primer lugar, se basa en los testimonios de Ed y Lorraine Warren (interpretados por Patrick Wilson y Vera Farmiga), reconocidos y polémicos investigadores paranormales, quienes saltaron a la fama luego del mediático caso de la matanza de Amityville. Al mezclar la ficción con la documentación de testimonios de dos personajes de la vida real, lograron darle a las películas un aura de misticismo. Testimonios y ficción: ahí la clave, además de las sobradas libertades que los guionistas y directores decidieron tomar.

Dirigida por Gary Dauberman y protagonizada por Vera Farmiga, Patrick Wilson, Mckenna Grace y Madison Iseman, «Annabelle 3: vuelve a casa» exprime al máximo la saga de cine de terror de la familia Warren.

De la saga original («El conjuro») se desprendieron  franquicias adyacentes que están inspiradas en otras investigaciones del matrimonio Warren. La más destacada es la historia de Annabelle, basado en el artículo “más peligroso de la colección Warren”, una muñeca que –según se dice en la narrativa del filme– fue poseída y ha causado diferentes tragedias. Por eso, luego del filtro del cine de terror, la historia ha generado importantes ingresos en taquilla.

Ha sido tanta la aceptación del público por el infame artículo que ya estrenó la tercera parte de una trilogía que indagó desde sus orígenes hasta su llegada al sótano de los investigadores. En esta ocasión, el espectador se ve expuesto a una introducción lenta y que explora a uno de los personajes que aún no había tenido la relevancia esperada: Judy Warren, la hija del matrimonio, quien tendrá que hacerle frente a la malvada muñeca y al abanico de espectros que trae tras de sí.

Estos espectros serán un recurso al que la cinta tendrá que apoyarse, pues la muñeca, en sí, no da los suficientes empujes para que la película camine. Annabelle –la muñeca– no es lo más espeluznante de esta película. Ya la conocemos. Ya sabemos de lo que es capaz. Tendremos que conocer, entonces, a nuevos fantasmas que asumirán el protagonismo y que cargarán con el peso de arrancarnos uno que otro susto.

Este es el afiche oficial que anunciaba el estreno de «Annabelle 3: vuelve a casa».

Para que esta película funcione, la historia utiliza algunos clichés del género. Por ejemplo, encontramos de nuevo al grupo de adolescentes ingenuos; como también el desarrollo de una historia ambientada en años donde la tecnología no era tan avanzada, por ende, la comunicación humana era más complicada. Además, el espectador tendrá que perdonar algunos errores de guión para que la cinta avance. Superado esto, «Annabelle 3» puede resultar entretenida, sin llegar a ocupar un lugar como la mejor de toda la saga.

Uno de los aspectos más relevantes de esta pelíxula es el uso adecuado de la fotografía y el sonido. Ambos recursos han sido utilizados a la perfección y constituyen lo mejor de toda la producción.

«Annabelle –la muñeca– no es lo más espeluznante de esta película. Ya la conocemos. Ya sabemos de lo que es capaz. Tendremos que conocer, entonces, a nuevos fantasmas que asumirán el protagonismo y que cargarán con el peso de arrancarnos uno que otro susto» 

Como en la mayoría de películas del género, el espectador se convertirá en un ente pasivo que tendrá que soportar las estupideces de los personajes. A ellos se les ve meterse en varios líos que conllevarán, de forma inevitable y hasta predecible, a experiencias paranormales. 

Por otro lado, resulta clara la intención de meter nuevos fantasmas en la historia. Y con la sobreexplotación que ha tenido el universo de cine de terror en la familia Warren, no sería ninguna sorpresa encontrarnos luego con que estos fantasmas protagonicen una película en solitario, así como en su momento ocurrió con «La Monja» o la mismísima Anabelle.

Un detalle que los amantes del cine de terror disfrutarán es el del apartado de tributos que la película rinde: veremos, por ejemplo, referencias a cintas como «Poltergeist», «Kujo», «The shinning» e incluso «El Exorcista». Estos homenajes –si se pone la debida atención– son un guiño para el ojo experto. Y el éxito de esta intención radica en que parecerán recursos obligados para progresar en la historia.

Algo que tenemos que aceptar –y que esta cinta lo confirma– es que hacer historias de terror funciona mejor cuando las situamos fuera de la modernidad, ya sea porque la tecnología actual nos ayudaría a salir de situaciones apremiantes, como encontrarnos encerrados o incomunicados. Sin embargo, esta intención, en lugar de aliviar, realmente preocupa. Hay algo en las historias ambientadas en el pasado que hacen que el terror funcione. Como espectadores, tenemos que permitir que esto pase para poder disfrutar una cinta de este tipo, como en el caso de «Annabelle 3». Sin embargo, me pregunto: ¿qué sucederá cuando el público no recuerde la vida sin celulares, con juegos de mesa y televisores analógicos?

Algo que recorre a esta película, cual fantasma, es la sensación de que será la última vez en la que la inerte muñeca será la protagonista. Y si este es el fin flojo de una trilogía que ha funcionado, entonces, más vale que nos preocupemos por la franquicia del universo cinematográfico de “El Conjuro”.

Lo que sí asusta de «Annabell 3: vuelve a casa» es que parece confirmar cómo ya son muy pocas las cosas que nos atemorizan en el cine. Y si esto es así, si ya nada nos impacta, entonces el género de terror está en severa crisis.

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